martes, 19 de enero de 2016

SERGIO KISIELEWSKY [17.943]


Sergio Kisielewsky 

Nació en Buenos Aires Argentina en 1957. Integró el libro “Los poetas de Mascaró” que tuvo su versión teatral con la dirección de la actriz Leonor Manso en el Centro Cultural de la Cooperación. Obtuvo premios de Asamblea Permanente de los Derechos Humanos, la AMIA en 1989 y el Fondo Nacional de las Artes. Integró el Plan de lectura Leer es Crecer que dirigió la Profesora Hebe Clementi. Su obra fue traducida al inglés por el poeta John Oliver Simon. Cursó la Carrera de Sociología en la Universidad de Buenos Aires y es periodista.

Publicó los libros de poemas Algo de la época, Memoria caníbal, Corazón negro, Electrificar Rusia, La belleza es un campo minado y Nunca te hablé con palabras. 

Obtuvo premios del Fondo Nacional de las Artes y la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos.



Poema del Libro Corazón Negro (1994)


Olleros Kent

Estábamos en la pieza del hotel.
Vos buscás a mi papá en mi sexo.
Yo busco a mi papá en tu sexo.
caminamos por la Avenida Los Incas.
Los dos escribimos palabras desesperadas.

El poema no nos sirve,
la luz no nos sirve.

Escribimos y nos desesperamos.
Subimos a los trenes. Llegamos al Tigre.
No tenemos la adolescencia por delante.

Los árboles te nacen los pechos.
Tomás mi boca y me decís:
el hielo de la vida es eterno.

Me despido en el pasillo de tu casa.
No me soltás.

Me duelen las caries de vos.
Mi piel es un perro.
Perro siberiano, perro atleta, una bestia.
Perro que viene a nacer y quitarme de mi.

Me voy. Te fuiste.
Me escucho mi risa de vencido.
Alucinado por el río de lo que se fue


Acolchado

Mi hija se parece a mi madre.
Mi madre
es un cabello rubio.

Mi abuela era de Bialistok, Polonia.
Tenía el monedero más chico del mundo.

Del monedero salía una bolsa
donde no había monedas, sino otras bolsas.

Cuando llegaba a casa
yo escuchaba el idisch.
Mamá decía todo que sí.

Toda la ropa que me traía era grande.
“Ingale” me decía.

Después prendían la radio
y la abuela espiaba en los armarios.

Papá la echó y así entró en mi vida.



Tres

Vuelvo del colegio
y tiro el alma al patio.
Es una pelota.
Una sombra en la pared.
Una maceta.

Un temblor de mamá.


***


Me dejaste en el invierno...

I

Me dejaste en el invierno.
Yo era un barco rojo,
una dinamita a punto de vestirse,
un corazón de sopa.

No me dejés te dije.
Se me hiela la sangre con tu barbijo.

Te bajaste del subte
y vi la multitud.
Un oleaje al cual llegué tarde.
Una mirada sobre el corcho.
Yo estaba con vos
y de pronto estaba con desconocidos.


II

Pero una noche se te da por meterte en mi cama.
Nos decimos unas últimas cosas.

¿se sabe querer tanto?
¿se aprende?
¿se recicla?
¿se ofende la moral pública (del partido)?

Me decís que no entendés. Que estás confundida.
No te respondo.
Y ahí en la estación Medrano te bajás.

¿Hasta dónde llega el subte?
¿llegará hasta el mar?.-



Juano Villafañe, integrante de Los poetas de Mascaró junto con Kisielewsky y otros, dice sobre el grupo: "Siempre nos sentimos parte de los que se salvaron de ser desaparecidos. Vivimos en la apertura democrática durante los años ochenta el gran drama nacional de los desaparecidos que Leonor García Hernando definió como "La muerte argentina, la muerte impuesta" para escarmiento de un pueblo retobado. Eramos muy jóvenes para asumir la muerte y también la derrota de un proceso que tampoco alcanzábamos a digerir. El grupo Mascaró vivía en un estado de permanente expansión utópica que no apostaba a ser sólo una acción voluntarista. La poesía es en sí una expresión utópica con anclajes reales. Vivir poéticamente fue el desafío del grupo, como acto de fidelidad absoluta a la escritura y a la vida cotidiana que hacía a la escritura. Con la poesía no cambiábamos el mundo, pero el estado poético se parecía al mundo transformado. La revista de literatura "Mascaró" (1985-1988) nace como una búsqueda del grupo para rendirle homenaje tanto al escritor desaparecido Haroldo Conti como a su novela "Mascaró, el cazador americano".


