jueves, 12 de julio de 2012

7248.- ABSALÓN OPAZO MORENO



Absalón Opazo Moreno nació en enero de 1978 en Valparaíso. Ha publicado los poemarios Agreste Urbano (2003), Periferia (2005) y Caraja (2008). Su trabajo aparece en las antologías “Valparaíso Bohemio” (2007, editorial Puerto Alegre), “Valparaíso en la Poesía y la Crónica” (2007, edición del Sindicato de Empresa CSAV), “El lugar de la Memoria. Otro mundo es posible. 170 poetas y narradores de Chile” (2007, editorial Ayún), "Desmanes, poesía combativa para las luchas cotidianas" (2010, Editorial Quimantú), y "Voces de la Memoria, Centenario en el Bicentenario", antología de poetas y narradores latinoamericanos en los 100 años del Partido Comunista de Chile (2012, editorial Cuarto Propio).




ENTRÉGATE

(de Agreste Urbano, 2003)

Te amaré bajo la lluvia
si me regalas tu cuerpo.
Debes darme tus pechos,
alzados y redondos
en la quietud de tu tórax:
debes entregar tus caderas
a la mano de mi arte
y debes ceder tu entrepierna
a los designios de mi sangre.
Debes ser mía entera.
Sólo así la lluvia esculpirá la piedra
y en ella aparecerá la lengua
de los que antes amaron aquí;
yo sé que estuviste con ellos,
pero ahora tus ojos serán míos,
y tus labios pertenecerán 
a la estancia de mi poesía:
yo te amaré con la fuerza de un viento
y cada gota de agua
que resbale por nuestros besos
llevará la semilla de este amor
hasta los grados cavernarios de la tierra.
Por eso dame tu cuerpo entero,
ahora mujer, ahora mujer,
para tocarlo, para olerlo,
para sentirlo y escarbarlo;
para que por fin seas flor y no maleza
en las inmensidades del planeta humano.







MUJER CLANDESTINA

(de Agreste Urbano, 2003)

Cantando llegas a mi lado.
Eres una hermosa hembra
de finos modales
y refinada revolución.
Me fijo en tu boca prohibida:
ella me habla, me besa
y me invita a no pensar.
Aparecen tus manos, 
clandestinas en mi piel
y tus ojos clavan su color
en la órbita de los míos.
Te siento entrar en mis poros.

¿Sabes que no puedes entrar ahí?

Sabes.
Y es tu lengua ahora
la que calla mi conciencia:
ríes mientras me tocas,
respiras mientras me buscas
en la exactitud de mi hombre,
y son tus labios el aventurero
que se pierde en los parajes de mi piel.
Me sometes así a tu ley vaginal
y tu lengua escarba en mi cuerpo
buscando al hombre escondido.

Pero no soy tuyo. ¿Lo sabes?

Aunque esté dentro de tu vientre ahora;
aunque tus gemidos me amarren
a la voluptuosa movilidad de tu cuerpo,
y sean tus caderas la frontera de mi vientre.
Aunque permanezcas en mi
durante cuatro horas
en esta noche de febrero
no seré tuyo nunca.

¿Me escuchas?
¿Estás ahí?
Nunca seré tuyo.






FECUNDO AROMA DE FLOR

(de Periferia, 2005)

Fecundo aroma de flor
en el pie del cerro carcomido
y a lo lejos
la voz bálsamo de la quebrada
viniendo en ágil brisa celeste
con amalgama de sueño
enquistada en su perfume.
Caen del cielo las nubes
en su desorden cósmico
y en la mitad del azul
las plumas que se agitan
y el ave que desaparece.
Abajo mis ojos
como un manantial de polen
como un panal de abejas
tirando lazos invisibles
hasta el misterio del universo.
Es primavera
12 PM
y en mis venas la planta
crece clandestina en su aroma.








HABLA HOMBRE

(de Periferia, 2005)

Habla hombre
cuéntale a alguien lo que vives
lo que sientes
lo que te han hecho
en todos estos años.
Habla hombre
de tu trabajo
de tus manos que han hecho edificios
de tus ojos que lo han visto todo
de tus pies que han sufrido
la dura escalera de la vida.
Habla hombre
eres palabra
vida
sangre caliente
habla de eso
y de los que como tú
han estado fuera de los márgenes
de la historia.






LIBERTARIO JINETE FUI

(de Periferia, 2005)

Libertario jinete fui
escarbando las lomas de esta tierra
escapando con mi botín
rindiendo cuentas a mi conciencia.
Asalté diligencias
robé relojes a blancos caballeros
y arrebaté joyas a damas
que me amenazaban con el infierno.
Nada me importaba.
Era sólo yo, y los míos.
Éramos nosotros
cuatreros de la vida
bandidos del destino
esperando en cualquier curva
el paso de la lujuria.
Eso nos daba rabia.
Arriba en los ranchos
los niños a pie pelado en invierno
morados se ponían tosiendo
los últimos alientos de su miseria.
Y abajo
champaña
banquete
seda y terciopelo
bigote y sombrero
al calor de las chimeneas.
Morí en la mía.
Fue un inglés
el que atravesó la bala en mi pecho.
Y yo riendo
caí de espaldas por la Calaguala
y ahí me quedé
para siempre.
Cuando subas por ahí
estarán mis ojos sobre ti.
Pero no temas: sólo soy aire.







GRACIAS POR EL SENTIDO

(de Periferia, 2005)

Gracias por el sentido
por el ardor y el respiro
gracias por la noche
y su carga de luceros.
Sólo soy una ventana
que se presenta sin cortinas.
Al viento y a la calma
me presento sin voz.
Y digo gracias en mi silencio
en el sonido de mis pasos.
En el recorrido pequeño 
de mis pies olvidados.
Gracias por el arte
de pintar vocabularios
a la sombra de la incógnita
a la luz del mundo.

