domingo, 26 de agosto de 2012

7577.- CARLOS APREA





Carlos Aprea nació en La Plata en 1955. Cursó estudios en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la UNLP. Es Técnico Químico y cofundador de la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria de la UNLP. Comparte su condición de poeta con la de actor, autor y director de teatro. Publicó tres libros de poesía: La intemperie (1999), Abrigo (2006) y La camisa hawaiana (2010). En 2009 dio a conocer, conjuntamente, las siguientes plaquetas: Conociendo gente se viaja, El pájaro de las cinco y media, This is the end, week end, Política líquida y Teatros. Algunos poemas y textos diversos de su autoría aparecieron también en compilaciones poéticas y revistas culturales como Talita, El Hormiguero, El Espiniyo, Pasajes y Sismo Trapisonda, entre otras. Vive en el barrio Villa Elvira de su ciudad natal.




La intemperie

La dispersión
(1981-1994)

_____
la palabra perdida

si nos hace falta
tanto tiempo
para decir/decirnos
la palabra verdadera,
la palabra que cura,

si nos hace falta
tanto
solidaridad
compañía
descanso
ganas

si nos hace falta
decir
las palabras únicas,
las tan nuestras,
la palabra enjaulada,
la temerosa
que ronda el laberinto izquierdo
y no acierta a salir
al sol o a la sombra de los demás

si nos hace falta tanto la verdad,
por mas dura que sea,
habrá que ver el miedo de los años
disfrazado
de humanidad,
buenos modales,
humor y suficiencia

si nos hace falta,
tanto
habrá que ver el miedo
propio y ajeno,
acorralarlo
y tirarle a matar,
con el amor más certero que tengamos
con la sed más honda que aún nos quede

después...
después vendrá la esperanza.


_____
también vivimos

de recuerdos,
de evocaciones,
también vivimos

en la playa desolada,
desguarnecidos,
llamando inútilmente
en la tempestad,
también vivimos

la marea baja lenta
y se vislumbran
manchas,
basuras,
restos
sobre la playa,
caminamos
sobre la anatomía descuartizada
de la derrota,
aún son tenues los llamados,
tenues y temerosos,
un horizonte en brumas,
así
también vivimos

entre ceremonias de exhumación
y primaveras
esta nueva estación
y sus milagros
de horas dilatadas,
de reencuentros,
de homenajes tardíos y delirios,
del sabor amargo de la nada
y el hambre
de lo imposible,
y la fe y los rencores,
también vivimos.

_____
Uno

Uno sabe que tiene un lado amargo
que no cambiará más
y Uno sigue,
algo como echado a perder,
podrido,
el costado desgraciado de la historia.
Y es cierto que la vida continúa,
y que Uno sabe qué calla, qué distrae,
en cada acto personal, en cada cruce.

Pintado de bufón sale a la calle
esquivando fantasmas
y encuentra una ciudad con el rostro velado
que como Uno, calla, como Uno, distrae,
los fantasmas de todos en esquinas amargas.
Uno sale
pues tiene tiempo también para los juegos,
los divertimentos,
los maravillosos soles del espíritu...
pobre Uno,
puro engaño:
entre la luz hermosa
del día en que se siente
serenamente Uno,
permanece
agazapado
el dolor,
gritará una vez más
y con su voz,
Uno y la ciudad
deberán seguir.

_____
El rescate

Cavó en su jardín
de malvones y rosas,
por días y días,
y la tierra negra
cubrió todo perfume, todo color.

Cavó en su patio solariego,
después de levantar
baldosa por baldosa,
en días y más días.

cavó cuarto por cuarto
su casa entera
durante meses,
y cada palmo de su casa,
naufragó en un mar de humus.

colo se le escuchaba murmurar,
de tanto en tanto:
“no era aquí... no era aquí... "
y seguía cavando.