"No, no vuelvas a pronunciar la palabra avión
en esos aparatos en el cielo violento
se fueron los codazos
los años del bar
los poetas que enseñaron a vivir
aquí la patria se mete en la niebla y no regresa..."

        (de "Exilio")
                        


Ponía las llaves en la biblioteca
y vos te llevabas tu guardapolvo al armario.

Yo amaba saber que te iba a querer toda la vida.

Te amaba.
Amaba verte en Valeria, sabía que tu padre
combatió a los que odiaba mi padre.

Luego vino el mar, los tullidos,
la sombra de tu sombra en el país
del trabajo no fijo.
Me pudrí y te cansaste.

Pero yo me cansé de mí.

Y aquí estoy.
Miro por la ventana de una habitación ajena.
Vivís a ocho cuadras como mi hija
y te ponés a soñar
que alguien te querrá.

Las comidas, los hoteles, los pocos asados y las canciones de Baderek.

Todo ocurre alrededor del fuego,
el fuego en que nos quemamos.-





Poemas del libro: ELECTRIFICAR RUSIA


Taza

Viene el tiempo y se dobla como un guante.

El guante es una mano que me toca la mejilla.
Construye una casa, un rostro, un portón, 
un perro que busca al abuelo.

Zaida busca un caballo blanco
y lo remonta con el nieto.

El tiempo es un guante blanco 
en el brazo de Irina Solovei en “La esclava del amor” de Mijalkov.

Su taza tiembla.
Mataron a su amante en la vereda.
Ella debe ensayar con los actores de la aristocracia rusa.

Su amante conspira contra el zar de Rusia 
y su temblor fue la taza rota.



Sombra

El tiempo me quitó las espaldas.
Ahora caminá sin peso - me dijo, sin pensar, ni adorar.

El tiempo se filtró en los filos
y la palabra es una guillotina para el que nunca dañó.

Sólo quiero que no pidas al de ayer.



Ritual

I

Tu sexo, una molécula de arroz.

Me desplumás.
Usás tics del vello.

Con vos no soy paciente.
Volás como Juliette Binoche.
Sos el cielo.

Dolor de la llovizna que hace el campo
cuando la vaca pegó la luz en el amanecer.
En las láminas de papel de calcar, los secantes, el sacapuntas.

Caminás y no me ves.

No hice nada de mi vida. Sólo escribirte.

Ver el bretel, los rostros, los olvidos,
el resto de café que borra el aire.

La muerte se parece a que no esté tu bretel.

La soledad de papá no se parece a nada.

Omóplato donde mi juventud se humedeció.

Bretel, arder, querer.

El árbol se te parece.
La soledad del campo
tiene papel macé, tapitas, envases de leche.
Arboles donde los vecinos tenían voces
y el alma iba y venia del tren.


II

En la pieza hay humedad.

Venís del baño y preguntás 
dónde están los cigarrillos.
El espejo fuma.

Buscás y ves tu espalda.
Tu hombro adorado por la luz
que nada alumbra en los hoteles.

Lo tenés a Chandler, a Copi.
Tenés videos de Queen pero pedís el poema.

No lo sé.
Te miro bailar y el cuarto se agranda.

¿Estamos en Londres?
¿Jugamos al bowling en San Pedro?
¿Vamos a la Fiesta de la Flor?

Bailás y reís.

¿Llegamos a Amsterdam
o el hotel se parece al de Marsella ?

Escribo lo que te duele.



Sumario

Los obreros no tomarán el poder.
Mi madre no se separará de mi padre.

Te fuiste como un grano de arroz.
De vos sólo sé que eras
una caja de música donde guardar percheros.

Te fuiste con el tiempo en las valijas.

¿Quién es ese hombre que viene ?
Lo quise pero es otro.
Quiere ser otro.

Venís y me das el mar.
Es junio y la playa te roba el silencio.

No te besé porque eras huérfana.
No te herí porque yo merecía el dolor.
No me alcanza con saber.

Papá quería todo el dolor para mí.
Aquí estoy.
Te escucho tocar el piano y no me hablás.

