sábado, 19 de diciembre de 2015

INGRID ESCOBAR [17.791]


Ingrid Escobar 

(Santiago de Chile, 1975)

Participa en diversos talleres y concursos literarios a nivel escolar. Obtiene el Tercer lugar "Concurso Municipal de Cuentos Cortos", Ilustre Municipalidad de Quilicura (1999).

Ingresa al taller de poesía impartido por el poeta Germán Carrasco (2013) y este año asiste al taller "Violeta bajó a la tierra" con la poeta Damaris Calderón en la Biblioteca de Providencia. La Mal Agestá, Ed. Piedra, Santiago, 2015, es su primer libro.



Anda ve y entiérrame bajo las piedras o en el fondo del mar
la ciencia ficción llega y acaba con la oscuridad
cuándo vuelva a ser niña
mi juguete en oro se transformará



La belleza acabará con su pensar
se encargará de tus recuerdos sangrientos
envolverá en papel de diario cada fotografía
recortada a mano
limpiará tu caja de arena
y entregará el sudor y carne
al hombre que lo tiene todo



I

Las llamas abrazaron tu memoria / cruces repletaron el entorno
deambulan los espíritus flotando / gritando que no olviden su historia




Al que escucha
mariposas vuelan en colores
dibujando el cielo con sus alas
escapando sin decir nada
ahogando su destino de miseria

Rosas miran desde lejos
reclamando su belleza en el entorno
añorando aquellos días de festejo
y guardando sus pétalos gloriosos

Se aterran ante el gris, pálido, verdoso
que el horizonte trae a su destino
queriendo volar cuál mariposa
y errar por inhóspitos caminos.


II

Remolinos de viento golpean tu pecho
tu cara perdida, pelo desordenado
ojos infinitos mirando el cielo
piel amarilla buscando sol

Remolinos de viento tempestuosos bajo tus pies
alaridos en la tumba de aquél que miente
caracoles de mar en la orilla de nuestra calle
silbidos nocturnos en las esquinas
maquinaria bestial recorriendo el tiempo que nos apremia

Remolinos de viento malolientes envuelven tu casa
disparos en las murallas de la inconsciencia
bendigo tus manos con pétalos florecidos
me regocijo con el sonido de tu garganta que sangra


III

Tú te sientes negra y fea
para vivir en medio de la ciudad

Grande y tosca
que no cabes en los espacios de la farándula
ronca y grave
protestando por un útero indefinido

Rara y loca
corriendo travestida para alcanzar el amor
cabello rizado e inerte
ademanes majestuosos postergados
por los callos de tus manos

Fea, fea como la luz
amarilla tétrica que alumbra tus pisadas
tras las calles donde aguardas tu carta

Demasiado lúdica 
para el cura y la dama que recoge las flores
en la parroquia de tus pecados

Amada, demonizada
fiel candidata al exorcismo en las catacumbas de los bares
repletos de espejos

Sola en medio de la urbe
asediada por los ojos
enajenada por los vocablos que pronuncian tu nombre
Perturbada
con el cuerpo desnudo
que reproduce tu mente


IV

Sube, baja y se esconde
alejándose en lo alto, a veces vuelve
mujer altanera
frágil y serena
revelación divina de mi sueño entrelazado
desde el fondo de mis venas

Mi amiga tiene vértigo
de acercarse y conversar
teme a inmiscuirse en tus asuntos
recicla por si la vez
Es alfarera
arma y desarma sus patrones
espesa la arcilla cuando no gusta
fotografía las calles donde te desplazas

Mi amiga oscurece al son de Eurythmics
la intimidan sus tacos
le florece la oreja
con la verborrea incesante
del loquito de la esquina

la flaca sonríe, se emborracha seguido
perdedora de tiempo
revisa todo, a veces sin sentido
unge tus pies, mientras salpicas su vientre
deambula en la oscuridad
en las fauces del que atormenta

Nada, vuela, rebota
indecente y regodeona
juega con la china, esa que muerde
reposan en el pasto sintético del arrabal
sudoración continua a la hora del desquite
cuestionamiento errático de cantos y banderas

Ella es todos los días que decidiste ignorar
Ánfora sagrada de tus cenizas
lame tus labios a la hora de comer
analista de sistemas, píldoras mágicas
para enamorar





La Mal Agestá (textos de anticipo)

Poemas de Ingrid Escobar 


Mal Agestá te dicen
desgarbada
rodillas peladas
sobre el piso de tierra

Mal Agestá, espalda crujiente 
bajo el azote del nacimiento
borracho de la noche

Turbia en el patio 
de las princesas pulidas
azorochada por la mirada
del cristo en la muralla

Mal hablá predicadora
dueña de las esquinas humeantes
mujer danzante en las canchas de tierra

Mal Agestá, pies descalzos
sobre la lluvia

Penitencia continua
de los deseos malintencionados
de tu raza maldita

mal encaje de la divina comedia
en tus redundantes lamentos

¡Ja! saltaora de puentes y cornisas
encarnación de la mama santa
dibujante de niños

Mal Agestá
los grados se empinan sobre ti
y tú debajo del árbol... pordiosera.



