sábado, 9 de abril de 2016

GABINO EZEIZA [18.398]


Gabino Ezeiza

Gabino Ezeiza, fue un afroargentino apodado el Negro Ezeiza, (Buenos Aires, en el barrio San Telmo, 3 de febrero de 1858 - ídem, en el barrio de Flores, 12 de octubre de 1916) músico y payador argentino.

Gabino Ezeiza, 9 de Julio 1916, junto a Juana Paredes de Quinteros, Centenaria para esa fecha como la Independencia argentina, su hijo Salvador Quinteros y otros vecinos, en Justiniano Posse, Pcia de Córdoba, Argentina.

Gabino Ezeiza fue un afroporteño nacido en San Telmo (un antiguo barrio de esclavos), y vivió en una época en la que había un número considerable de afrodescendientes negros en la zona del actual Gran Buenos Aires. Su maestro en la iniciación de la payada, fue el también afroporteño Pancho Luna.

Ezeiza fue uno de los más famosos payadores, tanto en su tierra como en el Uruguay. Sus contrapuntos se hicieron famosos y se recuerda el sostenido el 23 de julio de 1884 en el Teatro Artigas de Montevideo con el cantor oriental Juan de Nava presenciado por un numeroso auditorio. En tal encuentro Ezeiza improvisó allí la que sería la popular canción Heroico Paysandú, con la cual derrotó a Nava, convirtiéndose en uno de los payadores más importantes de la historia. El día 23 de julio ha sido declarado "Día del Payador" en todo el territorio de la República Argentina en honor a ese histórico contrapunto.

Otra de sus payadas memorables fue la que tuvo por escenario un teatro de Pergamino, Provincia de Buenos Aires con el célebre Pablo J. Vázquez, en 1894.
Gardel y Razzano lo conocieron en los comités políticos, como a casi todos los payadores de aquel tiempo, y ese conocimiento se hizo trato amigo en la rueda del popular Café de los Angelitos. A su muerte, el dúo cantó en su homenaje Heroico Paysandú, que años después llevó al disco Gardel.

Pocos meses antes de morir, en el Centenario de la Independencia Argentina en julio de 1916, Gabino Ezeiza se toma su última fotografía conocida, en Justiniano Posse, Provincia de Córdoba, en compañía de doña Juana Paredes de Quinteros, a la postre también centenaria, junto a su hijo Salvador Quinteros, primer agricultor criollo del sudeste de Córdoba. Se desconocen los motivos exactos de la presencia de Gabino en J.Posse (un pueblito en ese entonces de sólo 5 años de existencia).

Sus aportes en el folklore argentino

Hay quienes consideran que Gabino fue quien introdujo el ritmo de milonga en la payada, y su popularidad provocó que otros payadores lo fueran extendiendo a otras zonas de Argentina, Uruguay y Brasil (sobre todo por el sur de este país).

Gabino, afirmaba que la milonga (campera) proviene del candombe afro-rioplatense, el cual se formó a partir de viejos ritmos africanos.

En un reportaje al argentino Nemesio Trejo, hecho por Jaime Olombrada, y que fuera publicado en el periódico "La Opinión" de Avellaneda (Pcia de Buenos Aires, Argentina) el 15 de abril de 1916, Trejo cuenta:

"En 1884 era mi primera topada con Gabino Ezeiza, el más célebre de los bardos argentinos, y esa payada sirvió para hacer escuela. Por aquella época se cantaba por cifra, pero Gabino introdujo la milonga en esa oportunidad en el tono Do Mayor" y agregaba: "es pueblera (del ambiente ciudadano) ya que es hija del Candombe africano, y golpeando con los índices en el borde de la mesa empezó a tararear" tunga...tatunga...tunga..." para demostrar, fonéticamente, la vinculación de este ritmo con el Candombe.".

(Nemesio Trejo, tomado en un reportaje hecho por Jaime Olombrada)

Gabino consideraba que el ritmo de milonga habría sido una evolución, en guitarra criolla, del candombe afroargentino llevada a cabo por afroargentinos en la Pampa argentina.

 

Gabino Ezeiza (1858-1916)

Hay seres que parecen nacer para dar pábulo a la leyenda, para alimentar la llama inextinguible del Mito. Gabino Ezeiza, el famoso payador negro, fue uno de ellos. Ya en vida su figura había adquirido perfiles legendarios, que el tiempo transcurrido desde su desaparición ha ido acrecentando, al punto que sólo una precisa y nítida investigación podrá distinguir, en su biografía, lo real de lo imaginario.

Corría el verano de 1858, Buenos Aires separada de la Confederación vivía en constante pie de guerra con las provincias federales. Gobernaba Valentín Alsina y la idea de Bartolomé Mitre de crear “La República del Plata”, propuesta años antes, bullía en el caletre de muchos de sus miembros.

Los negros, concentrados mayoritariamente en las parroquias de Balvanera, Montserrat, San Telmo, Catedral y La Concepción, constituían un núcleo importante en la población de Buenos Aires y a pesar de los años transcurridos desde la abolición de la esclavitud, muchos hombres y mujeres continuaban sirviendo a sus antiguos amos. (1) El resto que prefirió ser libre vivía en la extrema pobreza, sin tener los hombres otro medio de subsistencia que vender por las calles de la ciudad, pasteles, mazamorra, pan casero o escobas, productos todos que elaboraban con paciencia y dedicación. Las mujeres, por su parte, no poseían otra alternativa que ofrecerse como lavanderas, cocineras o amas de cría. Tantas estrecheces y obstáculos, aparte de la marginación clasista que padecían, terminaron por extinguirlos como grupo étnico y aunque los factores determinantes fueron muchos y diversos, consideramos que, la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870), la epidemia de cólera (1868) y la fiebre amarilla (1871), amén de las luchas intestinas en diferentes períodos , fueron los más importantes.