Te llevás el rouge a la boca y fumás.

¿Qué fumás a esta hora del día ?

Te teñís el pelo de vos 
y odiás a los hombres de buena voluntad.


Veloz

Eras música.
Nada sabés.
Todo mirás.

Estoy en Los Andes y espero carta.
Le leo a los abuelos
y como el bife.

La adolescencia se me empañó en el vidrio
y los abuelos hablan idisch.

Hablan y la ventana tiembla.
¿La escarcha de Villa del Parque
se parece a Madrid ?

¿En qué se parece Jasi al abuelo?



Sabor

A Rogelio Senar

El insomne ve en la oscuridad.
Lo que no percibe es porqué no duerme.

El insomne va por sí.
Es negro.

Ve senderos. Regresos nunca.

Sólo ve el plato, escucha una voz
que no tiene dicción.

El insomne ve el umbral.
Sólo aquel umbral.



Canción

El corazón va por la noche
cerca de la mesa de luz.

Tantea, busca, ronronea.
El plato es una guirnalda,
un cubierto que nadie dejó.
Que nadie llegó.

La mocosa dobla la luz
y le da el pañuelo al insomne.
Ella se queja por el futuro
y el insomne por el pasado.



Dónde

Me dejaste en el invierno.
Yo era un barco rojo,
una dinamita a punto de vestirse,
un corazón de sopa.
No me dejés te dije.
Se me hiela la sangre con tu barbijo.

Te bajaste del subte 
y vi la multitud.
un oleaje al cual llegué tarde.
Una mirada sobre el corcho.
Yo estaba con vos
y de pronto estaba con desconocidos.

Vos te fuiste 
y la alcoba ya no estuvo más.

Me decís que te vas.
Pero una noche se te da por meterte en mi cama
y nos decimos unas últimas cosas.

¿Se sabe querer tanto?
¿Se aprende?
¿Se recicla?
¿Se ofende la moral pública ( del partido) ?

Me decís que no entendés. que estás confundida.
No te respondo.
Y ahí en la estación Medrano te bajás.

¿Hasta dónde llega el subte?
¿Llegará hasta el mar?




“Nunca te hablé con palabras”, Editorial Babel, Córdoba, 2015.


“Posee esta incomparable delicadeza de la gente que no entiende lo que se les dice”  Margarite Durás (El amante)


A Laura mi hija que todo puede construir.



PISO FLOTANTE

I

Hoy saldré con Scarlett Johanson
La veré en una playa cerca de la rambla
No habrá escollera ni mar
ni bruces
sólo su rostro entre los pescadores de alcoba
el pejerrey sube al Faro y te ve
respira el pez
está quieto viéndote
y llama a otros peces 
y todos los peces respiran porque ven tu boca cerca de la brisa

Hoy saldré con Scarlett Johanson
conoce una calle pequeña y el helado de higo
y tiene una túnica que abrigó a su abuela cuando estaba de novia con un vikingo
A Scarlett le gustan los pájaros como a mí ver 
a papá que vuelve de la costa 
 corría paralelo a la orilla
con un malla de colores fuertes 
Scarlett me dice que conoció a papá 
que lo vio hacer el asado para los primos
que lo vio cuidando a los funcionarios
que lo vio y de pronto calla

La noche se come su rostro y las olas se levantan por metros 
Scarlett quiere ir a ese café en el límite con Mar del Sur
donde termina el sitio en que corría mi padre
Entramos y la mesa ya está puesta bebemos y me dice 
que su padre era médico.

Iba en trineo entre la nieve a ver a los pacientes
Scarlett habla de su padre y llora
me cuenta de ese mundo donde nunca tropezaba y que no conoció el verano ya de grande. Creía que la vida era nieve.

No sé qué hacer con ella de este lado del mundo
La invito al edificio Ondine entramos 
 mis padres están jugando al Scrabel y después al chinchón
Scarlett le habla en idish a mi abuela y le dice
ashtícale y mi abuela le sirve borsh.

Le pregunto a Scarlett si quiere ver una película 
ella odia las películas los tatuajes el rímel
quiere ir al vivero y subirse a las lanchas 
quiere ver los caballos.
Scarlett me lee el Transiberiano
Me cuenta que lo leyó escondida de su madre
el viaje de la pequeña niña sobre la estepa
el tren que lo atravesó todo.

