miércoles, 13 de abril de 2016

WOLFRAM VON ESCHENBACH [18.428]


Wolfram von Eschenbach

Wolfram von Eschenbach (Eschenbach, actual Baviera, ca. 1170 – ca. 1220) fue un caballero y poeta alemán, reconocido como uno de los mayores poetas épicos de su tiempo. Como Minnesänger, también compuso poesía lírica.

Nació en una familia noble y perteneció a la corte de Hermann de Turingia. En su obra se observa gran admiración al conocimiento basado en la experiencia y una crítica a la erudición obtenida sólo a través de la lectura.

Este trovador alemán, este Minnesänger, fue una pieza clave para encumbrar el mito de Parzival. Fue de los más importantes trovadores de Wartburg y sus obras fueron muy apreciadas. Al parecer, fue un caballero a la manera de Ramón Llull. No se sabe a ciencia cierta cuándo nació, pero se cree que a finales del siglo XII. Su patria natal fue Baviera y Eschenbach su pueblo. Vivió gran parte de su vida en Ansbach. Su pueblo natal recibió hace poco el nombre de Wolframs-Eschenbach en su memoria, y se le erigió un monumento.

Lo más curioso es que Wolfram von Eschenbach no sabía ni leer ni escribir, al parecer se hacía leer las obras y poseía una prodigiosa memoria. Era una mezcla de caballero medieval, poeta, monje y guerrero, «reunía en su persona elementos caballerescos y populares, laicos y eclesiásticos; tenía por única riqueza el arte que le dio Dios por única fuente de sustento, el canto; respiran sus poemas la fresca atmósfera del bosque y de las montañas». Los escritos más antiguos de su obra están recopilados en la variedad germánica conocida como franconio oriental.

Consideraciones

Se supone que concibió Parzival a principios del siglo XIII en el castillo de Wartburg —mítica cuna de poetas y trovadores— y lo finalizó en 1215. En este castillo, donde estos maestros cantores, cuyas tres reglas principales, Dios, su señor y la mujer amada, constituían la fuente de su inspiración, Eschenbach compuso su obra. Pues él fue el príncipe de los trovadores, junto con Walther von der Vogelweide y Heinrich Tannhäuser. Richard Wagner se inspiró en las obras y personajes creados por von Eschenbach para crear sus óperas Parsifal y Tannhäuser.

Algunos han visto en su obra visiones mágicas y lazos esotérico-místicos. Se dice que Parzival revela gran control intelectual, una tendencia cognoscitiva, alquímica y mágica. Eschenbach es un guerrero nato, un guerrero minnesänger de la guerra esotérica.

Eschenbach habla del Grial como una fuente de poder de la que emana riqueza y abundancia sin límites, un objeto tan solemne, que en el Paraíso no hay nada más bello, el todo perfecto donde nada falta y que era al mismo tiempo racimo y flor.

Dejó inconclusas otras dos epopeyas, Titurel (acerca de la fidelidad) y Willehalm (acerca de Guillermo de Aquitania). También fue autor de poesías cortesanas.



CUANDO BROTAN LAS FLORES Y LAS HOJAS

I

Cuando brotan las flores y las hojas,
en primavera, y cantan viejos cantos las aves,
yo, en cambio, entonar puedo cosas nuevas y suaves,
aunque hiele, señora, y no oigas mis congojas.
La música del bosque, su sonido
en mitad del verano, no halagan el oído.


II

Brillan resplandeciendo más las flores
a causa del rocío, que humedece el lugar.
Los pájaros que cantan, los mejores,
a sus hijos entonces se ponen a arrullar.
No duerme en ese tiempo el ruiseñor:
despierto estoy, y canto del valle alrededor.


III

Consuelo busca mi canto, mujer,
tu ayuda es ahora lo único que me puede servir.
Porque tu galardón debe atender
al servicio que te hago y te haré hasta morir.
Deja que venga mi consolación,
así quedaré libre de mi larga aflicción.


IV

Tu ayuda lograré, mujer, sé buena.
¿Acaso estás dispuesta a cortar de raíz
mi suplicio, que se acabe mi pena
y que mi larga espera tenga un final feliz?
Francisco Serrano • Poesía de los trovadores
Tu grato proceder ha hecho así
que todas mis canciones te las dedique a ti.


V

Mujer, tu bondad y tu ira, a la par,
me dieron alegría en muchas ocasiones.
¿A mi espíritu quieres consolar?
Acaba de una vez con mis lamentaciones.
Con una palabra me salvarías:
tendré otra vez confianza el resto de mis días.

Traducción: Francisco Serrano • Poesía de los trovadores




PARSIFAL

La acción se desarrolla en un lugar indeterminado de las montañas del norte de España, durante la Edad Media.



