jueves, 3 de mayo de 2012

CARLOS CALERO [6.676]


Carlos Calero

Poeta costarricense-nicaragüense. Nace en Nicaragua, Masaya, Monimbó, en 1953. Publicó El Humano Oficio (poesía) en el año 2000, por el Centro Nicaragüense de Escritores;  La Costumbre del Reflejo (2006) Ediciones Andrómeda, en Costa Rica; Paradojas de la mandíbula (2007); Arquitecturas de la sospecha (2008) y Cornisas del asombro (2009). Pertenece a la generación literaria de los ochentas. Su poesía fue seleccionada entre 200 poetas hispanoamericanos en la Antología Poetas hispanoamericanos para el Tercer Milenio. Además ha sido incluido en antologías de Nicaragua y Costa Rica. También en Suplementos Literarios como El Nuevo Amanecer Cultural y La Prensa Literaria de Nicaragua, revista Andrómeda de Costa Rica, Imágenes de la Universidad Nacional de Heredia, como en diversos sitios de internet. Su obra se ha publicada en México, Cuba, Francia, Italia, Estados Unidos y otros países. Ha publicado cuentos y ensayos. Recientemente se hizo un estudio acerca de su poesía (Del exteriorismo al erotismo en la poesía de Carlos Calero) con grado de maestría en la Universidad de Costa Rica. Es docente de secundaria y universitario.


POEMAS


Historia del mundo en una servilleta de bar capitalino


“No sé bien de qué hablo.
¿Quiénes son, rostros vagos nadando como en un agua pálida,
éstos aquí sentados, con nosotros vivientes?”
Jaime Gil de Biedma

I

No sé dónde anclaré con esta latente huida; dónde dejaré saludos de pegajosos ecos, emprendidos con presentimiento de que algo huele mal, terriblemente mal, como huracán que apaga la geografía mientras nos sumergimos en el hueso, para recordar caminatas que dejaron paisajes en el sótano de las soledades, con calles y copiosos gritos de carretones míticos, glorietas desvencijadas, o ladridos desflorándose en persecuciones similares a las de nosotros; y de pronto la mujer en el todo, fatuidad y el miedo:

II

no sé si preguntarán, de dónde este presentimiento y si podré precisar el caos reconstruido con palabras que amarran, sostienen, viven; nos llevan al  caldo y origen, y todo en el todo para verificar la nada.

III

No sé si dejaré un nombre con el corazón y ventana de la computadora, o pretextos carnales para tocar la pelvis de una mujer jugosa, desnuda a lo largo de un final en la noche olvidada. Acaso ella, y no plural,  no parte del caos, o célula erotica de la existencia.

IV

Entonces, ella seguirá __igual que la vida__  palpada para que besemos su pubis, y otros oficios propios de la lengua: esto con porción de felicidad o la madrugada.

V

No provocamos al demonio, pues somos algo más que deseos; no arriesgamos el falo con nombrarla, ni punzamos la carne con alfileres en los talones ni ritos del derviche, ni cuervos azufrados que picotean la carne. El mundo nos azota la mirada.

VI

Esto es vivir, esto es descifrar el enigma que defiende proféticas geometrías y el muslo. Una mujer es la ciudad que no conocemos cuando la hemos desandado o, por lo menos, acostumbrado. Es la llave, enigma, ver con menos vacuidad la duda.

VII

Y ya, en éxtasis, levantamos teorías del coito, o rebeldía válvica, con origen de la guerra y las cosas, mientras trituramos, con pretensión de náufrago, la orilla pública; el peso del caos en anfetaminas, desoladas celebraciones y suicidios;

VIII

entonces, mezquinos los recuerdos y anteponemos historias del mundo en una servilleta de bar capitalino, donde son cofradía las pasiones  y nuestra memoria con cervezas, mariachis y lunas en las camas. ¿Y por qué  ocurren tiempo y existencia de esta manera, al unísono, mujer, dolor, deseo, y esta aparente disolución de ideas? La servilleta, en este bar, todo lo desdice y relee como ocurre cuando sufrimos por la culpa de quien nos lee.



Certifico que he soñado con vos

I

Certifico que he soñado con vos; mi cama fue rota por los jalones con furia de caballos, o mano que busca el eje nervioso de tu ombligo;

II

certifico que he soñado con vos: mi boca es la palabra que recuerda el oleaje de la carne, y bebe sudores en las fauces hambrientas de tu vagina.



