miércoles, 12 de septiembre de 2012

7794.- JAIME VALDIVIESO


jaimevaldivieso


JAIME VALDIVIESO  (Valparaíso, CHILE 1929): Profesor de Literatura y escritor, titulado con distinción en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. Trabajó durante cuatro años en el Instituto de Investigaciones Filológicas de las Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y ejerció la cátedra de Literatura Hispanoamericana durante diez años en la Universidad de Houston, Texas. En Chile hizo cursos de filosofía en la literatura en la Universidad ARCIS, dirigió un seminario de literatura en la CEPAL y enseña actualmente literatura chilena y universal en la Universidad Andrés Bello. Escritor con más de veinte y cinco libros publicados en Chile y en el extranjero. Ha publicado ensayos, cuentos, novelas, poemas. Su últimos libros, “Las máscaras del ruiseñor”: novela gótica: tres ediciones: España, México, Chile. “Ciencia y poesía, diálogo con el físico y cosmólogo Claudio Teitelboim” (Lom Ediciones,1ª Ed. l995, 2ª Ed. l999); “El espejo y la palabra” (Ensayo, Ed. Planeta y Universidad Andrés Bello, l997) y “Violencia de los animales”, poemas, en la Ed. Universitaria de Santiago, l99l. “Voces de alarma”, relatos en la Ed. Fondo de Cultura Económica. México l993. Escritura encadenada. Ensayo. Coedición Universidad Andrés Bello, RIL (Red Internacional del Libro), Santiago l999. Ha obtenido diferentes premios en Chile y en el extranjero, uno de los cuales fue en México, en el concurso internacional de la revista “Plural”, que premió su ensayo Borges como voluntad y representación, ensayo que posteriormente fue traducido al ruso y publicado por La Academia de Ciencias de la Federación Rusa en su revista América Latina. En estos momento está por aparecer en Rusia una antología de Jorge Luis Borges en una colección de mejores autores del Siglo XX con el ensayo anterior como prólogo a dicha antología. Fue elegido por el Ministerio de Educación entre el grupo de personalidades en el área de Literatura del Concurso FONDART, l996 y como representante del Ministerio y de las Universidades al Concurso Literario de la Municipalidad de Santiago, l995. Ultimas obras publicadas: Escritura encadenada (ensayos) Ed. RIL, 1999. Trisagio (relatos) Ed. RIL 2000. “Señores y ovejas negras: Chile un mito y su ruptura” (ensayo) LOM Editores. 2000.



XVIII

Nada puede un tirano
contra una pareja
que ha decidido vivir.
Desterrados en medio del desierto
o al borde de los grandes hielos
somos amigos de lagartos y pingüinos
y entre las sombras
de nuestro cuarto
iniciamos la mejor revolución:
nos repartimos el territorio de la piel
el espesor de los músculos
los últimos latidos del corazón
todo de una manera
absolutamente equitativa.

(del libro Tu cuerpo en la palabra)




LOS AZARES DEL DESTINO DE LORD JIM

Ahora me doy cuenta que el hombre
está hecho de huesos carne y 
la sangre de la incertidumbre,
capitán Marlow.

No es el alma lo que existe
es el peso de lo 
que no sabemos que somos.

Y el destino 
¿qué es el destino?
sino la suerte o la fatalidad
que no dependen de nosotros.

¿Por qué estoy aquí, delante 
de usted?
en esta noche en que las estrellas
y la inmensidad no son
nada, nada, nada 
ante la incógnita de algo
que no logramos aclarar.

¿Qué me sucedió aquella noche
maldita cuando salté hacia el bote
sabiendo que el barco se hundía
se hundía irremediablemente
en un mar en calma 
con toda su carga de peregrinos?

¿Qué hacía yo allí a salvo
con tres miserables
ávidos sólo de salvar 
sus miserables vidas?

Dudé si volver al momento
en que la última luz desaparecía
y con ella la vida de todos
sus hombres, mujeres y niños.

Sin embargo, no fue así
el barco no se hundió,
Usted lo sabe mejor que yo,
y desde entonces ando a la deriva
náufrago de mí mismo y sin horizonte,
escarnio de los hombres del
mar donde quiera que vaya
sin atreverme a volver a casa
cargando una vergüenza
sin sentirme culpable
y sin poder justificarme. 

Yo que deseaba hacer del mar
el mejor escenario del heroísmo
y de los más ardientes sueños.

No quiero morir sin
alcanzar una inasible redención
que busco sin saber dónde,
una muerte que me haga digno
de mi mismo y limpie 
más allá de los hombres 
mi vida y la febril esperanza
perdida en un mar en calma
para escarnio de sus héroes.




QUÉ QUEDA DE LOS JÓVENES POETAS

Un joven poeta ha muerto,
su cabeza doblada sobre el volante
segundos antes de chocar 
contra un muro
en una ciudad de España,
me cuenta mi amiga Elvira.
“Su último libro, te lo presto”,
Vida de un vendedor
de fotocopiadoras,
Gonzalo Santelices Quezada.

