martes, 5 de enero de 2016

CARMEN GLORIA PARÉS [17.851]


Carmen Gloria Parés 

Poeta de Coyahique, Chile


Una prosa poética ralentizada por la historia negra de su libro. A 5 años de la edición de Bate Vate, de Carmen Parés

Por Gloria Fuentes

En medio de la orfandad libresca y la orfandad editorial del objeto unos poemas prosísticos para marcar el calendario y el hito. Mas no hay orfandad poética, esa resurge flamígera como el cliché del Ave Fénix. Sobre EL LIBRO en referencia y en tribuna compartida escribió Germán Carrasco una reseña titulada Contra la Identidad, con la que la autora se identifica y que puede llamarse también Ramone, Rivas, Parés.




BATE VATE

Carmen Parés, 2010, UL Ediciones

Mi oficio no era éste sino el de caminar con arrogancia y emprender sueños a raja pela’, con la risotada vehemente y rota, aunque mis noches fueran un mar tullido de lechuzas y yo misma una mujer suma y técnicamente equivocada.



Parafraseando al Tonto de Capirote

                                        A  (don)  León Ocqueteaux

Se acabó el mamarracho trágico
Desde ahora entre otra cosas soy
espía, bailarina, empastadora
medidora de agua
pintora de tulipanes
madre a la distancia
desvergonzada soñadora
comedora indiscreta
bebedora imprudente
candidata de la burguesía, la que aquí
aúlla de ausencia
representante de Sodoma y Gomorra
cuando haga falta
inquisidora de inconsecuentes e
indulgente con los valientes débiles y
las cobardes fuertes
peleadora, agresiva por encanto
disimuladora de dolores e incorrespondencias.

Buscadora de paraísos humanos.
Observante apasionada de Dios
muy cuadrada de Dios.
Ambiciosa de lo bueno y de lo malo.
Amante extraña.
Contradictoria.
De preferencia vulgar y popular.


El  como

Como un solo soplo de desintegración 
han sido años de devenir áspero y pegote y negro en el placer

escribir la suerte artista en cualquier parte
Decimos: una les da lo mejor y te miran como un tarro de piedras
con todo tu pasar de suntuosa ansiedad de mundo
 entregar el corazón como un becerro a su tribu
Occidente historia  Dios y las garrapatas del cuero  y los palos
Yo amo Coyhaique como un colibrí a su dulcecito
como a una caverna que sus muros deslumbran continuamente
y  a Ema como a la luz
y mi delirio es moral como el de un antiguo héroe cuya heroína ya tengo el gusto de conocer

Además de palabras, DUELE

Entonces  fui al segundo llamado de Valparaíso donde  fue muriendo mi madre, 
a  quien buscaré como los ojos en un barquito de papel de color naranjo
y una carroza del Gólgota que me saque
(me falta tu dolor para creer en el mío)

Es verdad  trágica, mujeres
La poesía nos santigua de nuestro dolor propio 
ese que se crea y se recrea en nosotras mismas
el más atávico, el más duro.

En el círculo blanco del domingo de los últimos días la música coronó en todo
como una gatubela saciada de ratas y ratones 
como una hermafrodita, un androide, un golem

me eximo de la Santa Babilonia y me culpa en la tierra no santa 
el arrebol  dogma del cristianismo y me castiga la fiereza, la barbaridad.

No compré el cuento ni a temprana ni a tarde edad
No me enrolé en el ejército de la salvación cristiana y sus feroces controles aduaneros
No comunión, no matrimonio no confesión alguna
Y no reconozco el bautizo como hicieron mis arrepentidos padres en la onceava puerta del infierno

Entonces literatura 
que me salve el agua o el gusano, la arqueología o un buen recuerdo en globo aerostático
o burbuja de pensamiento o goterón de lágrima en 100 años más.



Julio

Ha reventado mi corazón opaco
y el hielo de todas las muertes juntas
se introdujo, insomne, por las alcantarillas
                                  de nuestras ventajas
y el paso agrario se llenó de frío
y la comba del ceniciento de cenizas
la sombra de los cerros señaló el día
el contorno gastado del tiempo de
amarillo pálido con que atardece esta extraña 
tarde de invierno
hace señales de humo 
como siempre en julio
y como siempre en julio las niñas juegan tranquilas
en medio de la leña y la nieve y hacen sus monitos
entibiándonos la nostalgia y las ganas de gritar 
que no hay nada al otro lado que me guste más
que estar aquí, por eso yo no quiero la muerte 
cerca de mi leña y no quiero la vida bajo el fuego
por eso, tal vez, yo no quiero nada...
nada por ahora, más que mirarte a ti, pequeña y dulce cría.



