miércoles, 3 de julio de 2013

BEVERLY PÉREZ REGO [10.164]




Beverly Pérez Rego
Beverly Pérez Rego (o Beverley Pérez Rego) (Halifax, Canadá) es una poeta, traductora y músico venezolana. Es socióloga y licenciada en Letras egresada de la Universidad Central de Venezuela.

Beverly Pérez Rego nació en Halifax, Canadá, de padre venezolano y madre inglesa. Vivió su infancia en Canadá y Brasil. Después de concluir estudios de sociología en la Universidad del Sagrado Corazón, San Juan, Puerto Rico, se estableció en Caracas e ingresó a la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela en 1986. Durante su carrera en la UCV, participó en talleres literarios, comenzó su actividad como escritora y publicó sus primeros textos en revistas locales. En 1989, ingresó al Taller de Expresión Literaria del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos CELARG, conducido por el poeta Armando Rojas Guardia. El profesor y poeta Rafael Cadenas fue tutor de su tesis de grado, el poemario Libro de cetrería (publicado en 1994). Su primer libro (Artes del vidrio) fue publicado por el Fondo Editorial Pequeña Venecia en 1992. Actualmente reside en Caracas, donde se dedica a la poesía, la traducción literaria y a su trabajo como músico y vocalista.

Obra

Sin pertenecer a grupos literarios, Pérez Rego desarrolla una obra independiente y personal, notablemente influida por la tradición poética inglesa y por la obra de poetas venezolanos como José Antonio Ramos Sucre, que la lleva a explorar el poema en prosa; Juan Sánchez Peláez, Eugenio Montejo y Ramón Palomares. Otra influencia notable es su lectura del poeta cubano José Lezama Lima.
Pérez Rego ha señalado que su obra revela la influencia de su bilingüismo, y la búsqueda y exaltación de la imagen como "imán" o vórtice del poema. Su poesía también refleja su interés por añadir temáticas y elementos formales inéditos a sus textos, anclados en lo diánico o artemisal, y elementos ritualísticos. En una exploración profunda de la voz femenina como poética y destino literario, su poesía indaga en la paradoja de la herencia patriarcal, que se manifiesta en su doble faz: como posible restricción, o como fuerza propulsora en el abordaje de la escritura femenina.
Predomina en los textos de Pérez Rego el poema en prosa, que engarza las narraciones del antiguo relato oral con lirismo alegórico y ritual del salmo y el proverbio que evoca al dios ritual, terrible y protector. En la maduración de esta voz lírica, polisémica, oscura, imprecatoria y seductora, el referente último es el poder sin límites de la palabra poética. (Monte Ávila Editores Latinoamericana, 2006)

Poesía

1992 Artes del vidrio. Caracas, Fondo Editorial Pequeña Venecia
1994 Libro de cetrería. Maracay, Ediciones Casa de la Cultura de Maracay, Colección El Cuervo
1998 Providencia. Coro, Fondo Editorial del Estado Falcón, Ediciones Libros Blancos. ISBN 980-333-155-8
2002 Grimorio
2004 Escurana. Caracas, Fondo Editorial Eclepsidra, Casa de la Poesía Pérez Bonalde. ISBN 980-6480-24-4
2006 Poesía reunida. Prólogo de Juan Calzadilla. Caracas, Monte Ávila Editores Latinoamericana. ISBN 980-01-1393-2

Traducciones

1996 Tristia, Alejandro Oliveros (edición bilingüe). Caracas, Editorial RWM
2008 Louise Glück- poesía selecta. Caracas, Universidad Metropolitana, Colección Luna Nueva. ISBN 978-980-247-146-1

Premios

1994 Premio Bienal Casa de la Cultura de Maracay, por Libro de cetrería
1997 Premio Bienal Elías David Curiel, por Providencia
2002 Mención única, Bienal José Rafael Pocaterra, por Grimorio
2003 Mención única Bienal Francisco Lazo Martí, por Escurana





Libro de cetrería
Beverly Pérez Rego

(Nota del editor: "Libro de cetrería", poemario con el cual Beverly Pérez Rego obtuvo el premio 1994 de la mención Poesía de la Bienal de Literatura "Casa de la Cultura de Maracay", fue publicado por la Secretaría de Cultura del estado Aragua en 1994. En la Tierra de Letras han caído estos cuatro extractos).

