viernes, 22 de enero de 2016

JULIO SALGADO [17.978]


Julio Salgado 

Nació en Frías, Santiago del Estero, Argentina, en 1944. 

Entre sus obras publicadas se encuentran: 
Poemas murales (Buenos Aires, Alto Sol, 1969); Escrito sobre los animales solitarios (Buenos Aires: Numen y Forma, 1971); Agua de la piedra (Buenos Aires: Edición del Poeta, 1976); Caja de fuego (Buenos Aires: Cisandina, 1983); Paisaje y otros poemas (Buenos Aires: Último Reino, 1991); El ave acuática (Santiago del Estero: El Barco Edita, 1999. Libro de Artista ilustrado por el autor en edición limitada) y Trampa Natura (Ediciones Último Reino, 2000). Antología Poética(Universidad de Carabobo- Venezuela; 2008) y Doble Cielo(Argonauta;2010). Antologías : 200 años de Poesía Argentina (Alfaguara;2010) y Poesía Argentina para el siglo XXI (bilingüe. Graham-Yooll; 2011), entre otras.




UN SUSPIRO

Sol blanco del deseo.

Caminaba sobre las hojas perdidas
del Paraíso.
                     La isla
cortada de tu garganta
viaja con los jilgueros.

                                  ¿Serás el verdadero?
el que ha visto o ha leído
                                          buscando
pequeñas semillas que germinaran en la aurora
o la luz que se detiene en la seda de una mujer
que fue llevada por el agua.

¿Qué provoca
                       la delicada rotura que despide
un fragmento?

                        Oh Sol-Deseo
                                                ante el jaguar
una doncella abre las piernas.

                                                 Oh Sol-Suspiro
La más antigua calma volcánica
                                                    ha dejado
la hermosura del paisaje
presa de tus narcóticos.
                                       Sonríe
                                                  o regresa.

(de "Trampa Natura" Ed. Último Reino, 2000)



De Paisaje y otros poemas

Paisaje

Un río me ha llevado. Se posa la bumbuna. Se ve el cielo. Sólo un viaje que anuda pedazos. Abajo remolinos, negros cantos y el vértigo tocado por un trino. Arriba. Se posa la bumbuna. Se ve el cielo.

Un río me ha llevado. Ella la blanca mancha de las sombras rojas sobre la arena. Bebiendo desde el sol. Quieta en los ojos. Llama. Cuando te cuento me adormezco. Escúchame.

Memoria. Lo que presagia danza en la piedra. Nace una hijastra. Hay una selva transparente en sus piernas. Se sumerge en la arena. Un lagarto desaparece como un rayo. Un golpe encima de su coraza. Continuamos la marcha.

Memoria. Habla el camino. Aparece en el campo una galera tirada por caballos desbocados. La vía láctea se estrella con útiles domésticos. Una emulsión hace tibios los labios. Calma y veneno de una reina que viaja. En la tormenta saca la cabeza y desde la ventanilla muestra su lengua poblada de tatuajes. ¡Oh tinta de los cuerpos incrustados a un ala!

Memoria. El cielo está nublado. Cayó un árbol. Espesa hierba y agua. Una banda de tordos persigue mariposas. Vuelos rotos del monte. Cayó un árbol. La cabeza del gavilán apareció en la rama. Quédarás. Qué opondrás. Un golpe encima de su coraza. Arrancamos sus plumas para adornar un sombrero. Esperamos la noche. Continuamos la marcha.

Un río me ha llevado. Adula. Cantas y hablas de tu comarca. Hay señales en los vasos de vino, discursos, jerigonzas, textos descabezados al borde de la mesa.

Memoria. La enferma que come de la luna en la pared de barro busca el viento. Dos hilos en las manos trepan como vigías y aparecen sus piernas cubiertas por un lienzo. Cayó un árbol.

Blancas playas del monte. Pequeños tendedores de lagartos y espinas corroídas. Burdel donde ascienden los jóvenes con las bocas pintadas con frutos de morera y sangre en la mitad del cuerpo y en el pelo.

Un río me ha llevado. Pudieron nuestros huesos hacerse polvo. Sumarse al viento. Sin embargo cavamos en la arena. Nuestros enseres eran una colina atándose rápida lentamente a los tontos amores, a las cintas trenzadas, a las puntillas, a las coronas de una niña que ya ha trabajado en un teatro, y que en trozos, en pequeños escritos, cae desde una ventana.