Estocada

Será la muerte un juego
Serán los cuernos algo más que un juego
Será esa cabeza
Dolorosa
Esa cabeza que irá
Hacia el cuerpo
Del hombre con el capote rojo
Y la espada oculta
El animal corre aparentemente lento
Como un río de carne
Como un río que busca
La vida del torero
Pero es seguro
Que encontrará su propia muerte.

El toro espera al hombre que se acomode
Espera y ve la manta roja.
Qué sentirá ese animal
Sangrando desde el lomo
Y la gente en las gradas expectantes
Viendo cómo llegará la muerte
Viendo cómo el torero la esquiva
Como el torero trabaja para que el toro se canse
El toro se humille.

El toro embiste
El toro roza las costillas del torero
Pero éste salta y se salva
La gente extrañamente aplaude
Porque la muerte
Aquí se aplaude
El peligro
Aquí se aplaude
Al animal aquí se aplaude
Al torero aquí se aplaude.

Las banderillas como bengalas
a los costados del lomo del toro
Clavadas
Como una lanza
Clavadas como un rayo
Clavadas como el tiempo
Que apresura la muerte
Mientras el toro mira
Desde el lado instintivo de la vida.
El torero incita al toro
Y hay más aplausos
Esto es un misterio
Esto es un asombro
Esto es un rito antiguo
Milenario
Primitivo
Un rito
que pone en juego la vida y la muerte.
El toro jadea
El toro y su espuma en la trompa
No sé si habrá algo
Que le diga al toro
Que no es en vano
seguir luchando por la vida.
El toro algunas veces se gana los aplausos
Pero es porque de alguna manera
Prolonga un poco su vida.
Aquí el toro morirá
Morirá y vendrá otro toro
Vendrá otra gente para aplaudir
Desde las graderías
Vendrán a aplaudir
Más que todo a la muerte.

El torero
Asume su faena
Poniendo la muleta
En la cara al toro.
El traje del torero
Parece una armadura de oro.
Con elegancia el torero
Afirma los pies y gira
Y toca el lomo del toro
El torero sabe
Que ha tocado el lomo de la muerte.
El toro y el hombre se cansan
El torero pide un vaso de agua.
El toro
simplemente
Afirma sus cascos sobre la tierra
Y descansa.
El torero se arrodilla
El torero flexiona los músculos vivos
Son pasos recios
Técnicos
En la suerte de matar
A lo que teme en el rodeo.
El torero se pone de perfil
Y se lanza con su espada
Y la hunde en el lomo del toro
Hasta el fondo
El toro se debate
y algunos de los espectadores
se colocan las manos
En sus bocas.
Hay algo de horror
El toro
Va quedándose lento
Mientras el torero espera
El torero espera…

El toro se desangra
Lentamente…
Len

      Ta

            Men

                    Te…

El toro está ahí y todavía no dobla las rodillas
No sucumbe
No muere
El torero simplemente con otra espada
Lo punza
Y el toro cae.
Cuántos se llevarán
En su corazón
Cuántos se llevarán en su memoria
A ese astado
Que levantó polvo
Y luchó en una guerra
Contra la muerte
Porque al fin y al cabo
Siempre hay una estocada



Abanico japonés

El fondo de un vaso
Con ron sonriente
Coca cola o frutas sintéticas
La luna aparece o desaparece
En el fondo de este recipiente
Con agua
Silencio
O tu vida
La luna se convierte en un paraguas
O un abanico japonés
La luna siempre está presente
En tus pensamientos
Y podés irte y viajar a tierras extrañas
Pero la luna siempre estará sobre tu cabeza
Y procurarás que el cielo no aparezca
Sino que frente a tus ojos
Siempre esté ese paraguas
Y ese abanico japonés
como hasta ahora
con una luna color sangre.



Condición de borracho callejero

A esos borrachos
Entre los que un día estuvo mi padre
El inglés Philip Larkin preguntaría
Por qué no lloran.
Han pasado el tiempo en un  buzón de nostalgias
Poniendo las uñas negras sobre la tierra
Cada vez
cuando miran las paredes que se mueven
Y ninguno sabe para dónde
Pero algo los motiva a quedarse
Un desgarro
La mujer ajena
El odio de los hijos
Estar bajo el látigo de los deseos
Los vicios o la lujuria
Un desfalco
El peso de lo pobre
Se mueven como olvidados
en una celda con tigres aruñándolos
Sin esperanzas
Insulsos
Malolientes a caña y tabaco
Algunos en harapos
Pero persisten en su destino y las blasfemias
No los atormentan los viajes espaciales
De que si en verdad llegaron los gringos de primero a la luna
Ni la sangre del mundo en Kosovo
Son como piedras con algo de musgo
Apilonados
Con grietas en cada ojo
Semejantes a las cruces rústicas en los camposantos
Philip Larkin sin ofenderlos les diría: “viejos tontos”.



