jueves, 26 de julio de 2012

7329.- MARCELO NASRA


Marcelo Nasra es un escritor argentino nacido en Buenos Aires en 1968. Luego de graduarse como licenciado en educación, se dedica principalmente a escribir. Publicó la novela El espejo (2010) y la colección de cuentos Historias del barrio (2011). En el 2010 fue finalista del Premio Caños Dorados (España), Ecoloquia 2010 (Argentina) y recibió una mención de honor en el certamen de poesía de Salac Frías (Argentina). En 2011, obtuvo mención de honor en el concurso internacional de poesía Destacados 2011 (Argentina). Varios de sus relatos y poemas se encuentran publicados en antologías como Todos tenemos algo que contar (Argentina), Hijos de la pólvora (Estados Unidos), Poetas y narradores contemporáneos  2011(Argentina) y Destacados 2011(Argentina). Parte de su obra también se la puede encontrar en varios medios literarios como Letralia (Venezuela), Cañasanta (Canadá), OcioZero (España), Revista NM (Argentina), Vintén Editor (Uruguay), Remolinos (Perú), Revista Nóumeno (Argentina), Bajo los Hielos (Chile), Revista Epigramas (Venezuela), Rincón del Tango (España), El Cuervo (Argentina), Molino de Letras (México), Revista Poe + (España), Prosófagos (Argentina), Crear para leer (Italia), Revista NGC 3660 (España), Barriada (Argentina) y Revista Cultural Caños Dorados (España), entre otros.





SUR, VIERNES A LA NOCHE

La magia todavía permanece
en jirones de mi frágil memoria
y para el tango es parte de su historia;
página imborrable que no perece:
fue en un boliche del viejo pasaje
donde Goyeneche entonó “Malena”
con íntima emoción propia y ajena
evocando tiempos de malevaje.
Mientras la música se desarrolla,
la audiencia sabe que está frente al mito
que conmueve con la voz y el carisma.
Dos fuelles y la guitarra criolla
acompañan al Polaco en un rito,
la eterna ceremonia, es la misma.





PLAZA COLOMBIA – SANTA FELICITAS

Largas plantas se mecen a su antojo
cerca del esforzado monumento
que izando la bandera al firmamento
apenas opaca al gran ceibo rojo.
Plácidamente desde un banco flojo,
observo más allá del pavimento
a la verja, los gatos y el convento
que una vez fue pasión, celos y enojo.
Las campanas son una letanía
que resuena desconsoladamente;
una música tan triste y sombría
duerme a los gatos displicentemente.
Nubes grises amortajan al día
enlazando al pasado y al presente.





SANTA MAGDALENA

Lejos del bullicio, rincón preciado
bordado con arcos color buriel, 
conserva celosa la historia fiel
en las casitas y el gris empedrado.
Y en la digna rutina del asceta,
que en la vereda no muestra despecho,
sentado con el respaldo en el pecho
tomando unos mates en camiseta.
Los vagones con paso estridente,
despiertan de su siesta a la farmacia
caminando en procesión a la estación.
A pedir tres deseos bajo el puente,
se dirigen presurosos con gracia
el nieto, el abuelo y su bastón. 






PLACITA MANDISOVÍ

La última torcaza solitaria
que se posa sobre el gentil arbusto,
con gran esmero selecciona a gusto
al compás de una brisa solidaria.
El viento no consigue hacer girar
la inmóvil calesita de madera
que rechinando poder quisiera
invitar a los chicos a jugar.
Banco de herrumbroso hierro forjado,
cobijo de una pareja de amantes
fundidos en el beso pasional.
Amorosa escena que no ha cambiado:
con distintos enamorados antes,
con el mismo fervor ocasional.






BRITÁNICO

La Calle Larga de Santa Lucía
a perseguir su destino lo empeña:
conquistar seis pies de tierra porteña,
final infausto de su travesía.
A través del pajonal y el bañado,
al son marcial de la gaita escocesa
el tenaz guerrero de estirpe inglesa
marcha a paso firme, determinado.
Pasaron décadas, generaciones,
pero en las venas y en el vecindario
está su sello como huella en suelo;
en los jardines en las estaciones,
en las casas del Barrio Ferroviario
y el hospital donde murió mi abuelo.





MORA

Mora Valentina viniste al mundo
sin previo aviso ni dulce espera
y tu nueva vida nos desespera
en este mediodía tan fecundo.
No existe tesoro en el mundo
comparable a tu sonrisa primera.
¡Si tan sólo un hombre pudiera
vencer al tiempo con amor tan profundo!
Sueñas, Mora en los brazos de tu abuela;
como ella soñó en los de la suya
con los días felices por venir.
Que el tiempo no perturba ni desvela 
tu inocencia, la esperanza es tuya
mientras cumples tu destino: vivir






RIACHUELO

Ni el silencio de tu paso cansino
que enlutese los pilares del puente, 
ni el falaz espejo que el cielo miente
podrán apartarme de mi camino.
Serpiente pestilente de aguas negras;
la enfermedad, tu única simiente.
Todo lo que tocas con tu corriente
aciago Rey Midas, tú desintegras.
Se han ido los botes, también los peces
con añoranza de lejanos días
poblados de inmigrantes y de tangos.
Pienso en las historias que escuché a veces
de Sudestadas, muertes y alegrías
mientras observo el oscuro fango.





SILENCIOS

Sólo las estrellas pueden saber
en el firmamento distante y frío,
qué inmensa soledad debe haber
en las noches de invierno y de hastío.
la quietud exaspera los sentidos;
los árboles, pétreas figuras son.
el silencio provoca a los oídos 
y el negro paisaje a la razón.
Las luces de mercurio enhebradas,
cual recta imperfecta suben la calle
hasta en el horizonte sumergirse.
En somnolientas veredas quebradas
no hay un solo tesoro ni detalle
que alivie el sopor de quien quiere irse.





PARQUE PEREYRA

En la cálida tarde de verano
cuando las ventanas duermen la siesta
tres gorriones celebran una fiesta
tal vez rindiendo culto a un dios pagano.
Las campanas suenan pero es en vano 
ya que atención a ellas nadie presta,
cuando a las cuatro la vigilia cuesta 
y el despertar es castigo inhumano.
¿Será que las horas se han detenido
a descansar en la alfombra esmeralda
en lugar del andar inclaudicable? 
Febo continuará su recorrido
y a la basílica dará su espalda,
tiñendo todo de una sombra amable.




AUTOPISTA

Bajo una mole triste de cemento,
como a Polifemo su Galatea,
la pelota las piernas gambetea
escapando de un destino violento.
Ninguno se percata ni un momento
inmersos en fútbol que escamotea,
del ruido salvaje que abofetea
con torrente de tráfico y tormento.
Cicatriz humillante que lacera
el corazón de un barrio dividido,
camino hacia el futuro y el olvido.
Una espléndida flor en primavera,
la ternura de un gorrión en su nido,
simbolizan un paraíso perdido.


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