Carmen y Lihn

La sirvienta divertida escondió las plumas blancas.
Tranquila espera la fama. El anonimato mata.
Pundonorosa, regocijante de baba se acuesta en la cuna adulta
se mece en los años apáticos
jactando con voz poderosa su tormento lacayo.

Los dioses vuelven en la tarde y besan el rabo de la amada.
Por varias como ella vive todavía el cardumen religioso.
La apátrida, la colorada, lee y respira hombres.
En su acolchado Enrique Lihn le cuenta el destierro unipersonal de sus líneas.
Ella se sabe cómplice de las matanzas.

Inextinguible la fragancia de días tuertos pasea su columna cantando prisas.
Los bosquejos del amanecer superponen tardes de angosto valle.
Polvo enmudecido con el viento silábico
¡cubre la noche de mil vértebras vaciadas!
Lihn, el domador de sentimientos pusilánimes
El viajero blanco de la obscenidad emocional.

En dos tiempos imperfectos se mueve la misma dama, DESBALANCEADA



OTERO DEL PUERTO,
SANTA RITA

A dónde los públicos, es decir, cuál será el público, a quién contarle la historia completa sin devuelta, quién la contará en nombre del nombre que trajimos a esta vida, a este trajín…

Unas pocas notas musicales sencillas al final del día que ya es sencillo, de tierra a mar, de mar con los pies en la tierra tan naranja como el añil del cielo negro y el cielo amarillo, sencilla la caminata al lado del burro viendo una lancha pasar entre grandes barcos,  lejos  de todo lo que está afuera, los ojos en cientos de upas,  alta altura mirando navegar con la visión completa de un puerto y una ciudad y la espesura neblinosa de un pueblo pituco  y otro industrial, más allá presentir un faro y una manufactura, mientras se hace la gran mirada de algunos segundos, arriba de mi cabeza y arriba de la del burro pasan unas gaviotas y pasan otras de vuelta y así todo el rato desde temprano hasta oscurecer y caer la noche como blanqueada en el día que la trajo nunca en vano, la noche con su suave humedad de otoño, entonces parece que los árboles hablaran, como ancianos que se van, el tiempo es un murmullo dicen las árboles, mis hojas caerán a tierra, a la tierra roja de los cerros humanos que bajan como faldas de modista al mar, los cerros pobladísimos de miles de casas como botones en el aire, un mantel desde la cota. Es un mantel desde la cota este puerto, suban, suban a ver a la gente que vive en la punta de los cerros, pero no a la gente, suban a ver cómo se ven ustedes desde la elevación. Otero, altillo, colina, sinuosa búsqueda de la vida,  huero  intento en los papeles de mascarle al rey, al dueño, al fisco, un pedacito de tierra frente al mar. Mas nada de insustancial la búsqueda del sueño terrícola, más cerca del cielo, mejor imposible.  Todo Valparaíso parece desde el mar y cada vez más hacia lo alto, una sola colina de sueños. Un crepúsculo permanente. Una visión traída de otra vida. Y desde arriba ¡es verdad, es verdad, es  verdad que es y existe y no es que navegue ciertas noches como Caleuche! Suban a ver, suban a verse en pantalla gigante desde los oteros del puerto. Si quieren. Las micros son las venas de este cuero salado. Subid por las venas, o por las tuyas propias, pon tus venas en la tierra roja. Añiles en los ojos del mar y del cielo y roja la tierra. La soledad de los arribas y sus vientos que cantan. Unos pocos ladridos sencillos en la madrugada de una noche que ya es sencilla. Y las espesuras moviéndose en los insectos que croan. Y el rocío que bufa emocionado. Y la noche quieta que descansa en la punta de los cerros del trajín portuario. Déjenme dormir, dice. Mañana será otro día.




Luz Natural

Luz natural como un archipiélago grande y redondo sin gente, sin yo
sin amarguras de grande o pequeña heroína ni placa marsupial en la frente.

Dejar en algún momento o varios el ni y el no como complemento del habla

El sol es 29 de abril, siempre un mes otoñal en América del sur y bello como todas y con todas sus plantas.