ACTO PRIMERO

(dominio y castillo del Grial, llamado
"Montsalvat", con el paisaje de las
montañas del norte de la España
gótica. Bosque de aspecto severo,
pero no lóbrego. Hay un claro en el
centro de la escena. A la izquierda,
un camino que asciende hacia el
castillo del Grial. Más allá el 
terreno desciende hacia una 
laguna. Amanece, Gurnemanz, 
vigoroso anciano, y dos escuderos
adolescentes yacen dormidos al pie
de un árbol. Del lateral izquierdo,
como si procedieran del castillo del
Grial, llegan los sonidos de unas
trompetas que tocan diana)

GURNEMANZ
(Despertando a los escuderos)
¡Ea! ¡Vamos! ¡Guardianes del bosque! 
¡Guardianes perezosos!
¡Levantaos, que ya ha llegado el día!

(los escuderos se levantan)

¿No escucháis la señal? 
¡Dad gracias a Dios 
por haberos permitido oírla!

(Se arrodilla junto a ellos y rezan,
en silencio, la oración de la 
mañana. En cuanto cesa el toque 
de las trompetas se levantan 
lentamente)

¡Vamos, muchachos, daos prisa!
Id a ver si está preparado el baño. 
Es hora de que esperéis allí al rey. 
¡Ya llegan los pajes que le preceden!

(Entran dos caballeros)

¡Salve! 
¿Cómo se encuentra hoy Amfortas? 
En temprana hora se dirige al baño. 
Las hierbas que Gawan 
con astucia y valor encontró para él 
espero que habrán mitigado su mal.

CABALLERO SEGUNDO
¿Eso crees tú, que todo lo sabes? 
El dolor le ha vuelto con más fuerza.
Atormentado por el largo insomnio 
ha querido ser trasladado al baño 
con premura.

GURNEMANZ
(Bajando tristemente la cabeza)
Estamos locos al pensar 
que podemos calmar sus males. 
Buscad hierbas y filtros, 
pero nada hallaréis en todo el mundo. 
¡Sólo hay un remedio, uno sólo!

CABALLERO SEGUNDO
¡Dínoslo, pues!

GURNEMANZ
(Evasivamente)
¡Cuidad del baño!

(Los dos escuderos se han dirigido 
al fondo y desde allí miran hacia la
derecha)

ESCUDERO SEGUNDO
¡Mirad allí! ¡La salvaje amazona!

ESCUDERO PRIMERO
¡Cómo sacude al viento sus trenzas,
la diabólica mujer!

CABALLERO SEGUNDO
¡Ah! ¿Kundry aquí?

CABALLERO PRIMERO
¿Nos traerá noticias?

ESCUDERO SEGUNDO
Su animal vacila.

ESCUDERO PRIMERO
¿Acaso viene volando?

ESCUDERO SEGUNDO
Al fin pisa la tierra.

ESCUDERO PRIMERO 
Sus crines fustigan la hierba.

(Todos miran hacia 
el lateral derecho)

ESCUDERO SEGUNDO
La salvaje se ha apeado de un salto.

(Entra Kundry bruscamente, con 
traje muy corto y cinturón de piel de
serpiente. Su cabellera negra flota en
mechones desordenados. Su rostro es
de color cobrizo y sus ojos, negros y
penetrantes, relampaguean de vez en
cuando con ferocidad. Se precipita
hacia Gurnemanz y le fuerza a que
coja un frasco que le presenta.)

KUNDRY
¡Toma! ¡El bálsamo! ¡Cógelo!

GURNEMANZ
¿De dónde lo has cogido?

KUNDRY
Más lejos de lo que puedas imaginar.
Si este bálsamo falla 
puedes jurar que Arabia 
no tiene nada para remediarle. 
No preguntes. 

(Se deja caer al suelo).

¡Estoy rendida!

(Aparece por la izquierda un cortejo
formado por escuderos y caballeros,
que acompañan y dan escolta a 
la litera donde yace Amfortas.
Gurnemanz se aparta de Kundry y 
se dirige hacia los recién llegados.)

GURNEMANZ
(En tanto que avanza el cortejo.)
Ya viene, conducido por los nuestros. 
¡Ay! Qué opresión siento en el alma 
al verle, en la flor de su edad viril,
señor de tan gran linaje,
siempre esclavo de su mal cruel. 

(A los escuderos.)

¡Con cuidado! ¡Ved que el rey sufre!

(Los escuderos se detienen y colocan
la litera en el suelo.)

AMFORTAS
(Incorporándose a medias.)
¡Basta! Descansemos un poco. 
Después de una noche espantosa 
nace la aurora en el bosque. 
Las ondas del lago sagrado 
me traerán consuelo
y calmarán el dolor 
que la negra noche ilumina. 
¡Gawan!