No obstante, a los seis años de su derrocamiento, “la morenada” permanecía siendo fiel a Don Juan Manuel de Rosas y ese pensamiento, más íntimo que político, no era bien visto por las autoridades del puerto de Buenos Aires que aún no habían superado el odio acumulado en tanto tiempo de antagonismo.  En este estado de cosas el 19 de febrero había nacido el niño Gabino Jacinto Ezeiza en la modesta vivienda de la calle Chacabuco 242 de Buenos Aires. Su bautismo se realizó el 6 de abril del mismo año en la Parroquia de la Concepción. Hijo de Joaquín Ezeiza, quien había servido a la familia Ezeiza, de ahí su apellido, y descendía por su abuelo de un trompa de Rosas. Su madre fue Joaquina García. Don Joaquín fue dado de alta en el ejército con el grado de subteniente 2º, en el 2º Batallón del 3º Regimiento, 1ª División Buenos Aires y destinado a la guerra con el Paraguay. Comenzó su campaña el 1º de julio de de 1865 en Ayuí Chico y finalizó en Tuyutí, donde falleció el 18 de mayo de 1867. El gobierno argentino declara la guerra al Paraguay el 5 de mayo de 1865 y a menos de dos meses de producida, Joaquín Ezeiza está en el frente con el grado de subteniente 2º, lo que hace sospechar que no tenía actividad militar anterior y que su graduación es producto de un “enganche” voluntario en el cuerpo de Guardias Nacionales.

Según Héctor P. Blomberg “el negrito Gabino no faltaba nunca a las payadas que se realizaban con frecuencia en su barrio. Escuchaba, conmovido y absorto, los torrentes de coplas que surgían de labios criollos, bajo el alero de los patios coloniales, sobre las vihuelas melodiosas, y sentía despertarse en su corazón infantil el amor a todo aquello”.

Quien primero puso una guitarra en sus manos fue un pardo muy viejo, que tenía una pulpería en el bajo de San Telmo. Se llamaba Pancho Luna, y fue payador cuando joven, en los tiempos de Rivadavia. Al cumplir quince años le compraron a Gabino una hermosa guitarra española. Por ese entonces, 1873, y según relato del propio Gabino, hacía varios años que había quedado huérfano de padre y madre, ya que ésta murió con anterioridad a la muerte del padre en 1867.

A comienzos de 1876 Gabino era un “morenito” delgado, de simpática planta, ojos vivaces, labios gruesos y protuberantes, frente despejada y pelo mota, que vestía con pulcritud y buen gusto, dedicándose con entusiasmo a dar vuelo a sus inquietudes literarias y ocupando parte de su tiempo en la buena lectura. El sábado 1º de enero de 1876 salió el primer número de La Juventud, semanario que al parecer estaba dedicado al bello sexo. Allí encontramos la primera colaboración de Gabino Ezeiza. Son versos y ¡qué versos! Defectuosos de forma, con errores en el metro silábico, faltos de unidad en lo narrativo y de un pretendido estilo romántico como ingenuo. A pesar de las incorrecciones apuntadas, revelan las buenas intenciones de un principiante.

A orillas del Plata

Bogaba un marino
del Plata a la orilla,
en una barquilla
con increíble afán.
Cortando las olas
que al verse vencidas,
van y embravecidas
en las toscas dan.

Mas llega la barca
de la tosca al lado,
feliz ha llegado
y en tierra saltó
alegre el marino
risueño el semblante
y luego al instante
la barca amarró.

Con paso seguro
casi a la carrera,
cruza la reguera
luego se paró,
en una casita
de pobre apariencia,
luego con las manos
las palmas batió.

Se abrió una ventana
y apareció ella,
una joven bella
-¿quién va? – preguntó,
-¿ya no me conoces?-
contestó el marino,
-¡Soy yo, prenda amada!-
y la puerta se abrió



A partir de su segundo número el periódico comenzó a aparecer los domingos y en esa edición obsequiaba a sus lectoras un cuento por entrega titulado El Ramo de Flores, con el subtítulo de Leyendas de Costumbres y firmado por Liberato, seudónimo de Gabino. El joven estaba a punto de cumplir dieciocho años y sus pensamientos eran de ensoñación y romanticismo. Había logrado en parte materializar su confesada inclinación por las letras, dirigía la sección literaria del periódico en que colaboraba y era el niño mimado de aquella sociedad. Se presume que Ezeiza se consagró entero al canto en años posteriores a esta etapa de su vida, bien pudiera ser desde su alejamiento del periódico a mediados de 1878 o en las proximidades de 1880. Para mediados de 1879, tenía fijado su domicilio en la calle Defensa 343, dentro de los límites de la Parroquia de San Telmo y su oficio declarado era el de jornalero.(2)

Revolución del ochenta

Corría el mes de mayo de 1880. En Buenos Aires la agitación política que se vivía en aquellos días, era el presagio de la inevitable lucha fratricida que se desencadenaría poco tiempo después. El enfrentamiento entre el Dr. Carlos Tejedor, Gobernador de la Provincia y candidato presidencial del Partido Autonomista y el general Julio A. Roca, ex Ministro de la Guerra y candidato del Partido Nacionalista, había llegado al máximo de intolerancia; cada uno exigía la renuncia del otro como prenda de paz, pero la posición intransigente de ambos hacía imposible cualquier tipo de negociación. La lucha estalló y finalmente, con la renuncia del Dr. Tejedor, el 30 de junio se concertó la paz sobre la base de la Ley de Federalización, que tras largos debates se sancionó el 21 de setiembre. En ella se declaraba capital de la República y asiento del gobierno nacional al municipio de la ciudad de Buenos Aires. Gabino Ezeiza en el tiempo de estos sucesos tenía 22 años y según sus biógrafos participó en forma activa de los mismos. La revista “Lo que canta el pueblo” expresa: “Concurrió al combate del 21 de junio con el batallón 15 de Febrero, a las órdenes del comandante Elliot y el entonces mayor Vico, donde se comportó bizarramente recitando algunas estrofas en el momento de la lucha”.

Que Gabino ya cantaba en ese entonces es cosa cierta, así lo indica al menos un comentario hecho por el diario “La Razón”, en el año 1909, donde decía: “Terminada la revolución del ochenta, surgió de los últimos campamentos la afición al canto criollo de contrapunto y se destacó en esa época con el título de payador, un morenito vivo, locuaz, satírico e intencionado, que en hermosas y valientes improvisaciones, arrastraba, como orador fogoso, masa del pueblo que le seguían a todas partes para escucharle sus estilos camperos y milongas orilleras. Ese cantor era Gabino Ezeiza, todavía vive y por ahí anda con su guitarra y sus lamentos”.