Desde la ventana puerta de la pequeñísima casa en la ladera se ve parte del puerto, se ve lo poblacional arriba de pinos donde águilas vuelan, ese frescor de otoño entrando en mayo y ese buscar el bosque más que el mar que puede concretarse en una mirada agotadora, el encantador genio de Mahler en Titán hace de las suyas esta tierra en la mañana que se escribe y retrata entre los rayos de un sol más sombrío y helado poco antes de las 10. Es la hermosa tierra dueña de la poesía  El cuarto con servilletas de luz japonesa, para pasar primavera ,verano, otoño, invierno,  como en esa película tan bella, vivir su aguacero de agua, piedra y disciplina.

Entrar la luz natural. Sacar la otra de los ojos, de las manos, de la cabeza.  Hay que salvar la tierra con  hombres como mujeres y la conciencia animal y vegetal, dejar de ser mineros e hidroeléctricos y modelos y objetos sexuales del hombre materialista y una prototipo mujer peor, volver a ser como el animal y la planta, lo justo y necesario. El capitalismo al cementerio de la historia después de su histeria colectiva. Vestirse  tanto y tan variado no y dejar de ser persona y su celular. Tú y tu celular, un cuerpo y una mente que se carga con electricidad y redes. Despedirse de la red, de la luz artificial y de los trenes. Volver a las cartas y a caminar.  Plantar alimentos para tu casa, cualquiera que sea, y mejorar tu casa en su relación con el espacio natural, lo que había justo antes de que llegara la población humana, no se trata de ser paleontólogo ni Jesús. Bastaría con que sobrecarguemos de árboles y plantas, no de basura plástica e industrial. Tirarle la caca a la tierra, abonarla en vez de siempre solo extraer.

Entra luz natural a la casa del film mío.  Tercera estación: otoño.

El cuello se activa, las piernas y brazos dejan de digerir el letargo del calor, y se forman un poco de alas en el fresco neblinoso de la mañana. La luna esta semana ha dado suficiente luz, para beberla a boca abierta cada noche, si no diera miedo, o frío, o hubiera tiempo. Como en el cuento El LEÑADOR ,de Iván, donde deja el protagonista de alimentar a otros con tu trabajo y de alimentarse él con el trabajo que hace en el día otro, un ambiente un poco como en Utopía, muy tranquilos y vecinos, muy judío con Samuel y Tomás, dos amigos obreros, y el leñador que es Samuel dice en medio de la contemplación de la naturaleza sin detenerse ya por nada: no más, no volveré a cortar árboles, a hacer leña y se alimenta de la luz natural, del rocío y de la tormenta.

Nadie se hace cargo ya de los efectos del capitalismo que finalmente dominó el mundo entero. Un imperio enorme, el más grande, y como el terror en Roma, en Rusia y en Europa post revolución francesa,  fue combatido para pasar las décadas siempre más gordo e hinchado. Ahora hay que hacerlo reventar, pero sin la tierra como rehén.

No es tan difícil de creer o de entender. Es de tan obvio y dicho, esquivado. Las escrituras de todos los tiempos, la boca de boca en boca lo dice. Deja entrar luz natural a tu casa, a tus ojos, a tu cabeza. Prefiérela. Oh Sana. Las esencias de la vida no tienen precio y veto de adquisición. Solo están, no discriminan, no necesitan que des dinero por ellas. De lo otro, es poco lo que se necesita. La pobreza está distorsionada para que la riqueza se legitime y pase inadvertido  el robo. El Saqueo al PLANETA es violento. Se necesita un ejército de mujeres y hombres para salvar la tierra. Para salvar la Patagonia.

Deja entrar luz natural. Renuncia a la Industria, a Occidente, a la noticia de la historia, a la civilización, vuelve a vivir como antes de la luz artificial e inventa tus sistemas de supervivencia en tierra. No tengas tantos hijos e hijas, aunque tengas mucho que darle de comer. No hay suficiente para tantos y por ello la hambruna abunda a la par que el egoísmo del tener.


Z

A

N

C

O

S

De
Neptuno


Escritura de dos ciudades

o

Mensaje en la Botella a Merced del Cazador



Por Carmen Gloria Parés





¿Se puede sangrar la nuca y volver sin lágrimas
Pararse en medio de la ciudad como una estatua inútil?


Una reflexión como un nido


Ser libre quizá sea 
ni culpar ni culparse. 