*



Ella cierra los ojos
con el pecho ardiendo
difama tu nombre
mientras salpicas su vientre
deambula en la oscuridad
las fauces del que atormenta

ella sonríe borracha
paseando en la fotografía de tus calles
pierde el tiempo
bajo tus pies sangrantes
continuamente sudorosa a la hora
del desquite

Ella cuestiona errática
los cantos y banderas
le intimidan sus tacos
oscurece al son de Eurythmics
recicla los rostros del desamparo

Ella es todos los días
que decidiste ignorar
ánfora sagrada de tus cenizas
píldoras mágicas para enamorar.



*



Nosotros los caminantes del recuadro
que se asoma a contraluz 
en la casa de tus lamentos

Varados a la mitad del viaje
se nos caen los recuerdos
en el campo donde yacen aplastados

la curvatura a enternecido la ausencia

Te recuerdan tu esposa e hijos 
nunca te olvidaremos 
que Dios te reciba en su santo reino

Inspirado en la sombra gris del cemento
flores manchadas de tiempo
sucumben bajo los pies
mientras
una voz en ecos
reproduce peras y manzanas

Castillos bordados a media tarde
botellas impávidas de agua estancada
razones misteriosas y absurdas
para soportar lo cotidiano

Adiós chinito, ve al cielo con tu padre 
mejora a mi hijo, santita, te pido 
gracias por favor concedido

nosotros los pasajeros ambulantes
quebrantamos la suave brisa de la paz

pájaros anidando bajo el rey
relatan el murmullo de la calle

cuerpos santos asomados de tanto en tanto

cortinas de concreto
fragmentadas de imágenes

siemprevivas en la esquina
cordón de velas derretidas en el aire.



*



Tengo la marea alta
tengo la tormenta en reposo

Se multiplican los gritos sin gracia
saltan los muertos en mi pecho
tengo, te pierdo y te retengo

Mientras la mala me mira con anestésicos
cantando con voz de ángel
gotea en mis párpados el sueño

Alucinante resaca moribunda
se posa en los huesos de mis hombros
Tengo la tormenta alta
tengo mi cerebro en reposo

Pedazos de alma trapican mi pescuezo
universos flotantes
a la deriva de la cama
resbalan


La mesa plagada de licor rojo
demencial
nuestras cabezas floridas de árboles
saliendo por las orejas

cielos transgénicos 
desvaneciéndose en las sombras de la estancia

el patio atestado 
de huesos cortados a latigazo

Regurgita en mi boca
el sabor amargo de las respuestas

sacúdeme el vestido con plumas
de pájaros épicos olvidados

Acalórame otra vez...

Tengo la tormenta alta
tengo la marea de noche.



*

Agónica burguesa
muere en sepia
desdibujada en tus colores

atrapada en el cadáver bélico de la deshonra
la fuerza insurgente y proletaria
vomita tu lengua académica futurista

se nubla en el brillo
esplendoroso de tus dientes
tan esquivos en los huecos de sus bocas

Fatídicas palabras rebuscadas
no contienen el agua
de abajo hacia arriba

Agónica burguesa
entiérrame bajo las piedras
o ahógate en el fondo del mar

el oro de tus pisadas

blasfema el cuerpo santo de las revanchas.




La Mal Agestá, Ingrid Escobar, Ed. Piedra, Santiago, 2015.
Por Víctor Hugo Díaz




 .. .. .. .. ..

Mal Agestá te dicen
desgarbada 
rodillas peladas
sobre el piso de tierra

Siempre me he preguntado cuál es el punto de aclaración dónde se decide, qué es fundamental en poesía: lo dicho o lo escrito. Es decir, esta experiencia vital, ritual y su materia prima simbólica, que es necesariamente materializada en escritura,  para ser recreada y revivida por un lector tiempo y distancia de por medio; o es resultado del arte de la palabra?

En mucha de la producción actual, esta escritura, texto, ¿se materializa o corporiza en poesía? Entontes hay que tomar partido, yo me la juego por un texto igual un hablante y no un texto igual un texto. Es decir ese punto significativo en que se entiende el cuerpo como debate.

Mal Agestá, el primer libro de Ingrid Escobar, representa para mí esa opción, una poesía que dice y sitúa, no soportada sólo en sonidos  y ritmos, también hábilmente logrados, sino además, más allá de la tinta, donde manda la mirada, esos rostros derretidos en la fábrica; o los hijos del desastre/ bandera empapada de aguas servidas/ cuarenta y tantos esperando el sol.

En esta poesía que junto con ser social, generacional y crítica, se logra atrapar entre los dedos ese puñado de arena que es la crisis  y su tragedia permanente, tal vez ante el espejo: Cuerpo que no ves/ y deseas lo que no sientes.