Gracias por todo.

Por todo.







GANÉ EXPERIENCIAS

(de Periferia, 2005)

Gané experiencias
varias en minutos
palabras y verbos
que simples llegaban.
Ahí en el neón en picada
aprendí yo a escribir
las vivencias
los momentos.
Éramos tantos
y ahora tan pocos quedan.
Nos vemos sólo en los recuerdos.

Está bien.
No extraño saludarte.






Ruge la ciudad

(de Periferia, 2005)

Ruge la ciudad.
El fuego se esconde
se multiplica / espera
crece en la periferia
levanta la señal
arde en su impaciencia
mientras la ciudad ruge
desvaría / se diseca
en la plenitud de una medianoche
perdida en marzo.

Nacen camaradas en la clandestinidad.
Se encuentran compañeros en la huida
y en el ataque
hermanos
de sentimiento aborigen / terrícola
respetando el azul
y la tierra que se abre.

Un pájaro escapa
y el gas ataca.
Hombres responden
y mujeres combaten.
Hermanos y hermanas respiran
se tocan se besan
y el humo de babilonia
no puede con ellos.

Ni con su amarga rebeldía
ni con sus botellas encendidas.

Ellos son de la periferia.

Han nacido, para siempre.







Más poemas de Periferia

De “Alturas”

En la poderosa geografía del hombre y la mar
en la altura imbatible del viento
desde el corazón de la roca marítima
y entre el vigor azul del cosmos terrícola
voy como huésped ilustre de las quebradas
oliendo rumores, sirviendo vasos
con pulmones bañados de humo
dibujando el aire con bocanadas silentes.
Voy en vagancia como brisa de octubre
en un Valparaíso escalonado de fiebres
de pueblos perdidos en curva y silencio
y entre la agitada virtud de la creación
entre el murmullo inagotable del océano
y las oscuras lágrimas preñadas de sal
estampo la historia de mi palabra
como un legado de piedra virgen
que se entrega a los pies del mundo.








Abajo
en la ciudad que se cree eterna
en el patrimonio enclenque
que sucumbe con el brinco de la tierra
ahí abajo
he visto gente amarga
marinos retirados
soplones y peinetas
seminaristas y sanguijuelas
estafadores y silenciosos
alcohólicos y torturadores
asesinos y sacerdotes.
A uno de esos vi una vez
acariciando la piel de un niño.
A uno de esos vi otra vez
tomando la mano inocente de otro niño.
Ni hablar de los basureros
y los hombres que habitan a ellos.
¿De qué patrimonio me hablan?







No quiero la estancia del fino paladar.
Quiero la piedra dura
como pan de mesa.
No quiero tampoco la copa delgada
balanceándose por mis labios.
Quiero el hosco vaso
que no conoce fondo.

Quiero el tumulto de la tierra
levantando a los hombres.

Quiero la humildad del trigo
estrechando mi mano.

Quiero la casa con luz
fulgurando en el cerro.

No quiero estas sonrisas
ni tampoco la blusa de colores
ni el labio pintado
ni la colonia en el cuello.
Quiero el perfume del camino
entrando hasta el banquete
con el dulce trino de la noche desnuda
rodeando los corazones.

Sólo entonces
seré poeta.








El viento norte golpea mi cara.
El rancho siente el rumor de la tormenta.
Afuera los animales se inquietan.
Resplandece la pipa encendida del hombre
en el atardecer de junio.
Valparaíso hierve de actividad
y en lo alto
mi paciencia intranquila
espera el vendaval del barro.
Puede mi sangre abrirse a la lluvia,
puede.
Pueden mis animales congelarse en su inocencia,
pueden.
Puede mi rancho sumergirse en el silencio,
puede.
Puede el cerro transformarse en desastre,
puede.
Y la ciudad bajo techo no se entera de esto.

No importa.
En la boca dormida de la muerte
la palabra seguirá brotando
como un pétalo de primavera
tras la tormenta.







Suburbio mío
refugio de mi aliento
rancho de mis días
altar de mi madera.
Como un esporádico pájaro
caigo desde ti a la ciudad
con mi animal cansado
y mis papeles sucios.
Soy el habitante más alto de esta tierra
y en mis alturas no hay dinero ni emblema
sólo fruto y canelo
que la vida me fragua.
En la ciudad soy extranjero.
En las calles soy pergamino.
En medio de los autos
soy pasado olor naftalina.
Y me hago sombra a veces
en los barrios de la piedra
entre las callejas sorprendidas
por donde se planta mi huella.
Una lágrima entonces baja de mis cumbres.
No me gusta lo que veo.
La civilización del hambre
estallando como una ola de junio
partiendo mis párpados en dos
y en mi pecho su dolor
se hace invierno.
Hay un niño que llora
por una olla solidaria
y más allá una mujer solitaria
vende besos de carne
a quien llega en auto a buscarla.
Hombres y botellas
son un solo espectro.
Perros y basura animan la fiesta.
Entonces ahí yo prefiero volver a mi nido pequeño,
arriba, lejos del castigo severo
que la urbe patrimonia
envía a los humanos.
Porque no pertenezco a su miseria
no soy uno más de sus muros destrozados
ni estoy en el cemento manchado
de su alcohol anónimo.
Soy quebrada, aromo, pastizal,
Valparaíso rural encaramado en la incógnita
en la incierta latitud de lo verde.
No pertenezco al paisaje miserable
de los hombres abandonados
soy hombre de pecho fuerte
pobre queriendo dejar de serlo.
Así sea.

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