1


Se fue el Gobernador
El Virrey de la distancia
El pajarito perdido



Muéstrame tu escote Coyhaique
ahora que tiemblas
e intervengo en las calles como una luz entre las nubes
y paso por el liceo estropeado 
leyendo la atrofiada poesía del sur

donde la luna es un quesillo como la de Bariloche
aquella tarde.

Indagando el misterio del péndulo ebrio
sin avisarme de nada 
deserté.
Desde otro pasaje habito en la altura solitaria
con vela, ventana y volumen de las cosas
envuelta la estrella naranja mirándome
como si fuera mi madre al fin liberada de mi destello.
Amarrado el pie a un ostracismo de cuna
me entrego al suero de la poesía ajena
de sus ojos y su espacio 
en una torre en que el ensueño acecha
frecuentándome esta hora embarazada.

Recula
no hay línea entre vida y obra
como la ficción desaparece en gema
no aceptas la carne
y el deseo es una mofa del curso de al lado
o una película.

En concordancia con la sombra ordenas
y tu mente es depósito de estrellas
y alarma.

Y en la mitad del viaje del columpio
se muestra la gracia del espíritu agujereado
bebido  bebido  bebido
viviente.



Naftas en el infinito
los pies ensangrentados en la joya de un baile

y el delirio: confundirte África con este pedazo de austro frío
un círculo de madera y muerte

dónde balar más, sentirse animal
y no ingreso o cosa
y mugir y gemir
comerse con la vista y
morder
la ampulosa marca de otra cultura en la espalda
                                        revistiendo el extranjero

cuna ostra fue
y me planté en la sabana a echar mi raíz tiznada y crónica.





Hazmerreíres irisados, goles, tiros, catedrática
Puf la noche cae
entre el cementerio y la luna.
La calle de los borrados va perdiendo en paralelo
y el gong íntimo de un árbol se estrella en el cielo.

Nada que temer ni que bucear en la anaconda de Baquedano
la calle ensucia el barro 
el barro a la casa
la casa al dormir.



Y el gobernador en su habitación doble, calmado gusano.



Nuestro dolor  anda cruzado por un mito
nuestra frustrada familia cuece
como las castañas que comíamos

No sé si lo sentís Juan y Juan y Juan?
Es un dolor como gillette en las cuerdas
y produce lágrimas a borbotón
un motor de lágrimas en
formidable garganta.



Escapémonos 
como la pareja de Orwel a ver el valle
nada más te pido, ni el otro amor ni el otro cuerpo
Sólo el escape.





Mi corazón tiene un túnel que lo cruza aunque de fondo no se llega
a nada. Con algo de movimiento quizá a un sueño.
Escribir me ha traído amarguras de coyote.

Hago espacio para el dolor. No me interesa nada más





Y en lentas zancadas voy orando la  escritura
la botella se dibuja seca y el temblor                                                     vaya sin cesar por 
el resto de la ciudad, el escote y el liceo a punto de caer en             las aguas del tiempo
la familia titilando en la madre y Juan y Juan y Juan en                  este mensaje en
el fondo del túnel que es un sueño

                                                            l
                                                                a

                                                                    b
                                                                        o
                                                                            t
                                                                                e
                                                                                      l
                                                                                           l
                                                                                               a


2


A MERCED

Letra imperceptible como una memoria en desuso 
como la de Ana González que se murió hace poco
o como la del payaso que debe irse a cocinar al siguiente público 
sentado ya en el circo o en su oficina de pobre
o como mi mente que parece ir oscureciéndose frente a otras mujeres 
que respiran desde los cabellos renovados en los libros de sus academias 
y  pololas y machos.
En el hervidero cuando me he apostado para reírme,
de pronto alguien moral se lamenta y da expresiones anacrónicas y consabidas 
y se aburre mi fauce sureña de no ver estrellas y no tener un colmillo 
con que jugar o una planta propia para regarle el tallo
            
salgo de cacería con una monja escapada de la Merced 
calle contrita y servicial  de interminables errantes
salgo de cacería y ella remata en sus vestidos unas garras de sierva medieval
se concentra como el gato para tomar agua
y se desdibuja la cruz de sus placeres y entra a colmar la sangre 
y hace un poco de justicia fuera de la oratoria 
y hace un poco de justicia 
pues las mujeres modernas son indolentes y pegajosas

y las viejas y ausentes solteras
y las viejas y dolientes mujeres de antaño 
y las añejas y las abandonadas y todas las feas mujeres 
y las gordas y las reventadas por doquier 
y por cualquier estímulo 
saldrán en próxima fecha a comérselas vivas.

