lunes, 19 de noviembre de 2012

ERNST MARÍA RICHARD STADLER [8.454] Poeta de Alemania



ERNST MARÍA RICHARD STADLER    

Poeta y ensayista alemán nacido en Colmar, Alsacia, en agosto de 1883.
Se doctoró en Literatura Comparada y Ciencias Germánicas en la Universidad de Estrasburgo. Sus primeros poemas fueron publicados en diversas revistas culturales alemanas, gracias a los cuales recibió una beca en Oxford, donde realizó importantes investigaciones literarias. En 1908 fue nombrado para ocupar una cátedra en la Universidad Libre de Bruselas, la cual abandonó un año después para trasladarse a Toronto.
Su obra, dotada de una enorme vitalidad, lo situó, junto a Heym, Trakl y Benn, entre otros, como una de las figuras más relevantes de la poesía expresionista alemana, con publicaciones tan importantes como "La partida" y la habilitación del Shakespeare de Wieland.
Falleció tres meses después de alistarse en la guerra, en el frente de Flandes, en 1914. 


Final de jornada

Las siete en los relojes. Los comercios se apagan en la ciudad.
Desde oscuros pasillos, por patios diminutos, saliendo de vestíbulos lujosos las vendedoras se
          derraman.
Todavía algo ciegas y como entontecidas por el largo encierro.
Entran con leve excitación en la voluptuosa luminosidad y la suave apertura de la tarde de estío.
Las calles, antes malhumoradas, se iluminan. De pronto empiezan a marcar un ritmo claro.
Las aceras se colman de blusas de colores y risas de muchachas.
Como un lago por el que atraviesa un joven río impetuoso
la ciudad toda es inundada por la juventud y el regreso al hogar.
Entre la indiferencia de los rostros que pasan se interpone un destino variado.
La excitación de un vivir joven deslumbrado por el fuego de esta hora crepuscular
en quien toda la oscuridad se transfigura y todo lo que pesa se funde libre y leve
como si no aguardara, pocas horas después, la triste monotonía de la servidumbre diaria; como si
          no aguardara su retorno
el laberinto de las sucias chozas en el arrabal, chozas que cuelgan entre desnudos bloques de
          casas de vecinos,
la escasez de comida, el sofoco del cuarto familiar y la pequeña alcoba que es preciso compartir
          con hermanos menores;
y el breve reposo que la madrugada expulsa del país dorado de los sueños.
Todo está ahora lejos, cubierto por la tarde, y, sin embargo, acecha, como animal maligno al lado
          de su presa
E incluso las más afortunadas que, leves y con el paso esbelto,
bailan del brazo de su amante, arrastran en la soledad de sus ojos una tiniebla ajena.
A veces, cuando su mirada cae hasta el suelo, en la conversación,
un fantasma con espantosas muecas se cruza en su alegría.
Entonces es cuando se estrechan más; con manos temblorosas cogen el brazo del amigo,
como si la vejez ya estuviera tras ellas, arrastrando sus vidas hacia la extinción en medio de la                     sombra.


Incluido en Tres poetas expresionistas   (Ediciones Hiperión, Madrid, 1998, selec. y trad. de Jenaro Talens).



Al alba

La silueta del cuerpo está oscura ante la turbia luz
de corridas persianas. Acostado, siento tu rostro vuelto hacia mí como una
imagen de la eucaristía.
Cuando te desprendiste de mis brazos, tu susurrar "tengo que irme", sólo
alcanzó los más lejanos portales de mi sueño.
Ahora veo tu mano como a través de un velo, cómo ligeramente pasa la blusa
blanca por los pechos. Las medias,
ahora, después la falda, el pelo recogido. Ya eres otra mujer, una extraña
ataviada para el mundo y el día.
Entreabro la puerta. Te beso. Te devuelves, mientras avanzas, un adiós. Y
te alejas.
Acostado de nuevo oigo cómo se pierde tu pisada suave por el hueco de las
escaleras,
vuelvo a estar encerrado en el aroma de tu cuerpo que, brotando de las
almohadas, cálidamente invade mis sentidos.
Amanece aún más. Las cortinas ondulan. Un viento joven y un sol temprano
quieren penetrar.
Se levantan los ruidos. Música del amanecer. Me duermo suavemente
arrullado por sueños matutinos.

