jueves, 7 de junio de 2012

6985.- HUGO VEGA MIRANDA

 
Alejandro Ferrer y Hugo Vega




Hugo Vera Miranda es un autor que vive la poesía como una manera lúdica y lúcida de enfrentar la vida. Afincado en su ciudad natal de Puerto Natales, pasado los cincuenta años de edad, recoge por primera vez sus poemas en el libro El tigre de la Memoria que acaba de publicar la editorial La Calabaza del Diablo. Nació el año 1951 y su vida ha transcurrido entre su ciudad de origen y Buenos Aires, donde siguió estudios de psicología, trabajó de librero y durante un tiempo editó la revista de poesía El Trauko. Sus poemas han sido publicados en revistas chilenas y extranjeras. También en la antología Poesía InSurgente de Magallanes y algunos de ellos han sido traducidos recientemente al inglés. Edita en la Internet la revista Inmaculada Decepción (inmaculadadecepcion.blogspot.com)
En Puerto Natales, su casa acoge a una biblioteca borgeana, asombrosa por su diversidad y una gama inusitada de objetos que recuerdan su larga residencia en la Argentina, donde en los años 80 se vinculó activamente al quehacer literario bonaerense. Hoy vive rodeado del entorno natalino, con sus calles despeinadas por el viento y que sólo en verano ven alterada su tranquilidad por el paso de turista en camino a las Torres del Paine o los ventisqueros que realzan la geografía aún inexplorada de Ultima Esperanza. Asiduo de los rincones noctámbulos, su poesía se ha ido decantando sin prisa, con la parsimonía de los días provincianos.

Su habitat y los textos que escribe hablan de un poeta que ha elegido el anonimato, por vivir la poesía como un asunto cotidiano, sin estridencias. Los poemas que se publican han sido espigados de revistas como "La Gota Pura", la revista "Ultimo Reino" (Buenos Aires), el Suplemento Literario del Diario "El Magallanes" y de "Poesía Insurgente de Magallanes", antología realizada por los poetas magallánicos Pavel Oyarzún y Juan Magal. El resto de sus poemas permanecerán inéditos hasta que su opción por el silencio no diga otra cosa.




Dios

Cada día que pasa pienso que Dios es un ser
absolutamente superficial,
algo que en definitiva
no tiene nada que ver conmigo.
Un ser lleno de arrogancia hermética,
drogado todo el tiempo
con ojos azules fijos al infinito.
Sordo, ciego y pueril, arrogante a más no poder,
y a su vez infantil, una mierda de tipo.
No tiene conciencia clara de su obra,
de la cagada que ha hecho.
Solitario en su cumbre, viejo, tonto, sin bañarse,
balbuceando incoherencias.
Se arrastra de un lugar a otro, maldiciendo su suerte,
le tocó ser el primero y sabe que nunca se lo perdonaremos.
Aúlla por las constelaciones estelares
pidiendo clemencia, quedándose dormido,
emborrachándose. Solo. Completamente.
Pordiosero del espacio. Siempre solo,
como una puta a las siete de la mañana.






Voy por las cantinas de sueños rotos

Voy por las cantinas de sueños rotos.
Me abstraigo en misterios grises oxidados.
Cada día que pasa me acerco más al olvido,
mi sombra olvidada en los rincones.
Regalo un gastado verso para cada mujer de ocasión.
Mi corazón es una uña encarnada.
No doy abasto ante tanta miseria.
Ha llegado el tiempo de vivir sumergido.

No tendríamos que habernos conocido.
Soy el vaivén de tus noches de insomnio.
Tú la dalia evanescente
de mis noches de hastío.
De una cosa estoy seguro,
ninguno de los dos morirá de amor.
No seremos leyenda, ni mito ni recuerdo entre las brumas,
ni siquiera la huella de un paso sobre la nieve.
No seremos nada. Olvido. Un viejo tren sin conductor
que solitario viaja rumbo al olvido.






primeras impresiones

Y todo se ha ido, el cuerpo se ha ido
completamente abajo, ido, enteramente ido.
D. H. Lawrence.

un fuerte aullido atraviesa el pecho y se instala en el alma,
hienas voraces ejercitan la ejemplar tarea de exterminio,
se pasa del calor al frío con rapidez que asombra,
inmediata y naturalmente aparece la palabra desgarro,
la palabra naufragio, desespero, desolación, rabia,
tormenta, impotencia, la palabra cortejo,
me convierto en toro de lidia, banderilleros temibles
aguardan darme muerte al menor movimiento.

la guillotina sobre mi cabeza,
la cabeza sumergida ¿a dónde ir?
rumbo a cualquier lado, da lo mismo una fiesta de disfraces,
el cementerio, una boda, un viaje en catamarán,
nada tengo que hacer en ningún sitio,
nada puede ocurrir que me afecte,
soy el ejemplar más triste del universo
todo es enorme y vasto desierto,
la vida anulada y el león acechando a su presa.