CABALLERO SEGUNDO
¡Señor! Gawan se ha marchado 
al ver que las hierbas, 
tan duramente logradas, 
carecían de virtud para ti, 
ha reemprendido su camino 
en busca de otro remedio.

AMFORTAS
¿Sin autorización? 
¡Infringiendo las leyes del Grial!
¡Ay de él si, por su audacia, 
cae en las redes de Klingsor! 
¡Que nadie turbe mi paz!
Espero al que me está predestinado. 
"Piedad engendra sabiduría"... 
¿No era así?

GURNEMANZ
Así nos lo dijiste.

AMFORTAS
" ... en el necio casto". 
Creo reconocerlo...
para mí será la muerte.

GURNEMANZ
(ofreciéndole el frasco que antes 
ha recibido de Kundry.)
Mas antes, prueba aún este bálsamo.

AMFORTAS
(Mirando el frasco.)
¿De dónde procede este jugo?

GURNEMANZ
Lo han traído de la Arabia para ti.

AMFORTAS
¿Y quién lo obtuvo?

GURNEMANZ
Allí está, la mujer salvaje. 
¡Eh! ¡Kundry! ¡Acércate! 

(Kundry se niega y sigue en el suelo.)

AMFORTAS
¿Tú, Kundry? 
¿Debo darte de nuevo las gracias, 
sirvienta infatigable? 
¡Pues bien! 
Probaré todavía este bálsamo 
para agradecer tu constancia.

KUNDRY
(Agitándose inquieta, tendida en 
el suelo.)
No me des las gracias. 
¡Ja, ja! ¿Crees que te servirá de algo?
¡Vete hacia el baño!

(Amfortas hace una señal para
reemprender la marcha. El cortejo se
aleja hacia el fondo. Gurnemanz, que
lo sigue con la mirada, y Kundry, aún
postrada, permanecen en la escena.
Los escuderos van y vienen.)

ESCUDERO TERCERO
(Un hombre joven.)
¡Eh! ¡Tú!
¿Por qué yaces aquí como un animal?

KUNDRY
¿No es aquí sagrado, un animal?

ESCUDERO TERCERO
Sí. Pero no estoy seguro 
que tú lo seas.

ESCUDERO CUARTO
(Hombre joven también.)
Temo que con sus mágicos filtros,
nuestro señor haya perdido la salud
para siempre.

GURNEMANZ
¿Os ha hecho ella daño alguna vez? 
Cuando nada sabemos 
de los hermanos que luchan lejos
¿quién sino ella, 
corre de un lado a otro 
y rauda regresa mensajera afortunada?
¿Acaso la mantenéis? 
¿Se mezcla con vosotros? 
Nada de común tenéis con ella. 
Pero cuando llega el peligro 
y necesitamos ayuda 
surca los aires con celo
sin ni siquiera pedir agradecimiento. 
Creo que si eso es un delito 
sacáis de él mucho provecho.

ESCUDERO TERCERO
Pero ella nos detesta...
¿No ves cómo nos dirige 
una mirada de desprecio?

ESCUDERO CUARTO
¡Es pagana y bruja, además!

GURNEMANZ
Sí, está maldita, ciertamente. 
Vive ahora aquí... 
y quizás de esta forma 
expía errores de otra vida 
reencarnada y aún no castigada. 
Hace penitencia con estas obras 
beneficiosas para nuestros caballeros. 
De esta forma, con su recto proceder, 
sabe hallar nuestro bien y el suyo.

ESCUDERO TERCERO
¿Pero no son también sus culpas 
las que tantos males nos acarrean?

GURNEMANZ
(Recordando)
Sí, cuando estaba lejos de nosotros 
nos acaeció más de una desgracia. 
Hace tiempo que la conozco, 
pero Titurel la conoció mucho antes.

(A los escuderos)

Cuando consagraba nuestro castillo 
la encontró, dormida, como muerta.
De esta forma la encontré yo también 
cuando sobrevino la calamidad 
que aquel malvado, 
de más allá de las montañas,
lanzó arteramente contra nosotros. 

(A Kundry)

¡Eh, tú! Atiende y dinos: 
¿por dónde te guiaba tu impulso 
cuando nuestro rey perdió su lanza?

(Kundry mantiene silencio.)

¿Por qué no nos prestaste ayuda?

KUNDRY
Yo... nunca ayudo.

ESCUDERO CUARTO
Ella misma lo dice.

ESCUDERO TERCERO
Si es tan fiel y entusiasta, 
¡mándala a recuperar la perdida lanza!

GURNEMANZ 
(Sombríamente.)
Eso es distinto, 
nos está prohibido a todos. 

(Con profunda emoción.)

¡Oh maravillosa, querida,
sagrada lanza! 
¡Que yo haya podido verte 
en manos impías! 

(Perdiéndose en sus recuerdos.)