Por entonces ya lo envuelve en su círculo amistoso, en el seno de la colectividad morena de Buenos Aires, una aureola de prestigio. Pardos y morenos forman mundo numeroso y aparte, allá por la década del ochenta. Tienen sus asociaciones particulares, organizan pintorescas comparsas para Navidad y Carnaval, crean sociedades propias de socorros mutuos, discuten con vehemencia sus problemas en sus periódicos y fuera de ellos, y hasta piensan en establecer escuelas para la educación del hombre de color. Llevan, en fin, una intensa e interesante vida de sociedad. De ahí que el juvenil Gabino asista con frecuencia a tertulias familiares, participe en bailes y fiestas, y entretenga en la amable compañía de amigos y muchachas buena parte de sus horas.

Sus primeras actuaciones

Recién se tiene noticias fehacientes de sus actuaciones en los primeros días de 1882, a través del semanario “La Broma”, una hoja periodística perteneciente a la comunidad morena. La nota publicada, comienza diciendo: “El lector se recordará de Gabino Ezeiza. Gabino era uno de los colaboradores de “La Juventud”, periódico que vivió más de lo que viven otros (…) Bien, Gabino se ha dedicado a la paya y para el efecto se ha hecho un excelente payador”.

El camino del payador, aunque en corto trecho, se estaba trazando. En ese mismo año aparece el nombre de Nemesio Trejo como cantor oficial del caudillo boquense José “Pepe” Fernández. Trejo fue quien acompañó a Ezeiza en sus primeros triunfos en Buenos Aires.

En 1884 Gabino alcanzó su consagración. En él obtuvo sus más resonantes éxitos, recibió elogios de altas personalidades, vivió días de gloria, logró el título de máximo improvisador, fue agasajado como un triunfador y lo más importante, impuso como arte y para siempre, el canto del payador en el Río de la Plata, donde puso de relieve su propia condición de artista.

No se sabe si enterado que en la vecina orilla había un payador con fama de invencible, llamado Juan de Nava, cruzó el charco para ponerse a prueba o sí a instancias de amigos comunes hubo un convenio previo, la cuestión es que Ezeiza en compañía de José María Silva, joven payador discípulo suyo y los guitarristas Gómez y Rodríguez, arribaron al puerto de Montevideo entre el 20 y 21 de julio.

Nava era cantor oficial y protegido del dictador Máximo Santos. El miércoles 23 hubo una tenida entre él y Gabino Ezeiza en la cancha de pelota de la calle San José entre Ibicuí y Quareim, propiedad del Sr. Jorge Díaz. El recinto estaba colmado con más de 300 personas. Aquella fue una jornada de gloria para el payador argentino y la prensa uruguaya no tuvo reparos en reconocer sus méritos: “… declaramos con toda sinceridad, que Gabino le lleva grandes ventajas a Nava, es un verdadero poeta, de inspiración levantada y que improvisa con pasmosa facilidad, midiendo acabadamente los versos, cosa rara entre la mayor parte de los que pasan por payadores”. (3)

En los días siguientes fue colmado de agasajos, visitas, invitaciones y obsequios, todos querían demostrarle su admiración. El viernes 25 por la mañana, respondiendo a una invitación del Presidente de la República, el general Máximo Santos, se presentó en el cuartel de la escolta presidencial, donde fue recibido por el primer mandatario. Hechas las presentaciones, pulsó la guitarra y saludó en florida improvisación al jefe de estado y a otras autoridades de gobierno, por lo cual fue objeto, aparte de las felicitaciones, de diferentes obsequios.

Luego de otras memorables actuaciones se convirtió en el personaje de aquellos días, no solamente en los corrillos populares, sino en los sectores privilegiados de la sociedad uruguaya. Quizás el mayor logro de Ezeiza haya sido conquistar la consideración de la intelectualidad montevideana, quien gratamente sorprendida por su inspiración ingénita, le brindó su protección espontánea, en muestras de simpatía y en palabras de encomio.

Aquella consagración de Ezeiza, debe ser tomada como el punto de partida del payador rentado. Fue la revelación del canto criollo, puesto que, no solo proyectó a su intérprete en artista, sino que permitió a la sociedad en conjunto, sin diferencias de clases, reencontrarse con sus raíces culturales a través de la expresión criollista, exaltando la evocación del gaucho, en su vida sus usos y costumbres.

El miércoles 20 de agosto regresó a Buenos Aires a bordo del vapor Apolo., compartiendo la travesía con varias personalidades, quienes reunidos en el salón de la nave comentaban sus recientes éxitos en Montevideo. En retribución a tantos halagos, Gabino pulsó la guitarra y entretuvo a los viajeros con chispeantes y ocurrentes improvisaciones, mencionando a unos o señalando algún suceso imprevisto. Entre los presentes se hallaba el doctor Rafael Calzada, reconocido periodista y hombre de letras, quien asombrado ante tanta prodigalidad, se puso de pie y alzando su copa en señal de brindis, improvisó:

De mi entusiasmo al calor
de tu estro la grandeza
y tu numen creador,
a tu salud payador
bebo un vaso de cerveza.

La respuesta de Gabino fue instantánea:

Ese verso improvisado
fue con tanta exactitud,
que doctor, me veo obligado
en beber a su salud.

A partir de 1884 otros nombres se suman a la cruzada iniciada por Gabino. Ellos son José María Silva, Nemesio Trejo y Pablo José Vázquez, todos muchachos veinteañeros formados a su lado. Las enseñanzas y renovaciones promovidas por Ezeiza hicieron escuela.

El 21 de agosto de 1884 estaba nuevamente en su ciudad natal, donde un grupo reducido de amigos le tributó una calurosa recepción, excepto el periodismo que no ofreció ninguna información sobre su regreso.

Ese mismo año, en Buenos Aires, payó dos veces con Nemesio Trejo. Una de las payadas fue organizada a beneficio de las víctimas de una gran inundación ocurrida por esos días, debido al desborde del Riachuelo. Se llevó a cabo en “Cancha Belgrano” (Belgrano 222). Durante el transcurso de la misma de pronto se escuchó un fuerte crujido, ocasionado al ceder las bases de la gradería alta, a un costado de la puerta de entrada, por la excesiva cantidad de personas que la habían ocupado, rompiéndose en la caída tablas y tablones. (4) Pasado el susto volvió a sonar la guitarra y tras un aire de milonga, Gabino improvisó:

Cuatro tablas que se han roto
ya cuanto menos no es tanto,
guarden silencio señores
que va a continuar el canto

La otra payada con Trejo se efectuó el 10 de noviembre en el teatro “La Alegría”, el argumento que cantaron fue la muerte del malogrado Benigno Baldomero Lugones (periodista y escritor) y la fiesta que para socorrer a su familia se había organizado, salpicando sus cantos con estrofas alusivas a los incidentes ocurridos tanto en los asaltos de sable, florete y palo que allí se efectuaron esa misma noche como en la propia payada.

