viernes, 26 de julio de 2013

CLARA FERNÁNDEZ MORENO [10.260]


Clara Fernández Moreno nació en 1930 en Buenos Aires. Sus padres fueron Dalmira López Osornio y Baldomero Fernández Moreno, poetas. En su juventud, su casa familiar de la calle Chile fue el centro de tertulias literarias y artísticas, como la que dio origen al movimiento Poesía Buenos Aires. Allí se reunió, junto a sus hermanos César y Manrique, con los poetas Raúl Gustavo Aguirre, Nicolás Espiro, Jorge Enrique Móbile, Mario Trejo y Rodolfo Alonso, entre otros. En 1964 se casó en Venezuela con el escritor y publicista argentino Juan Antonio Vasco, con quien tuvo dos hijas. Residió en ese país hasta 1968, fecha en que regresó a la Argentina. Junto a Vasco, compartió también activamente el grupo de poetas surrealistas argentinos. Licenciada en Letras, se desempeñó como periodista y docente. Dictó talleres literarios y actuó como coordinadora del área cultural del Museo Ricardo Rojas, convocando a destacadas personalidades de la literatura. Algunas de sus obras incluyen el ensayo preliminar y selección de poemas de la antología Setenta Balcones y Ninguna Flor, junto a Estela Souza de Turcato, editorial Magisterio del Río de la Plata, 1991. Con la misma autora realizó diversas colecciones sobre la vida de místicos, como Reflexiones de Anthony de Mello, y Adventistas del Séptimo Día, Editorial Lumen, 1992. En colaboración con Marta Giménez Pastor escribió Caja de Sorpresas, libro de lectura para la escuela primaria (Editorial El Ateneo, 1995). Su libro "El día de la vida" obtuvo el Premio Municipal de Poesía Inédita en el bienio 80/81, y fue editado por Arturo Cuadrado en 1984.



  


Haydee thompson

llueve el toldo verde
las cartas
los retratos se mezclan
están los hijos y los hijos

una mujer mira todo
reduce la ciudad para poder decirla
no hay dimensiones
no hay distancias

el techo de jazmines
del gran patio del pasado
abre la vida de la mujer

ahí está en los grandes resplandores de la lluvia






Vida de mujer
               
Vivo allí
donde el sol no entra
ni pan
ni nadie
con prisa siempre
con el corazón en el correo
persiguiendo recetarios perdidos
en valijas imposibles de abrir

vivo
en las sillas que ornaban el consultorio del antiguo médico
junto a la percha donde sus pacientes colgaban el paraguas
y las gotas caían sobre la bandeja de hierro
oxidándola
esos sombreros del campo de las quintas
esos pacientes que llamaban a las puertas de mi padre
cuando tus calles, Chascomús, eran plácidos charcos
              de agua de la lluvia caída sobre tí, Chascomús
cuando la mujer del médico, mi madre 
jugaba con los muertos a la fiebre amarilla
y a veces encontraba botas
otras un cinturón de cuero
una sotana

vivo
entre tantas cosas que hice
y tantas que haré
recorriendo vidrieras falsas
mientras los pálidos del miedo
me empujan
cuando voy
cuando regreso
mientras los otros ensillan sus caballos
y se van a comer








Poema después de una fiesta
               
                                                  a Juan Antonio Vasco y nosotras


Hoy día como aquel que volamos la selva bajo del alba
llegando justo al parto del sentimiento abierto
días en que no se puede no verte
en que quiero salir desde los álamos
y echarme montaña abajo
para no sentir que quiebro

Hay días que se parten en la lanza de tu voz
diciendo que todo era nuevo porque yo era nueva
y cantaba el cuerno en el túnel de la cornamusa

días revueltos contra sí
que suben y que bajan escaleras en los supermarkets
entre abrigos y latas automáticas
dejando la esperanza entre las orillas

días calientes de polen
que tiznan puertas
sillones limpios
que se abalanzan contra los carteros

días para arrojarse al mar y alejarse como Ulises
para que se pierdan
cuando tuvo que buscar a los depredadores
encontrarse
volver hecho nuevamente

hay días cancerberos
en que habría que apretarse las manos
ser el limo que nos envuelve
planta su bandera y nos inunda
y las turmalinas renacen
salvan los umbrales
y se cuelgan a ser ellas en mi pecho