Armado con ella, Amfortas, 
demasiado intrépido...
¿quién pudo protegerle 
contra el autor de los maleficios?
Cerca del castillo 
lo vimos perderse.
Lo cautivó una mujer,
terrible y de gran belleza,
embriagándole con sus abrazos.
La lanza resbaló de entre sus manos... 
¡Un grito mortal! Acudí como el rayo 
en tanto que Klingsor escapaba riendo 
con la sagrada lanza en sus manos.
Cubrí la retirada al rey que escapaba,
mas una herida sangraba en su costado,
herida grave, que nada pudo cerrar.

ESCUDERO TERCERO 
(A Gurnemanz.)
Así pues, ¿viste a Klingsor?

GURNEMANZ
(A los escuderos que 
este momento regresan)
¿Qué tal se encuentra el rey?

ESCUDERO PRIMERO
El baño le calma.

ESCUDERO SEGUNDO
El bálsamo disminuye su fiebre.

GURNEMANZ
(En un aparte.)
Herida grave que nada puede cerrar.

(Los Escuderos tercero y cuarto 
se han sentado a los pies de
Gurnemanz. Los otros les imitan. 
Se hallan todos debajo de un árbol
corpulento.)

ESCUDERO TERCERO
Cuéntanos, padre, todo lo que sepas. 
¿Viste a Klingsor? ¿Cómo pudo ser?

GURNEMANZ
Titurel, el piadoso héroe, 
lo conoció bien.
Cuando el vil pagano, astuto y fuerte,
ultrajaba el reino de los creyentes,
en la noche vio descender los ángeles 
que del cielo traían, como un mensaje,
sagradas reliquias, 
emblemas de la Pasión.
El Cáliz Sagrado de la Última Cena,
que en la Cruz recogió 
la Sangre Divina
así como la lanza que la vertió.
Tales recuerdos sagrados, en custodia,
a nuestro rey le fueron dados.
Edificó un templo para las reliquias.
Los que acudisteis a su servicio
por sendas que el pecador desconoce
bien sabéis que sólo los puros
podrán juntarse un día
a los hermanos que, 
para traer la salvación a los hombres,
fortalece el Grial con su virtud.
Klingsor, por sus actos,
se ha visto privado de todo ello
a pesar de sus obstinados esfuerzos...
Vivía solitario en el valle
cerca de la tierra de los paganos.
No sé cuales fueron sus pecados,
pero quiso purgarlos 
y vivir santamente como ermitaño...
Sin voluntad para dominarse, 
pecó por su propia mano
y hacia el Grial se dirigió,
pero el santo guardián lo rechazó.
Entonces la ira enseñó a Klingsor
que con el acto vil de mutilarse
podía aprender malignos hechizos...
Convirtió su desierto en jardín mágico
donde moran hermosas mujeres
esperando a los caballeros del Grial
para darles placeres condenables
y causarles luego, infernales horrores.
El seducido se convierte en esclavo.
Muchos de los nuestros han caído así.
Cuando Titurel, cansado por los años,
eligió a su hijo Amfortas por sucesor,
quiso, a cualquier precio,
poner término al maligno hechizo.
Ya sabéis lo que ocurrió luego:
la lanza cayó en manos de Klingsor.
Con ella puede herir a los santos 
y quizás, algún día ,
apoderarse del Grial.

(Kundry se ha vuelto en varias
ocasiones, nerviosa e inquieta)

ESCUDERO CUARTO
¡Es necesario que la lanza 
vuelva a nosotros!

ESCUDERO TERCERO
¡Ah! ¡Quien lo lograra 
tendría gloria y fortuna!

GURNEMANZ
Ante el templo expoliado 
se postra Amfortas con fervor, 
suplicando un signo de gracia. 
Entonces emana del Grial 
una luz divina 
y una sagrada aparición 
le habla de esta manera:
"El necio casto, 
iluminado por la compasión,
sabrá esperar 
a mi elegido".

LOS CUATRO ESCUDEROS 
(Con emoción.)
"El necio casto, 
iluminado por la compasión..."

(De las proximidades del lago llegan
llamadas y gritos. Gurnemanz y los
cuatro escuderos se levantan y miran
asustados.)

ESCUDEROS
¡Ay! ¡Ay!

CABALLEROS
¡Eh! ¡Eh!

ESCUDEROS
¡Aquí!

CABALLEROS
¿Quién es el malhechor?

(Por el lado del lago aparece volando
con dificultad, un cisne salvaje.)

GURNEMANZ 
¿Qué ocurre?

ESCUDERO CUARTO 
¡Allí!

ESCUDERO TERCERO 
¡Aquí!

ESCUDERO SEGUNDO 
¡Un cisne!

ESCUDERO CUARTO 
¡Un cisne salvaje!

