domingo, 11 de septiembre de 2016

GISELLE CAPUTO [19.128]


Giselle Caputo

(Buenos Aires, Argentina, 1986).
Vive en Asunción (Paraguay) desde 1991. Licenciada en Letras (Facultad de Filosofía – UNA). Publicó dos poemarios: Batel (Felicita Ñembyense Cartonera, 2008) y 17 (El Guajhú Ediciones, 2016). Participó en antologías colectivas. Integra el equipo editorial de la revista literaria El Guajhú.




De Batel (Felicita ÑembyenseCartonera, 2008)

Ya a nadie

a Rubén Bareiro Saguier

Ya a nadie le importa
la manera en que un poeta 
muere hoy tan impunemente,
y vienen sus monstruos a buscarlo
y se lo llevan arrastrado,
pataleando,
gritando un grito mudo que nadie lee,
mientras, en la ciudad,
uno se ejercita,
otro se alimenta,
alguno tal vez lo recuerda de paso 
en una conversación de sobremesa
y los demás simplemente persisten 
hurgando, 
sin espanto, en sus propias cosas.



Persecutores

Nos siguen con sus antenas,
con sus tonos polifónicos,
monotemáticos, irreversibles

Se te aparecen a la vuelta
de cualquier esquina, de cualquiera
de ellas se arman una puerta
y tocan, golpean, pronuncian tu nombre

Te recuerdan: terrícola, dicen,
tus pies siempre irán sucios
porque es lo que te queda de igualdad

Y sobre lo que queda de barro
construyen asfaltos y pedestales
donde colocan sus electrodomésticos
para montarse sobre ellos en eterno circuito cerrado

Vos sabes que nos siguen
por eso cuando te entra la paranoia
encendés la luz, agarrás el cel y llamás a un amigo.


Cuando el calendario se deshoja

A Adrián Caín

Me pregunto qué es lo que crece
cuando el calendario se deshoja
y qué es lo que sugiere el circulito
del minuto si uno no engorda
si uno no transcurre
no madura, no vuela,
no aprende a coser,
a cocinar, a amamantar
a qué llaman progreso
si de este lado no veo más
que deformados y mutantes
con restauraciones trilladas
y discusiones no perecederas
y muchachitas con formol
y edificios embalsamados
y fugitivos que huyen
hacia el ancestral horizonte
me pregunto si la rebelión
más lúcida en todo esto
no es la del niño terco
que llora y zapatea.



10.24 Posmo 

Todos los pasos habrán de ser en falso,
la vida se divierte esgrimiendo impresiones borrosas,
garabatos de loco.
En medio un hombre con todo,
abrazado a un laberinto imposible de preguntas
que prometen, eso sí, la felicidad.



Cotidiano

Es un tiempo complicado,
un tiempo azul rata de escritorio,
de oxígeno,
demasiado oxígeno
y asfalto a la mañana.
Es un día verde tarde
ambientalista gua´u,
de rojo camionero más bien,
de boca salivosa,
de trampa en el ocaso.
Es un tiempo colorido,
doblemente complicado
cuando es de noche y parpadeo
abruptamente naranja de golpe,
un tiempo de fronteras en llamas
al final del día
una contienda
salvaje y brutal,
una invocación.



El perro nuestro de cada día

Es como si las bolsas de plástico
se hubiesen puesto de moda para los muebles
porque para qué recordar a los muertos
y juntar polvo en la casa

Las telarañas emigran
y las hormigas hacen lo suyo:
se llevan la última miga
de un hogar, dulce hogar

Mamá cocina, barre, y me mira
con la sugerente pupila del plagueo,
y cuando pasea por el jardín
es porque anda buscando nidos vacíos

Pero cuando vuelve el chasquido del portón,
ella sonríe, el perro entra y nos pregunta
si hoy nos sobró un poco
de nuestro absurdo pan de cada día.

(del poemario Batel, Felicita Ñembytense Cartonera, 2008)


Lluvioteca

lo que saben las altas y soberbias puertas del centro
mientras llueve sobre sus carteles matutinos,

lo que saben las paredes,
el eco de las goteras en el interior de los edificios,
la asamblea silenciosa de fantasmas en las esquinas,
o su dispersión de sombras temblorosas
escondiéndose en los negocios,

lo que sabe la lluvia, que acribilla el asfalto,
ahora que le cuento mis secretos
y me resguardo en los escalones de una cafetería
y los olores me llenan de deseos extenuados

hay intuiciones veladas y certezas metafísicas
bajando con rigor inclemente
por canaletas y desagües,

veo esperanzas imposibles
repitiéndose en los charcos,
y presentimientos fatales
circulando apacibles
en el desfile de paraguas multicolores,
en las miradas solubles de los transeúntes,
o en los ojos hipnotizados de los maniquís,
que parecen sospechar un crimen
detrás de las vidrieras

acá hay una biblioteca invisible, me digo,
cuyos tomos se guardan en la musiquita yoga de la lluvia
que es relax de fondo y sin embargo triste.

(de 17, El Guajhú Ediciones, 2016)



VI

La vida ordinaria es un punto fétido
sobre otra realidad maravillosa,
yo quiero ser una palabra que viaja
lo que duran sus letras,
la respiración decisiva del moribundo,
un aliento cosmogónico o apocalíptico,
un rayo que nos salve de la oscuridad
y nos devuelva el día, a las tres de la mañana,
quiero ser la fuerza intempestiva del mar,
su búsqueda obstinada sobre la playa,
el embrujo de un sonido irrepetible,
el canto de un sauce loco en medio de la noche.
Yo quiero nacer y morir en un instante,
pero que sea verdadero
como el fulgor de un incendio
que te aniquile por completo.

(de Generación Picnik, antología bucólica, El Guajhú Ediciones, 2016)



Otros poemas

El café

A las 20.00 hs. en punto
me preparo un café
y bajo las escaleras lentamente

Pero, de pronto,
llegando al último escalón
el café no es el café
es un brebaje extraño
hecho de migas, hojas de otoño
y algo de soledad.


Convivencia 

No tenemos donde enchufar los electrodomésticos,
hay un solo triple en la casa
y está la mezquinada remera
que un día se convirtió en trapo de cocina.
Estos dos elementos, 
junto con los platos sucios,
el desorden en la habitación,
las discusiones impenetrables 
y el par de ideas que nos diferencian
constituyen el símbolo más claro
de una extraña aunque adorable 
libertad compartida.


Artefacto

Un solo artefacto con su sonido jadeante 
justifica a los sudados cuerpos que se tienden debajo 
Es el ventilador de techo que está dando vueltas
y no da abasto con su cansado dale que dale



El departamento

El departamento es un agotado campo de batalla.
En pleno cuarto piso 
quedan despojos, 
y palabras mudas que laten
todavía en nuestras bocas 
como latigazos o disparos.

Yo me poso en la baranda entonces 
e imagino a esa suave y apacible brisa 
que a veces viaja desde la bahía de Asunción
solo para vincular al balcón 
con la extensa ventana del dormitorio,
o para conectar a esas dos fracciones
del infinito mundo que ya perdimos.





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