Gabino no se daba pausa en su trajinar por los pueblos. Empezaba a convertirse en aquel payador errante que solo y con un circo –propio o ajeno- recorrió prácticamente toda la República.  En los primeros meses de 1885 Ezeiza inició su gira por el litoral uruguayo junto a José Maria Silva, realizando exitosas actuaciones en Mercedes, Villa de Dolores, Paysandú, Salto, Concordia (Argentina) y Montevideo.

Poco se ha tenido en cuenta las virtudes cívicas de Gabino Ezeiza, sobre todo cuando se recuerda su militancia radical, en relación a la cual, algunos faltos de información o mal intencionados le aplicaron el despectivo mote de “cantor de comité”. Gabino desde joven tuvo preocupaciones cívicas y su ejemplo más notorio ha sido su activa participación en la revolución del ochenta, en defensa de una causa que consideraba justa.

El año 1891 lo encuentra de nuevo en la capital oriental incorporado a la compañía Podestá-Scotti. Su debut se produce el 14 de abril en el picadero del “Politeama”, causando una verdadera sensación. Luego de permanecer unos días más en Montevideo, regresó a Buenos Aires donde actuó en el Jardín Florida el jueves 30 de abril, con la representación de Juan Moreira, tomando parte Ezeiza en la escena de la fiesta. Las desventuras del cuchillero de Navarro trasladadas al teatro fueron un éxito. El jueves 5 de mayo presenció la misma función el Presidente de la República, doctor Carlos Pellegrini, a quien Gabino le ofreció lo mejor de su inspiración.

Ese mismo año desafió a Pedro Vázquez, quien aceptó la confrontación, fijándose la payada para el martes 23 de junio en el teatro Politeama. Ese día el teatro estaba colmado en su capacidad. Dos órganos de prensa de la capital hicieron la crónica de la tenida coincidiendo ambos en el veredicto dado por el público y en el dictamen de cada uno de ellos. Uno de ellos (El Correo Español) decía: “Se verificó anoche la payada de contrapunto entre Gabino Ezeiza y Pablo Vázquez. Contra lo que se esperaba, el hasta ahora invencible Gabino, fue derrotado por su contrincante. No hubo jueces que lo declarasen así, pero el inmenso público que asistió, dio el lauro de la victoria a Vázquez, y se lo dio porque se lo merecía”. Fue una mala noche para Gabino.

La misma payada se reiteró el 1º de julio en el mismo escenario que la anterior. La crónica del “Sud América” manifestó: “Con numerosa concurrencia tuvo lugar anoche la segunda payada entre Ezeiza y Vázquez. Como en la primera quedó triunfante Vázquez”.

En 1893 Gabino se independiza de Podestá-Scotti e instala su propio circo. Una de las primeras actuaciones se produce en el mes de abril en la ciudad de Rosario, donde ofrecía ejercicios ecuestres y gimnásticos a cargo de la familia Holmer, dramas criollos y su propia actuación. El picadero se llamaba “Circo Gabino Ezeiza”.

Meses después, la revolución radical en Santa Fe, acaecida el 30 de julio, estaba en plena efervescencia. El jefe político de la misma, doctor Mariano Candioti, que asumiera el 3 de agosto la gobernación de la provincia en nombre de la junta revolucionaria, tuvo que renunciar el día 24, haciéndose cargo de la misma el interventor Baldomero Llerena. Si bien en los primeros momentos parecieran haberse aquietado las aguas, con el correr de los días el clima político se fue enrareciendo nuevamente y ante el peligroso cariz que tomaban los acontecimientos el gobierno nacional envió como nuevo interventor al general Liborio Bernal, quien asumió el 23 de setiembre. A partir de aquí todo se precipitó y al día siguiente estalló nuevamente la revolución y la lucha armada fue un hecho en diversos lugares de la ciudad y en otros departamentos de la provincia. Ezeiza, quien según algunos habría llegado a la capital de la provincia unos días antes con el santo y seña de la revolución, instaló su circo en la calle San Jerónimo entre Tucumán y Rioja. Producida la revuelta, Gabino, con varios componentes de su compañía improvisó un cantón en esa misma esquina, volcando un tranvía a caballo.(5) Se cuenta que sofocada la sedición y presos los integrantes de la trouppe circense, éstos en su mayoría extranjeros, se defendieron diciendo que Ezeiza los había obligado a pelear contra su voluntad. El día 25 y a medida que las fuerzas gubernamentales ganaban posiciones, la lucha se hizo más cruenta, viéndose obligados los revolucionarios a buscar posiciones de resguardo. Gabino, quien se hallaba luchando al lado de un “batallón suizo”, buscó junto a éstos refugio en la estación del ex Ferrocarril Provincial, salvando la vida en forma providencial.

En las primeras horas de la mañana del día 26, la intentona revolucionaria había sido derrotada. Gabino fue detenido en Rosario el 18 de noviembre, después de cincuenta y tres días de estar fugitivo. El doctor David Peña, director del diario oficialista “Nueva Época”, comentaba, días más tarde de ocurridos estos sucesos, en un artículo que tituló: “Un payador metido a revolucionario”: Gabino Ezeiza había trocado su guitarra por el fusil radical. Ya no es un misterio que entre los cachivaches de su circo vinieron armas para los revolucionarios de Santa Fe y que los anuncios de su llegada y estreno fueron una contraseña revolucionaria”.(6)

Se desconoce en qué fecha fue puesto en libertad, pero sí se sabe que para fines de marzo de 1884 estaba en San Nicolás, desde donde le escribe una carta al payador Honorio Fernández. Es muy probable que esta estada en San Nicolás haya sido con su circo, el que según tradición oral, estuvo instalado en la calle Francia entre Lavalle y León Guruciaga. Se sospecha que por ese entonces Gabino conoce a Petrona Peñaloza(7), moza quinceañera entonces y que años más tarde haría su esposa. Según Santiago G. Chervo, era bisnieta del caudillo riojano Angel Vicente Peñaloza, “El Chacho”.

