martes, 4 de septiembre de 2012

EZEQUIEL MARTÍNEZ ESTRADA [7.684]




Ezequiel Martínez Estrada

(Nació en San José de la Esquina, Santa Fe, Argentina, 14 de septiembre de 1895 - Bahía Blanca, Buenos Aires, Argentina, 4 de noviembre de 1964) fue un escritor, poeta, ensayista, crítico literario y biógrafo argentino. Recibió dos veces el Premio Nacional de Literatura, en 1933 por su obra poética y en 1937 por el ensayo "Radiografía de la Pampa". Fue presidente de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) de 1933 a 1934 y de 1942 a 1946.
Santafesino de nacimiento, su familia se trasladó a la localidad de Goyena, en el Sudoeste de la provincia de Buenos Aires, donde su padre abrió un almacén de ramos generales. Luego de la separación de sus padres en 1907, viajó a la ciudad de Buenos Aires, donde vivió con su tía Elisa y estudió en el Colegio Avellaneda. Por razones económicas hubo de interrumpir sus estudios y comenzó a trabajar en el Correo Central de Buenos Aires.
Publicó seis libros de poesía entre los años 1918 y 1929. En 1921 contrajo matrimonio con Agustina Morriconi, una artista plástica argentina. Ejerció la docencia en el Colegio Nacional de la Universidad Nacional de La Plata donde, entre sus alumnos, se contó el luego célebre médico René Favaloro, con quien mantuvo amistad hasta su muerte, y con el dinero obtenido por el segundo Premio Nacional antes citado, compró un campo en Goyena.
Desde 1946 colaboró con la Revista Sur, dirigida por Victoria Ocampo. Publicó durante esa época obras de teatro, cuentos y novelas cortas. En 1949 se radicó en Bahía Blanca, en la casa que es hoy sede de la fundación que lleva su nombre.
En los años del peronismo, Martínez Estrada sufrió de neurodermatitis, una enfermedad extremadamente discapacitante de origen psicosomático que lo mantuvo postrado por años en ámbitos hospitalarios y olvidado por casi todos, a excepción de Victoria Ocampo, según dejará consignado el mismo escritor. Luego del golpe de estado de 1955 contra el gobierno de Juan Domingo Perón, y luego de ser sometido a las técnicas terapéuticas del llamado sueño prolongado, su salud mejoró, comenzando una serie de escritos que él llamaba sus "catilinarias" , serie de acerbos escritos dirigidos a la élite argentina, tanto gobierno como intelectuales, prediciendo que la Argentina atravesaría un siglo signado por el "Pre-Peronismo, Peronismo y Post-Peronismo."
El gobierno peronista lo había privado de su puesto de trabajo en La Plata, que recuperó en 1956 luego del golpe de estado, pero al año siguiente fue nombrado profesor extraordinario en la Universidad Nacional del Sur, en Bahía Blanca. En 1957 asumió la presidencia de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre.
En 1959, Martínez Estrada comienza una serie de viajes a Chile, a la Conferencia de Paz en Viena, donde conoce al poeta cubano Nicolás Guillén, a México, donde enseñó durante un año en el Instituto de Ciencias Políticas en la Universidad Nacional Autónoma de México. Escribe Diferencias y semejanzas entre los países de América Latina, un largo ensayo fijando paralelos con Asia y África, y el concepto emergente del Tercer Mundo, condenando el imperialismo, el colonialismo y expresando admiración por la Revolución Cubana, que sería su siguiente destino.
Desde septiembre de 1960 a noviembre de 1962, fue director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Casa de las Américas en La Habana. Formó así parte de la densa atmósfera intelectual de los primeros años de la revolución: allí estudió en profundidad la obra de José Martí y editó dos libros de discursos de Fidel Castro. Veía en Cuba un destino manifiesto, por el cual los Taínos se unirían a los Amaurotos de Tomás Moro, y la Cuba revolucionaria con el ideal de Cuba de Martí. Esta adhesión a la revolución cubana no sería comprendida ni perdonada por los intelectuales argentinos nucleados en torno de la Revista Sur. Comienza así un aislamiento, en su tierra, que lo acompañará hasta su muerte. Silenciamiento que persiste todavía hoy, por razones no tan fáciles de comprender.
Martínez Estrada deja Cuba después de la crisis de los misiles. El país había sido expulsado de la OEA, y él estaba teniendo problemas de salud y financieros, por lo que decide que "servirá mejor a la revolución desde afuera". Pasa por México y retorna a Argentina, más precisamente a Bahía Blanca, donde completa sus tres libros sobre José Martí (ninguno publicado en vida y uno de los cuales permaneció inédito hasta 2001), escribe un trabajo sobre Balzac, y continúa escribiendo poemas (notables sus Tres poemas del anochecer - último trabajo publicado en Sur). Él hablaba de volver a Cuba; no está claro si finalmente no lo hizo por su estado de salud o, como indicaría su correspondencia, por sentirse desilusionado con la revolución.
Falleció el 4 de noviembre de 1964 en Bahía Blanca.


