domingo, 6 de diciembre de 2015

JOSÉ HERNÁNDEZ GAVIRA [17.709] Poeta de Filipinas


José Hernández Gavira

(Dingle, Iloilo, 1897-1960)
José Hernández Gavira. Poeta y narrador filipino. Obtuvo el Bachillerato en Artes en el colegio de San Agustín en Iloilo y la licenciatura en jurisprudencia en la Escuela de Derecho de Manila. Escribió en El adalidad y el Philippine National Weekly, semanario bilingüe español–inglés de Iloilo. Sus poemas se recogieron en dos volúmenes: De mi jardín sinfónico (1921) y Mi copa bohemia (1937). Ganó varios premios por sus artículos periodísticos y sus poemas, incluida una mención de honor en el premio Zóbel de 1927 por su poema «Lo que vimos en Jolo y en Zamboanga». También tradujo canciones folclóricas filipinas al español, compilándolas en el volumen Cántame un canto en español, de 1934.



NO ES MI MUSA...

No es mi musa la sílfide aturdida
que corre tras azules mariposas,
ni tampoco es Ofelia dolorida
que pasa desbordando tuberosas.

Es Astarté mi musa preferida,
la que inspira pasiones clamorosas.
Es voluptuosa y es gentil panida
la diosa de mis vidas primorosas.

Es mónada que ríe, canta y llora
con locura de pájaro divino,
de ritmos y de vida sembradora.

Baco la ofrenda cántaros de vino,
e implora Pan, cabe sus pies de Flora,
loco de amor celeste y peregrino.

1921.




PARA TI

Para tí son todas
mis ternezas cálidas,
y mis rosas pálidas,
y mis reales odas.

Para tí mi aliento
y también mis rezos,
la miel de mis besos
y mi pensamiento.

Para tí mis cantos
que humedecen llantos
de acerbo dolor.
Para tí la esencia
de esta mi existencia
que atrista el amor.

1921.




LA ESPERANZA

Nácar de luna que en los cielos, riela,
oriflama brillante sobre el mar,
nieve en la cima que el calor deshiela,
pebetero encendido ante el altar,
presto a los caminantes mi consuelo,
acompañando a Fé y a Caridad;
las tres llevamos por camino el cielo,
formando una gloriosa trinidad.

Soy la princesa del ropaje verde
que renueva en el hombre la confianza,
cuando el naufragio del vivir le pierde;
le hago entrever la mística bonanza,
mientras la sierpe del dolor le muerde;
soy la última en morir: soy la Esperanza,

1921.




EN LA HORA DEL CREPÚSCULO

Se oye un lamento de agoreras aves
bajo el palio del cielo tropical,
y se aspira un olor de brisas suaves
que estremece el silencio sepulcral.

Sobre el lejano mar las negras naves
sombras son en la calma vesperal;
en la fronda un rumor de notas graves,
que deslíe un liróforo oriental.

Es la hora del crepúsculo. Silente
gime el aura rindiendo vasallaje
a Febo que desciende al Occidente.

Eternamente fúlgida y doliente,
es la tarde del trópico salvaje
que muere lenta, lenta, lentamente...




CUANDO YO MUERA...

Cuando yo muera llevad mis restos
allá a la cumbre de una montaña
que sea digna de mis arrestos
de indio poeta, nieto de España.

Egregia lira mi tumba exorne,
para que preste vida a mis huesos,
y allí una virgen y Pan bicorne
derramen ritmos, flores y besos.

Grabad entonces sobre mi fosa
con letras de oro esta inscripción:
«Yace aquí un bardo que a toda cosa
grande o hermosa dio el corazón».









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