_____
El exilio que sigue

Perdió pié en tierra firme,
se va corriente abajo.
¿detrás de qué?

está en un pozo,
resguardado.
¿oculto de quién?

ahora que sobran espectáculos,
neón y lentejuelas,
y lentamente la modernidad se impone,
tarde ya
(es cierto),
como un clasicismo,
tarde pero infalible,

ordenando espacios,
nuevas formalidades
y un gesto liberal leve y cínico
inaugurando desparpajos huecos,
meticulosamente estudiados
para el efecto preciso y contundente
en el Mercado

corriente abajo
oculto,
ensimismado,
abroquelado en la familia
sin confiar demasiado en las familias,
nutre también,
meticulosamente,
su propio silencio
para no devaluar mas las palabras,
desarmando,
meticulosamente,
máscaras, espejos, laberintos
y dolorosas ilusiones

corriente abajo,
oculto,
ensimismado,
buscando rostros verdaderos
que escuchen su silencio,
repite para sí, meticulosamente:
hay que empezar a hablar todo de nuevo…
hay que empezar a hablar todo de nuevo.

_____
Los puentes

tendidos
entre la soledad y la alegría,
entre el mañana neblinoso
y el presente cautivo,
no esperan otra cosa
que seguir uniendo
orillas lejanas.

en el mapa escondido del mundo,
las líneas firmes
de sus brazos extendidos
dibujan una red fortísima.

ella nos sostiene en la vida.

_____
Perdido

ni asombro
ni fervor,
solo monotonía,
ausencia de sentido,
soledad en un cuerpo
extraño y mudo,
atraviesa impasible
todos los lugares,
todas las emociones.

la ruta de sus días
hace mucho tiempo
naufragó en su corazón.

_____
Orillas del Quequén
(a Toto Casado, in memoriam)

La fuerza del agua y los años
han moldeado las orillas paralelas,
el movimiento dibuja su persistencia
sobre la llanura quieta.

Sobre los ojos, clavados en el agua,
algo quiere desvanecerse, lavarse, desaparecer...
Rocas entre rápidos, mojones
que el agua tardará en socavar.

Voces que en el rumor del agua
no callan, no se dispersan ni disuelven...

“...fue el despido injusto, vengativo...”;
“ ...la suma de cuentas sin pagar...”;
“...los amores fugaces, complicados...”;
“...los dos hermanos desaparecidos...”;
“...la muerte del padre, tan lejos...”;
“...la madre, taciturna, inexpugnable...”

Exhumación y desfile de miserias
frente a un cuerpo inerte,
una roca extraña en el lecho del río
que nunca contará su historia...

¿Pero qué hemos hecho de la historia?
¿Un asunto cerrado?,
¿un juego individual donde se gastan 
las fichas prefijadas del azar?.
¿Qué hemos hecho de la vida?
¿Un mísero terreno irrespirable
donde repasamos en silencio
las mil conjugaciones del olvido?

Sobre el agua pasa un bote
y en el bote,
un hombre rema contra la corriente.
Se nota que lo ha hecho antes,
que han sabido enseñarle. Impasible,
cruza mi mirada y sigue.
Los remos se hunden, una y otra vez,
con calma, con firmeza.

Las voces languidecen,
la roca se oculta con el limo removido,
una brisa del mar seca mi rostro.
El río sigue su curso, indiferente.

_____
Estaciones de Pedro

Verano

ese instante,
cuando las sienes ardían
y los ojos se encandilaban
desnudos,
como mirando el inmenso mar
por primera vez,
el mar inmenso
del cuerpo amado.

Otoño

algo comenzó a caer en él,
dejando apenas
rastros exteriores,
todos cuidan las maneras,
miran y no dicen nada,
mientras crece la pérdida
y él se siente perdido.

Invierno

como parientes de su misma sangre,
el frío y la humedad lo abrazan
y él abre sus costados,
cierra los ojos,
ignora sus temblores
y sigue levantando la casa de otros.

