jueves, 3 de mayo de 2012

RODRIGO PESÁNTEZ RODAS [6.695]


RODRIGO PESÁNTEZ RODAS

(Azogues, Ecuador   1937) Doctor en Filosofía y Letras y profesor de la Universidad de Guayaquil. Dictó cursos de Literatura Hispanoamericana en Columbia University de Nueva York y en la de Minneapolis, Minnesota. Conferenciante sobre Literatura Ecuatoriana en España y Alemania, años 1969-1970. En 1962 obtuvo el Primer Premio Nacional de Poesía "Ismael Pérez Pazmiño" de Guayaquil; en 1966 el Premio Internacional "José Vasconcelos" de México por su labor constante como investigador y promocionador de las letras nacionales y latinoamericanas en otras latitudes. Ha publicado poesía, ensayos y tratados sobre literatura ecuatoriana, entre otros, citamos: El Espantajo y el Río, Atando Cabos, Viñas de Orfeo y  Poesía Junta. Los dos tomos de Visión y Revisión de la Literatura Ecuatorana publicados en México, así como la revaloración del Ramillete de Xacinto de Evia y que con un estudio suyo salió en Madrid en el 2009 son los mejores testimonio de sus afanes investigativos en el Ecuador. Fue Condecorado por el Congreso Nacional en 1997.

Obra poética

Sonetos para tu olvido. 1961.
Vigilia de mi sombra. 1962.
Denario del amor sin retorno. 1962.
La patria y el niño. 1963.
Pasaporte del sueño. 1967.
El espantajo y el río. Casa de la Cultura Ecuatoriana. Quito. 1973.
Jugando a la pájara pinta. Litografía e Imprenta de la Universidad de Guayaquil. 1984.
Atando cabos. Casa de la Cultura Ecuatoriana. Quito. 1989.
Los silencios del bosque. Universidad de Guayaquil. 2001.

En la ciudad de Quito, se presentó en la colección Poesía Junta (CCE, 2008) la antología del poeta, catedrático, ensayista y difusor cultural Rodrigo Pesántez Rodas (Azogues, provincia del Cañar 1937) Es doctor en Filosofía y Letras por la Universidad de Guayaquil donde ejerce la cátedra de Estilística y Literatura Ecuatoriana en la Facultad de Letras. Ha dictado cursos sobre literatura en prestigiosas Universidades Norteamericanas. Ha publicado: El espantajo y el río, Jugando a la pájara pinta, Los silencios del bosque, Atando cabos, Viñas de Orfeo, entre otros libros. Su obra poética es a ratos desconocida, pero sin duda, merece ser más leída y difundida a nivel internacional.



La dulce furia

A veces tengo ganas
de que cruces a pie
mi sangre.
Que dejes en la orilla
tu ropa y la vergüenza.
Que te sumerjas
desnuda
hasta tocarme
el hueso
y el aliento.
Que te bañes así,
cojas mis peces
y en el ombligo lleves
como un collar
la furia
de mis dientes.






Indisciplina

Con este mismo cráneo
que se viste de pelos.
Con este mismo que usa
y se desusa
sentado en mi pescuezo.
Con este que soñó
en tener violines
y sólo consiguió
un divorcio
en Quito.
Con este que se para,
grita
y puja,
con este mismo
-digo-
habrán de verme
en el juicio final
muerto de risa.






Los paréntesis

Frente al espejo
mi alma
se afeita,
se pinta,
se pone los calzones
y estornuda.
Yo independiente de ella
me acomodo
los dientes,
me estiro las orejas
y afino la guitarra
de los sueños.

Juntos los dos
nos vamos agarrados de la vida:
ella con su bastón de plumas
y yo con este loro desplumado.






Los fantasmas

Nada nos pertenece.
Nada.
Soy,
somos
del pajar una aguja
y nadie nos encuentra
si nos buscan.
Somos casualidad y de repente
alguien tropieza,
nos tropieza
y damos
brillo apenas,
tan solo brillo
y nada más.
Después volvemos a ser
mar solitario,
jaula sin ave,
sombra sin palmera.
Volvemos a la ajena
incertidumbre,
a la poblada ciudad de los fantasmas.






Espejismo

Tú eres el aliento
y la mano y la flor de los espejos.
El augurio,
el cacto de mis dunas
y el agua que duerme en las tinajas
el camino del ave sobre el lienzo del día,
mi vaso de arcilla,
mi chicha de jora,
la más bella tarea elemental.