Obra

Los trabajos de Martínez Estrada se evidencian en sus elecciones: Nietzsche, Montaigne, Kafka, pero su compromiso se vislumbra sobre todo en su inigualable y necesaria visión sobre Argentina y Latinoamérica toda. En sus escritos sobre Domingo Faustino Sarmiento, él rescata el tema de "civilización y barbarie" desde un agudo análisis sobre la dudosa virtud de la civilización, visión que, desde Sarmiento y la mayoría de sus contemporáneos, y aún hoy (en gran parte de los trabajos canónicos existentes sobre el tema) se trata de ocultar y que, en Martínez Estrada, en cambio, ya se puede rastrear en sus escritos más tempranos. Escribiendo acerca del naturalista del s. XIX Guillermo Enrique Hudson, Martínez Estrada sostenía una idea particular sobre el retorno a un mundo natural paradisíaco, además de describir, en otros trabajos, la creciente e imparable civilización como ultrasalvajismo, y las políticas liberales del siglo XIX como aberraciones que llegan a su cúspide con la conquista del desierto que él nombra acertadamente como "holocausto". Compartía con su contemporáneo Horacio Quiroga los padecimientos sobre la mediocridad y la injusticia, deshumanización de la sociedad contemporánea industrial / tecnológica. Y como José Martí, creía que un escritor debe intervenir e influenciar sobre el mundo. Así, hacia el final de su vida, apoya la revolución cubana; y aporta sus "catilinarias", escritos muy críticos sobre la política y la cultura argentina.

BIBLIOGRAFÍA

Teatro:

Títeres de pies ligeros. Ilustraciones del autor. Buenos Aires: Babel, 1929. 
Tres dramas. 1941
Cazadores", 1951. Buenos Aires: Ediciones Losange, 1957. 

Poesía:

Argentina. Buenos Aires: Babel, l927. 
Coplas del ciego; Otras coplas del ciego 1959
Humoresca. Buenos Aires: Babel, l929. 
Motivos del cielo. Buenos Aires: Babel, l924. 
Nefelibal. Buenos Aires: Tor, 1922. 
Oro y piedra. Buenos Aires: Nosotros, l918.
Poesía. Buenos Aires: Argos, 1947. 
Poesía de Ezequiel Martínez Estrada. E.U.D.E.B.A., 1966. 

Narrativa y ensayo:

Análisis funcional de la cultura (1960)
Antología. México: Fondo de Cultura Económica, 1964.
Antología. La Habana: Casa de las Américas, l986.
La cabeza de Goliat: Microscopía de Buenos Aires (1940)
Cuadrante del pampero. Buenos Aires: Editorial Deucalión, 1959. 
Las 40. Buenos Aires: Ediciones Gure, 1957. 
Cuatro novelas Montevideo: Editorial Arca, 1968. 
Cuentos completos. Madrid: Alianza Editorial, S.A., 1975. 
Diferencias y semejanzas entre los países de América Latina. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 1962. 
En Cuba y al servicio de la revolución cubana. La Habana: Ediciones Unión, l963. 
En torno a Kafka y otros ensayos. Compilación de Enrique Espinosa. Barcelona: Ediciones Seix Barral, 1967. 
Exhortaciones. Buenos Aires: Burnichon Editores, 1957. 
Ezequiel Martínez Estrada. Selección y prólogo de Oscar Bietti. Buenos Aires: Ediciones Culturales Argentinas, 1978. 
Familia de Martí. La Habana: Editorial Nacional de Cuba (Cuadernos de la Casa de las Américas), 1962. 
Heraldos de la verdad. Montaigne, Balzac, Nietzsche. Buenos Aires: Editorial Nova, 1958. 
El hermano Quiroga (1957). Montevideo: Editorial Arca, 1966. 
Historia de la literatura universal. Buenos Aires: Editorial Claridad, l946.
La inundación y otros cuentos. Prólogo de Mario A. Lancelotti. Buenos Aires: E.U.D.E.B.A., 1965.
Los invariantes históricos en el Facundo. Buenos Aires: Viau, 1947. 
Leer y escribir. Compilación de Enrique Espinosa. México: Joaquín Mortiz, S.A., 1969. 
Leopoldo Lugones: retrato sin retocar. Buenos Aires: Emece Editores, 1968. 
Marta Riquelme. Examen sin conciencia (1949). Buenos Aires: Editorial Nova, 1956. 
Martí: El héroe y su acción revolucionaria. México: Siglo XXI Editores, 1966. 
Martí revolucionario, T.I. Prólogo de Roberto Fernández Retamar. La Habana: Casa de las Américas,1967. 
Meditaciones sarmientinas. Santiago, Chile: Editorial Universitaria, 1968. 
Muerte y transfiguración de Martín Fierro: Ensayo de interpretación de la vida argentina (1948). 2 volúmenes. 2a. ed. México-Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica,1958.
El mundo maravilloso de Guillermo Enrique Hudson. México: Fondo de Cultura Económica, 1951.
Nietzsche. Buenos Aires: Emecé Editores, 1947. 
Panorama de las literaturas. Buenos Aires: Editorial Claridad,1946. 
Panorama de los Estados Unidos. Introducción, notas y bibliografía de Joaquín Roy. Buenos Aires: Torres Aguero,1985. 
Para una revisión de las letras argentinas. Compilación de Enrique Espinosa. Buenos Aires: Editorial Losada, 1967. 
La poesía afrocubana de Nicolás Guillén. Montevideo: Editorial Arca, 1966. 
¿Qué es esto? Buenos Aires: Editorial Lautaro, 1956. 
Radiografía de la pampa (1933). 6a. ed. Buenos Aires: Editorial Losada, 1968. 
Realidad y fantasía en Balzac. Bahía Blanca, Argentina: Universidad Nacional del Sur, 1964. 
Sábado de gloria (1944). Incluye "Sábado de gloria" y "Juan Florido, padre e hijo, minervistas". Buenos Aires: Editorial Nova,1956. 
Sarmiento (1946). 3a. ed. Buenos Aires: Editorial Sudamericana,1969. 
La tos y otros entretenimientos. Buenos Aires: Editorial Futuro, 1957. 
Tres cuentos sin amor. 
El verdadero cuento del tío Sam. Ilustrado por Siné. La Habana: Casa de las Américas, 1963.

Premios recibidos

1933 -- (Argentina) Premio Nacional de Literatura (por sus poemas)
1933 - 1934 -- Presidente de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE)
1937 -- Premio Nacional de Letras por Radiografía de la pampa
1942 - 1946 -- Presidente de la SADE, nuevamente
1948 -- Alta designación de la SADE: "Gran Premio de Honor"
1949 -- SADE apunta su nombre como candidato al Premio Nobel
1957 -- Presidente de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre



Quevedo

Aun en el mármol blanco se te ve, Don Francisco,
cual en tus epigramas y en tus estudios sabios:
tu amplia frente es severa, pero juega en tus labios
el pequeño demonio de brasa del mordisco.

Español, español de espada firme y justa
y de juicios que tienen el vigor de la mano,
tu sonrisa en flor fluye como un beso villano
que atempera el agravio de la mirada adusta.

(Sin embargo, esa facha de D' Artagnan bizarro
velaba un alma grave, deslumbrante y sencilla.
En su carne se dio la absurda maravilla
de las estrellas y las lámparas de barro.)



Job, Dios y Satanás

Entre este mísero judío
triste y ansioso de la muerte
y un Dios feroz que se divierte
en la eternidad y en el hastío,
Satanás, el Angel Sombrío,
se hace divinamente fuerte.