Primavera

escucha los sonidos de la multitud,
busca esos ojos,
iluminados.
le sube el calor a la cabeza
y abraza,
abraza enteramente el aire mudo
y no para de hablar,
de hacer planes y cuentas.


_____
La ficción y la historia

en el ahora,
cuando los amaneceres
parecen
definitivamente grises
y solo el ocaso es rojo
y uno se recluye,
casi solo,
a recordar o reconstruir viejas historias,
con héroes o antiaéreos,
y malvados reconocibles y traidores
(como antaño,
cuando lo predecible de éste mundo
apuntalaba nuestra fe
y se alimentaba de ella ferozmente);

en el ahora,
en noches como ahora,
casi solo,
retomo el juego amargo
de cerrar los ojos
y dibujar
cariñosamente,
el rostro
de los muertos,
casi en vano, de mi generación;

cuando el sol despunte
y la bruma se haya ido,
mirando los ojos de mi hija
contaré una historia,
con héroes y antihéroes,
y malvados reconocibles y traidores.

pero le cambiaré el final,
tiene derecho a la esperanza.


_____
Mediodía
(a Ricardo Herrera)

está servido el vino, tibio el pan,
y el mantel impecablemente blanco,
cruzamos las miradas
y el río de los años
y el mar de la distancia desaparece:
estás por un momento frente a mí

hemos visto un país de sirenas frenéticas
y de rostros desencajados por la angustia,
el terror blanqueando muros y organizando
el miedo,
hemos asistido mudos a la lenta agonía
de las palabras más bellas y más nuestras,
hemos usado el disfraz de los idiotas
para salvar el pellejo,
y nadie hoy puede asegurar que salimos
indemnes,
hemos compartido oráculos, alcoholes
y cigarros dudosos
esperando que amaine el temporal,
rumiando a solas una historia que no pudo
ser,
pasaron años, se fue la juventud
con la voz de Violeta y un candombe
uruguayo,
sin poder decir lo que hacía falta,
sin poder saber cuántas verdades
y cuantas mentiras nos pertenecían,
el único tesoro fue obstinarse en cuidar
un espejo verdadero en la memoria,

así cumplimos la helada travesía
de buscar desde la nada las certezas

y aquí contigo tan presente, amigo mío,
saboreo la comida y me doy cuenta
que nos hemos criado a mucho amor,
en esos arrabales despreciados por todos,
y el mundo nos ha correspondido
con el desprecio al niño que aún habita
en nosotros,
trozo el pan y siento melancolías,
pienso en aquellos que vendrán
para decirnos
que este no es el tiempo de los vencidos,
que todo lo pasado es un mal sueño
y merece el pozo negro del olvido,
me basta que tu corazón siga latiendo
dondequiera que estés,
para saber que es imposible creerlo,
tomo el vaso de vino y vos me hablas,
me hablas con esa forma de llegar,
sonriendo
un sol sereno brilla en tus pupilas
y el vino empuja la luz de tus palabras:
"no importan la certezas, no importa el precio
injusto por la vida, ni la exacta verdad de lo vivido,
si el recuerdo de los mejores días
sigue entibiando nuestro corazón”.


_____
La intemperie y otros poemas (1995/1999)

Oh, vida, da a los vivos, si es tiempo aún,
un poco de tu buen sentido sutil sin la vanidad que abusa,
Y por encima de todo, quizá dales
La certidumbrede que no eres tan accidental
Ni privada de remordimientos como se dice.
La flecha es horrorosa, el garfio sí.
René Char