El paisaje

No entres. Aquí solo
la música y el viento.
Arriba Dios,
abajo yo en la cuerda floja
(entres líneas)
te quiero todavía.

Corre en el viento el mugido,
el balido
y no hay vacas ni ovejas
en mi pasto. Apenas Dios,
la música y el viento.
No hace falta que me hables.
Tu respuesta me llega
puntual
en todas las ventanas.





Las dos orillas

Qué harás ahora de nuevo
me preguntas.
Y yo:
la rueda al grano y masticando
la harina del recuerdo.
Y tú allá
entre los hilos tontos de un viento
que se aleja.

Cercano estuve al puente
donde mi agua y tu cauce se avistaron.
todo pudo pasar
y pasó todo,
menos los dos pasamos.

Tu orilla allá.
La mía acá.
Y el puente en la mitad de los asombros.




MIS GOLOSINAS

Me gustan las alfombras viejas,
los platos rotos,
las agujas desgastadas,
los discos rayados
y los recuerdos que ya no estremecen.

Y también
la piel de los elefantes,
la arruga de las corbatas,
los dictadores chiquitos
y las flores de la azucarera.

También el río
cuando suena y piedras trae,
porque entonces es cierto
que te acercas
al pan con queso
de mis realidades.




RODRIGO PESÁNTEZ RODAS
POETA ECUATORIANO
RECIBE LA MEDALLA AL MÉRITO LITERARIO
POR PARTE DEL CONGRESO EN SU PAÍS

(Entrevista concedida a Floriano Martins)

El poeta y crítico ecuatoriano Rodrigo Pesántez Rodas (1937) recibió una medalla al mérito literario del Congreso Nacional de su país como reconocimiento a una larga e importante contribuición a la cultura de aquel rincón hispanoamericano. Pesántez Rodas, poeta perteneciente a la generación del 60, ha publicado varios libros de poesía y ensayo, entre los cuales merece una mención especial su Antología da la poesía cósmica del ecuador, una selección en 400 páginas de lo mejor de la poesía de Ecuador, publicación que le ha garantizado el Premio Vasconcelos, en México, en 1996. Además, en el año pasado ha publicado Del vanguardismo hasta el 50, volumen en el que estudia los riesgos históricos, estilísticos y críticos de la poesía en su país. El poeta y ensayísta brasileño Floriano Martins (1957), ha mantenido un largo diálogo con Rodrigo Pesántez Rodas, cuyos fragmentos se publican ahora.

En su Corriente alterna (1967), afirma Octavio Paz que "la crítica es el punto flaco de la literatura hispanoamericana", aunque ya considere los primeros momentos del venezolano Guillermo Sucre, que luego escribiría un libro esencial, La máscara, la transparencia (1975). Tienes una intensa actividad crítica. ¿Qué es lo que buscas en esa aventura? ¿Hay un diálogo posible entre poesía y crítica, sea en Ecuador o en el resto de Hispanoamérica?

Todo poeta es un crítico y en todo crítico hay un poeta no desarrollado (hablamos en términos relativos). Las dos esferas, creación e interpretación, no son sino el anverso y reverso de un mismo mundo estético. El poeta crea, el crítico recrea y en ese aparente juego de imagen están conjugados los mismos elementos asociativos y discursivos con que trabajan el uno y el otro. Posiblemente Octavio Paz en su libro Corriente alterna, al decir que la crítica es el punto débil de la Literatura Hispanoamericana, lo hace desde el punto de vista comparativo y, lo que es más, en relación con una crítica científica, como en los norteamericanos, los rusos o los europeos. Por supuesto que a nosotros nos falta el rigor formal y nos sobra la generosidad conceptual. En mis últimos libros, sobre todo en mis estudios sobre el Modernismo y el Vanguardismo poético en el Ecuador, he tratado de someterme al rigor de los planos linguísticos, sin desdeñar, desde luego el horizonte estilístico que en gran parte configura la mágica atmósfera de la creación.

Pienso que el reconocimiento de la literatura hispanoamericana todavía se define por su componente fantástico. Hay también componentes de otro orden, incluso los de naturaleza política. En relación a la poesía, los más grandes poetas actuales -pienso en Gonzalo Rojas, Vicente Gerbasi, Pablo Antonio Cuadra, Roberto Juarroz, César Dávila Andrade, Carlos Germán Belli, José Kozer -no han logrado una posición de reconocimiento internacional que sea definida por su misma obra. La obra en sí, ¿todavía define el prestigio de un autor?

