miércoles, 20 de enero de 2016

JOHANNA VANEGAS [17.959]


JOHANNA VANEGAS 

Nació en 1982, en Bogotá, Colombia. Estudiante de Creación Literaria en la Universidad Central. Ganadora del concurso de poesía de la Universidad Central del 2013 con el poema  “Nacimiento del primer misterio”.  Mención de honor en el concurso de poesía realizado por la Red Capital de Bibliotecas Públicas BIBLORED en febrero del 2014, con el poema “Génesis”. Invitada a varios encuentros y recitales en la capital colombiana. Su poemas aparecen en la antología Diez mujeres poetas cantan a la tierra, de la Universidad Agraria de Colombia, 2014.


Nacimiento del primer misterio

                                                                                              A Hugo Mújica

Has oído
lo que los templos hablan de la poesía
mueren, a través de ti
para tocar en la llaga
lo silenciosamente humano
suplicio que en la palabra
quiebra el agua por ti bendecida.
Lejano
mi piel, viéndote en el lenguaje
aprendió a tatuarse
los pecados del mundo.
Sepulturero del acto de un bostezo
en su primera palabra, sucumbe.


Llaga

Brota en la daga
una herida abierta.
Busca cerrarse
en la carne de otro.


Breve ensayo de la desorientación

El camino de las hormigas
ha sido hurtado
por el enorme pie de un niño.


Retorno

Espuma de cal,
quiebra la hiedra
incrustada en mi espina.

Polen de boca amordazada
que aún vive en el pecado,
evítame la frustración.
Seca la costilla
de la que fui extraída.


Ángel

Me embistes
en una plegaria.
Encuentras en medio de mis muslos
la garganta de cristal
que pronuncia tu caída.



Pluma

Madre, la paloma
se cae a pedazos.


Génesis

Eva probó el delicado fruto,
tengo su sabor en mi boca
si la inocencia se calcinó tras la caída
si la realidad me dejó la incertidumbre
ya no sabe a placer.
Hostia de muerte,
haré de ti, pecado y descendencia
tus labios me otorgan, un lapso de vida
solo un poco del fruto caído.


MADRE

Cántales a las sirenas
las penurias de tu vientre
caerían muertas
se harían peces.


CUMBRES

Déjame ir
no hables
como si la carne del  mundo no
sangrara en su propio eje,
sabes bien
que de mis bolsillos
caen piedras.







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