_____
la intemperie desbordante

todas las llagas, la sangre,
los párpados huyendo de la hiriente luz,
las viseras ante el horror primordial:
el vacío, la separación, el frío,

la memoria del principio de las cosas
es el peso de la carne, de la propia carne,
“en el principio fue el dolor”
un sobrevuelo a ras de tierra,
imposible ascensión con tales contrapesos,

solo la fiebre eleva mientras consume
y despliega el mapa de la intemperie rebosante,
se desenrolla la columna Schwitters
arrastrada por el pedaleo de un niño oscuro
sobre un triciclo oxidado y el viento niño
enloquece al gallo de la veleta,

ruta,
perdida hacia el extraño destino de lo sin valor,
lo abandonado entero,
“es infinita esta riqueza ...”,
leucocitos, plaquetas, bosta, humus,
huesos de perro y sus ladridos
bajo las tres ruedas mínimas,
gritos de teros , batir de ramas de eucaliptos ,
aire cargado de eucaliptos sobre el primus,

el camino de escarchas y la línea del agua congelada,
“mantener las manos sumergidas en el agua helada
para conocer el dolor,
para aprender a soportar el dolor”,
el frío es la ausencia del calor, el calor no abunda,
el Universo es frío, abrigarse es acercarse al calor,

el pedaleo incesante alrededor del fuego de San Juan,
de San Pedro, de San Pablo, de todas las hogueras
de todos los santos condenados sin ropas y sin nombres,
el crepitar de ramas
ramas de siempreverde, de ligustro, de paraíso,


el camino de hojas, lajas, latas, a los confines del palomar
y alrededor de la niña desnuda y el ojo vertical
que atrae como imán,
y las compresas, el untisal, pan mojado en leche
y hojas de coliflor, las camas paralelas y los palillos giratorios
del respaldo, gimiendo, como Ella al arder la carne quemada,
electrificada, “niño, mi niño, vendrás en primavera”, “ven al encuentro de la primavera”, “...la primavera volverá, tu florece...”,

el ciruelo serruchado, las ramas taladradas por los gusanos,
los brazos excoriados, pustulosos, por los gusanos,
golondrinas en las axilas, sabañones en las orejas:
escuchar es dejarse llevar, como un pájaro;
el pedaleo incesante entre los tímpanos, fugas sonoras
“primero hay que saber partir”;
la Danza del Fuego y el ardor entre las piernas, sobre las piernas de
la niña: “tocá, tocá” y la carne enmudecida
la espada del Arcángel amenaza con su fuego frío,
las estampitas, el misal, el brazalete de primera comunión
manchado de chocolate, sobre el barro oscuro marcan la señal:
el camino esta lleno de peligros,
“¿para qué andar, si no llegaremos mas que al mismo sitio?”,

la carcajada de la niña, los dientes sanos,
la lengua nueva, “tocá, tocá”, los dientes inmensos
del compañero indoblegable, “saltá, saltá”,
abajo el agua verde, gelatina podrida, la sangre de las zanjas
o saltar, saltar, escapar a un pinar donde hay un dios
encerrado en una piedra que ilumina otros dientes, otras piernas
y la sangre late, salta, toca,

dale abrigo, dale refugio, date revancha,
que venga el fuego y el fuego arde en el centro del mapa
como bonanza y el banjo y el tambor resuenan bajo los
pies que andan como rey por la calle ultima del ultimo suburbio
de la ultima ciudad del mundo,
donde comenzara el Gran Fuego de la revolución,
donde los hombres
resguardaron, murmuraron y gritaron el nombre del Gran Ausente,
“y un solo, y un solo corazón” y conservaron su sombra
y prepararon su llegada con fósforos en las manos,
“se escucharan las grandes campanadas,
los muertos serán liberados y avanzaran con nosotros hasta la victoria”,


pedalear empujado por el viento embriagador,
el cielo cubierto de estrellas rojas hace de la noche
un incesante amanecer, y el perfil de lenin, y el índice de trotsky,
constelaciones del futuro inminente,
y los prendedores de guevara en la solapa de la burguesa en el casino, la sonrisa burlona del abuelo marx, el cuello de mao
multiplicado como los libros rojos
por cardin, saint lorent, balenciaga...

