viernes, 5 de febrero de 2016

RUBÉN VALLE [18.065]


Rubén Valle

(Mendoza, Argentina, 1966).  Periodista y escritor. Fue miembro fundador del grupo parapoético Las Malas Lenguas, editor de las hojas literarias Tres Agujas y Tiburón Amarillo, y director de la colección de poesía La Mesita de Luz, de Editorial Diógenes. Sus poemas han sido publicados en medios gráficos y electrónicos locales, nacionales e internacionales (Brasil, Colombia, España, Francia, Rumania). 

Ha publicado los libros de poemas: Museo flúo (1996); Los peligros del agua bendita (1998); Jirafas sostienen el cielo (2003); Placebos (2004); Tupé (2010) y Grietas para huir (2012, Ebook). Asimismo, integra las antologías de poesía Promiscuos & promisorios, La ruptura del silencio, Martes literarios y Poesía en tierra (Centro Cultural de España en Buenos Aires). Como narrador, en tanto, participó en las colecciones Mitos y leyendas cuyanos, editado por Alfaguara, y de la antología de textos para niños Ellos, los otros & nosotros.. Integra las antologías de poesía Promiscuos & Promisorios, La ruptura del silencio, Martes literarios y Poesía en Tierra, del Centro Cultural de España en Buenos Aires. En narrativa editó el e-book Desperté en el bosque después de haber soñado un bosque (2013). 



El ciego de Lepanto

En el Ecuador del vaso
En lo lleno y lo vacío
En lo cierto y lo distópico
planto bandera
Digo he aquí mi desierto en flor
Mi paraíso tallado en el cactus
En el Ecuador de este vaso
la vida no vale nada y vale todo
Se puede tocar la estrella o el fondo
y no dejará de ser la misma mano
En esta niña de los ojos
soy un equilibrista que lee el aire en braile
Un capitán sin barco que le escribe al mar
En el meridiano de mi camino incierto
miro hacia atrás miro hacia delante
y veo tanto que ya no veo
Soy el ciego de Lepanto
El loco que dice su verdad.



Lo negro de la nieve

El azar te juega sucio
Los horóscopos deciden
por vos sin vos
La única teoría de las probabilidades
es improbable que pueda aplicarse
                 a tu cuadro de situación
Una bruja bien podría leerte
la mano nunca el corazón
En la borra del café
no sería extraño hallar pistas
de las mujeres que perdiste y te perdieron
El olvido es un ejercicio vano
Ese inevitable detective ciego
que por las noches te encuentra sin buscar
Y te dice: sólo los espejos pueden mirarse a sí mismos
No les preguntes ni a ellos ni a la intemperie
Ninguno te revelará lo negro de la nieve.




Últimos auxilios

Caíste
Te fusiló el pincel 
de Goya
Sangraste por la herida
                 del ojo ajeno
mientras adentro
te crecían alas
Alas como las del sueño
Ahora que sos una silla rota
sobre tu mesa hay un libro 
que respira que late

Tu sangre lo está escribiendo.

(De La lengua del ahorcado)



Monólogo exterior

Creo en las verdades piadosas
En el tic tac de la hoja en blanco
En que uno más uno es uno
Y que poco importa si venimos de Eva
                        los monos o los barcos
Creo que dios es una luciérnaga en pleno día
y que los padres son magos antes que reyes
Creo que la fe es una ventana 
y hay quien se tira y quien no
Quien habla un idioma propio
y quien calla en la lengua del otro
Creo en caminar por el filo de una palabra
Tropezar dos veces con el mismo poema
Y blasfemar contra las putas musas
Creo en la duda y su recompensa
Creo que creo
Creo que todo está dicho
Tanto que vale decirlo una vez más.

(De Tupé)




El que viene

«A usar tu lengua vienes...»
Macbeth a un mensajero, William Shakespeare.


Maten al mensajero, pronto maten al que vino
a decir que Rimbaud desembarcó de su ausencia,
al que jura que la palabra de Sor Juana sabe tan dulce
como un pezón de luna. Maten al impostor, al que aún bebiendo toda
el aguardiente puede recitar sin respiro un palíndromo, dejarse amar
por cien mujeres y recordarlas brutalmente tan sólo con olerlas
en la penumbra. Maten al malvenido, al inesperado, al homérico.
Ciérrenle la puerta en la cara antes de verlo erguido como un lirio.
No podrán resistirlo, les dirá cómo olvidarse de lo que nunca fueron.
Los dejará en medio del círculo, los invitará a un banquete de sombras.
Maten al mensajero, al palomo malherido, al desbocado juglar
de las tabernas que apestan de solos. Pónganle hartas piedras,
ciérrenle el camino, háganle un pozo de silencio hasta que caiga.
Niéguenle la soga el rezo la rosa el orgasmo, sobre todo la mirada.

Maten al mensajero: la luz que dice traer es la luz que ya encendimos.

(De Tupé)


El reñidero

Sin la muda belleza de dos gallos
entregados al voluptuoso vals de la muerte
nuestra riña diaria se enciende
ante el mínimo roce de las palabras
y de un plumazo artero llega a su fin
Como doméstico parte de guerra quedan
las vísceras del amor
desparramadas como ropa sucia
a lo largo de toda la casa.

(De Tupé)





El jabalí

            A D. Chirom

El jabalí ha muerto
pero la bestia polígrafa
aún no lo sabe
En el mientras tanto desgarra 
su carne con el apetito del que escribe 
dejando uñas sangre sobre sangre
No se saciará hasta morderse
la lengua en una cacería
sin vencedores ni vencidos
El jabalí sólo se da por satisfecho
cuando en el bosque alguien enciende
un fuego y la carne comienza
a desprender esa dulce señal
de lo que va muriendo para renacer.

(De Islas para leer en un poema desierto).








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