miércoles, 5 de junio de 2013

RICARDO JOSÉ BUSTAMANTE [10.034]


RICARDO JOSÉ BUSTAMANTE 
( LA PAZ, 1821-1884, PERU)
Poeta boliviano

BIOGRAFÍA


Nace en el año 1821, en la ciudad de la Paz. Cursó studios en Buenos Aires y Europa. Fue diplomático y desempeñó altas funciones públicas en su país. 

Según Menendez Pelayo, Miguel Antonio Caro, entre críticos extranjeros y según el famoso escritor boliviano del siglo pasado Gabriel René Moreno, dicen que fue el primer poeta romántico en Bolivia, por la variedad de géneros que cultivó, por su obra vigorosa y personal y por su estilo.

Sus obras : Traducciones del sabio D'Orbigny.- "Poesías", "La Humanidad" (poema cíclico), "Hispanoamérica Libertada", "Mas pudo el suelo que la Sangre" (comedia histórica).

Ricardo José Bustamante es autor del Himno Paceño y del Epitafio del Libertador

Muere en el año 1884





A La Posteridad 

De América al gigante veis dormido!
  Dios y la Libertad guardan su lecho.
  De Iberia vencedor, venció al olvido
Dejando el solio de la gloria estrecho.
  Mientras quede en la tierra algún latido
haya una fibra en el humano pecho,
Se han de inclinar los hombres ante el Hombre
  Que dióle vida y me legó su nombre.




SAFICOS


Oh, si en la copa, de amor aun llena,
Logré‚ sediento refrescar mi labio;
Si ya en tu seno reposo mi frente

Si el dulce aliento respiré‚ de tu alma
Tu voz oyendo repetirme - "Te amo";
Si el rostro tuyo su calor divino

Oh! si tu llanto v tu sonrisa he visto
Fijos est n sobre mi tus ojos,
Pegada estando a tu amorosa boca

Si ya he sentido sobre la onda amarga
De mi existencia difundirse el n‚ctar
Que Dios depuso en tu aromado cáliz

Decir ya puedo a los fugaces días:
"Pasad, pasad, que la vejez no temo,
Pasad llevando las marchitas flores

Pálida y triste;
Dejó en mi rostro;
Mi boca amante;
Blanca azucena...
Que me ofrecisteis:
Que yo en mi pecho como don celeste
Una flor guardo inmarcesible y pura,
Flor que tan sólo para mi ha brotado

Sobre la tierra.
Tiempo incansable, si jamás tus alas
de paso mueven la dorada copa,
Siempre del néctar, que el amor me brinda,
Llena hasta el borde,

Oh!, ni una gota derramarse puede!
Nada a mi dicha robarás, Oh tiempo!
Que el pecho amante do fijó sus rayos

Vívida lumbre,
Tiene más fuego que cenizas tienes:
Y el alma mía, de inmortal esencia,
Más amor guarda, que tu noche puede
Guardar olvidos".





En Mamoré, río de Bolivia y el Brasil, que arrastra sus aguas por regiones vírgenes y solitarias espesuras de sin par belleza, tiene un cantor elegante e inspirado en Ricardo José Bustamante, diplomático y literato boliviano, quien hace votos por que el progreso llegue hasta aquellos territorios y los despierte de su sopor.



Hay aquí en regiones ignoradas giras, 
Serpiente nacarada, bajo un cielo 
Palio de lumbre por do tiende el vuelo 
La garza colosal;
Río argentado que onduloso ciñes 
Vírgenes bosques, o en variadas tintas 
Sobre tu espejo con sus nubes pintas 
El éter tropical.

Al fin respiro tus fragantes auras; 
Tus palmas miro que columpia el viento; 
Oigo en tus selvas armonioso acento
Y admiro tu quietud;
Oh tú a quien siempre en ilusión lejana 
Vi cual portento que a la patria mía
Las puertas abras a su gloria un día, 
¡Gran Mamoré! -¡Salud!

De región fría y apartada vengo, 
Donde el monarca de los Andes brilla 
Con su manto de armiño, maravilla 
De ingénito poder.
De allí al empuje de infortunio infausto 
Yo vengo, si, cansado peregrino, 
Y al verte aparecer en mi camino 
Ya aliento de placer.

Placer que inspira al corazón patriota 
Alegre canto y de solaz lo llena; 
Así el proscrito ya olvidó su pena 
Al verte, Mamoré.
Si no es mi canto como el dulce canto 
De los Dardos que pueblan tus regiones, 
Preludia sobre ti las bendiciones 
Del porvenir, con fe.

En el seno feraz de los desiertos 
Genio escondido en soledad murmuras 
Al blando soplo de las auras puras 
Con plácido reír;
Mientras la patria tu existencia ignora, 
Cual ignoras que en ella los humanos 
Se agitan por correr tras los arcanos 
De un grande porvenir.

Sobre tu manto liquido, ondulante, 
Refleja el cielo diamantina estrella. 
Que suerte anuncia venturosa y bella 
Al patrio pabellón;
Cumplir se debe tan brillante ensueño. 
Undoso río que hacia el mar te lanzas 
Mecido por futuras esperanzas 
De gloria y de ambición.

Corres hoy arrastrando añosos troncos 
Que aun ostentan ropaje de esmeralda. 
O ya a los juncos de la verde falda 
Arrancas tierna flor; 
Tu majestuosa soledad recrean 
Parleras aves de pintadas plumas 
Que en ti retratan su elegancia suma. 
Girando en derredor.

Caimán que invade la arenosa orilla, 
Blanco bufeo que rasgando el agua 
El rumbo sigue de veloz piragua, 
O la hoja que cayó; 
O ya algún tigre que a la opuesta margen 
Se lanza a nado con tranquila frente, 
Perturban la quietud de tu corriente 
Que el hombre aun no turbó.

Tendido al pie de la floresta virgen, 
Cual amante a los pies de la que adora, 
Cuando el último rayo del sol dora 
Tus ondas de cristal. 
Te deleitas feliz con los perfumes 
Que en alas de la brisa pasajera 
Te arroja de su ondeante cabellera 
Tu amada virginal.

Es solemne el concierto de tus bosques 
En el silencio de la noche, cuando 
Con grito melancólico turbando 
La augusta soledad, 
El pájaro gemífero y el viento 
En bonanza te aduermen deliciosa, 
Mientras el rayo de la luna hermosa 
Te da su claridad.

Tal es tu vida en el presente, oh río; 
Gigante puerta del soberbio templo 
Que, de prósperos pueblos al ejemplo, 
La patria labrará. 
Hay de vida otro mundo que en ti duerme 
Mundo y vida de acción en la natura 
Con que a los hombres dispensó ventura 
La mente de Jehová.

Dormiste el sueño de pasados siglos; 
Siempre ignorado resbalaste en calma; 
Siendo tus ondas de la acción el alma. 
Tu noche larga fue. 
Rompa tu sueño secular el hombre: 
Tu margen pueble de ciudades bellas; 
Marque en tus bosques el vapor sus huellas, 
¡Despierta, Mamoré!








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