Entretanto en octubre de 1894 llega el momento de la gran payada con Pablo J. Vázquez en Pergamino, uno de los sucesos capitales, por así decir, en la biografía del negro cantor y en la misma historia payadoresca, donde aquella justa sigue resonando con acentos poco menos que legendarios, por la calidad de sus contendientes y por su duración, que fue de dos noches, el 13 y el 14 de octubre en el teatro Florida de Pergamino. El jurado que actuó en esa oportunidad dictaminó que debía reputarse como vencedor a Gabino, según acta suscripta el 28 de noviembre de ese año.

Gabino que por ese tiempo era aún un hombre joven, pues contaba con 36 años, había pasado por las más severas pruebas de su arte, desde aquellas trenzadas en la trastienda bolichera, donde habrá aprendido el consejo del viejo Vizcacha, a “no pelear sin puyones”, hasta las topadas con Trejo, Nava y Silva, donde siempre salió airoso.

Vázquez en cambio fue la contraparte de Ezeiza, ya que no le conocemos experiencias de ese tipo, sospechando que su oficio de payador fue producto de una vocación temprana, abonada con inquietudes literarias y buena lectura, publicando para 1885 su primer folleto de versos, donde se anunciaba como payador argentino, contando a la sazón 21 años.

Estas distintas escuelas quedaron evidenciadas en los versos improvisados de uno y otro, mientras los de Gabino eran toscos y sin ningún pulimento, alguien los tituló “gauchescos”, los de Vázquez en cambio tenían color a poesía y eran expresados en un lenguaje correcto, no exentos de delicadeza.

El corresponsal de La Prensa, Joaquín V. González(8) manifestó: “…en cuanto a su manera de payar o luchar cantando de contrapunto, pueden compararse en principio a dos oradores, de los cuales uno fuese claro, correcto, nítido y sin rodeos y el otro, con el mismo talento, fuese inclinado a las argucias, a las intrigas del raciocinio, a los ardides y a los recursos parlamentarios. Así, Vázquez expone en estrofas redondeadas y más o menos concluyentes y Ezeiza se estira, se difunde, divaga, gira y revolotea en el mismo tono, ensartando palabras, palabras y más palabras buscando el final, hasta que lo encuentra a su gusto y entonces cambia de pronto la tonada y con un impulso nuevo y vigoroso, termina el período arrancando siempre al auditorio un estrepitoso aplauso. Todo esto, cuando no se le ocurre descubrir algún estilo reservado para las grandes ocasiones y sorprendiendo hasta sus más íntimos, deja oír las más conmovedoras armonías, en las que, la voz flexible y dócil se pone a llorar en compañía de la bordona y entonces, el concurso compuesto de criollos de corazones nacidos de la tierra se estremece como sacudido por una corriente eléctrica y las exclamaciones de ese instante son de verdadera gloria para el payador”. En julio de 1895 Ezeiza inició una gira por el litoral uruguayo en compañía del payador oriental José M. Madariaga y el prestidigitador español Alberto M. Acuña, anunciando su debut en el Teatro Progreso de Paysandú, para el sábado 27 de julio. Luego actuó en Concordia (Argentina), continuando por Salto

El Saludo a Paysandú

Heroico Paysandú, yo te saludo,
Hermano de la patria en que nací.
Tus hechos y tus glorias esplendentes
Se cantan en mi patria como aquí.

Aquí es necesario hacer un paréntesis, para referirnos a un hecho trascendente en la trayectoria artística de Gabino, el Saludo a Paysandú, el más célebre de sus compuestos y tratar de determinar en qué momento y dónde fue cantado.

Después de escuchar una decena de versiones, a cual más antojadiza sobre dónde se cantó el “Saludo” por primera vez, hemos hallado la del historiador “sanducero” Carlos Estefanell (9), quien tras paciente como prolija investigación, sostiene que bien pudo ser en una de las tres presentaciones en el Teatro El Progreso, entre julio y agosto de 1895, donde en el programa figuraba –Un saludo- y argumenta: “Y si era tradicional en Gabino saludar al pueblo sanducero antes de sus actuaciones, ¿No sería factible que en uno de esos saludos haya surgido el canto inmortal?”. Cabe agregar que bien pudiera ser el verso de despedida de la última noche, mencionado en la nota periodística: “Se despide de Paysandú con unos versos muy sentidos que le merecieron grandes aplausos”.(10) Esta es la única versión con fecha y lugar precisos y este es el hecho más importante, el cual descalifica las mistificaciones habidas en su torno; por otra parte, sospechamos que Ezeiza nunca lo interpretó con anterioridad a 1895, ya que en nuestro archivo no lo encontramos incorporado a su repertorio antes de ese año.

Pero sobre este asunto hay mucho para decir. Una de las versiones más difundidas dice, que hostilizado por un grupo de personas llegó hasta el barco atracado en el muelle y desde la barandilla cantó el famoso saludo. La única vez que Ezeiza tuvo algún problema en el Uruguay, fue en su primera visita a Paysandú en abril de 1885, por lo tanto se supone que el hecho sucedió en esa ciudad y en ese año. Ahora bien, en aquel entonces el muelle aludido no existía y los vapores de la empresa Mihanovich, que hacían el recorrido por el río Uruguay, anclaban en medio de éste, desde donde los pasajeros eran transportados en bote hasta la orilla. Resultan pues inverosímiles los fundamentos de la citada versión.

Después de tres largos años de ausencia de Buenos Aires, el año 1896 marca el regreso definitivo de Gabino Ezeiza a su ciudad natal, donde lo acompañará el éxito y mucha actividad.