Nunca miré a nadie a como a Scarlett y ahí 
Es cuando me cuenta los libros de Fitzgerarld
De Basil y Josephine me dice los ámbitos de memoria
cuando era chica miraba a los caddies en los campos de golf
y ellos al verla se tropezaban en el pasto.

Ahora el viento da en las ventanas del barcito en el muelle
Y en eso entrás vos con bermudas de flecos
Las dos mujeres se miran como si se conocieran

Bebemos cerveza y vos hacés magia con un títere que 
Trajiste del otro lado del mundo Scarlett ríe y vos
das una función del títeres sin escenarios
cuando vuelvo ya no estás más está Scarlett vestida de blanco
y me dice que quiere conocer Gesell a Barocela
y al café Nostalgias
quiere deambular por las bares de la playa
No quedará otra que estar contigo un rato más.
Toda una vida.


II

Hagamos una cosa te llevo al río y vemos el mar.
No estás para hablarme de los sobrenombres que le ponían a tu padre en el almacén.
¿Y si te hago una cena de una vez por todas?
¿Y si tenemos más hijos?

¿Qué mozo me salvó la vida?
Cuándo te esperaba

Hay una vértebra que falta 
Una nube con su columna de fuego, 
En Bersheva algo se parece al alud.

Vamos al tembladeral.

Van los seres cerca de la costa en Valeria.

Algo se mueve en la cabeza del vándalo 
Y toda la barca se la lleva el río
Todo es bloque y se lleva la sal 
Va y viene con el vaivén de las puertas
Las abrís con tus ojos de belleza sin fin
Es un animal de peligro.

¿El orden de los factores altera el producto?
Sueño con mi padre y te veo como un hada 
rompés el hielo como una memoria del pasillo.
Saliste de tu cuerpo de beduina 
y hacés  de mí una triza.

Te espero a la salida de la maderera a las seis.
Salís y algo en el tráfico se borra.
Tenés los muslos puestos en el alma
conjuntito de flor
suéter en la axila

Si supiera que tu boca iba a tomarme
como a una lapicera que me escribe sangre, 
Si supiera algo de mí.

Si tendrías la espalda quieta
Como una luz de humo que me quita el sueño.

Te veo como una liezon de espejos
No acierto a saber cómo me llamo.

Tu anorak rojo 
Tu andar

Arde como Troya. 
Todo eran manzanas en el diluvio 
Luz en los médanos.
Llevamos una bandera entre los dientes como los flamencos

Libretita de mayo, 
Te anoto los ojos como a una metáfora.

No me saco de encima tu ropaje nacarado 
No sabés lo que cuesta verte de perfil.

Tu solero turquesa tiene un bretel que no veo.

Estudiamos Afanasiev cerca del cuello de los cisnes.
Te anoto la piel, el viento
Es un vendaval que ya no respiro

Cuando entré a tu habitación ya era un hombre.


III

Nunca te hablé con palabras.
Me decís que vas a tomar ese avión.

Ahora tu voz es un delantal.
Vuelvo a mirarte y asusta. 
El mundo se quiebra como un plato de sopa.

Damos vueltas, respirás
y dan ganas de ser el aire.

Es la caída del corazón al rocío.

En el reservado del bar te encuentro. 
Es un armiño con el ruido del tren
que pasa entre nosotros como un fantasma griego.

Tenés un duende en el paladar
te subís a la taza, girás, olés al día,

vuelo en tu alcoba y deseo a tu pie
y a la terraza que se llega sin escalera.

No volveré a verte.

Comprás frambuesas en El Bucanero. 
Sólo un trozo de aire en el Abasto
que gira hacia el mundo de los hoteles
que nada alumbran. 
Sólo tus hombros adorados por la luz.

El tiempo se dispara como loca marquesina. 
Silbás a rabiar
y no hay quien lo detenga. 
No es el Parque Chacabuco. 
No es Alchurrón  tocando la guitarra en las peñas del 79. 
No es la tarde donde jugaban con Laura
(“Le pedí a Dios  que viniera”). 
Y algo se movió de cuadro.
Creo que la tarde llegará hasta el mar.

Te veo en la calle de la Agronomía. 
Veranito a las diez de la noche. 
Tu corazón es un idioma con arco y flecha.

