viernes, 22 de junio de 2012

7149.- RAMÓN COTE BARAIBAR




Ramón Cote Baraibar es un poeta, narrador y ensayista de Colombia, nacido en Cúcuta en 1963. Su poesía y su prosa se ubican dentro de la denominada transición siglo XXI, caracterizada por el tono postmoderno, la amplitud temática y la depuración de las técnicas y el lenguaje lírico tradicional. Es cultor del poema en prosa y parte de su obra ha sido traducida al inglés, francés e italiano. Es también graduado en historia del arte por la Universidad Complutense de Madrid.

Obras

Poemas para una fosa común (Poesía, Arnao Editores, España 1984. Fundación Simón y Lola Guberek, Bogotá, 1985 y Ediciones San Librario, Bogotá, 2006 )
Género de medallas (Poesía.Colaboración con Esperanza López Parada Editorial El Crotalón, Madrid, 1985)
Informe sobre el estado de los trenes en la antigua estación de Delicias (Poesía. Fondo Editorial Pequeña Venecia, Caracas,1998)
El confuso trazado de las fundaciones (Poesía, El Áncora Editores, Bogotá, 1992)
Diez de ultramar (Antología de la joven poesía latinoamericana, Visor Libros, Madrid,1992)
Botella de papel (Poesía. Editorial Norma, Bogotá, 1999, y Universidad Externado de Colombia, Bogotá, 2006)
Páginas de enmedio (Cuentos, Alfaguara, Bogotá, 2002)
Colección privada ( III Premio de Poesía Casa de América. Visor Libros, Madrid, 2003)
Goya, el pincel de la sombra (Biografía crítica, 2005)
La poesia del Siglo XX En Colombia (Antología, Visor Libros, Madrid, 2006)
Los fuegos obligados (Premio Unicaja de Poesía, Visor Libros, Madrid, 2009)
Feliza y el elefante (Cuento infantil. Editorial Panamericana, Bogotá, 2009)
Magola contra la ley de la gravedad (Cuento infantil, Editorial Panamericana, Bogotá, 2010)
Sus ensayos, reseñas y críticas sobre arte y literatura aparecen en numerosas revistas de Colombia, México, Argentina y España.

Premios

III Premio de Poesía Casa de América de Poesía Americana 2003, por "Colección privada", Editorial Visor, Madrid, 2003
Premio de Poesía Unicaja, Cádiz 2009, por "Los fuegos obligados", Editorial Visor, Madrid, 2009




LA SOLEDAD LUMINOSA
Al sur de la India,
en Colomboa, capital de Ceilán,
en el suburbio de Wellawatha
un hombre;
es extranjero y por lo tanto
acepta su condición y es tratado como tal.
La soledad sale a cumplir su ronda:
vigila el nervioso cordón de las hormigas,
cuenta los anillos de la serpiente
que resbala de una rama a otra
hasta sumergirse en el agua sigilosa.
Acecha, va de casa en casa
precipitando su voz por el espacio,
acosando esa sonata para violín y piano;
es celosa la soledad y monta guardia
con su cuchillo verde a la altura del pecho;
en la mesa, cubierta por trámites de aduana,
cartas sin abrir, entre "el mar se ha puesto a golpear por años"
y "se trata de una súbita estación"
busca algo que en realidad le corresponde.
En el suburbio de Wellawatha; un hombre
cede su corazón a la maleza. La tierra
tan redonda, tan ocupada en sus asuntos, y pensar
que acá, en la isla de Ceilán, un hombre
socava la razón, la vocación de su tristeza;
ahora otro verde, el de la selva oriental
se sienta a la mesa, se mete en las venas
como después la fiebre, el opio,
el monzón de mayo, "las enfermedades de mi casa".
Un hombre, notablemente desconocido
como los ríos de pocos nombres,
suda su soledad
y desde su catre de soldado mira la ventana;
dos grandes estrellas, en la amplia noche desolada
toman volumen
como los pezones de una mujer inalcanzable.


EXTRANJEROS

.

Los extranjeros tienen una forma de alejarse
que muchas veces se parece al desprecio.
La timidez
de un vagón de la Western Pacific,
pintado a propósito para filmar
alguna película de vaqueros en el desierto de Almería,
o el verde de Carruagems Portugueses
que recuerda a un camaleón incómodo
descubierto de repente,
o el ruso, molesto de tener pintado
un caballo que responde
a la desvaída emoción del jinete
en una parada militar.
Más tarde formarán parte del inventario,
pero por ahora siguen conversando
ese extravío mudo
de las cosas olvidadas
el dolor guardado ?golondrinas? con que callan





BELLA FERRONIERE

Leonardo da Vinci

No fue debido a la blancura cegadora
de la nieve
que desviaras la mirada.
Herida mujer de amores,
protegida por una cierta cinta negra que sostiene tu frente
te asomas decidida a la ventana de la torre
intentando contener ese llanto que sólo el corazón produce,
que sólo del engaño emana.
Las fugaces alondras
que cruzan sobre tu tristeza
nada pueden hacer por aplacar
esa brasa que atormenta el fondo de tus ojos.
Como si te acusaran de olvido
volteas a mirar con rabia, con fiereza,
esa voz alguna vez amada
que ahora te separa de la nieve.




EXPULSIÓN DEL PARAÍSO

Masaccio
Para Renato Sandoval

Ni siquiera las lágrimas

aaiespesas como el mercurio
ni el yunque ardiente

aaique les quemaba muy adentro
ni los kilómetros de zarzas

que hicieron sangrar sus tobillos
ni la prolongada llovizna

aaque los recibió de pie en la intemperie.

Nada, nada de eso, ni las semanas ni las arenas

aini las sucesivas generaciones
han podido borrar de nuestros cuerpos

hese aroma a jazmín que un día muy lejano
trajeron del Paraíso.






KATIA LEYENDO
Balthus

No existe mayor placer en la vida
Katia, que espiarte
en las tardes de los sábados
cuando en tu cuarto lees solitaria
ese libro de pastas amarillas.
Por cada página que pasas
deslizas como un gato angora
las plantas de tus pies sobre la alfombra,
mientras tus piernas que suben
que bajan que se encogen que se estiran
van descorriendo poco a poco tu falda,
milímetro a milímetro,
hasta aproximarse peligrosamente a tu sexo,
a tu bahía secreta, a tu pócima mágica,
a tu jardín incluso por ti desconocido.
No existe otro placer en la vida
como éste, katia, de los sábados
cuando espiándote detrás de una pared
esperamos el momento en que reconozcas
que la edad de la inocencia

ha llegado a su fin,
que por todo tu cuerpo una serpiente
te ofrece la más tentadora de las manzanas
y decidas entonces desnudarte y descubrir
con tus dedos y ante nuestros ojos
esa llama oculta que arde de deseo,
y mires desafiante con pavor y placer
el mundo al que ahora perteneces.




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