Para el sábado 15 de mayo de 1897 se concertó una payada de contrapunto entre Ezeiza y su rival por excelencia, Pedro Vázquez, quien estaba padeciendo las etapas finales de una cruel enfermedad. Luego de esta tenida, realizada en Lomas de Zamora, Vázquez no regresó más a los escenarios. Enterado Gabino de la gravedad del estado de su colega y su difícil situación económica le hace llegar una carta en la que dice: “Gabino ofrece, dejando a un lado antiguos resentimientos, un beneficio a favor del enfermo, con elementos propios, en este pueblo o en Tandil, donde actualmente se halla”.(11) Este gesto de Ezeiza fue publicado en el diario local, bajo el título “Sentimientos generosos” y es realmente un acto de solidaridad y filantropía el ofrecimiento del moreno, que lamentablemente no fue interpretada del mismo modo: “Conocida esta carta por Vázquez, contestó rechazando dignamente la oferta, pero sin altivez, agradeciéndola y diciendo: -que si bien es cierto que su posición no es muy desahogada, no carece felizmente de recursos propios para atender su enfermedad”. Vázquez falleció el 26 de junio, cuando contaba treinta y tres años de edad.

En 1902 sostuvo otra payada memoriosa en San Antonio de Areco. Esta vez su contrincante fue Luis García, a quien no pudo vencer.

Última fotografía tomada a Gabino Ezeiza

En 1912 intervino con éxito en un torneo internacional payadoresco efectuado en un teatro de Buenos Aires en el que los cuatro primeros premios fueron adjudicados a Ezeiza, Curlando, Vieytes y Caggiano. Gabino también realizó, entre otras, una payada memorable, en las esquinas de Yerbal y Nazca, junto a Martín Castro, payador de Ciudadela y autor de “El huérfano”. Dentro de los límites de la Capital Federal solía concurrir al café Oviedo, de avenida Chicago (actual avenida de Los Corrales) y San Fernando (actual Lisandro de la Torre) frente al Mercado de Hacienda de Liniers.

Llegamos al año 1914 y la primera actuación se la hallamos el sábado 7 de febrero en el escenario del Teatro Roma, ubicado en la calle Sarmiento 112, de la ciudad de Avellaneda, donde se presentó en una función a beneficio del actor aficionado Santos Mezzano. Para ese entonces Gabino estaba dedicado de cuerpo y alma a hacer proselitismo a favor del partido radical y para ello no mezquinaba esfuerzos ni sacrificios, ya sea colaborando con su canto en reuniones partidistas o sirviendo de enlace entre personajes influyentes de la misma causa.

Tras su agitada vida de cantor trashumante y como muestra inequívoca de cansancio es que Gabino centra su actividad en bares y cafés de Buenos Aires. En ese entonces tenía 56 años, 8 hijos que mantener (la menor Eugenia Juana, apenas de dos años y aún vendrían dos más).

A pesar de sus múltiples actuaciones, lo que ganaba sólo alcanzaba para lo más indispensable y si bien no padecía un estado de indigencia total, la pobreza que lo cercaba le mostraba el duro rostro de la realidad. La calidad de vida que en otra época disfrutó, había cesado.

Su última actuación se verificó el sábado 30 de setiembre en el Teatro La Perla, de la calle Domínguez 659, de la localidad de Piñeyro, partido de Avellaneda.

Falleció de endocarditis el día 12 de octubre de 1916, a las 4.25 de la tarde, en su domicilio de Azul 92, del barrio de Flores. Esa misma tarde asumía la presidencia de la nación el doctor Hipólito Irigoyen, candidato del partido radical, ideario político al que el moreno payador le dedicó lo mejor de sus horas. Se cuenta que al enterarse de la muerte de Ezeiza, el Dr. Irigoyen dijo: “¡Pobre negro, el sirvió!”. En esta expresión de pesar quedó resumido todo el esfuerzo de su convicción política, de la que no claudicó un solo instante.

Una placa colocada en Azul 92, en el barrio de Flores, recuerda al negro Gabino Ezeiza. Allí, a los 58 años murió en su humilde casa, pobre como todos los juglares del pueblo.

La leyenda de Gabino se despierta cada 12 de octubre, cuando sus seguidores se reúnen en la tumba del cementerio de Flores, para brindarle homenaje a este personaje tan recordado y querido.

Buenos Aires de mi amor, ¡oh, ciudad donde he nacido! No me arrojes al olvido yo, que he sido tu cantor. De mi guitarra el rumor recogió en sus melodías, el recuerdo de otros días que jamás han de volver, los viejos cantos de ayer que fueron las glorias mías.

Referencias

1) Natale, Oscar – Buenos Aires Negros y Tangos – Buenos Aires (1984).
2) Registro Cívico Nacional. Año 1879.
3) El Indiscreto, Semanario – Montevideo, domingo 27 de julio de 1884.
4) La Patria Argentina, Buenos Aires, martes 21 de octubre de 1884.
5) López Rosas, Rafael – Historia de las Instituciones de la Provincia de Santa Fe, en El Teatro en la Provincia, Pág. 246.
6) Vigo, José M. – Todo es Historia, N 39, julio de 1970.
7) Chervo, Santiago G. – Radiografía de San Nicolás de los Arroyos – San Nicolás (1978).
8)González Arrilli, Bernardo – Buenos Aires 1900 – Página 45
9) Estefanelli, Carlos – Homenaje a Gabino Ezeiza – El Telégrafo, Paysandú, Uruguay, 8 de setiembre de 1978.
10)El Paysandú – Paysandú, Uruguay, 2 de agosto de 1895.
11) La Unión – Lomas de Zamora, Buenos Aires, 19 de junio de 1897.

Fuente
Blomberg, Héctor Pedro – El adiós de Gabino Ezeiza.
Cristoforetti, Marita y Brichetto, Alberto – El payador de Flores.
Di Santo, Victor – Gabino Ezeiza, Precursor del arte payadoril rioplatense – Buenos Aires (2005).
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.
Portal www.revisionistas.com.ar
Turone, Oscar A.. – Gabino Ezeiza, El último payador.
Soler Cañas, Luis – Gabino Ezeiza, verdad y leyenda.

• El abuelo – Guitarra y canto de Gabino Ezeiza, grabación de 1905
• Saludo a Paysandú – Guitarra y canto de Gabino Ezeiza – Buenos Aires (1913).
• Endecha – Guitarra y canto de Gabino Ezeiza, grabación de 1913
• Patagones (tango) – Guitarra y canto de Gabino Ezeiza, grabación de 1905
• El adiós de Gabino Ezeiza por Ignacio Corsini (1891-1967).

la fuente: www.revisionistas.com.ar




Improvisación de Gabino Ezeiza en “La casa vieja”


(De Elías Carpena)

El comité de Floresta sur de la UCR poseía su centro de reuniones en la avenida Provincias Unidas, cerca de la calle Azul. Gustadores de la cultura, gozaban de una biblioteca vastísima, y había noches fijadas para conferencias y las había para todos los intelectos e inquietudes. Unas eran de ciencia, otras de historia; también de arte, de literatura y de política. Si el conferenciante era el poeta Aníbal Riu, podía escucharse “Vida y poesía de Almafuerte”. Si lo hacía Corvalán Mendilaharzu, elevaba y distinguía como floreciente la época de Rosas. También fustigaba reciamente a los unitarios. Pero a continuación, en son de contrapunto, prestigiaba la misma tribuna, con igual público, Ernesto Celesia, y se le oía respuesta erudita, sabia, profundamente documentada, desautorizándolo.