Nada se balancea más que tu pie descalzo.

Sos un deleite intratable
que ejerce su pasión por las brasas
por el calor de la carne haciéndose.

Estoy en la calle esperándote. 
Es un leve motor que tengo. 
Volvé te digo, la orilla es tu pie, tus manos que acarician de a cuatro.


VIII

Cuando me pasabas bronceador por la espalda no sabía que te perdía.
No hay picaporte que me lleve lejos.
Sólo cuando me hablabas de la avenida en Lomas
o cuando celebrabas mi cumpleaños te ibas por el sendero.

Traías la torta de Duna, el corazón oblicuo, la guirnalda
en el Sauce Viejo.
Mientras la yarará se muerde a sí misma y el desayuno en Varadero
no se parece a nada.

No hay poción que me lleve al cántaro y a la fuente.

“Otra vez la navidad”, me dijiste.
Tenías puesto un vestido turquesa
y ya no pude pensar.


XVI

Se reían los compañeros
mientras el cenicero se llenaba
mientras tanto papá siempre
dejaba algunos atados
por si alguien quería fumar.

En cambio con vos
caminé por última vez por Rivadavia
antes del verano en Gesell.

Buscábamos una malla
pero sólo era una excusa
porque los dos sabíamos
que ya el parque no era para nosotros.

Que ya está, fue suficiente.



XVII 

Los libros estaban en el modular de Europa 
Ventanita con cortina blanca
Herida de tu vulva 
Aún estoy con el cabello a cuestas.

Es sólo la juventud que dejaste entre mis piernas me decías
Mientras te traigo un chocolate en el medio del almácigo

Veo a la hija y pienso que debí darte varias así
No tan altas como ella 

Ya se va la juventud me decís

No hay vértigo que me detenga
No tengo tiempo para escribir poemas
Miro por la ventana y pienso en lo que debo pagar 
No pensé que iba a poder con la sombra pero pude al fin.

Estás en el frigo bar del buque bus 
Y llevás tu cartera 

Nos casamos y tu hermana se fue.


XVIII

Lo único que espero es ver el rastrojero azul
No sé si ahí dentro vas a estar
Pero tu padre lo maneja con rapidez 
Y siempre con el cigarrillo en la boca
Al lado está tu madre
Tan parecida a Catherine Deneuve que asusta 
Mira hacia afuera mientras tu padre grita a los demás choferes
Y gira
Yo busco el rastrojero azul
Como una memoria entera 
Como si allí estuvieras siempre yendo a trabajar 
Con tu padre que era como ir desde la plaza 
al Centro.
Pero vos estabas hablando con Alejandra 
que tiene unas tetas enormes y vos me golpeás.
Me quedo en el pasillo de tu casa y tus padres
No se asoman porque lo saben todo.

Deben sentir la humedad de los cuerpos que dan a la calle
Algo que se incluye en la madrugada 
Que no se desmorona ni se extingue
Algo que se desvencijará.

Debemos ir al viento donde nos acaricia la hamaca voladora
De la plaza eterna, la plaza que hoy evoca a Humberto Costantini

Es la plaza donde inventamos la noche
Y vos te balanceás con tus piernas de tormenta
Un rápido sueño donde las paredes no se descascaran
Y la tierra aún no tembló.


XIX

Soñarte como un picaporte que recorre la retina 
Pensé pasaporte
Y después te soñé como un vándalo de manos azules
Que no se corta las uñas por temor a quedar
Adherido a tu cuerpo 
Tus curvas tus ojos tu frente
A mi prepucio que dejé atrás. 

Están ahí tus ojos hundiéndose en una catástrofe
En una pulgada del mar del médano de los arroyos
No vendrás con mimbre o abrir la lata de dulce 
O volcar el flan 
Y que el caramelo no se derrita
Y sacar el pan el café las tostadas en Varadero
La cama del hotel flota como un minibar de relámpagos y porrones

Papá y mamá eliminaron el prepucio
Y vos lo reponés y siempre lo sabrás  judío 
Que es hacerte el amor en una playa que nadie conoce.

La retina no te retiene
Solo son tus ojos que no dejan de hacer
Es solo una cuestión de estilo
De una mujer que puede ser un batallón
Un disparo en retaguardia.