días en que los lagartos de los "Parques del Este"
suben a la verja a comer pantalones
un trozo de tobillo con tanta ternura
que amanece bajo el techo de paja de caney
y el muchacho apenas rengo puede cantar al sol
abrir los pastos que jalonan el camino
y la madre lo mira con la niña dormida en el asiento de atrás

hay días en que el desierto de Anatolia
se me viene encima con todos sus camellos
y vamos a las fiestas
como quien va a la muerte
y es necesario arrancar con todos los faroles encendidos
allí renace la amistad

se pierde el premio de la paz
y nadie puede abrazarse ni comer

vuelven las miradas de hace veinte años
las estrellas nacen latiendo

en el pasto y las tardes calientes
hubo días tan buenos de vivir

y otros con tus últimos amores
cuando dejabas de ser y ya estabas metido en el tiempo

oh témpora!
oh mores!
dame tu mesura Horacio para no temer al voraz
que hirió tu fuerza
tus ojos verdes en el mundo

pero estabas metido en el tiempo
y cuando me llamaron la oquedad y la furia
no pude detenerlas

tuve que irme
no pude decirte adiós
ese bosque en que no pude decirte adiós

ni darte de beber agua con mis manos







San sebastián
               
cuál es la diosa 
la que dice debe ser sacrificado 
que se arrojen las flechas
salga sangre de su pecho

y erguida en la proa
erguida frente a la arena
de fuego y luz
dicta hambre sed y miedo

la diosa
no sabe de justicia
ni de bondad
tiene alas que parecen de amor
pero son de ira
de nieve
y cuando el que muere debe ir al sacrificio
su corazón se alegra
sus ojos sonríen
llena el día con su vuelo feliz
y su maldad






Soles   

búscame, descúbreme mundo
húmeda medusa
las algas rondan suavemente
encuéntrame, tiempo,
compréndeme, mundo
mi región más profunda está libre
atiéndeme, espacio
alúmbrame, sol
que surjan las nubes
y el tiempo y el espacio me esperen






Grado cero
               
imposible saber cuándo 
comienza el grado cero 
relámpagos mojados cubren la cara
hacen gente torpe

es que
incapaz y débil
no puedo saber
mi amor amado
en qué momento
te hiciste un trozo de eternidad






Mujer que llora

ella llora con ojos anegados como esos patios
por donde corren las grandes lluvias
o las paredes en que las tormentas resbalan
extendidamente
el ancho de una mano sobre su nivel

sus pestañas son breves aleros
donde el agua se acumula
resbala sobre las mejillas
toma Ja forma de la cara
cubre cada pliegue
baja sobre los labios
entre los labios y el mentón
hasta llegar al encuentro de garganta y nuca

está impregnada entre las ropas
las frentes de otros apoyadas en las suyas
no la calman
una voz cálida la desata
moja con lágrimas plomizas un pañuelo calado
llora ávidamente
estirando sus pelos
enjuta y apagada
con duelo
con lujuria

es que su llanto empieza en los tobillos 
sube por las caderas
trepa
y le toma el pecho
hasta sentirlo fundido en láminas que se esparcen 
como olas que poco a poco se acercan y mueren 
a nuestros pies en la arena de las playas
y la arena las absorbe
hasta que queda fría y húmeda
se puede caminar
y las pisadas no se pierden

ella sigue llorando
va a caballo
va a pie
en la puerta
abriendo la puerta
por las escaleras
cada piso
el primero y el tercero
el segundo y el quinto
al firmar una carta
al bañarse
contra los pianos
junto a los retratos
tapando la voz de quienes le hablan de amor
con los puños en los ojos
con los zapatos plateados
con el otro vestido
en la enorme luz de la noche abierta
en el bosque entre estatuas
en el piso de las estrellas
llora por un modo de ser
una apostura
por un hombre que la mira entre mármoles con su vestido
griego

está apoyada en un ángulo
sus manos corren su frente
su brazo es un giro
su blusa es de satén
está brillante
tiene el corpino mojado
está desnuda
está en el suelo
está vestida
no tiene ropa
tiene la camisa celeste
la espalda angosta
la voz quebrada
del que cruza y se va
del que parte y no vuelve






Ensueño

Desde ahora
el tiempo me adormecerá me dejaste el relámpago
el bauprés de la tempestad una bahía donde el sol no cae detuviste el tiempo
el zarpazo del día mi amado


dulce como las frutas bosque oscuro y brillante veloz y furtivo rayo nocturno


(de: El día de la vida,
Ed. del Dock, 2012)






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