viernes, 4 de diciembre de 2015

PEDRO ORGAMBIDE [17.680] Poeta de Argentina


Pedro Orgambide

Pedro Orgambide (Nació en Buenos Aires, el 9 de agosto de 1929 - Murió el 19 de enero de 2003) fue un escritor polígrafo argentino.

De dilatada trayectoria y compromiso social, escribió novelas, teatro, cuentos y ensayos. Debió exiliarse en 1974. Permaneció en México hasta 1983, donde trabajó con Montoneros.

Recibió prestigiosos premios y fue una vez jurado de Casa de las Américas.

Entre sus obras: Memorias de un hombre de bien; Yo, argentino; Hacer la América (trilogía); Genio y figura de Martínez Estrada; Un caballero en las tierras del sur; Cuentos con tango; Discepolín; "Las Botas de Anselmo Soria" y Juan Moreira Supershow (con Jorge Schussheim).

Obtuvo el Premio Konex - Diploma al Mérito en 1994. En 2001 fue nombrado Ciudadano ilustre de la Ciudad de Buenos Aires.2 Falleció en su ciudad natal el 19 de enero de 2003.

Filmografía

Guionista: Temporal (2002)

Autor: Dale nomás (1974)




Cantares de las Madres de Plaza de Mayo


1

De los arrabales de la luz
de las fronteras donde el barro es el barrio
y los faroles las mentidas estrellas
de los tangos furiosos que rezongan
su impotencia banderas bandoneones
que se pudren a orillas del Riachuelo
de allí de donde soy
vengo con la guitarra de los payadores
antiguo huésped de los almacenes
jugador de truco con su baraja muerta
una guitarra un naipe que me cambie la suerte
porque voy a limpiar la boca de la injuria
antes que sea tarde y no quede memoria
en esos arrabales que otros llaman patria.


4

Caminan en círculos,
los jueves.
Siempre están allí,
los jueves.
Nunca se sientan,
porque es jueves.
Caminan como leonas
alrededor de sus cachorros,
los jueves.
No descansan, no duermen
las leonas,
porque es jueves.
Huelen la tempestad.
No olvidan,
porque es jueves.


6

Me moriré en Buenos Aires un día jueves como es hoy
de otoño, vieja,
con los húmeros a la mala y leyendo a Vallejo.
Pero sé que no es cierto
sé que mi noche no permite esos lujos
de morirse de viejo.
Sé que nunca escribiré este poema
ni enviudará de mí la loca poesía ni la mujer
que no tuve tiempo de tener
Vos caminás por mí este jueves de otoño,
otro escribe por mí este poema,
y otro vivirá por mí sin saber
que en una cita falsa,
los húmeros se le pusieron a la mala, madre,
como en el verso de Vallejo, vieja,
y la ráfaga vino como una puteada de Dios,
como el relámpago
que ahora brilla en tus ojos.


8

No hay perdón no hay olvido para la mano ciega
que destrozó la rosa de la muchacha en flor,
que le quemó los senos, las pupilas, los párpados,
no hay perdón no hay olvido
para los que sonríen lo mismo que Gardel,
desde las fotos sucias del secuestro y el crimen.

No hay perdón este jueves.
No hay olvido este jueves.
Hay una luna roja, tan pequeña, que cabe en la camisa.


18

Tumbas sin nombre
islas que el tiempo tañe en la molicie
teclas de bandoneones
desperdicio de tangos
basura que el ciruja ni se digna a mirar
sos todo lo que tengo
mi vergüenza de cantor
que camina los pasos de los otros
recolector de nada
ciego sin lazarillo que le chifle.

Pero verás el día, madre.
Verás el día, vieja.
Los gorriones del barrio cantarán otra vez
y todos tendremos el derecho a ser cursis.

Pobre mi madre querida
cuántos disgustos le daba.

Nos portaremos bien, vieja querida,
cuando pase este disgusto, este diluvio,
esta bronca feroz,
este malentendido de estar muertos.


19

Ellos están allí
ellos nos miran
desde ese mar de barro del Río de la Plata
escuchan mi canción
pero están muertos
en cementerios de algas
en la niebla
y los maderos flotan en el río
ah flor de la madera en la corriente
entre arpas de agua que rompen su cordaje en la ribera.
Ojos insomnes del naufragio
que ven llegar al cedro, al algarrobo,
orgullosos vigías derrumbados por el hacha
en el griterío del verdugo
cayéndose de bruces
ola en ola
hasta el fondo.

Mirá entonces, hermano, llegar a los perdidos:
nave de troncos
monte flotante
pura selva de agua.

Entonces la Madre del Agua desciende para verlos
entre serpientes de sol
ondula
baja
diosa del remolino
y les besa los párpados
teje trajes de musgo para los ahogados.











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