XX

Y si camino por la calle Balivian
Los arboles me tuercen el cuello
Como la calle Hungría de Parque Chas
Da la vuelta y no se sabe hasta dónde
Y en el bar de Llerena están los muchachos de Agronomía estudian y toman café
Y yo voy a hablar en teléfono público en 1977
Y en las meses hay solo apuntes y mas apuntes
Y veo que todos fuman entre libros
Y se me ocurre llamar a la oficina donde trabajás 
Solo para escucharte la voz, el timbre azucarado
En el medio del clering.

Al otro día viene Víctor y conoce nuestro mono ambiente
Mientras el viaja por el mundo
Y a nosotros casi nos fusilan en  invierno.

Pequeñas diferencias
Entre vándalos
Que lo tienen todo 
Y nosotros que apenas buscamos la parada del colectivo aLacroze.


XXI

Ahora que bien lo veo
Vivíamos frente a la curva que pega el tren
Frente a la curva que pega la calle
Y vos te vas con tu mochila a otros menesteres 
Que poco tienen que ver conmigo


XXII

Fracasé en el arte de conocer tus piernas
Ahora bailan lejos de mí
Tenés un fernet con gaseosa entre las manos de giganta
Y sos un patio
Donde papá cruzaba las piernas en una silla roja
Un patio ajeno lejano cercano
Pero hoy te levantás con tus piernas de balido
Una desmesura que apenas toco junto a tu chaleco 
Que apenas rozo me vence el arco del pie
Es una montaña de cortinados azules 
Y no sé qué me decís y yo casi ni contesto

Papá se levanta de la silla y ruge
Mira
Pone los leños en la parri
Y comienza a crepitar con el vaso de Carcassone en la mano
Después habla con Don Salvador
Y lee el Nuestra Palabra con el gesto
De estar frente al Muro de los Lamentos
“Terminé apenas la primaria y NP me ayuda a saber”

No te lo puedo contar morocha
Cuando me decís que te llamás Adela 

Y reís 
Sos más risa que agua
Y ahora si nos vamos del lugar a ver si veo entre tu blusa
Una luz de farol sin mimbre los asados y el sentido
De la noche boca arriba.



XXIII

A Patricia Sibar

Viene con tu tapado de armiño blanco
Y me dice que se lo regaló Jorge Polaco
Me río en el río.

Viene con su cámara Kodak a decirme 
Que sacó una foto en la hamaca del Argerich y Habana 

Vienen los amigos, el fútbol, las reverencias
Imágenes del tren que se mueve
Junto con el abuelo
Una memoria al oído
Donde Lázaro me cuenta un banquete polaco
Varenikes, niches de papas
Es mi talón de Aquiles
Es un gusto que vine de los siglos a romper los campanarios
Las súbitas carrozas de los astros
Y el verdín de Canning y Corrientes.

Nelson llama una y otra vez 
Para hacer el trabajo
Y son tantas veces que llama 
Que al final le damos el trabajo

¿Que trabajo le damos?
Viaja dos horas y media para llegar y otras dos horas de vuelta a su casa 
Y vuelve a llamar 
Y cuando habla 
Me recuerda la voz de los exiliados paraguayos que atendían el kínder
Los sándwiches plézale con pastrón y pepinos. 


XXIIII

No creí elegir los tomates por mi mismo
Y vestirme para ir al empleo y no verte 
con tu guardapolvos a cuestas.
No entregué el rosquete 
Y el paisaje es una bruma donde el cuerpo de una mujer
Se diluye en el aire
Podré arder y dejar que el perro trastabille en el portal
No supe decirte 
nunca te hablé con palabras
Y no sé dónde queda el hangar donde me citaste 

La mujer fuma y me cuenta de sus hijos
Ella acaparó toda la belleza de la especie
“Se fueron mis hijos porque no podían verme el rostro”
ni el tapado de armiño
con el que te derramás en el sillón.

Ya no sos mía 
Sos un planetario un ave que toca y toca 
Donde quedan “murmullos y ruinas de murmullos”
niebla del Riachuelo o el muelle de Miramar
Estuve paseando con vos y sus padres no sabían 
que hacer conmigo 
mientras me enamoraba de toda tu cabellera 
inclinabas tu boca en mi estirpe 
vaya a saber quién nos hundió y nos dejó 
en la plaza sin césped en tu cabeza de novia 
a la hamaca sin nadie.





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