lunes, 5 de noviembre de 2012

ÓSCAR SOSA RÍOS [8273]



Óscar Sosa Ríos: Poeta nacido en Villa Mercedes, ARGENTINA  en el año 1934 y continúa viviendo en la misma ciudad, en la actualidad. Durante muchos años residió en la Capital Federal.
Intervino en varias obras conjuntas: "Aquí la primavera" y "Vocación de Buenos Aires" entre otras. Participó en encuentros de poetas en Latinoamérica (Cuba, Puerto Rico, Chile, Bolivia, Ecuador) y en España.
Fue fundador de la filial en Villa Mercedes de la Sociedad Argentina de Escritores.
Es conductor del programa radial "Arte libre" que se emite desde su ciudad natal.
Algunos de sus libros de poesías: "Antiguas flores de marzo", "Esta campana tibia", "Al este del hombre", "Homenaje", "Sueño numeroso" y "América rocíos y cenizas".





LA HEROICA ESTRELLA DE LOS CINCO

Desde mi casa sencilla pequeña y firme
por donde traviesan mis nietos sus milagros
y mi mujer estruja la ropa lavada de sudores
desde aquí digo
por las cinco puntas de la estrella heroica
una o cien palabras de amor
para vos compañero René
para vos hermano Antonio
para ustedes camarada Fernando
cubanísimo Ramón
militante Gerardo.

Palabras repletas de amor solidario
de los hombres ateridos del mundo
que se prosternan ante tanta valentía.
Ante el gesto luminoso de la siempre victoria
que estalla en el pecho de sus camisas abiertas
como ejemplo de puños invencibles.

Desde este lugarcito de mi amado pueblo
donde el mejor amigo comparte este mensaje
decimos
que la palabra amor
se multiplica en la luz que les enviamos
y ella
horadará la piedra desgarrante
fundirá el aherrojado hueco oscuro
que tanto deleita al tirano de la libidinosa espuma
para llegar hasta el canto de acero y de sinsontes
deteniendo la mano y la escoria del gusano imperial.

Para que los cinco en la estrella heroica
se consagren en la sangre universal de su bandera
y puedan ser eternos de pura libertad.





TÚ, EL SOMBRERO

..." los saludo
y les saco mi sombrero
y los dejo viajando en el Parnaso
como ratas alegres en el queso"...
P. Neruda


Tú el sombrero Pablo
y yo la lengua
para dejarlos mohosos
repitiendo hasta el cansancio
sus grises sonrisas oportunas
sus babas solitarias.
Porque no quiero sus manos desteñidas
sus pieles arrugadas
sus flácidos traseros vanidosos
ni la víbora enroscada en la cintura
que muestran
para seguir masticando sus míseros tormentos.
Tú el sombrero Pablo
yo
la lengua de la historia.
dejándolos en el Parnaso
y yo contigo
cantando el destino del hombre.

lunes, 7 de septiembre de 2009






SALVADOR Y SALVADOR

Era el Salvador.
Un Salvador de volcanes en su patria.
Un campesino, un obrero, un mapuche.
Un hombre de cobre y de torrentes
de carbón y mar
de aladas herrerías y cosechas.

Un Salvador que dijo:
"Aquí me quedo a morir junto a los míos
en esta hora de la historia que me mata.
Aquí cierro mis ojos para siempre
junto ami pueblo enardecido.
Y cuando esto suceda
todas las campanas me acompañarán
salvajes
en los ecos de Santiago herido.
Aquí me quedo con las ventanas abiertas
mirando este cielo de plomo que me busca
que se enroja con la sangre de mi sangre
con el pulso de mi vientre
con la frente entera de combate
que levantan sudorosos sus vínculos
los chilenos en la cresta de la tarde".

Ahora es el poema el que te dice:
Eras como el Salvador de entonces
presente en las calles de septiembre
cuando América presenció el balazo del gusano.
Salvador gigante
Salvador chileno
Salvador Allende.






FEBRERO EN VIOLETA

A Violeta Parra.

Y fue en febrero.
Un cinco de penumbras
allá
en la soledad del almanaque
en el hueco sonoro de la vida
donde se sintió el grito y el balazo.

Allá donde soñaban los cantores
y el color del viento se trizaba entre los muelles.

Allá donde la vendimia supuraba racimos
y el arco senil del paisaje
era flecha verde atardecida.

Allá fue la muerte
-taciturna muerte... mi Violetala
que sembraba sienes en tu canto
y lo llenaba de coligües y veranos.

Y fue precisamente en febrero
donde urdió migajas la desdicha
y en un cinco de dolor sangrante
agazapada
la mortaja del horror vejó tu vida.







JUAN DE LOS ANDAMIOS

Te miré desde el balcón

Te miré desde el balcón
llegar, Juan del Trabajo
al Palacio de las Flores
de aquí de Basavilbaso.

Brillabas
estabas de punta en blanco
tus dientes en tu sonrisa
eran hileras de granos.

Y venías perfumado
a buscar tu compañera
para bailar tu cansancio.

Más tarde te vi salir
con la Juana de la mano
y te ibas alejando
con el domingo en tus brazos.

Desde ese mismo balcón
el lunes de tu trabajo
vi caer tu corazón
desde el penúltimo andamio.







 A LAS MADRES DE MAYO Y DE PALOMAS

Por los 34 años de lucha

¿Cómo cantar sin que ninguna lágrima
se llore avergonzada?
¿Cómo decir Las Madres y evitar que la piel
se incorpore al dulce escalofrío
el que se enciende de pañuelos por el aire
y cae en llamas por las manos del poema?

¿Cómo debo hacer
para que el verso sea el pensamiento?
Si no hay palabras que engendren las metáforas
ni los símbolos que puedan auscultar
el amor que por ellas siento.

Me exijo esfuerzo.
Pongo todo mi empeño en los años vividos.
Tomo los pinceles del espíritu
para pintar el rostro
los rostros
los sueños
la Plaza que acunó regazos
y poder imaginar los Jueves
la perseverante espera
la lucha diaria
la cocina que quedaba desprolijamente bella
cuando sus pechos se erizaban suplicando:
¿Adónde están?
¿Dónde la sangre de los hijos de todos?
¿Dónde sepultaron sus sonrisas?
¿Los pañales de la vida?
¿La vida misma?

Recurro a la paciencia esquiva.
A los años blancos de claros ruiseñores
y nada soy.

No hay poema que pueda ser paloma
y volar hasta tu Plaza de Mayo
hasta tus Jueves
hasta el trigésimo año de repetidas esperanzas.

Y si al poeta parido en esta Patria
le duele la impotencia
digo simplemente... MADRES...
mi amor es tan intenso
que no puedo seguir escribiendo.


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