Versión de Ernst Edmund Keil
"Tres poetas expresionistas alemanes" Ediciones Hiperión 1998



Apóstrofe

No soy más que una llama, un grito, y fuego y sed.
Por las angostas hondonadas de mi corazón se lanza el tiempo
como agua oscura, raudo, violento, inadvertido,
y arde en mi cuerpo un signo: la caducidad.

Pero tú eres el redondo espejo por el que resbalan
los crecidos arroyos de la vida
tras cuyo fondo áureo y abundante
las cosas que murieron radiantes resucitan.

En mí arde y se extingue lo mejor. Una estrella alocada
que cae en un abismo de azules noches de verano,
pero la imagen de tus días está en alto y distante,
señal eterna, situada como protección alrededor de tu destino.

Versión de Ernst Edmund Keil
"Tres poetas expresionistas alemanes" Ediciones Hiperión 1998



Crepúsculo

Pesado cayó el crepúsculo sobre las callejas de la ciudad.
Sobre el gris de las tejas de adobe y las torres esbeltas,
sobre la suciedad y el polvo de la gran ciudad, su placer, su pesar y su mentira
con implacabilidad majestuosa.

Arrancados de piedras gigantes, los bloques de nubes se oscurecían
incubándose, con rigidez... Y había en el aire
como una obcecación enloquecida, un encresparse que no muere-
al oeste, distante, el día agonizaba.

Entre los castaños pardos del otoño chisporroteaba la tormenta nocturna,
como cuando los mundos se despiertan despabilados
para la última y sangrienta batalla decisiva.

Terquedad en el corazón y sueños salvajes de lucha y desamparo y triunfo arrollador,
me apoyaba en la verja de hierro de mi balcón y veía
el lamer de mil fuegos y las rojas barbas temblar,
ví aún una vez más al coloso herido alzar la bandera llameante.

Una vez más aún martillear la vieja canción salvaje de los héroes
en un torbellino de acordes-
y desmoronarse
y retumbar
sordamente a lo lejos...
Un chirriar de carros en la calle. Música. Canturrean soldados.
Sobresaltado, me estremezco-
sobre las torres y tejados ruge la noche.

Versión de Vicente Forés
"Tres poetas expresionistas alemanes" Ediciones Hiperión 1998



En estas noches

En estas noches mi sangre siente frío, amada, por tu cuerpo.
Ah, mi ansia es como un agua oscurecida que retiene las puertas de una esclusa,
descansando con la tranquilidad de mediodía,
inmóvil, acechando, ansiosa de estallar. Tormenta de verano
pesadamente retenida en foscos nubarrones.
¿Cuándo caerás, rayo, a quien golpea y carga con placer, a quien
desencadena como balsa,
que abres de par en par los muslos prietos de la presa? Quiero
llevarteconmigo sobre las almohadas como gavilla de nacientes tréboles
en la tierra mullida. Yo soy el jardinero
que te tiende con suavidad. Nube que te rocía
y el aire que te envuelve.
En tu tierra deseo plantar mi fervor delirante
yalflorecercon ansia resucitar sobre tu cuerpo.

Versión de Jenaro Talens
"Tres poetas expresionistas alemanes" Ediciones Hiperión 1998



Noche de solsticio

Febriles se agachan los arbustos
en el goteo de velos marrones y en el mecer
de mariposas nocturnas en torno a ardientes trepadoras.
Ahora atizamos en las llamas las hojas secas y amarillas

y hacemos fiesta contoneándonos en bailes perdidos
y canciones que refluyen con el tibio olor,
la huidiza ebriedad de las ascuas de estío
y muchachas de pelo suave trenzado con coronas

y reflejando palidez en el destello flotante
esparcen ardiendo la oscura adormidera y los claveles macilentos.
Y temblando sentimos cómo la noche se marchita.
Y más salvajes brillan los fuegos en la oscuridad.

Versión de Vicente Forés
"Tres poetas expresionistas alemanes" Ediciones Hiperión 1998



Poema IV

Ardo entonces durante noches para purificarme,
y siento enarbolados sobre mi cuerpo el látigo y la vara:
deseo liberarme por completo de mi propio ser
hasta haberme vertido en todo el mundo.
Deseo con tanto dolor alimentar mi cuerpo
que los males del mundo mi circunden como las estrellas-
En la sangre y martirio del pesar instigado
se realiza el amor, se libera el espíritu.




