lunes, 17 de junio de 2013

JOSÉ NÊUMANNE PINTO [10.094]


JOSÉ NÊUMANNE PINTO
Nació en Uraúna (Estado da Paraíba, Nordeste de Brasil) en 1951. 
Es periodista, escritor y poeta. Vive en Sao Paulo, Brasil donde es editor del Jornal da tarde, y articulista del Jornal do Estado de Sao Paulo, y comentarista de Radio Jovem Pan. Con 10 libros publicados, es original de Uiraúna, el el Alto Sertao de Paraíba, en el noreste.  Fue reportero de la Folha de Sao Paulo, secretario de redacción del Jornal do Brasil, de Río, editorialista, editor de política y de opinión del Estado de Sao Paolo. En 1976 ganó el Prêmio Esso de Jornalismo Econômico y el Troféu Imprensa, otorgado al mejor reportaje deportivo del periódico. Mantuvo su columna de opinión sobre Brasil en el periódico norteamericano Miami Herald, cuando la página de opinión de su edición en español estaba a cargo del periodista Álvaro Vargas Llosa. 
Ha publicado los siguientes libros de poesía: 

- As tábuas do sol. São Paulo: EMW, 1985, poesia.
- Barcelona Borborema. São Paulo: Geração Editorial, 1992.
- Solos do silêncio. São Paulo: Geração Editorial, 1996. Poesia reunida




Versión de Hilda Figueroa


Garabatos de bar

La verdad verdadera, 
la verdad profunda, 
aquella que acecha 
en la falla de San Andrés 
y vive en la Gruta del Maquiné; 
verdad de los peces 
que nadan en el Atolón de Muroroa, 
no se encuentra en antologías, 
en novelas de amor, 
en tratados de filosofía, 
en libros de poemas 
ni en diarios 
en revistas 
o noticiarios 
de radio y TV. 
La verdad desnuda 
-romanticismo tardío 
del "Adagetto" de Mahler-; 
la verdad fría de iceberg 
que hundió al Titanic; 
la verdad cruel de la piedra 
que afilaba el cincel de Aleijadinho, 
esculpiendo profetas; 
la verdad húmeda y rósea 
de la mucosa extraviada 
entre los vellos y las piernas de Salomé, 
y de la lengua entre los dientes 
de Salomé; 
la verdad cruel 
del bigotito de Hitler 
y la verdad alegre 
del bigotito de Chaplin; 
esta verdad adolescente 
sana y doliente, 
esta verdad febril,  
no está ella en las canciones 
de Rodgers y Hart 
tampoco en los cocos de doña Selma 
o en sambas de Cartola. 
Ella no siente celos 
Ni usa boxers 
Ni pantaloncillos de encajes de Ceará. 
Esta verdad sólo se halla  
en la poesía 
de las servilletas de papel 
de algún bar de Lapa, 
manchadas de sangre y semen, 
sudor y cerveza.






Madero

Mi padre está en el cielo 
y me mandó el don de la vida 
posar del beso de un colibrí. 
Cuando la simiente cayó, 
la estrechó el vientre virgen de mi madre. 
Debajo del regazo de la tierra 
me nutrí de lava de volcanes 
bebí limpia agua de estanques, 
chupé la fuerza fétida 
de materia podrida. 
Crecí en el seno de la selva, 
vestí las cáscaras del tiempo. 
Soplé vientos primitivos, 
traídos de los campos, 
donde el trigo fenece. 
Destilé el perfume de las flores 
y el sabor de la fruta de estación. 
Refresqué con rocío de mi llanto 
el asfalto que a mis pies quemaba. 
a la sombra de mi presencia, 
abrigué caricias ajenas 
y en mis miembros 
derramé nidos y espinos. 
Canté canciones ancestrales 
en lenguas muertas de las aves, 
que no me dejan callar. 
Fijaron con clavos mis piernas 
en este bosque de alquitrán y acero. 
Ahora, heme aquí de nuevo, 
dispuesto al perdón, 
para eso fui clavado. 
Abro bien los brazos 
dejo el pecho a la vista; 
mi viejo corazón vegetal 
carece apenas de una mirada caritativa 
para impulsar su compasión. 
¡Mírame bien, 
transeunte urbano  
de mi agonía! 
Mientras me encuentres, 
tu pulmón de cristal 
no estallará.