Sea breve la llama que nos une.
Sea finita nuestra distancia.
Que el orden que nos retiene
crezca en los filos de mi talón
hasta herir.
Es tanta la maldad del mundo,
tan imperdonables sus torpezas.
Seamos la excepción:
busquemos la belleza
del golpe certero,
la agonía justa,
la fluida música
de una voz que se apaga
por siempre.

No, no detengas el fin.
Por esta vez, seamos libres,
y en la muerte ansiada
los dos hallaremos
noches distintas.





De prisa: abres los ojos.
El vuelo concéntrico. El estricto descenso.

Alrededor nuestro, todo es muerte, y mis palabras se cierran sobre tu nuca.

Por desgracia, sé que no habrán de hacerte daño.






No existe otro día.
No hay más que mi obstinación:
la faz que persevera en el espejo,
la vejez,
los dedos grises que me oprimen.

Es mía la culpa.

Déjame morir un poco más.
Déjame caer por mi propio peso.
Libérame de ti,
carnero sagrado:
perseverancia, maestra,
cuerno pulido y curvo
en la frente.








Si pierdo el juicio
no es por tu causa.
                           Antes,
en la rama amarga del olivo.
en los profundos entornos
de ciertos abismos vegetales
que crecen raudos en tu pecho,
                           antes,
estuvo mi pérdida.

Ahora,
en el alivio de la derrota,
siento cómo todo se tiñe
con el verdor de tu deseo,
y ante tus pies se abre
la senda única
entre los bosques que sembramos.

Tu maldad, líquida,
vierte cristales entre mis dedos;
ya no queda ningún enemigo
por enterrar.

Me deja atrás.

Y la inteligencia,
perra noble,
es la única en seguirte
a casa.







Un hombre puede ser escrito en una noche: una noche basta para que abandone la piel de cabrito y se revele: el rayo fulmina la hembra asmática, que muere en presencia divina, su carne blanda y humana.

Un hombre puede ser tachado en una sola noche, y dormir, solo, al pie de mi cama; dormir en embriaguez o temor, o volver, en penitencia, al vientre de su madre, que siempre lo espera despierta hasta altas horas, porque él es solo, frío, ahora y siempre.

Entonces, este hombre se escribe en cenizas. Cual si mis conjuros se encresparan, y lo venciera la lepra, su rostro se deshace en mis manos.

Luego, él toma sus facciones sangrientas, que son vocablos, y crea un alfabeto secreto que es dado a otra mujer.

Este hombre ya no es mi tarea.

Otra mujer deberá escribirlo.

Si puede.

(de Grimorio, 2002)







CABRA DE ORO,

Inteligencia,
quién te ha dado el espacio que ocupas en mi vida,
tu ola hundiéndome sobre la costa seca,
presa de las delicias del fondo.
Estrategia sublime de quien se cree perdido,
última cena sobre el cuerpo
que ya no admite demora ni espera.
Tócame otra vez,
no dejes que la palabra se abra paso
y nos engañe de nuevo.
Tócame para ahuyentarla,
que vuelva a su dominio lapidario,
que regrese sólo cuando sea llamada.

Y de nuevo el calor nos recubre,

de nuevo se hace el día entre los párpados.
Los cierro: te veo como antes,
el niño, con rodillas inciertas,
corriendo sobre el campo abierto
de mi cuerpo.
Y tus manos se retiran como la noche,
y vuelven a hundirse como palas en la sal.

Lámina de oro entre los dientes

es el sonido de mi nombre-
ave que se alza con la rama en el pico.
Mi nombre, mi nombre solitario y ralo
entre las fosas de tus labios.
De ellos se retira y no volverá a entrar,
en ellos entra y jamás saldrá.

Cómo me doblas, me abres,

me alzas, cómo me posas
sobre el arco del día inclemente,
cómo abrasas, sin avisar,
muda en tu exterminio.

Al fin, después de tanto,

Irrumpes como la hoz:
mi vida es tuya, Providencia,
con la altiva renuencia
de quien no te merece. 

(de Providencia, Coro: Fondo editorial del estado Falcón, 1998)











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