Oh fulgor. Cartas de una sirvienta envuelta en un reflejo. Otra mancha en los ojos. Una serpiente era su vestido. ¡Oh mañana! Santos días de las grandes penas del amor y de los sencillos carnavales de los que andan y atienden un cuerpo desnudo en la posada. Bebiendo entre los sueños. Murmurando la larga historia de ese silencio que los une y los separa irremediablemente.

Cayó un árbol. Un golpe encima de su coraza. Continuamos la marcha.

Memoria. El agua se desborda. Tormenta. Hermosas ramas verdes.

Una muchacha lava sus rodillas.



Elocuencia de la doca

Mientras los chambelanes

bordan
en las orejas de los virreinatos
se mella
el vuelo de la mosca.
Mientras los concusionarios intrigan en las bolsas de los que no tienen amparo la sólida luz que ha partido del faro se somete.

Los papelescos, los casuistas, los pedantes,
los retóricos, los mercenarios,
baten
en la sentina de las Capitales.
Como si fuera un domingo la hija del guardián de los jaguares se peina ante el espejo

desnuda por las sombras
abre su vulva

mostrando la luna
que es sol.
La doca crece.
La cordillera se atavía.



El bordo

Esta es la trampa del fulgor sagrado.

Ha crecido la noche.
Sube el calor.
La arena por el cielo.
La noche continúa.
Muerde un bosque en tus labios.
Un pie bajo el vestido.
Has elegido un árbol.
En la laguna de tus pechos vuelan los patos.
Una lluvia aceitosa cae sobre los nidos. Asoma un ala inmóvil.
Delicadas
saetas subterráneas se mueven
lentamente
el pie
bajo la tierra del vestido. Un cielo se abre solo
pasa un río.




EL CAMPO

La vieja agua de un año que no volverá se desliza por la muerte de unos labios. Demasiado silencioso bajo la higuera el viejo poeta se rascaba los brazos en ese atardecer que era una tormenta. El higo rozado por el golpe de una nave amarilla que picaba sutil al borde de una estrella.

Y que ella sonreía. La carne abierta de sus muslos mezclada a los pequeños saltos de los pájaros y una misma ala que brota de las hojas. El sombrero y la rama de los árboles. La música de una raíz que sale de la tierra. La laberíntica búsqueda en la lengua conminando al altar de los cuerpos. El humo mas bien denso de algo que arde breve. Un jadeo que arrastra las partes corrompidas de los sueños lentamente.

¿Decidirás ahora bajo este cielo negro desvestir ese fruto?

Allá en el fondo se ven sierras azules. Aquel vestido transforma todo el campo.

Sólo ella murmuraba.



EL ENGAÑO POR LA FLUIDEZ DE LAS FORMAS

Represa de don Pipi.

Ella me gustaba más que la poesía moderna.
Tenía la cabeza cortada
y desde allí
como rayos que pesan más que el cielo
caían sus cabellos
envueltos en dos trenzas.
                                     Ahora
blancamente atraviesa
                                 cuando sueño.
Alas de escarabajos brillaban en sus pechos.
En sus ojos
                 esa lengua quieta.
Sólo la luna
                   allá adentro
se ondula con el viento.

(De Trampa natura, 2000)




LA CABEZA EN EL AGUA

Sostenía tu cabellera en mis manos
el invierno va adormeciendo las montañas
el fuego se ha ido desprendiendo de este lugar
el puma que quebraba las sombras del saladar
ha entrado por nuestra ventana
estás muerta en el humo abrazada por el felino
y en esa muerte
sueñas en el piso húmedo de la sala de piedra.
En esa crianza letal
sueñas con el fantasma peregrino
con el húsar de Conrad
con el bello húsar de Mutis.
Descansemos. Hay silencio.
El disparo debe haber ahuyentado a quienes
se acercaban.
En esos días estábamos borrachos
como los pájaros
                        con la flor del yuchán.

(De Caja de fuego, 1983)





FU MANCHU Y SACRILEGIO

Serpiente de la luz.

Oh sí serpiente. Blanda sobre las cáscaras de las piedras invertidas
       en los ojos de un mago
       tus ojos transparentes germinan a la sombra danzando en
       algunas de tus escamas.

A un año de los tristes
       los pilotos del desierto se ríen en tu sed mientras la flor sale
       desde tu calavera.

Oh sí serpiente, tu piel surge contraria y sabe dividirse con las
       piernas mezcladas en collares.

Vientre dulce de las abejas muertas, explotas como pañuelos
       de diversos tamaños en los dientes de un loco
       mientras el mágico dolor de la sorpresa ayuda a que vivas,
       Hechicera.

(De Escrito sobre los animales solitarios, 1971)











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