ESCUDERO TERCERO 
¡Está herido!

CABALLEROS, ESCUDEROS 
¡Ay pobre! ¡Ay pobre!

GURNEMANZ
¿Quién le habrá herido?

(El cisne cae pesadamente al suelo.
El caballero segundo le arranca una
saeta del pecho.)

CABALLERO PRIMERO
El rey recibió como buen presagio 
el vuelo del cisne por encima del lago,
cuando de pronto una saeta... 

(Llegan otros caballeros y escuderos
conduciendo a Parsifal.)

CABALLEROS 
¡Él fue! ¡Él fue!

ESCUDEROS
¡Lo mató él!
¡Aquí está el arma.!

(Muestran el arco de Parsifal.)

CABALLERO SEGUNDO
(Mostrando la saeta.)
¡Y he aquí el dardo igual a los suyos!

GURNEMANZ
(A Parsifal.)
¿Eres tú quien mató al cisne?

PARSIFAL,
¡Cierto! Lo cacé cuando volaba.

GURNEMANZ
¿Tú hiciste esto? 
¿Y no te arrepientes?

CABALLEROS, ESCUDEROS
¡Castiga al impío!

GURNEMANZ
¡Inaudito crimen!
¿Cómo pudiste matar 
en este sagrado recinto,
donde todo es paz a tu alrededor?
¿Acaso no son mansas las bestias
y no acudían a ti dócilmente?
¿Qué te hizo el cisne fiel?
Volaba en busca de su compañera
para surcar con ella sobre el lago
y consagrar así sus nobles aguas.
¿No te contuvo esto? 
¿Sólo buscaste, cruel muchacho,
el placer de disparar tu arco?
El que fue nuestro cisne querido, 
¿Qué es ahora? ¿No te das cuenta? 
Lo has matado, su sangre se coagula 
y cuelgan sus alas...
Su blanco plumaje has manchado.
Se enturbian sus ojos; 
contempla su mirada.

(Parsifal ha escuchado hasta aquí a
Gurnemanz con creciente emoción.
De pronto, rompe el arco y tira las
saetas lejos de él.)

¿Te das cuenta de tu error?

(Parsifal cubre sus ojos )

¿Confiesas, muchacho, 
la gravedad de tu culpa? 
¿Cómo pudiste cometerlo?

PARSIFAL
No sabía nada.

GURNEMANZ
¿De dónde procedes?

PARSIFAL
Lo ignoro.

GURNEMANZ
¿Quién es tu padre?

PARSIFAL
No lo sé.

GURNEMANZ
¿Quién te enseñó el camino?

PARSIFAL
Lo ignoro.

GURNEMANZ
¿Cómo te llamas?

PARSIFAL
Tenía muchos nombres, 
pero ahora no recuerdo ninguno.

GURNEMANZ
¿No sabes nada de nada?

(Aparte.)

¡No he conocido a nadie 
tan bobo como él, salvo Kundry!

(A los escuderos, cada vez 
en mayor número.)

¡Marcharos!
¡Que el rey no quede solo en el baño!
¡Rápido!

(Los Escuderos retiran al cisne con
cuidado y lo trasladan hacia el lago
colocándolo sobre unas andas que
han hecho con ramas verdes.
Gurnemanz y Parsifal quedan solos.
Kundry sigue tumbada a un lado.
Gurnemanz se dirige a Parsifal.)

¡Veamos!
Si nada sabes de lo que pregunto,
cuéntame lo que sepas, 
puesto que alguna cosa deberás saber.

PARSIFAL
Yo tengo madre. Se llama Herzeleida.
En bosques y praderas 
teníamos nuestro hogar.

GURNEMANZ
¿Quién te dio el arco?

PARSIFAL
Yo mismo lo hice 
para alcanzar 
a las águilas salvajes.

GURNEMANZ
Pareces noble 
y de alto linaje; 
¿por qué tu madre no puso 
en tus manos mejores armas?

(Parsifal calla.)

KUNDRY
(Ha seguido tumbada en un rincón
del bosque. Mientras Gurnemanz ha
relatado la desgracia de Amfortas se
ha agitado por el suelo con furiosos
movimientos. Después ha fijado su
mirada en Parsifal y ahora, cuando 
él calla, grita ella con voz áspera.)
Huérfano lo parió su madre. 
Gamuret su padre, murió en la guerra. 
Para librar a su hijo de tal peligro 
lo trasladó al desierto 
y lo educó sin armas, 
como a un necio... ¡la loca! 

(Ríe.)

PARSIFAL
(Que la ha estado escuchando 
con atención.)
¡Sí! Un día pasaron cerca del bosque, 
cabalgando en hermosos animales,
unos hombres resplandecientes. 
Quise parecerme a ellos pero,
se burlaron y siguieron su camino. 
Quise alcanzarles, 
pero no pude lograrlo. 
Pasé por valles, montañas y yermos 
durante días y noches. 
El arco supo defenderme 
contra fieras y contra gigantes...