¿Qué queda de estos petas?

Sus poemas
heridas en el papel
gotas de sangre
de una muerte 
derrotada por la palabra

¿Dónde en qué lugar 
se ocultará la belleza
de estos libros 
que brillaron en las pupilas
y en el corazón de 
unos pocos lectores?

¿Dónde la curiosidad, la inesperada
luz de aquellos
sacudidos por sus versos?

Fervientes en la soledad 
ellos fueron 
sus propios lectores y 
los imaginados y los
que nunca llegaron.

Todos seremos hermanos
Alguna vez unidos e inexistentes
en algún distante futuro.

II.-

Nos sacamos la ropa
y fue como si saltáramos
de la prosa al verso
de la marcha a la danza
de la crónica al mito,
y cada vez nos alejábamos 
más de nuestro tiempo
hasta llegar al Paraíso
mordisquear jugosa y gozosa- 
mente la manzana
y volver a comenzar 
dolorosamente
toda la historia.



EL TAÑIDO DE CAMPANAS

A lo lejos un tañido de campanas.
Oigo hacia adentro
y siento que el aire y el tiempo se detienen
y una nostalgia de viejas iglesias
y un silencio de aldeas
clava y aquieta la gran ciudad.

Imagino el vuelo de las lentas aves
cuyas sombras empujan las ovejas de la tarde.

Las campanas son el pretérito perfecto
la sanción de la carne 
asediada por el fuego.
Recuerdo las palabras de mi madre:
“no te alejes del único camino”.

Las campanas van conmigo
en cada tierra que habito:
en un pueblo lejano de México
en un valle de las montañas de España
o en la plaza de la nueva ciudad.
Son allí mi propia tierra
el color y el sabor de sus tardes
La Semana Santa de cada día
a la hora de la angustia y el recuerdo.

Campanas de madrugada 
Campanas de mediodía
campanas del anochecer
sin fe caigo de rodillas
en el camino de la cruz.
Sin fe y lleno de culpas
golpeó mi frente en el mármol vacío,
y escucho mi propia sangre
con los tañidos coloniales
que aplacan las fiebres del amor y el
horror de las pestes.

Son las mismas las campanas de cada día
que aquietan el aire y detienen el tiempo.




TU BELLEZA NO MUERE

Ahora fuiste tú, mujer,
no importa cómo te llames
la que debió partir y dejó que la
Barca negra se meciera sola a tu lado.

Porque no es posible
convéncete, seguirás allí mismo 
aún después de tu muerte 
cantada por los poetas
ya desaparecidos hace mucho tiempo.
Nunca fuiste de este mundo, 
Ya lo dijo Enrique Lihn,
salías y regresabas al lugar convenido
“aquí estoy otra vez 
en lo mismo de siempre”,
y Huidobro cayó de bruces 
sin pronunciar una sílaba,
por primera vez dejó que el silencio
hablara y la palabra enmudeciera.

No eras de aquí ni de allá
pertenecía a todos los hombres
cuando se abría una puerta
siempre eras tú la que estaba en el umbral
¿Eras acaso la belleza sin nombre
dibujada con la furia y la 
ansiedad de los sueños?

Destinada a la inmortalidad
la belleza fue tu sino
surgías y te desvanecías
y volvías a aparecer 
en cualquier parte
mirando a los ojos
deteniéndote unos segundos,
los justos para no morir
y seguir de largo.

Yo te he visto 
detrás del mesón de una farmacia,
quedé inmóvil y medité:
el exceso de belleza no se puede soportar.
“cuando te alejas un solo instante
el tiempo y yo lloramos”.

Cada vez que venía a verte
junto a tu lecho seguía 
la nave detenida a tu lado
sola meciéndose en una marea leve,
Caronte te espera más allá,
tu rostro lo llena de pavor
teme perder la ruta y volver
solo a orillas del lago.

Ahora sé que la barca partió
Y tú no vas en ella,
quedarás como siempre
aunque sea solo unos instantes
los justos para no morir
y seguir de largo.





EL BAILE Y EL INSTANTE

Cómo se agolpa toda la vida
en una danza: pasado, presente y futuro
bailan borrando el tiempo, 
el mito de la felicidad 
hecha carne y movimientos
en los ojos de la diosa
que mirando a los ojos
mueve sus caderas, quiebra su cintura
y nada sabe ni quiere saber
de las cosas de este mundo.
Por ahora se desliza por una pista
suave como un suave sueño,
por ahora, la música la envuelve
en su traje eléctrico.
Ella sigue bailando. Nada la detiene.
Ya no recuerda los recientes 
golpes ni la herida en una mejilla,
Ni los llantos
de la niebla cotidiana,
sólo el narrador lo sabe,
nadie vislumbra la tristeza oculta
transformada en llama
ritmo y melodía.
En breves instantes
volverá el silencio
y su traje eléctrico
se apagará en la noche.



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