Para los amantes del juego, todas las noches había riña de gallos, con abundancia de admiradores, de galleros y gallos. No se excluía la taba ni el monte… y para los que seguían el canto popular, la voz de los cantores y payadores, se les brindaba, en las noches de los días jueves, veladas deleitables. Entre los payadores que frecuentaban el comité se contaba Gabino Ezeiza, vecino que vivía en Azul 92, muy talentoso e inspirado improvisador, en cuyo haber poético se hacían gloria sus contrapuntos con el uruguayo Juan de Navas y el argentino Pablo Vázquez.

En la primavera del año 1913, con la visita del caudillo Hipólito Yrigoyen al comité, se anunció la presencia de lo más grande del canto nacional: Gabino Ezeiza, José Betinoti, Juan Damilano, Antonio Anselmi, Ambrosio Río, autor de la canción “Mañanita”, y Miguel Cafre, de “El tabernero”, ambas muy difundidas en discos por Carlos Gardel. Aquella noche reunió el comité tantos adictos, tantísimos adentro, y tantos centenares afuera, deambulando por las calles, donde no se veía más que boinas blancas y seres quejumbrosos por no poder acercarse para ver y admirar al caudillo y oír las pregonadas improvisaciones sobre él.

Yo seguía con gusto y activamente a los payadores, y cuando ellos se dirigían al público y le pedían tema para sus creaciones poéticas, le enviaba lo mío en versos, generalmente en una décima, donde le fijaba el argumento. Entonces el payador ceñía el texto al pedido y lo desarrollaba muy hábilmente. Estas versiones iban al aire y se perdían. Gabino Ezeiza improvisaba por cuartetos; rimaba el segundo verso con el cuarto, dejando libres los dos restantes. Para esa noche convine con tres amigos en tomar la versión. Íbamos cada uno a recoger escrito un verso de cada estrofa y al término tendríamos el poema total. Había escrito esa tarde, para cuando el improvisador reclamara argumento, una décima. No pude entregarla: fue una noche fallida para mi entusiasmo y debí regresar a mi casa de la misma manera que lo hizo la enorme cantidad de gente, sin ver al caudillo ni escuchar a los payadores.

A un mes de este acontecimiento se anunció a los pobladores del bañado que el matarife Garrigós traería el mismo espectáculo a “La casa vieja”. Hubo protestas y reclamos porque no se realizaba donde correspondía, en el comité Radical de Murguiondo. La excusa aceptable fue la de que el local era pequeño. En el pórtico de la casa se organizó un tablado, con adornos de banderas y cintas argentinas. El alumbrado se dejó para la luna llena, que caía luminosa, y para el pórtico se encendieron luminarias de querosén, faroles que competían con el claro plenilunio.

En cuanto se hizo la noche y la luna fue subiendo por el cielo del bajío, empezó a llegar gente en volantas, a caballo y de a pié. Gabino Ezeiza bajó de una victoria  de capota baja, con el matarife Garrigós. Un señor recibió al matarife con un abrazo y luego le dio esta nueva mala: “Don Hipólito no viene, lo han reclamado de Rosario”. Y a Gabino Ezeiza lo enteró de otra noticia, que él creyó desafortunada: “Tendrá que canta solo, Ezeiza; los demás payadores se encuentran por el interior”.

Gabino Ezeiza le sonrió y repuso a muy poca voz: “¡Trataré de suplirlos, si la voz me alcanza y me acompaña la inspiración!”. Observó la escena el gentío, el tablado, y alabó el espectáculo al aire libre. Se tiraron cuatro bombas que retumbaron en el aire y dieron susto a los caballos. El matarife Garrigós anunció que Gabino Ezeiza no pedía contribución por actuar y que sólo ofrecía a los voluntariosos unas subscripciones de la revista P.B.T. Mientras el secretario del payador iba por las mesas haciendo suscriptores, él extrajo la guitarra del estuche, ensayó unos sonidos para el temple, punteó un alegre y cantó una improvisación a la noche de primavera que allí se estaba gozando a plena naturaleza. Dijo del perfume del campo que le traía la brisa nocturna y le cantó a la luna que se mostraba en su cielo dorada por el reverbero de estrellas. Cambió la improvisación poética por otra en la que le pedía al público tema para sus creaciones. Yo tomé mi décima puesta en un sobre, me acerqué al tablado y se la entregué. Gabino Ezeiza era negro. Era un señor de mucha fineza. Vestía de negro y se destacaba la camisa de plancha con su blancura de armiño. Se había puesto de pie para tomar lo mío. Nada me dijo. Creo que ni reparó en mí. Tal vez aquí habrá pensado en que yo era un buen muchacho que enviaba alguno de los hombres, al cual él buscaba para identificarlo.

Regresé a mi mesa, a mi asiento, a mis amigos. Era el momento en que el payador rompía el sobre. Al descubrir la décima tuvo un gesto de admiración, de sorpresa y volvió a buscar al autor en los grandes, y no en mí que me encontraba cerca del tablado. Se enfrascó de nuevo en la lectura. La leía con emoción, con algo de temblor y deteniéndose, empapándose, quizás, del contenido, para la respuesta fiel. Se notaba que apretaba la esencia de cada verso. La décima le requería el siguiente argumento: 


“Pide tema el payador/ 
y elabora su poema./ 
Si se brinda noble tema/ 
habrá brillo y esplendor./ 
Vaya hilando el ruiseñor/ 
verso a verso lo más fino,/ 
y a su decir cristalino/ 
cielos y santos lo apoyen/ 
para cantarle al divino/ 
don Hipólito Yrigoyen.”