(Kundry se ha levantado para
aproximarse al grupo.)

KUNDRY
¡Sí! Derribó a gigantes y malvados,
el bravo joven se hizo temer de todos.

PARSIFAL
(Sorprendido.)
¿Quién me teme? ¡Di!

KUNDRY
¡Los malvados!

PARSIFAL
Los que me atacaron, ¿eran malvados?

(Gurnemanz ríe.)

¿Y a quién llamáis bueno?

GURNEMANZ
(Nuevamente serio.)
Lo es tu madre, de la que huiste 
y que tanto llora por ti.

KUNDRY
Acabó su llanto, 
puesto que ha muerto.

PARSIFAL
(Con terrible espanto.)
¿Muerta? ¿Mi madre? ¿Quién lo dice?

KUNDRY
Yo la vi morir, cabalgando por allí. 
Para ti, necio, me dio sus recuerdos. 

(Parsifal se lanza, furioso, contra
Kundry y la agarra por la garganta.
Gurnemanz le retiene.)

GURNEMANZ
¡Insensato joven! ¡Siempre brutal!

(Cuando Gurnemanz libera a Kundry,
Parsifal permanece rígido.)

¿Qué te ha hecho esta mujer? 
Ha dicho la verdad. 
Kundry nunca miente y dice lo que vio.

PARSIFAL
(Agitado por un violento temblor.)
¡Me ahogo!

(Kundry, viendo desfallecer a
Parsifal, corre hacia una fuente del
bosque. Regresa con un cuerno lleno
de agua, con la que le salpica el
rostro y se la ofrece para beber.)

GURNEMANZ
¡Bien está! Así la gracia del Grial 
aparta el mal, contestando con el bien.

KUNDRY
(Sombría.)
Nunca hago el bien. 
Quiero descansar, sólo descansar.
¡Estoy agotada!

(Se aparta, triste, y en tanto que
Gurnemanz se ocupa paternalmente
de Parsifal se desliza, sin ser vista,
hacia un arbusto.)

¡Dormir! ¡Que nadie me despierte!

(levantándose asustada)

¡No! ¡Dormir, no! ¡Qué angustia!

(Comienza a temblar. Deja caer sus
brazos con debilidad, baja el rostro 
y se arrastra hacia la maleza.)

¡En vano resisto!
¡Ha llegado el momento!

(Por el fondo de la escena pasan 
los caballeros y escuderos
transportando la litera de Amfortas, 
de regreso hacia el castillo.)

Dormir... dormir... Lo necesito.

(Desaparece por la maleza y queda
invisible a partir de este momento.)

GURNEMANZ
El rey regresa ya del baño. 
El sol luce en el cenit. 
Quiero conducirte al ágape santo, 
pues si eres puro, 
el Grial deberá darte 
bebida y alimento. 

(Pasa suavemente el brazo de
Parsifal por su propio cuello, al
tiempo que le coge por la cintura 
y le guía pausadamente.)

PARSIFAL
¿Quién es el Grial?

GURNEMANZ
Es inútil decirlo.
Pero si has sido escogido por él 
pronto lo conocerás. 
¡Mira! 
Creo haberte conocido bien. 
Hacia él no conduce ningún camino 
y nadie puede encontrar su ruta 
si no lleva la guía dentro de sí.

PARSIFAL
Apenas he caminado 
y lejos me encuentro ya.

GURNEMANZ
¿Lo ves, hijo mío?
Aquí el espacio nace del tiempo.

(Mientras que Gurnemanz y 
Parsifal avanzan lentamente se 
va transmutando el decorado.
Desaparece el bosque sustituido por
grandes rocas en las que se abre un
amplío pasaje, por el que penetran.
Ascienden por galerías pétreas 
abiertas en la roca. La escena se ha
transformado del todo. Acaban de
entrar en la gran nave del templo 
del Grial.)

GURNEMANZ
(A Parsifal, que permanece
maravillado.)
Fíjate bien y demuéstrame, 
si eres necio y casto,
qué alto destino 
te ha sido elegido.

(Vasta sala iluminada por la luz 
de una alta cúpula. En el fondo y a
ambos lados sendas  puertas. Por la
de la derecha entran los caballeros
del Grial, que se alinean alrededor 
de las mesas sagradas.)

CABALLEROS DEL GRIAL
Preparémonos, día tras día,
para el ágape de amor,

(Un cortejo de escuderos cruza la
escena, con paso más rápido, para
colocarse al fondo.)

como si fuera éste el último
que celebraremos.

(otro cortejo de escuderos cruza 
en dirección opuesta al primero.)