Con qué ganas espero eso mientras veo más cerca a Beckett
murciélago de la escritura.


3

DEL CAZADOR

La nostalgia se parece esta mañana a un muerto que crece
como si le entrara aire al pecho y tomara una figura de respiración o latencia. 
La nostalgia emocional no dependiente 
                                                                                              en plena guerra.  
Todo es exactamente romántico, los sueños son piedras del camino
y la nostalgia es un cuerpo que respira más avanza la estación 
los bellos números iguales e insensitivos 
que marcan el castellano preciso y breve de los meses 
y la cuota de la mano que no se cansa ni está enferma. 
La nostalgia del futuro es la que respira cada día más de ti, 
se alimenta de ese relato de tu vida que no te sientas a escribir 
y te sorprende de pronto, una mañana como ésta, 
te sorprende palideciendo,  te saca la lengua, no sé 
irrumpe, te molesta, en el fondo es miedo. 
Siempre.



Salir al aire entonces y hacer manualidades. 
Caerse a una noria o fumarse un cigarro 
de absoluta humanidad
más allá de los aviones y el miedo 
                                          al color pálido brillante del silencio.

Hay algo que no cuadra pero así es siempre al parecer
 suma entrópica, un delirio,  avanzar irresponsable 
un juego, un llano nevado, un edificio en la calle 
que es un libro escrito y los transeúntes sus puntas de lápices, 
de plumas, 
ah 
pajarracos del cansancio 
y qué importa a esta altura en que ya lo destruyen todo 
con sus ademanes de grandeza.

La genuflexión genuina de pedantería
¿para quién escribimos? 
la pregunta que nos desnuda como ideotas, 
que nos desnuda más allá de las garras .:
escribimos para nosotros mismas. 
Es tan bello escribir porque  lees que lo escribimos para nosotros mismas.

La vida es un concurso
complejo y absurdo.
No necesita gobiernos que representen a representados. 
Cuántos problemas y estupideces nos han tenido
a nosotros los de la planicie
animales de las espesuras de la tierra capaces de generar una invasión o un imperio de vuelta de gobernantes
con cuanta entretelona de unas pocas familias en el orbe, 
grupos y grupúsculos, 
nos han tenido animados o temientes gobernados 
contándonos en culebrones históricos 
lo que se supone importante de la vida…

he huido a buscar en mi interior a mi animal
aquello que se mueve sin permiso y rápido y pronto y escruta.

Biología más allá de que comes o tomas o bebes o chupas…

rabia y pena del oso porque no soy yo,
del tero que grazna contra un cielo gris porque no soy yo
los silvestres y libres animales, concientes con otros ojos y otro oído
mejor adaptados al globo de la tierra… 
no sintiendo pena, por qué
la pena es tan humana
como el pegamento con que la hicieron
parecidísima al aburrimiento.



II

Esa nostalgia que se hunde en la alegría del paisaje,
esa sola golosa paletada de luces
atributo de los años de trabajo natural
milenios de gracia sobre las rocas.

Cómo se explica el ser humano aquí, la sola presencia,
cómo se explican su perseverancia rancia y obtusa, 
sus horas de oficina.

En este transcurso mi querido amigo Samuel
( a todo esto le llaman depresión) 
te acerco la mía a los ojos que te siguen
una faja subterránea de depresión aparece al raspar esta vitrina
y una contumaz máscara variante la oculta todos los días
fiel a los sueños y al dolor
concebimiento natural de la vida.

cómo dejar de leer 
con la palabra del instinto se inscribe el nicho 
y el cielo se recita con el cuerpo

todo lo que excede a ello  llamaremos de nuevo poesía
un tiempo bárbaro se ha de parecer tanto a un crisol de filosofía
el ajuste ante el cosmos, 
el decir 
balbuceo de raza vertical…
y aquel libre mamífero mitad mamífero mitad omnívoro u opíparo 
que ajeno al lujo se dedica al arte.

Como Bach     en el recuerdo 
como si todos los buenos muchachos del arte  cenasen juntos 
y Bach fuera un héroe absoluto
marcado por estrellas en las piernas,
estrellas de otro sol que le enseñaron un lenguaje de números inaudibles 
en el espacio común de mamíferos humanos.

Hoy la palabra Bach me suena a todo en un momento,
redonda y ancha como un tambor.











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