lunes, 21 de enero de 2013

JORGE GARCỈA DE LA FE [9029]






JORGE GARCỈA DE LA FE  (CUBA)

Poesía es…  Un reactor nuclear de metáforas donde se disparan todos mis sentimientos y emociones.

Poeta, ensayista  y profesor. Estudió Licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas en la Universidad de la Habana entre 1975 y 1981. Fue profesor de Literaturas Hispánicas en el Instituto Superior pedagógico “Juan Marinello” de Matanzas entre 1981 y 1996.   Trabajó como Metodólogo de Arte en la Casa de Cultura “Guanajayabo” de Máximo Gómez entre 1996 y 2002, así como profesor de Redacción y Estilo en la Universidad “Camilo Cienfuegos” de Matanzas entre 2002 y 2007. Emigró a Estados Unidos en 2007. Actualmente reside en Chicago, donde se ha desempeñado como profesor de Español y GED en el Instituto Cervantes, Centro Romero y Saint Augustine College. Ha sido corrector de la revista Contratiempo. Ha publicado sus poemas y ensayos en: Revista Matanzas (Cuba), Ventana Abierta (Santa Barbara,California), Contratiempo y Diálogo (Chicago). Su poemario Chicago es mi batey forma parte de la antología En la 18 a la 1,   publicado por ediciones Vocesueltas en septiembre de 2010. Actualmente está cursando una maestría en Cultura y Literatura Latinoamericanas en Northeastern Illinios   University.




PALABRAS SON MIS DEDOS
QUE ACARICIAN

Palabras son mis dedos que acarician;
tu sexo es el clavel que me ofreciste;
y yo me quemo verde; en mí persiste
el holocausto. ¿Cuánto me desquician

las ciegas libaciones descendientes?
Soy árbol que florece con tu savia.
Cuando no estás, mi piel padece rabia
mordida por el filo de tus dientes.

Te mando mis raíces; quedo en vilo,
colgando cual deseo que se dibuja
en escorpión sediento de pistilo.

Me pienso almendra amarga que se estruja
en un terrible dulce. Dame asilo,
para que en tu huracán mi carne cruja.





YA VIENE RESBALANDO LA GRAN SIERPE

“sierpe de fuego con escamas de oro”
El camino de Damasco, Julián del Casal

Ya viene resbalando la gran sierpe
a circular de gozo la cintura.
La boca se complace en mordedura
de flauta; brota música de Euterpe.

Adolescentes pámpanos me vibran
la carne. Un tiempo griego me amanece.
Los vórtices de cuerpo se calibran;
el pecho es  ala dulce que  florece.

Priápicos mancebos me visitan.
A Baco ofrezco místicos licores;
y danzo en éxtasis concupiscente

un hasápiko. Liras me musitan
anacreónticos  himnos de amores.
Y yo me ofrezco como un odre ardiente.







Límites

“Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
sometiendo a otra vida su vida,
sin más horizonte que otros ojos frente a frente”.
Donde habite el olvido, Luis Cernuda

Hasta aquí mi discurrir kantiano de la razones prácticas
por las cuales debemos negociar un acuerdo de mutua conveniencia:
un entramado de palabras que no soy yo.
¿Qué quieres saber de este hombre
que todavía anda despeñándose de sí mismo,
de este suicida en el balcón de la noche?
Tengo mucho miedo por haber estado casi cinco minutos
bajo el régimen  de Fidel Castro,
ya no confío ni siquiera en el esquizoanálisis.
Es nuestro primer date en este bar de Chicago que se llama Lucky 
Horsehoe donde Ethan, un fabuloso  striper de Ohio,
imprime movimientos pendulares  a su enfundado falo.
Ahora me preguntas si soy top o bottom.
Yo nunca me postulé el placer en términos tan excluyentes;
aprendí  a ser un poco más democrático,
a tener otro perspectivismo sexual bajo la dictadura del proletariado:
casi cinco minutos arriba, casi cinco minutos abajo;
pero también maizales, cañaverales y hasta cementerios;
algo así como morir y resucitar en brazos de mancebos  analfabetos 
de celulares.
Ahora mismo,
frente al envenenante azul de tus ojos,
voy reconociendo pedazos de mi cadáver,
sobreponiéndome al holocausto.
Me atrevería a construir un mito que te deje alucinado,
pero me temo que eres demasiado racional
para una seducción tan caribeña.
Doy por sentado  que someterás mis palabras a una minuciosa
deconstrucción, que también exigirás una solidez,
una dureza que últimamente sólo convoco a fuerza de ciertas 
pildoritas take by mouth
Es obvio que vas camino a descartarme,
pero te perderías una irrepetible experiencia existencial,
si no rozaras mi soledad desamparada con  la punta de tu… seno*
Estamos, frente a frente,
en este bar de Estados Unidos de  América,
un escenario cualquiera de la aldea global que nos conectó vía Internet.
A través de este diálogo,
se supone que nos transparentemos,
pero tú apelas a Hamlet y yo a Segismundo:
la duda renacentista frente al desengaño barroco.
Sin embargo, ambos fuimos traídos acá
por el mismo alacrán que picó a Freud;
y desde que llegamos, nos estamos olfateando
como perros apurados que  equivocaron  sus traseros a la salida 
de una fiesta.
Ya la teoría de las almas gemelas de Platón
es demasiado anacrónica al discurso postmoderno.
De todas maneras,
me seguiré lanzando hacia ti, de instante en instante,
como si no me pusieras límites,
porque la felicidad no es un fin en sí misma,
y a veces,
puede anticiparse a un orgasmo.

*Carilda Oliver, Me desordeno, amor, me desordeno.



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