inmensas ganas tantas de volcar y de putear
de llorar de arremeter de matar o morir,
inmensas ganas tantas de no tener ganas
y volver a tenerlas,
no puedo creer que la gente circule,
ría, salude, tome un helado,
quiero parar a la gente en las calles,
contarles la pena de un ser invadido por la pena,
que acompañen en el duelo.

el tiempo detenido, el corazón funcionando bajito,
la mente bloqueada, la angustia sobrepasada,
pronto aparece el dolor, un dolor de siglos,
dolor sobrepujado por la soledad,
ella tan solemne que viene y te abraza,
el dolor que doblega, que paraliza
y con el dolor aparece la palabra DOLOR,
todo lo ocupa, todo lo invade, todo lo puede,
te acompaña a tu casa, tu cuarto, tu ropero, tu cama,
se queda allí taladrando un tiempo infinito,

en el cine de tu almohada comienzan las imágenes,
la llave sobre la ventana, mujer de blanco
recostada sobre el umbral de la puerta,
el llanto de esa mujer en la madrugada de un sábado,
siempre el mismo rostro, siempre ella misma.

se vuelve a la primera vez que la viste,
la primera mirada, la primera sonrisa, el primer beso,
la primera disputa y al lado del dolor y la maleta
el primer encuentro en la secreta casa de la noche.

ya es de noche y junto a la noche llegan los duendes
de la nostalgia, y junto a la nostalgia el tango,
aquello que pudo haber sido y no fue,
caminar con esa mujer por san telmo, un beso en
parque lezama, un encuentro en el barcito de
callao y rivadavia, nostalgia y amor ausente,
canta el gallo y de la mano de goyeneche
llega el sueño, luego despierto y pienso en ti,
me alegro, un sol luminoso hace cantar
a los gorriones, otro día comienza en puerto natales.





El TIGRE DE LA MEMORIA

¡Ah qué ganas de vaciar mi cabeza!
Tantos rostros, calles, invierno.
Un horizonte de promesas incumplidas,
la fatiga del tiempo girando, girando,
viejas cartas que nada dicen,
amores tapiados por la insolencia del olvido.
El barco a punto de partir
y nos aferramos a nuestros muertos,
el tigre de la memoria incansable trabaja,
de sol a luna, de luna a mar.
El verdugo hastío se mece en mis cabellos,
estoy solo, me he abandonado,
un juramento, un clamor, una traición,
son enigmas que el viento descifra,
continúo esta marcha inexorable
con la muerte en mis bolsillos.






UNA MAÑANA EN PUERTO NATALES

Íbamos con mi novia al puerto,
íbamos con mi novia a comprar pescado,
al puerto,
de improviso el cielo estalla,
una bandada de gorriones
se posa delicadamente sobre la nieve;
la nieve del puerto.
Me alejé de mi novia,
el pescado se olvidó de mí
y eché a volar con los gorriones.







TODA PLEGARIA ACUMULADA

Con largos colmillos incrustados
al filo de horizonte
la angustia me mira y sobrepuja,
yo parpadeo y sonrío,
viendo pasar su larga melena.
Espero del rocío una palmada
violenta,
indescifrable,
que abarque en un instante
toda plegaria acumulada.







LOS JINETES DEL APOCALIPSIS

¿Cómo defenderse de los solapados inviernos
que anidan las moradas oscuras del deseo?

¿Cómo volver por un instante
al tiempo feroz de la infancia
donde un viejo con cara de sapo
lanza palomas al paso del tren?
¿Cómo descifrar la caricia lejana
y que ahora atormenta el insomnio?
Nos vamos quedando solos,
rodeados de demonios danzando
y un tiro de gracia
que se hará efectivo
apenas crucemos
el umbral de la esperanza.








NOS HABIAMOS AMADO TANTO

No pienses que es fácil olvidarte,
pasarán los trenes, las lluvias, las estaciones,
llegarán los barcos repletos de turistas
y una gaviota quemará sus alas al sol.
Pero por favor...
No pienses que es fácil olvidarte,
la vida habrá de cachetearme paso a paso,
el tiempo me cubrirá de arrugas
y en cuanto menos lo piense ¡saltará la liebre!
tendré mujer, hijos, una casa de madera,
una caña enorme para atrapar peces diminutos,
una vida hecha, una posición respetable,
pero no pienses que es fácil olvidarte.
Yo moribundo, sin curas, poses ni ceremonias
y de cuerpo presente al infinito
habré de pensar en ti,
habré de pensar
que nunca fue fácil olvidarte.







UN POEMA PARA ARIADNA

No tengo edad ni consuelo para mi osamenta.
El tiempo con ojos me persigue
Con su negra letanía de mandobles.
Esquivo el golpe certero de la hoja
Arrastrada por el viento.
Escucho el rumor del naufragio
Encadenado a mi aliento,
Un aleteo de pájaros inciertos y temibles
Cruzan mi horizonte ciego.
"Todo está perdido": Dice el sacerdote
En el momento exacto en que tú llegas
Con guirnaldas y peces de colores
A liberar el canto y la poesía.







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