el cielo era un pobre tapiz urdido a mano,
por generaciones,
ocultando la noche verdadera,
arrancado y deshecho, apenas se adivina entre el lodo
de los borceguies,

las tres ruedas resbalan en el río de fango, estiércol, sangre,
los gorriones llevaron las semillas furtivas, crecer es fruto de la dispersión, de otra tierra, otro cielo, otros silencios y esperas,
“hiciste bien en partir Arthur Rimbaud”,
errar por el lecho helado de un mar que se seco,
confiar en el recuerdo del abrigo ausente sin esperanza alguna,
y escapar a la jauría de manos que emergen de la sombra,
sin rumbo , manos recordadas, manos que acariciaron, que alzaron copas, que abrigaron otras manos, torsos, muslos, nucas, desesperanzas, que tomaron ladrillos, palas, herramientas, válvulas,
cigarros, gatillos, cuerdas, y sintieron la fiebre entre los dedos,
ahogar el viento de los gritos, lamentaciones, carcajadas del
siniestro
humano, sirenas del naufragio travestido de conmiseración,
abroquelarse y pedalear, las rodillas heladas, los pies en carne viva,
desencajarse con las agujas de la autoironia,
“es el mal bailarín el que se queja de la pendiente de la colina”,

pedalear, sin tierra firme a la vista,
alentado por el camarada insustituible
que escribe absurdas cartas desde el otro lado del mar,
“sentir que veinte años no es nada”,
nada mas que un peligro y un agujero que crece en el alma, sentir
otros vientos murmurar, el viento davis ,el viento parker,
perseguidor, empujador, entibiador,

desentender la palabra apenas dicha, apenas
susurrada, apenas libre pero única ligazón, única señal en el camino,
entre tanto silencio de la salud de los enfermos,
viento de alcoholes, bronces ensordinados,
el llamado de la distancia, la huida,
y caballos, y el sur,
sur ausencia,
sur sol,
sur resolana sobre las ruedas del triciclo volador,
sacha puma, sacha guitarra en tamel aike,
bandoneón, vino espeso y barato en las gargantas secas
por el polvo de los volcanes,
las comparsas de esquila en su huir arrastran todo dolor,
en una nube suspendida de aguardiente, guitarras, carcajadas,
el alma huye tras el reguero de vida, el cuerpo queda plantado,
árbol torcido señalando el este oscuro de las ciudades,

esquiladores, cosechadores, recolectores de frutas,
otras aves esparciendo simiente desde el sudor,
el fervor del músculo y la miseria y la desconocida riqueza,
esperma derramado en hembras de granito y liquen,
sin voz, sin reparo, intemperie de la desolación, mojones del camino, “vivaqueando el sol, y no tenían nada que ponerse”,
“la esperma derramada no será traicionada” ,criaran hijos que huirán
perseguidos por el recuerdo de la nube suspendida, la heredad y el hambre,
río senguer, gregores, río mayo, cordillera perdida,
mar de las piedras rodadas como el corazón que huye,
cementerio de corazones tehuelches en la meseta derrumbada,
cuarzo, berilio, basalto, el oro de los tontos cegando
las manos congeladas en la piedra,

pedalear siguiendo el galope del caballo baquiano,
animarse en el laberinto embriagador de las ciudades,
el sexo erecto apretado en las grupas, sirena muda llamando
al esplendor de otros muslos, otros senos,
golpeados, casi inmóviles en sus propias jaulas,
jaulas que se entreabren, que ofrecen claves y combinaciones
al solicitante licencioso y paciente, que ofrecen trueque de calor,
olores, tactos y fluidos y vuelven a cerrarse a la espera de otro
descifrador,


la condena del hígado de prometeo, “por probar el vino y el agua salada”,
seguir el rastro de una naranja de ruta impredecible y
entibiecer la espalda helada, la carne entumecida, con el reflejo del sol
a través de las ventanas, peregrinar hasta el viñedo perdido
a rescatar el ultimo vino y saludar al otoño borracho,