Garatujas de bar

A verdade verdadeira, 
a verdade profunda, 
aquela que espreita 
na falha de San Andres 
e vive na Gruta do Maquiné; 
a verdade dos peixes 
que nadam no atol de Mururoa, 
não se encontra em antologias, 
nos romances de amor, 
nos tratados de filosofia, 
nos livros de poemas 
nem nos jornais, 
nas revistas 
ou nos noticiários 
do rádio e da TV. 
A verdade nua 
- o romantismo tardio 
do "Adagetto" de Mahler -; 
a verdade fria do iceberg 
que afundou o Titanic; 
a verdade crua da pedra ume 
que afiava o cinzel do Aleijadinho, 
esculpindo profetas; 
a verdade úmida e rósea 
da mucosa que se perdia 
entre os pelos e as pernas de Salomé 
e da língua entre os dentes alvos 
de Salomé; 
a verdade cruel 
do bigodinho de Hitler 
e a verdade alegre 
do bigodinho de Chaplin; 
esta verdade adolescente, 
sadia e doente, 
esta verdade febril, 
ela não está nas canções 
de Rodgers e Hart 
nem nos cocos de Dona Selma 
ou nos sambas de Cartola. 
Ela não sente dor de cotovelo 
nem veste cuecas samba-canção 
ou calcinhas de renda do Ceará. 
Esta verdade só se acha 
na poesia 
dos guardanapos de papel 
de algum boteco da Lapa, 
manchada de sangue e sêmen, 
suor e cerveja.






Madeiro

Meu pai está no céu 
e me mandou o dom da vida 
pousar do beijo de um colibri.  
Quando a semente caiu,  
o ventre virgem de minha mãe a estreitou.  
Debaixo do regaço da terra,  
me nutri da lava dos vulcões,  
bebi a água limpa dos lençóis 
e suguei a força fétida 
da matéria apodrecida.  
Cresci no seio da relva,  
vesti as cascas do tempo.  
Soprei ventos primevos,  
trazidos dos campos,  
onde o trigo fenece.  
Destilei o perfume das flores 
e o sabor dos frutos da estação.  
Refresquei com o orvalho de meu pranto 
o asfalto que me queimava os pés.  
à sombra de minha presença,  
abriguei carícias alheias,  
e em meus membros 
espalhei ninhos e espinhos.  
Cantei canções ancestrais 
nas línguas mortas das aves,  
que não me deixam calar.  
Fixaram com cravos minhas pernas 
neste bosque de piche e aço.  
Agora, eis-me aqui, de novo, 
disposto ao perdão,  
pois para isso fui pregado.  
Abro bem os braços 
e deixo o peito à vista: 
meu velho coração vegetal 
só carece de um olhar caridoso 
para pulsar sua compaixão.  
Olha bem pra mim,  
transeunte urbano 
de minha agonia! 
Enquanto me encontrares,  
teu pulmão de cristal 
não vai se estilhaçar. 






ANTOLOGÍA DE LA POESÍA BRASILEÑA
Org. de Xosé Lois García
Santiago de Compostela: Edicions Laiovento, 2001



III

Las piedras de Gaudí se mueven en el color,
son olas, ramblas, ríos,
los muros de Gaudí, palmeras.
Antoni Gaudí planta cal
y recoge el sol, el cielo
en la mies líquida
del Mediterráneo.
El arquitecto siembra
plantas de argamasa
con puntos de papiro.
Dan frutos plenos, sin plomada,
sones de cemento,
vida piensa.
Los ladrillos de Gaudí,
antes que frases,
son mezclas provenzales.
El anciano de espaldas, curvado,
Una raya de lápiz
sobre la blanca del papel,
letras, fragmentos de luz.