Guardó el papel. Estaba pensativo, como en éxtasis. Puso los ojos hacia lo alto, buscando inspiración en la luna o, cual si dijera, como Martin Fierro: 


“Pido a los santos del cielo – 
que alumbren mi pensamiento”. 

Preludió de nuevo en su guitarra y al compás de un vals, del vals que lo acompañaba en sus improvisaciones, dio comienzo a la creación: 


“Aquí me escribe un poeta/ 
con letra clara y finita, / 
una décima entrañable/ 
que hasta en mi sangre palpita.// 

Usted me canta escribiendo/ 
y yo le escribo cantando./ 
Usted me propone el tema…/ 
Yo lo voy desarrollando.// 

Usted me propone un tema,/ 
que yo le cante a Yrigoyen./ 
Éste es mi tema querido/ 
el que siempre a mí me oyen.// 

Yo que lo conozco tanto,/ 
digo que a su sentimiento/ 
la acompaña la honradez,/ 
la probidad y el talento.// 

Que es un ser extraordinario/ 
voy a empezar por decirle,/ 
que cuando sea Presidente/ 
glorias habrá que rendirle.// 

De la talla de Sarmiento,/ 
de Mitre, de Avellaneda;/ 
yo digo que entre los próceres/ 
es un prócer que nos queda.// 

Ya tendrá el pueblo argentino,/ 
en su augusta presidencia,/ 
hombre probo, hombre digno,/ 
el bien y la inteligencia”.



Olía el aire al jazmín del país que en floridos nevados cubría los pilares del pórtico. Pasó el tren de las 12 en un gemido: era un pitar largamente inacabable. Se levantó en el espacio un humo negro que se fue extendiendo y cercó como un cordón de sierra la llanada. Regresaban del río dos pescadores; uno con la caña al hombro lucía una ristra de pescados brillantes de luna; el otro iba sólo con el mediomundo. Entraron a “La casa vieja” por el portón de la calle Escalada, se mezclaron con la gente que oía de pie fuera de las mesas y se internaron hasta ser de los primeros oyentes. Gabino Ezeiza los observaba con gusto y los vio con qué interés buscaban ubicación bien cerca del tablado. La nueva parte improvisada fue en alabanza de los hombres que se curtían y sacrificaban a la intemperie para sacarle al río tan rico tesoro. Aún duraban los aplausos que premiaban al bardo, cuando se le acercó una mujer y le reclamó: “Señor Ezeiza: ¿por qué no canta la canción suya que tanto se cantó?”. Y en vez de decirle el título le adelantó dos versos: “En una noche clara/ de majestuosa luna”.

El payador le agradeció con una sonrisa. Entonces ordenó el temple, punteó el alegre de la canción y elevó el canto. Los aplausos hicieron estremecer el lugar y al acallarse, todavía un rumor como de marejada, Gabino Ezeiza debió atender otro pedido que el aire le traía. Era un señor que dijo emocionado: “Soy uruguayo, hermano de los argentinos”; y le solicitaba la canción más difundida del payador. Le gritó el primer verso: “Heroica Paysandú, yo te saludo”.

La elección de la pieza fue festejada ruidosamente. Luego, con este canto desbordó el delirio; la pasión se alzó en oleaje, en gritos y aplausos vehementes.

En ese instante el payador puso término a la fiesta. Guardó la guitarra. La gente se arrimaba al tablado, quería ver de cerca al hombre que tanto placer les había dado. Se levantó una voz de protesta. Se oía al español de la jabonería del deslinde decirle a Gabino Ezeiza que debía continuar cantando, porque él había pagado para oírlo. Recibió aquellas palabras y se empinó: con ojos grandes y gesto de asombro buscaba la mesa de donde salió el reto. Cuando la tuvo ubicada, retomó la guitarra y, sin sentarse, buscó el tono y cantó. Aseguró que allí ninguno había pagado nada por escucharlo, que él sólo admitía que le adquiriesen alguna suscripción de la revista P.B.T. Le pidió al que lo interpelaba que si era dueño de una, que no se perjudicara, que podía cancelarla. Le hizo una broma que puso al público risueño. Le dijo que en la mesa suya veía demasiadas botellas, y que entonces con quien tenía un asunto por dinero: “No era con el payador,/ sino con el cantinero”.

La salida ingeniosa del payador se celebró con algazara. Había terminado la fiesta de la inspiración y el canto, y los concurrentes cercaban a Gabino Ezeiza con vítores, aplausos y felicitaciones.
______
Texto tomado del libro de Bucich, Carpena, Dondo, Llanes, y Sáenz: La amistad de algunos barrios, Cuadernos de Buenos Aires, Bs. As., 1972.



"SALUDO A PAYSANDÚ" ó "HEROICO PAYSANDÚ" de Gabino Ezeiza.


Heroica Paysandú yo te saludo 
hermana de la Patria en que nací 
tus glorias y tus triunfos esplendentes 

se cantan en tu tierra como aquí. 

Los bardos que tenemos en el plata 
te dan en el olimpo su canción 
dedican este pueblo de valientes 
su más grande y sincera admiración 
dedican este pueblo de valientes 
su más grande y sincera admiración. 

Hermanos en las luchas y en las glorias 
lo mismo de que allá en Ituzaingó 
son hechos nacionales que la historia 
en uno y otro pueblo mencionó 

Heroica Paysandú yo te saludo 
la Troya americana por tener
dedican este pueblos de valientes 
y cuna de los bravos 33 
saludan este pueblos de valientes 
y cuna de los bravos 33.


De una grabación por el duo Gardel-Razzano c.1917.



Heroico Paysandú yo te saludo

hermano de la patria en que nací
tus triunfos y tus glorias ofrecerte
te canto de mi patria como aqui
yo guardo este recuerdo de mi patria
pegado en una brisa tu canción
el hijo del temblor de tu saliente
tu más grande y sublime inspiración
hermanos en las luchas y en las glorias
la mina de quien amo y su candor
con ecos nacionales de la historia
queriendo proclamarme vencedor
Heroico Paysandú yo te saludo
la troya y gloria americana por tener
saludo a este pueblo de valientes
y juro de los bravos treinta y tres
Heroico Paysandú yo te saludo
hermano de la patria en que nací
tus triunfos y tus glorias ofrecerte
te canto de mi patria como aquí.

Himno a Paysandú. Heróico Paysandú de Gabino Ezeiza para película El último payador.





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