Viaje nocturno sobre el puente del Rhin en Colonia

El expreso avanza a tientas en tanto cruza por la oscuridad.
Ninguna estrella quiere asomarse. El mundo entero no es sino la estrecha galería de una mina                    encarrilada en noche,
en la que. a veces, pozos de un azul resplandor desgarran horizontes repentinos: un círculo de
          fuego
de faroles, tejados, chimeneas, chorreando, humeando... tan sólo unos segundos...
Todo negro otra vez. Como si descendiéramos, cuando es nuestro turno, hasta la misma entraña
          de la noche.
Ahora oscilan las luces, extraviadas, desesperadamente solitarias. Se agrupan. Y se adensan.
Los esqueletos de las fachadas grises se muestran al desnudo, muertos en la penumbra mientras
          palidecen.
Algo debe pasar. Con pesadez lo noto en mi cerebro. Canta en la sangre una opresión. Luego
          retumba el suelo, de pronto, como el mar:
volamos, regiamente elevados por un aire que se arrancó a la noche, muy altos, sobre el río.                     Curvatura de luces a millares, callada vigilancia
ante cuya revista de centellas las aguas pesadamente ruedan. Filas interminables, formadas en la              noche para saludar.
Antorchas, al ataque. Alegre. Salva de barcos sobre el mar azul. Fiesta estrellada.
Rebosantes, fluyendo con luminosos ojos. Hasta donde las últimas casas de la ciudad despiden a
          su huésped.
Luego, las largas soledades. Las riberas desnudas. Quietud. Noche. Retorno. Recogimiento.                     Comunión. Y ardor y ansia
hacia el final, la bendición. La fiesta de los sexos. Hacia la voluptuosidad. Y la oración. Y el mar.                 Hacia el ocaso.

Incluido en Tres poetas expresionistas   (Ediciones Hiperión, Madrid, 1998, selec. y trad. de Jenaro Talens).



Diálogo

Dios mío, a ti te busco. Implorando la entrada, mira que me arrodillo ante tu umbral.
Mírame aquí, extraviado, mil senderos me arrastran a lo desconocido,
y ninguno de ellos me conduce a casa. Permite que huya hacia el refugio de tus jardines,
que en su tranquilidad de mediodía vuelva a hallarse mi vida dispersada.
Siempre he ido corriendo tras luces de colores,
ávido de maravillas hasta que los deseos y la vida y su fin desaparecieron en la noche.
Ahora el día alborea. Y es ahora cuando mi corazón, encerrado en la cárcel de sus propias
          acciones,
angustiado pregunta si es que tuvo sentido aquel tiempo confuso y malgastado.
Y no hay respuesta alguna. Siento tambalearse en medio de tormentas,
sin rumbo por el mar, lo que mi nave lleva de cargamento último.
Y el barco de la vida, el que por la mañana se mecía osado, emprendedor,
destroza sus tablas contra el monte imantado de un destino loco.

Paz, alma mía. ¿Acaso nada sabes de tu propia patria?
Mira, pues: en ti estás. La luz incierta que le confundía
era la lámpara sin fin que arde ante el altar de tu vida. ¿Por qué tiemblas en la oscuridad?
¿No eres tú, acaso, el instrumento mismo en el que el alboroto
de la totalidad de los sonidos se unifica en un baile nupcial? ¿No oyes la voz del niño
que quedamente canta para ti desde lo más profundo?
¿No sientes, puro, el ojo que se inclina sobre la más salvaje de tus noches?
Oh, manantial que de las mismas ubres se alimentó con aguas turbias y claras.
Oh, rosa de los vientos de tu propio destino, tormenta, noche de tempestades y tranquilidad,
todo tú mismo: purgatorio, ascensión y el eterno retorno.
Contempla, pues; tu último deseo, al que tendió tu vida unas manos ardientes,
ya brillaba prendido en el cielo de tu afán más temprano.
Tu dolor, tu placer desde siempre yacían encerrados en ti, como en un cofre,
y no hay nada de lo que fue y será que no haya sido tuyo desde siempre.

en Der Aufbruch (1914), incluido en Tres poetas expresionistas   (Ediciones Hiperión, Madrid, 1998, selec. y trad. de Jenaro Talens).