Pero aquí el hablante no es sólo una coraza de resistencia ciudadana, existen fisuras íntimas, también está partido de espera y de silencio que transcurre, El Amor no tiene prisa/ espera en la bocacalle del olvido.

Es eso inasible  que no se detiene, que se viene a los ojos, el tiempo que da forma a la poesía, la finitud inevitable del que escribe desde adentro pero mirándose desde fuera: Mil huellas tras mil pisadas/ los caminantes, marchando, van.

Y esas emociones transformadas en objetos domésticos, esos castillos bordados a media tarde/ botellas impávidas de agua estancada/ razones misteriosas y absurdas/ para soportar lo cotidiano. O esas siemprevivas en la esquina/ cordón de velas derretidas en el aire.

Todo en un hoy perecedero donde siempre se trata de salir a flote, hasta el amargo final: Atrapa la boya cercada –iluminada- Atrapada/ Rotándose, nadando/ Como ajíes en cerveza/ Amarilla – Amarga/ Ahogándose en el inmenso mar.

Mal Agestá de Ingrid Escobar, es una poesía frontal que ataca en falange hoplita, con fuerza, potencia e intensidad, capaz de hacernos ver, tocar y padecer; avanzando e irrumpiendo en un claro y decidido sentido, no negociable.

11-12-2015- Santiago






Paseando en la fotografía de tus calles, acercamiento a “La Mal Agestá” de Ingrid Escobar

Por Marcelo Arce Garín


…y como el dolor nacional es mío, el dolor popular me 
horada la palabra, desgarrándome,
como si todos los niños hambrientos de Chile fueran 
mis parientes…

Pablo de Rokha


La “Mal Agestá”, debut literario de Escobar escurre como lava en la corteza de la poesía, apunta turbia en el patio/de las princesas pulidas.

Esta ópera prima al decir de los cursis es una patada al cuerpo insistentemente triste/en el patio trasero de las miradas.

Una cartografía callejera pincela este poemario

Adiós chinito, ve al cielo con tu padre/mejora a mi hijo, santita, te pido/Gracias por favor concedido

Palabras erigidas en los camposantos de la patria o animitas milagrosas de factura perfecta y digna de una obra de ingeniería en las poblaciones de La Pintana. Guaridas eternas del alma en tránsito, siendo la postal;  siemprevivas en la esquina/cordón de velas derretidas en el aire.

Que te sea leve, el tránsito fúnebre sin cuerpo/silencio pactado en el ruido/la oscuridad de la venda sexy…

Acá la inocencia se esfuma enarbolando a las víctimas de la represión política. Torturas, vejámenes sexuales realizados por perros especialmente amaestrados para estos efectos, los ojos siempre tapados.

Si bien se alza el puño rabioso, el susurro no tarda en llegar. Un interior marchito nos guía El amor no tiene prisa/espera en la bocacalle del olvido.

Una constante machaca las páginas de este libro, el agua fluye a borbotones, a saber:

mar – tormenta – estanques – lluvia – inundaciones – navegantes – cántaros – sudor – empaparse – marea – llorar.

Corre y purifica, es la esencia y el pilar de esta “Mal Agestá”.

El canto popular alumbra la huella y rugen también aquí sus antepasados. El hablante relata:

Bajando en la cordillera
los caminantes, cansados, van

Oscuros bajo su ropa
Los cabizbajos, mojados, van

Cargando tu gesto ambiguo
Sobre sus hombros, pensando van…

Y se genera el diálogo. Carlos Pezoa Véliz en el poema “Entierro de campo” continúa…

Una voz cansada implora
Por la eterna paz del muerto;
ruidos errantes, siluetas
de árboles foscos, siniestros.
Allá lejos en la sombra,
El aullar de los perros
Y el efímero rezongo
De los nostálgicos ecos…

Acá se vive sin duda una política de larga data en nuestra literatura, desde Alfredo Gómez Morel  y “El Río”; Lucho Cornejo y su “Barrio Bravo”; La poesía filosa de Violeta Parra y por cierto Nicomedes Guzmán, quién su novela “Los hombres oscuros” del año 1939, se la dedica:

A mi padre Heladero Ambulante
A mi madre Obrera Doméstica

entre muchos otros.

Gamaliel Churata, el bello indigenista peruano, en su escrito “La América no existe” del año 1936 nos dice:

“América es un país antiguo y primitivo, sus instituciones participan de las formas de todos los pueblos arcaicos…
…su moral no ha salido del patriarcado y si podemos estudiar en el imperio inkasiko sistemas políticos avanzados, ellos representan la evacuación de un pueblo que se dirigía al porvenir”.

Hacia allá apuntan los versos de Ingrid Escobar, una expansión territorial e identitaria cuajará en sus cantos y decantará en El cuerpo como raíz/El cuerpo como debate. 

Fotografía de Ingrid Escobar de Ana Carolina Alba





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