Dama con pose de eternidad|
(A la poeta hondureña Clementina Suárez)

Una foto de la poeta
Como cala blanca entre el gris y lo oscuro
De un tiempo detenido por el daguerrotipo
El dardo de la luz acierta en el sepia
El dolor
El misterio
La claridad que estremece
Esta belleza que mata a la muerte
La memoria del rostro
Su falda que dibuja
Un mar que asciende en sus símbolos
Líneas delicadas
Sus versos sintéticos
Amorosos
O tal vez metafísicos
Es ella el universo insinúa belleza
Toca tus dedos y se hace carne
Fotografía de la inocencia
Terrible de la inteligencia
Diabólica diría el lascivo
Que habla sobre la almohada
La desearán todos los amantes
La dama se tomó esa foto
Con vestido y no pantalón corto
Rebelde iconoclasta
La punta de sus zapatos
Le inclinan como un barco el vientre
Esponjoso y sagrado vientre
La pasión y un dulce recipiente
Como bailarina de flamenco
Eterna
Maga
Delirante
Supuesta y definida su videncia
Para todo hombre
Que sabe apreciar la belleza del instante
De la cámara virtuosa
Con el hechizo femenino
Que supo retratar el corazón
De esta dama de la vanguardia
Con el codo erótico en el aire
Esta dama que me espanta
Y me deja derribado
Me deja queriendo ocultar su nombre
Y besar bajo la media manga
sin vergüenza
Uno de sus hombros.





El oeste y sus versiones

Mientras el tren atraviesa las infinitas praderas
Un puma asoma sobre una colina
La humareda
Encabeza a la locomotora
Como si el hierro
Que arrastran esos vagones
Fuera un inmenso sarcófago de hierro.

Sin duda
También así caminó la historia
Como esos inmensos ferrocarriles
Detenidos en el tiempo
Detenidos en lo que es más
Que una extraña memoria

Y los cañones de los rifles
Apuntan a los otros hombres
Apuntan sus cabezas
Apuntan sus corazones
Y uno se pregunta
Qué resolverán las armas
Si no hay palabras
El miedo a morir es lo que determina la vida
Y el gran silencio
Empuja las grandes tormentas de arena
Empuja a este Oeste
Al que ahora conocemos como lo que fue
El verdadero Oeste
En esos trenes donde viajaban los destinos
De una manera real
De una manera viva
De una manera que no deja dudas
Que así fue como empezó Norteamérica
Una historia
De caballos
De muertes
De armas
Una historia que despojó
A la historia de los nativos aborígenes
Una historia que a veces camina
Como yendo hacia atrás
De la historia
Porque los ferrocarriles
No siempre van hacia adelante
A veces retroceden sobre los rieles
Y se quedan paralizados en el tiempo
Mientras esos vaqueros
Saben perfectamente lo que vale la vida






Senos más vivos que la nieve

I

Cuánto ganará de posesión esta mujer como de cal, arena, piedra blanca o mármol vivo;

II

cuánto sentirá de eternidad en el gesto de valetista sentada con brazo en ángulo de noventa grados, y punta de los dedos hundidos en el cráneo, íntimamente, en soliloquio, que traspasa el orden lineal del talle perfecto y fijo, en la imagen del cuerpo cubierto por lácteos misterios y rojo de cortina vertical sujetado por la penumbra que empuja la imagen de maja, sentada hasta la perplejidad de los ojos;

III

es la bailarina del deseo en posición inmóvil que seguirá en quien la admire, para concluir la danza del corazón de los que se han enamorado de esta materia inerte que se mueve tras las capas de la carne, y nos lleva a besar sus senos más vivos que la nieve.





Cuando no se aprende de Odiseo



I

Qué hacer cuando no hemos aprendido de Odiseo. En la sábana la pasión embruja con enjambre de pubis, o la oscura iluminación de los ojos. El oído cedió al abismo. No fue amarrarse a los mástiles de la cama, ni evitar el hambre abismada de las olas pectorales, ni el violento murmullo y embrujos del falo.

II

Ella me besó los ojos, y no supe si mentía.

III

No conocí los tatuajes antiguos, o simplemente no me deseaba.