En este lado de la nada,
cavernas incompletas
excavan el cielo.




XI

Cierta noche,
una noche como ésta,
Gaudí visito la Sagrada Familia.
Bajó del carruaje,
yerto y grave,
sacudió el polvo de las polainas, paró.

Una luna de Barcelona silbó en el muelle,
divulgando un sonido pálido,
su estela de fósforo,
por el pórtico de la Navidad.
Detuvo en la piedra de la sombra caprichosa
del blanco caserío de Moguer,
el pueblo andaluz de Huelva,
plantado en cerro ficticio,
desigual,y catalán.
En el atrio convexo del templo,
la luna diseñó patios
cóncavos de Palermo Chico
en mi Buenos Aires querido.

En la noche catalana,
la luna sembró
flores del Bois de Boulogne,
barro viscoso de Lombard Street
(donde los banqueros londinenses se divierten),
piernas finas de mesas redondas
del Café de la Paix, en París.

Frente al pórtico de la Pasión,
el anciano curvado quedó sólo
con la majestuosa luna de Barcelona.




XIV

Estas torres de piedra
son gotas de lluvia,
las uvas pasas
que el sol seca
(como el sol seca
los granos de café
en la Plaza
de Juca Cintra
cerca de Avaré).

Estos terrones son
la lluvia que suelo eleva
al cielo de Barcelona,
cielo azul de Gaudí,
cielo rojo en Borborema.
Sus gotas de arte,
jugo adulterado
de uvas grises
plantadas en el espacio,
arañan el aire catalán.

En la soledad de concebirlas,
la oración del arquitecto pio,
que las completa
en el absurdo vacío
do adro claro.




XX

De este suelo piedras nacen,
impulso mortal.
En este hueco, piedras mueren,
solitarias y planas.
En cosas sin vida,
que nunca mueren,
respiran pasiones ancestrales
de la Cataluña sin fin.
Es irregular la superficie,
de los caprichos
tejidos por catalán.

Vida, pasión y muerte de Güell,
Inmortal de Gaudí,
mantenido podrido
ceniza-hielo
de este suelo fértil.

El vaho de este parque
sabe a súbito beso
robado.




XXV

Romper bien cada ladrillo,
sobre todo los de color más fuerte.
Como confetis imprevistos,
lanzarlos al azar;
hacerlos esparcir ociosamente,
sin plan alguno.
Después pegarlos con cal al muro,
como se salpican estrellas en el cielo.
O sea, ordenarlos
en el desorden de lo bello.

Así hace Antonio,
cantero anônimo,
arquitecto bárbaro
de Borborema,
al ornar fachadas
de los suburbios
en Río de Janeiro.
Así hizo Antoni,
arquitecto eterno,
al visitar, de madrugada
el banco-río
del Parque Güell,
a medio camino
entre Los Caídos y el Coliseo.






BARCELONA, BORBOREMA
São Paulo: Geração Editorial, 1992. 133p


III

As pedras de Gaudí se movem na cor,
são ondas, ramblas, rios,
os muros de Gaudí, palmeiras.
Antonio Gaudí planta cal
e colhe o sol, o céu
na seara líquida
do Mediterrâneo.
O arquiteto semeia
Plantas de argamassa
em pontas de papiro.
Dão frutos plenos, sem prumo,
sons de concreto,
vida pensa.
Os ladrilhos de Gaudí,
menos que frases,
são crases provençais.
O velho de costas, curvo,
um risco de carvão
sobre o branco do papel,
letras, lascas de luz.

Aquém do nada,
cavernas incompletas
escavam o céu.