Quien en la bondad se complace
aquí encontrará paz y amor.
Podrá sentarse en el sacro convite
y recibir el don supremo.

(Los caballeros ocupan su lugar en
las mesas del ágape. Por la puerta de
la izquierda entra un nuevo cortejo de
escuderos y sirvientes que
transportan a Amfortas sobre su
litera. Cuatro pajes lo preceden, dos
de los cuales llevan la urna con el
Grial. Este cortejo  se dirige hacia el
fondo de la escena, donde figura una
cama en la que depositan a Amfortas,
que ha descendido de la litera. Ante
él figura una mesa de mármol,
oblonga. Los escuderos depositan en
ella la urna del Grial.)

JÓVENES
(desde la cúpula, a media altura.)
Así como para los hombres
Él vertió un día
su preciosa sangre,
hoy se vierta aquí mi sangre,
con gozoso júbilo,
por nuestro Salvador.
El cuerpo que Él por nosotros inmoló,
reviva hoy en nosotros por su muerte.

PAJES
(Desde lo alto de la cúpula.)
La Fe nos mantiene.
Ligera paloma
del cielo nos trae este mensaje:
como un don divino
bebed el vino
y gustad el pan de la vida.

(Todos han ocupado su sitio. De entre
el silencio general se eleva una voz
que proviene del fondo del teatro y
surge de un nicho en la bóveda,
situado tras el lecho de reposo de
Amfortas. Es la voz del viejo Titurel,
que parece proceder de un sepulcro.)

TITUREL
Hijo mío, Amfortas, ¿vas a oficiar?
¿Puedo contemplar el Grial y revivir?
¿O tengo que morir 
sin la ayuda del cielo?

AMFORTAS
¡Ay! ¡Ay de mí!
¡Padre mío: celebra tú, de nuevo,
el oficio sagrado!
¡Vive, vive y deja que yo muera!

TITUREL
Vivo en una tumba 
por la gracia de Dios,
mas estoy muy débil para su servicio.
¡Hazlo tú y purga tu pecado!
¡Descubrid al Grial!

AMFORTAS
¡No, dejadlo cubierto. ¡Ah!
Ningún ser humano, 
nadie comprende el tormento
que me embarga cuando 
contemplo lo que os maravilla.
¿Qué son la herida y el dolor
comparados con el castigo de estar
condenado a celebrar el Oficio?
Triste herencia la que me legaron.
Yo, el único culpable de los cofrades,
soy el guardián de este santuario.
¡Debo pedir la gracia para los puros!
¡Ah! Castigo sin igual
el que me manda el Señor, ofendido.
Hacia Él, hacia su sublime clemencia,
ansioso siempre me dirijo.
Desde el fondo del corazón pido perdón,
mi voz lo implora cerca de Él.
Se acerca la hora y un rayo de luz
desciende sobre el cáliz sagrado
y cae el velo que lo cubre.

(permanece pensativo)

El sacro contenido del cáliz divino
se enciende con luz radiante.
Entre la agonía y el éxtasis
noto la fuente de sangre divina
como se va vertiendo en mi pecho.
Mi propia sangre pecadora,
en oleadas delirantes,
refluye dentro de mí
para lanzarse al mundo del pecado.
Salvaje se desborda,
abre de nuevo la esclusa
y mana a borbotones
de esta herida, igual a aquella
que abrió la misma lanza, 
con golpe mortal,
en el costado del Salvador,
por donde, con rojas lágrimas,
el Altísimo lloró el oprobio humano
con inefable piedad amorosa.
Yo soy, en este templo
lleno de santas reliquias,
el guardián del bálsamo que redime
y siento brotar mi impura sangre,
de nuevo encendida por el ansia,
que ningún remordimiento puede calmar.
¡Piedad! ¡Piedad!
¡Rey de la clemencia, 
ten piedad de mí!
¡Quítame esta herencia!
¡Cierra mi herida!
¡Dame una santa muerte
para revivir, puro, en Ti!

(Cae, desfallecido.)

JÓVENES, PAJES
(Desde lo alto de la cúpula.)
"¡Iluminado por la compasión,
el necio casto
sabrá esperar
a mi elegido!"

CABALLEROS
Eso dijo la profecía.
¡Mantén la esperanza 
y celebra hoy el oficio!

TITUREL
¡Descubrid al Grial!

(Amfortas se incorpora pesadamente
y con lentitud. Los Pajes descubren 
la arqueta de oro de la que extraen
una copa de cristal antiguo, quitan
la envoltura que la cubre y la sitúan
delante de Amfortas.)

VOCES DESDE LA CÚPULA
¡Tomad mi cuerpo,
tomad mi sangre 
que mi amor os ofrece!