Así es: una gran parte de la mejor literatura del siglo XX en sus últimas décadas se ha dado en América Latina. Obras como las de Juan Rulfo, Borges, García Márquez, Onetti, Cortázar, Vargas Llosa o Roa Bastos, con testimonios de aperturas hacia la universalización del espacio creativo por encima de las barreras del lenguaje. En poesía, el camino ha sido diferente. Es un género, en primer término, menos comercial y, por ende, las editoriales poco hacen por difundirla y cuando se han interesado en ella, no ha sido en razón de las excelencias de la obra sino de las conexiones o ubicaciones extraliterarias del autor. Pienso que Ernesto Cardenal es un buen poeta, si se quiere, un gran poeta, pero su prestigio se debe a coyunturas de otra índole, tal vez políticas. Pienso que en esa altura están Vicente Gerbasi, Carlos Germán Belli o nuestro César Dávila Andrade, y que sin embargo no gozan del reconocimiento continental que merecen. El hecho de que no lo dieran el Nobel de Literatura a Jorge Luis Borges y no se haya dado todavía a ningún escritor brasileño teniendo más de uno de garra universal en poesía y narrativa reafirma la idea de que el "prestigio" a veces no se sienta ni asienta sobre bases intrínsecas sino coyunturales. Y al decir prestigio, entre comillas, hablamos de reconocimientos oficiales. Nada más. La obra sólida, a la larga, trasciende y permanece. Vallejo, el peruano de los Heraldos negros, vivirá más tiempo en el espacio y en el tiempo que Neruda.

¿Qué piensas acerca del recurrente tema de las relaciones entre sentido y forma?

No se puede hablar de los elementos en la obra poética. Si el lenguaje como forma de expresión comunica, la idea se vuelve recipiente a la vez y se unifica en la vertiente piramidal de los sentidos. Además, el poeta no escoge ni los metros ni los ritmos. La poesía viene con su propia indumentaria. De allí que estrofas de verso abierto o estructuras ancestrales (sonetos, por ejemplo) nada tienen que ver en el acto poético. Lo que si hay que evitar es la difamación del género so pretexto de innovaciones del lenguaje. Tanto en Dávila Andrade como en Lezama Lima, la poesía asoma aunque por diferentes andariveles, pero asoma y esto es lo que perdura.

Una nota de prensa acerca de tu Antología cósmica de la poesía del Ecuador (1997) dice que el libro, por su difusión a partir de una editorial mexicana, debe lograr que los poetas ecuatorianos no permanezcan inéditos. Tiempos antes, en uno de esos encuentros de escritores, Jorge Enrique Adoum ha responsabilizado a países como Brasil, Argentina y México por la condición de desprestigio de la literatura latinoamericana ante el mundo. ¿Qué piensas de eso? ¿Cual el motivo de esa adjetivación de cósmica en respecto a esa poesía?

La falta de conocimiento de nuestra poesía -de la ecuatoriana- no está dada por culpa de otros países, sino por culpa nuestra. A través de la Antología de la poesía cósmica, hecha gracias al esfuerzo y solidaridad de ese genuino mecenas que es Fredo Arias de la Canal ha servido para que muchos países nos conozcan y muchos estudiosos nos lean. De este viaje editorial iniciado en México he podido darme cuenta de la aceptación que ha tenido nuestra poesía en sitios muy distantes y gustos tan divergentes como en USA, Cuba, España, Argentina, Brasil etc. Nos faltó difusión, nos faltó empuje editorial. Desde la presentación de la Antología hasta su selección impactaron. Vino la lectura, la relectura y el criterio. Hoy te puedo afirmar que nuestro ámbito poético ya no estará circunscrito a uno o dos poetas, sino a un registro de nombres mucho más auténtico por auténticos creadores. Lo de Cósmico piento que no influye en la lectura. Son arquetipos ufanados y extraídos por quienes como Fredo y como yo pensamos que el cosmos y su energía encauzan todas nuestras actividades por más íntimas o secretas.

Nuestro continente ha sido escenario de las más terribles modalidades de degeneración cultural, cuyas señales de resistencia no afianzan una visión optimista del futuro. ¿Qué piensas acerca de algo como el MERCOSUR?

Creo en la Unidad de América, sobre todo en aquella en donde las pequeñas diferencias nos unen cada día más. Creo en la universilidad del hombre en su búsqueda de paz y solidaridad. La unión no se afianza en los nombres o membretes, sino en la cultura de una sociedad hecha para servir al hombre y no el hombre sirviente de una sociedad.


© Floriano Martins 2001
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid







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