XI

Certa noite,
uma noite como esta,
Gaudí visitou a Sagrada Família.
Saltou da carruagem,
hirto e grave,
sacudiu o pó das polainas, parou.

Uma lua de Barcelona apitou no cais,
espalhando um som pálido,
seu filete de fósforo,
pelo pórtico do Nascimento.
Parou na pedra a sombra caprichosa
do casario branco de Moguer,
o pueblo andaluz de Huelva,
plantado em cerro factício,
desigual e catalão.
No adro convexo do templo,
a lua desenhou pátios
côncavos de Palermo Chico
em mi Buenos Aires querido.

Na noite catalã,
a lua semeou
flores do Bois de Boulogne,
lama viscosa de Lombard Street
(onde banqueiros londrinos se divertem),
pernas finas de mesas redondas
do Café de la Paix, em Paris.

Defronte do pórtico da Paixão,
o velho curvo ficou só
com a gorda lua de Barcelona.


XIV

Estas torres de pedra
são gotas de chuva,
as uvas gastas
que o sal secou
(como o sol enxuga
os grãos de café
no terreiro da data
de seu Juca Cintra,
perto de Avaré).

Estes terrões são
a chuva que o chão eleva
ao céu de Barcelona,
céu azul de Gaudí,
céu rubro na Borborema.
Suas gotas de arte,
suco mascavo
de uvas cinzentas
plantadas no espaço,
arranham o ar catalão.

Na solidão de as tramar,
a oração do arquiteto pio,
que as completa
no absurdo vazio
do adro claro.


XX

Deste chão pedras nascem,
impulso mortal.
Neste vão, pedras morrem,
solitárias e planas.
Em coisas sem vida,
que nunca morrem,
respiram paixões ancestrais
da Catalunha sem fim.
É irregular a superfície
dos caprichos
tecidos por catalão.

Vida, paixão e morte de Güell,
imortal de Gaudí,
mantido podre
no borralho-gelo
deste solo fértil.

O bafo deste parque
sabe a súbito beijo
roubado.


XXV

Quebrar bem cada ladrilho,
sobretudo dos de cor mais forte.
como confetes imprevistos,
atirá-los ao acaso;
fazê-los espalhar-se ao léu,
sem plano algum.
Depois, pregá-los à cal do muro,
como se salpicam estrelas no céu.
Ou seja, ordená-los
na desordem do belo.

Assim faz Antônio,
pedreiro anônimo,
arquiteto bárbaro
da Borborema,
ao ornar fachadas
de subúrbio,
no Rio de Janeiro.
Assim fez Antoni,
arquiteto eterno,
ao visitar, de madrugada,
o banco-rio
do Parque Güell,
a meio caminho
entre Los Caidos e o Coliseu.







Ode ao pó 

Açúcar é assim: 
brilho vermelho na melancia, 
mancha verde na uva-itália 
e na maçã verde, 
mas todo branco quando só 
e branco inteiro enquanto pó 
(força de fortes 
droga de débeis). 
Gelado e molenga 
no sorvete de açaí; 
a cara-metade do caramelo, 
embebido em compressas, 
tostado em fogo lento. 
Há açúcar na polpa 
e açúcar na papa. 
Há açúcar do engenho, 
de forno e fornalha. 

Açúcar é assado: 
o suor do camponês pulverizado, 
sacos de cristal na prateleira, 
valendo ouro no mercado, 
virando merda no organismo, 
bela merda, 
doce merda, 
...merda... 

Açúcar é assombro: 
à sombra do Hades, 
as águas do Ganges; 
panacéia do avesso 
e dor das paixões 
e cor das paixões 
se esparramando, líquida, 
na esclerose de minhas veias, 
minhas veias velhas. 
Veneno e garapa, 
a mó, o mel, o mal, 
a morte feito gosto 
invade meu sonho, 
me habita o pesadelo 
num aviso de sol morno: 
o passo lerdo, 
o pinto casto, 
o cuco morto. 
E dá sinais de olho posto: 
a vida breve, 
a arte curta, 
o gole brusco, 
a cinza fria, 
um dó de peito 
e o pó sem fundo, 
ao qual haveremos 
de tornar 
- todos. 