pedalear con las herramientas del cerrajero y desarmar la jaula,
barrote tras barrote, menos uno, soldado a la carne como señal de
pertenencia, demasiado golpeados por la historia como para no desear que la historia termine y el descanso, relajación, calmantes,
calma, el vaivén del oleaje, calma,
el canto de los benteveos, calma,
la gran V de las migraciones sobre el cielo , porcelana azul, calma,
el sol recién nacido, calma,
el florecimiento de un diente de león, calma,
calma el vino carmesí,
calma entonar una canción perdida,
criar hijos, aprender a amarlos, calma,
calma llorar, reír, freír cebolla con orégano fresco, calma,
calma ver crecer el verde luminoso sobre el lecho del mar que se
secó,

sin embargo la fiebre, el enigma de las rosas de cobre,
el calor presentido, agazapado entre la yema de los dedos,
en los ojos infinitos del camarada insustituible,
“trayendo a casa, todo aquel fulgor”,
saber que empuja al viento adormecido, aliento de lo humano mas humano que empuja otra veletas, y los boletos, los pasajes, los pasaportes de todas las travesías,
el espiral de los viajes inútiles
sobre el mapa, las huellas al borde de los abismos,
la selva de las palabras, ajenas como el dinero,
y cargar el machete y a la carga motorizado en las tres ruedas
y abrir un surco apenas perdurable, aunque giman los queridos sustantivos,
y perseguir al huidizo perfume de las palabras amadas, las que rondando corazón, abriendo los sentidos, curan, 
y pedalear, pedalear sobre el plano, sobrevolando alturas, montes suaves, y vislumbrar estremecido al propio rostro de uno
bosquejado
en el mapa de la intemperie desbordante.


_____
el cielo clausurado

en la edad de la mecánica
la historia desafiaba la gravedad,
como antes enfrentó la física del Cielo,
“eppur si muove” resquebraja los palacios;

la historia como máquina perfecta,
indestructible, inacabable en su devenir,
“hay otros mundos pero están en este”,
máquina del deseo inmensurable
alimentada por la sangre de generaciones,
por el sueño y el desvelo de generaciones,

nadie recuerda el rumor de sus motores,
ni a sus maquinistas ni a sus ingenieros,
nadie mide el transcurrir de sus revoluciones
salvo en la resaca de alguna pesadilla,
“el peso de las generaciones muertas...”

el presente es un nadador encerrado en una charca,
un cardumen de pececitos aturdidos en la pecera,
un viejo topo aletargado y vacilante,
una riff estridente colgado al infinito
en una soga de ropa,
velocidades y fashion a cegar los sentidos
en el paisaje muerto a las sorpresas y revelaciones
del trabajo humano,
¿trabajo humano? ¿qué trabajo humano?,
paisaje que escamotea el dolor tras el brillo
de las mercancías más diversas del mundo,

solo chispazos, esquirlas, devaneos de pobrecitos,
invocación de amaneceres dibujados en la arena,
quisieran incendiarlo todo con el fuego inclemente
de sus ojos jóvenes,
ojos paridos en rencores ajenos,
ojos que quisieran vengar,
que barrer quisieran todo dolor y todo olvido,

ojos como candelas anhelantes
y que el calor
despierte a la parturienta y una nueva historia se eche a andar,
como quien rasga una guitarra antigua
o frota una lámpara en el basural y espera,


ojos que se abren y sienten al mundo recién nacido
y se sienten con la edad de ese mundo nuevo,
y sienten en su aire y su rumor
el eco de los sueños que creen nuevos y suyos
y son los sueños de todas las generaciones que nos precedieron,
negados, clandestinos, disfrazados de insensatez o desatino,
pero vivos,
perseguidos por las malas y las buenas conciencias,
pero vivos,
analizados, desmenuzados, viviseccionados
por todos los poderes constituidos,
pero vivos,

un pequeño legado,
una pesada carga invisible y seductora,
una canción desconocida que nos resulta extrañamente familiar,

apenas la entonamos
el horizonte marcha y nosotros con él.

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