"Nefelibal", 1922, Poesía, editorial Argos, Buenos Aires, 1947



El mate

De ti a mí, mano a mano,
el mate viene y va.

El mate es como un diálogo
con pausas que llenar.
(Darío lo ha llamado
calumet de la paz)
Niño que se ha dormido
cansado de llorar.
Y aún suspira, la lluvia
cae sobre la ciudad.

El brasero sus brasas
aviva fraternal
y como en la charada
llena todo el hogar.
De ti a mí, mano a mano
el mate viene y va.

Nos quedamos callados
mirando sin mirar
un cuadro, un libro abierto,
un reflejo fugaz.
Tenemos una pena
como de soledad;
nos falta un hijo y algo
que no tendremos ya.
El reloj da la hora
de la serenidad
y grano a grano cuenta
arenas en el mar.
La lluvia se diría
que liquida el cristal,
El brasero calienta
el frío del hogar.

De ti a mí, mano a mano,
el mate viene y va.

Hace poco perdimos
un amigo ejemplar,
perdimos un hermano
de exquisita bondad
Se le escapó la vida
antes de comenzar
Presente en el silencio
sabemos bien que está,
pero callamos porque
no podemos hablar.

Tú principiaste un cuadro,
yo un libro; y ahí están
sin terminar las manos
la estrofa sin final
De ti a mí, mano a mano
el mate viene y va.

Llevamos siete años
de vida conyugal
y nuestro amor reclina
su frente en la amistad.
De los viejos proyectos
casi no hablamos más;
hay algo que nos dice
de un fracaso brutal.
Nos miramos con pena
durmiendo sin soñar;
nos ha engañado el sueño,
ya no soñamos más.

De ti a mí, mano a mano
el mate viene y va;
viene a mí fervoroso,
casi frío a ti va.

No hay más luz que las brasas
ni más calor quizás.
Mi cigarrillo quema
sustancia sideral
y como se ve poco
no nos vemos llorar.




MIRO TUS OJOS

Miro tus ojos cansados
tu faz que agostó la vida;
miro la nieve caída
en tus cabellos dorados.

Eres la misma que fuiste,
toda tú en manos y cara.
Antes Noemí y ahora Mara,
la misma, mucho más triste.

Te ves como en un espejo
en mi mirada cansada,
y piensas, sin decir nada,
que yo también estoy viejo.

Si no paz, y si no olvido,
espero algo, y tú también.
Estamos en un andén
después que el tren ha partido.




QUIERO QUEDARME

Pronto hemos de separarnos
y de decirnos adiós.
Uno seguirá camino,
el otro no.

Quiero quedarme y que sigas
como si te fuera en pos;
pero no vuelvas la cara,
mujer de Lot.

Irás sola, ¿y por qué triste?
con mi recuerdo y con Dios.
Será posible que encuentres
alguna flor.

Si en cambio tú te quedaras,
¿cómo podré seguir yo?
Las noches me encontrarían
en donde estoy.



TEJES

Tejes. Callamos. Yo leo,
que es mi modo de tejer.
La casa empieza a tener
frialdad de mausoleo.

—Hace frío.
—Sí; hace frío.
—Pon otro poco de leña.
En el cuadro un árbol sueña
y frente a él corre un río.

—Rafael no viene más.
—Ya no viene más Irene.
—¿Y Dora?
—¿Y Pedro?
—¿Y Tomás?
—Ya ninguno de ellos viene.

Además, ¡cuántos se han ido
por éste o aquel sendero!
Otros nacieron, pero
también los hemos perdido.

Transcurren unos minutos
en una quietud tan pura
que el tejido y la lectura
son perfectos y absolutos.

—¿Oyes? Salen de la escuela
los chicos.
—Pues, ¿qué hora es?
Hablan y cantan. Después
sólo queda una estela.

—¿Han llamado?
—Sí, han llamado.
Nadie ha llamado a la puerta.
Está la calle desierta
como un camino olvidado.

El reloj marca una hora
cualquiera en la eternidad.
Esta sí es la soledad.
Nunca la sentí hasta ahora.

—Es tarde.
—Es tarde.
Cerramos
la llave de luz. Salimos.
—Hasta luego.
Y nos dormimos.

Y después despertamos.









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