São Paulo, manhã de 18 de novembro de 2000 




Poeira das estrelas

Do norte do norte 
as águias decolam 
para vôos sem volta. 
Lá, tudo começa: 
a voz do mudo, 
a vez do mundo. 
No norte do norte 
as águas brotam do solo 
e o fogo se consome, 
queimando a cera do tempo. 
No norte do norte, 
mora Deus, 
o dono da sorte, 
pelo menos à noite. 
Lá se consuma o pecado 
de cada um, 
surgido do zero. 
No norte do norte, 
da terra é soprado 
o barro humano, 
bafo de vida. 

Ao sul do sul 
as águias sempre voltam 
de vôos sem ida. 
Lá se chega sempre ao nada, 
ao nenhum talvez, 
decerto a ninguém. 
No sul do sul, 
as águas se lavam 
em si mesmas. 
E o fogo se extingue 
em cinza morna. 
No sul do sul, 
Deus vive de dia, 
na casa de sempre, 
erguida sobre ocos do vazio. 
Lá, se colhe 
a semente da morte 
na seara das virtudes 
de todos, 
abrigados no sem fim 
do infinito. 
No sul do sul, 
o último sopro, 
matéria divina, 
solfeja adeuses 
em lábios selados. 

Entre o sul do sul 
e o norte do norte 
a leste e oeste, o medo 
traça o destino parco 
de quem se sente imenso. 
Entre o começo do fim 
e o fim do começo, 
o compasso do verso. 
Lá Deus repousa 
a sesta do guerreiro da paz 
à sombra da luz das estrelas. 
O sono divino 
vela a angústia do homem 
de não se saber 
apenas um sonho, 
nem sempre um pesadelo, 
mas inevitavelmente 
uma miragem de fumaça, 
uma nuvem opaca 
de pó seco 
e denso mistério.





Beijo no olho 

O mundo inteiro que tu vês 
atrás das pálpebras que beijei 
é isso mesmo, menina: 
um vale raso só de tédio 
e um poço fundo de mistérios, 
uma ave é abatida em pleno vôo 
e nasce uma flor no cemitério, 
um riso estala na manhã, 
com o cheiro morno de café moído, 
e um pranto escorre no ocaso, 
como visgo mofado nas paredes. 
Aqui arde o fogo da paixão sem nome 
e lá estala o gelo da indiferença vã, 
um sorriso de bebê paira no espelho 
e um punho hostil te fere a face. 

O mundo em pedaços que tu vês 
dentro das pálpebras que fechas 
é assim mesmo, mocinha: 
uma bomba explode no jardim 
e o ser amado se despe no chuveiro; 
um cálculo duro te macera o rim 
e a brisa da noite, com cheiro de jasmim; 
colhes um beijo sem dono na rua 
e no quarto destilas o fel desse pavor; 
pulas um frevo de celebração 
e choras um cadáver em cantochão; 
chove forte nas palmas dos oásis 
e o sol te invade as praias do deserto; 
mordes o pão com enxofre da desgraça 
e te embriagas com o vinho da consolação. 

O mundo incerto que tu vês 
diante das pálpebras que abrirás 
é nosso mesmo, mulher: 
ei-lo, o tempo esparramado no solo 
e o espaço, imenso como um grão 
- muita companhia , toda a solidão. 
Pedes um pouco de guerra 
na paz de uma canção; 
entregas um gole a quem te pede água, 
mas negas um naco a quem te pede um pão. 
Esse mundo sem porteira ou rumo, 
um saco de merda, um frasco de luz, 
é um mundo velho, novo e sem segredo, 
parece uma peneira, cabe num pandeiro 

e bate ao ritmo de teu coração.



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