(En tanto que Amfortas se 
inclina devotamente ante el cáliz,
adorándolo en silenciosa plegaria,
una luz crepuscular va invadiendo la
sala hasta sumirla en la oscuridad.)

PAJES
(Desde lo alto de la cúpula.)
Tomad mi sangre,
tomad mi cuerpo
como recuerdo mío.

(Un rayo de luz desciende sobre el
cáliz haciéndole brillar por la sala
con suave resplandor. Amfortas,
transfigurado, eleva solemnemente 
el Grial y lo mueve lentamente a
derecha y a izquierda, consagrando
de esta forma el pan y el vino. Todos
se arrodillan)

TITUREL
¡Oh, gozo inefable! Sobre nosotros
brilla la gracia del Señor.

(Amfortas deposita el Grial sobre el
altar. Su luz se ha ido desvaneciendo
al tiempo que vuelve a iluminarse 
poco a poco la sala. Los pajes
guardan el cáliz en su arqueta y 
la cubren de nuevo.  Luego, ya con 
la luz restablecida del todo,
distribuyen entre los asistentes el 
pan y el vino con cestos y cántaros)

PAJES
(Desde lo alto de la cúpula.)
Pan y vino, supremo alimento,
transformado por el Señor.
Dulce poder de un amor sagrado
que hoy hace de su sangre 
nuestro rescate junto con su cuerpo.

(Los cuatro pajes, después de 
haber guardado la arqueta, 
cogen de encima del altar las 
dos cántaras de vino y las dos 
cestas del pan, consagrado 
todo por Amfortas y lo distribuyen
entre los caballeros. Estos se 
sientan para celebrar el ágape.
Gurnemanz deja un sitio vacío 
a su lado y, con un gesto, invita
a Parsifal a ocuparlo y 
participar del banquete. Pero
Parsifal permanece de pie a un 
lado, silencioso e inmóvil,
completamente extasiado.)

JÓVENES
(A media altura de la cúpula.)
Sangre y cuerpo, ofrendas santas,
que Él transmuta aquí para saciaros,
haciendo cambiar la fuente del amor
en este vino que bebéis
y en este pan que coméis.

CABALLEROS
(Primer grupo.)
¡Cojamos el pan
para que pueda darnos
fuerza y vigor en el cuerpo,
sed firmes hasta la muerte,
y redoblad vuestros sacrificios
para que Él nos asegure la gloria!

CABALLEROS
(Segundo grupo.)
Bebamos el vino
para que pueda darnos
sangre llena de vida.
Todos juntos
como buenos hermanos
lucharemos con santa fe.

TODOS LOS CABALLEROS
¡Gloria a los que creen!
¡Gloria a los que aman!

JÓVENES, PAJES
¡Gloria a los que aman! 
¡Gloria a los que creen!

(Los caballeros se levantan y
avanzan en dos grupos, unos hacia
otros, dándose solemnemente el
ósculo de la paz. Durante el ágape,
en el que no ha participado, Amfortas
salió de su éxtasis para caer de nuevo
en su postración. Baja la cabeza y
coloca la mano sobre su herida. Se le
acercan los pajes y, con sus gestos,
revelan que la herida vuelve a
sangrar. Le prestan su ayuda y lo
colocan nuevamente sobre la litera.
Todos se disponen para la salida y se
retiran en el mismo orden en que han
entrado, prestando escolta al rey y a
la sagrada arqueta. Los caballeros
abandonan la sala con paso solemne.
El cortejo de Amfortas desaparece.
Disminuye la claridad diurna. Los
escuderos atraviesan rápidamente 
la sala. Los últimos caballeros y
escuderos han desaparecido ya y se
cierran las puertas. Parsifal, que al
oír los gritos de dolor de Amfortas
había llevado la mano sobre su
corazón, apretándolo fuertemente 
un buen rato, permanece todavía en
el mismo sitio, inmóvil y pasmado.
Gurnemanz se acerca a Parsifal y 
le sacude del brazo.)

GURNEMANZ
¿Qué haces aquí?
¿Qué es lo que has visto?

(Parsifal aprieta de nuevo el pecho
con su mano y mueve la cabeza con
signos negativos.)

(Glocken)
¡No eres más que un pobre tonto!

(Abre una puerta lateral.)

¡Sal de aquí y sigue tu camino!
Escucha el consejo de Gurnemanz: 
¡deja a nuestros cisnes en paz 
y dedícate a las ocas, ganso!

(Hace salir a Parsifal de un empujón
y cierra la puerta tras él. Se dirige a
la puerta por donde desaparecieron
los caballeros. El telón cae en el
último compás.)

UNA VOZ
(En lo alto de la cúpula.)
"Iluminado por la compasión 
el necio casto."

VOCES
(En lo alto de la cúpula.)
¡Gloria a los que creen!

(Suenan las campanas.) 






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