IV

No soportó mi voz, mi pretensión de convertir su cuerpo en carne para la memoria. Ya no es mi mundo ella. Pero algo sobrevivió de agosto y la voz de los inviernos. Un secreto pasadizo, el tragaluz para el orgullo. Tal vez el misterio de la razón que nos hace leer los sueños con la matemática del eros.





Despedida



El placer y el dolor andan cada día violentos y más vivos; el placer y el dolor, cuando ninguno de los dos hacemos nada para evitarlos, por abren la puerta y pronuncian el zarpazo de la despedida.





Sobresalto del rostro



“y aquel rostro que amábamos se esfuma
y en vano es ya la espera, nadie viene”

Eliseo Diego

I

Debía precisar el rostro, la iluminación de abismo entre el brazo y la cintura; los ojos del poeta que con certeza tiemblan, crispan en ceguedad, premura y lengua con urbano incendio y el beso;

II

pero ese rostro me interroga, da el sobresalto deseado, siente la carne, encima al deseo con olor a entrepierna; y para hablar de lo amado procuro desatar un ojo, darle vuelta a la noche como flamenco excitado, palpar el límite y sangre en los cálidos rincones de la cama;

III

era verdad la intención de lo amado, lo creído y punto de la fe; era alcanzable el paraíso y la saliva;

IV

entonces amar es totalizar el temor, ir a más en la pasión con orfebrería del susurro; y de pronto lo ido, lo lejano, como fotografía de la sombra en tus ojos.

V

Y me quedé sin mundo y sin nombre, con una historia muda que no oculta la inocencia de mis dudas.

Alegato de un poeta para justificar su desazón, al oler un pedito de su mujer antes de dormirse, por culpa de un poema en ciernes

I

Los dioses prometen algo, y afilan nuestra garra con su intromisión en la cama, y rasgan el frontispicio de la noche con guerras de palabras para zambullirse en el agua voluptuosa de la memoria;

II

sería con la luz de una ventana, la pura y permanente consternación como liebre del fuego en la almohada para soñar con vírgenes y desfloración del pudor, y recuerdo sin traicionar la ternura de la carne.

III

Habrá previsión de dioses en esta historia, cuando nos metemos con sigilo bajo la sábana, para invocar que la vida aletea en el silencio de los ojos.

IV

Y el poeta,

V

consternado por tanta envidia, su naturaleza no soporta equivocarse y tarda horas, meses, coitos, para que destiña calendarios al descarrilar sus apetencias carnales.

VI

Y, ya animal, escribe slogans para adularnos con muslos, pubis y lunas, mientras los demonios exudan metáforas de pezuña y sierpes embramadas en las ingles;

VII

los dioses, entonces, pierden su épica lasciva y nos envidian, codician la palabra con retumbos mitológicos; entonces, ella entra y sale de mis brazos.

VIII

Y dice: permitime un pedito, ahora que estás por dormirte con ese tu próximo poema, el que me ha robado el fuego de tu deseo, y ni te has enterado de que me acostumbraste a no vaciar estos intestinos desesperados, porque te vas por la ventana con ese tu recurso imbécil de soñar con las palabras.





Teorema de la nostalgia



I

Para no arriesgar el espíritu y la nostalgia hay que meterles un poco más de nostalgia;

II

no podremos evadirla porque nadie vive sin ella.

III

Por esta razón, a más nostalgia más alegría de que seamos nostálgicos.

IV

Acaso la memoria existe sin el combustible de la nostalgia, si cuando la llamamos a cuentas nos deja felizmente por lo que éramos antes de que existiera el pre-universo de la cabanga.





Vaso con vino a solas



I

Un vaso con vino a solas es la historia de las grandes batallas, cuando no se ha dado la orden para que avancen los ejércitos sobre los harapos de la victoria;

II

un vaso con vino a solas es la historia de los abismos antes de saltar afiebrados

III

con dirección al cielo donde hay otros abismos que le dicen al viajero ser únicamente el reflejo de lo etéreo;

IV

un vaso con vino a solas es la historia porque basta la imaginación y el mundo vibra, se sacude, parece pezón enrojecido que llega a la boca y regresa sabio al seno;

V

un vaso con vino a solas es la historia de quien no espera porque vuelve los ojos y no hay fantasmas; tampoco ciudades inermes en torrenciales aguaceros que yacen sin caer sobre la tierra;

VI

un vaso con vino a solas es simplemente algo más que un vaso con vino a solas






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