En una nueva entrega de Albalá, el poeta, crítico y traductor José Manuel Recillas nos presenta la poesía de Ernst Stadler (1883-1914). Este poeta, en palabras de Recillas, “introdujo el llamado Langzeile, o verso largo” en la tradición alemana. Murió en el frente de batalla durante la Primera Guerra Mundial.

El poeta alsaciano Ernst Richard Maria Stadler fue un consumado artista y literato que introdujo el llamado Langzeile, o verso largo, y que dio lugar a elaboradas y en ocasiones trasnochadas teorizaciones sobre la influencia de Whitman en la poesía alemana. Sin embargo, fuera de la extrema longitud de sus versos, la influencia del poeta decimonónico estadounidense es bastante discutible. Si bien a Stadler se le ubica dentro de la generación del expresionismo, como en los casos de Trakl, Benn y Lasker-Schüler, sólo lo es de manera periférica, circunstancial. No compartió jamás ninguna de las dos posturas básicas, que suelen denominarse activismo y eternismo. Como las voces mayores del periodo, su poesía responde más a una búsqueda personal, que a postulados teóricos de tipo general. Sin embargo, sin el influjo del expresionismo, como en los casos de Kafka y el primer Broch, su particular voz lírica no se explicaría.


In Dir

Du wolltest dir entfliehn, an Fremdes dich fortschenken,
Vergangenheit auslöschen, neue Ströme in dich lenken –
Und fandest tiefer in dich selbst zurück.
Befleckung glitt von dir und ward zu Glück.
Nun fühlst du Schicksal deinem Herzen dienen,
Ganz nah bei dir, leidend von allen treuen Sternen überschienen.



En ti

Tú quieres de ti huir, escapar hacia lo lejano,
el pasado aniquila, nuevas corrientes te conducen –
y hallas más hondo en ti mismo el regreso.
Profanación de ti provino y enclaustró la dicha.
Ahora sientes al destino tu corazón servir,
tan cerca de ti, sufriendo por todos los leales astros entablados.



An die Schönheit

So sind wir deinen Wundern nachgegangen
wie kinder die vom Sonnenleuchten trunken
ein Lächeln um den Mund voll süßen Bangen

und ganz in Strudel goldnen Lichts versunken
aus dämmergrauen Abendtoren liefen.
Fern ist im Rauch die große Stadt ertrunken

kühl schauernd steigt die Nacht aus braunen Tiefen.
Nun legen zitternd sie die heißen Wangen
an feuchte Blätter die von Dunkel triefen

und ihre Hände tasten voll Verlangen
auf zu dem letzten Sommertagsgefunkel
das hinter roten Wäldern hingegangen—

ihr leises Weinen schwimmt und stirbt im Dunkel.



A la belleza

Así hemos tus milagros perseguido
como niños que del brillo solar ebrios
una sonrisa en la boca llena de dulces miedos

y totalmente en el remanso de luz dorada sumergidos
salían crepuscugrises de los portales del albor corriendo.
Lejos está en el humo la gran ciudad ahogándose,

tiritando, la noche asciende fresca desde pardos abismos.
Ahora ponen temblando las ardientes mejillas
en húmedas hojas que de oscuridad gotean

y sus manos llenas de anhelos tientan
sobre el último fulgor del día estival
que tras los rojos bosques desapareció —

su silente llanto nada y muere en tinieblas.



Form ist Wollust

Form und Riegel mußten erst zerspringen,
Welt durch aufgeschlossne Röhren dringen:
Form ist Wollust, Friede, himmlisches Genügen,
doch mich reißt es, Ackerschollen umzupflügen.
Form will mich verschnüren und verengen,
doch ich will mein Sein in alle Weiten drängen–
Form ist klare Härte ohn’ Erbarmen,
doch mich treibt es zu den Dumpfen, zu den Armen,
und in grenzenlosem Michverschenken
will mich Leben mit Erfüllung tränken.



Forma es placer

Forma y cerrojo deben primero romper
y el mundo por abiertos caminos penetrar:
forma es placer, paz, satisfacción celeste,
pero a mí me atrae el terruño .
La forma me quiere atar y constreñir
y yo quiero mi ser hacia toda amplitud llevar –
Forma es claro rigor sin compasión,
pero a mí me atrae lo bronco, lo indigente,
y en mi ilimitada entrega
quiere la vida en mí su plenitud imbuir.





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