lunes, 26 de octubre de 2015

MARÍA AMELIA DIAZ [17.284] Poeta de Argentina


María Amelia Diaz

Argentina. Docente. Bibliotecóloga.  
Ha publicado en poesía "Cien metros más allá del asfalto", "Para abrir el paraíso", "Las formas secretas" "La dama de noche y otras sombras" y "Para justificar a Caín", y “Historias de mujeres desaforadas (cuento). Integra antologías nacionales e internacionales. Fue traducida al italiano y al catalán. Participa de la redacción de periódicos y revistas. Editó de la revista cultural “Sofós”. Se desempeña como jurado literario. Está incluida en el "Diccionario de autores" del Ministerio de Cultura Bs. As. y en el Museo de Poesía de la provincia de San Luis. Fue vicepresidenta (2003-2006) y presidenta (2006-2009) de S.A.D.E.(Sociedad Argentina de Escritores) regional Oeste. Ha dado charlas y conferencias sobre temas literarios en distintos puntos del país. Publica en forma permanente ensayos literarios en distintos medios nacionales. Coordinadora de los Cafés Literarios “Casa del Poeta (1998-2005)“ y “Extranjera a la Intemperie”(2011 a la fecha).Fue miembro de la Comisión Organizadora del Encuentro de Escritores del Municipio de Morón. En 2010 organizó junto a otros poetas el “Gran Salón de Poesía del Bicentenario” en el Centro Cultural San Martín y “Marcha poética-Poesía en imagen” en el Salón Dorado del Ministerio de de Cultura ambos en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. 
Es distinguida por la Secretaría de Políticas Culturales de los Municipios de Morón e Ituzaingó por su aporte a la cultura. Premio Ensayo de la Asociación Gente de Letras. Premio Reconocimiento a la trayectoria de ASOLAPO.(Asociación Latinoamericana de poesía). Premio Santa Rosa de Ituzaingó auspiciado por la Secretaría de Cultura de la Nación, Mención de Honor Premio Municipal Ciudad de Buenos Aires.


Simplemente 

La luz se volvió gris frente a los vidrios que nos empañan de adiós la lejanía,
                          llueve,
y a través de las serpentinas del agua la calle sisea debajo de las  
                                                                                  /ruedas.
El trueno estalla en la región del miedo, nos suspende la tarde desde  
                                                                          /su próximo grito.
Ahora es Universo en sordina,
un silencio más allá de esta lluvia de edificios,
silencio de cielo que se prolonga en horizonte, 
inmensidad inmensa, mutismo de Universo.
Y acá, detrás de la ventana, la lluvia gris, lluvia de tango,
garúa, sudestada, orvalla, canta, llovizna, chaparrón;
dibujo infantil de lluvia en el cuaderno de clase.
En nuestra ventana simplemente llueve,
y eso es todo.

(de “Diario de la lluvia, Ed Vinciguerra, 2015) 


Tupac 

Su cuerpo marcó entonces los cuatro puntos cardinales
atado a los cuatro caballos del viento,
era el hombre de Vitruvio,
el hombre dibujado por Leonardo
como una constelación inversa sobre la piel oscura de la tierra
tu piel de andesita destinada a una dinastía de olvido.
Pero habías aprendido a solas a repetir el grito insensato de los libres,
habías gritado a solas la esperanza hasta convencerte de que era posible
y levantaste tu estirpe en cada matorral, y en cada piedra,
la multiplicaste hasta alcanzar el número exacto que precisa la furia
Y fueron la rebelión y Sangará
y desde la cumbre erguido junto al cóndor, el dios Huiracocha.

Después..., la derrota y el martirio,
y tus miembros rotos por los caballos del viento.

Los tiranos olvidan que  algunos  hombres  mueren para ser inmortales,
que vuelven a la  tierra convertidos en héroes
para encender el  rescoldo de los antiguos carbones;
por eso Tupac, siempre te disputan los cuatro puntos cardinales

(de “Para justificar a Caín, Ed La Luna que, 2011)



Convivencia

Una tiene guardada esa gota de odio
por si acaso, por si hoy,
por si mañana te lastiman.
Es una pócima, un filtro de veneno virtual
destilado de una lágrima  en el negro de los huesos
que observada a contraluz
irradia una sombra verde con sabor a incienso.
Una, la guarda bajo siete llaves
custodiada con rayos infrarrojos, rayos láser,
bajo candados oxidados de llorar
por si acaso, por si hoy,
por si mañana te lastiman;
para auxiliarte como un ángel guardián,
una venda, o una mano solícita que alarga la caricia.
A veces la saco, la alimento,
pronuncio los conjuros aprendidos con el ofidio de la vida,
y la guardo:
por si acaso,
para inyectarla con mis colmillos de víbora.

 (de "La dama de noche y otras sombras", Ed El Mono Armado, 2008)





                                       
Si no la infancia ¿qué había entonces allí que no hay ahora? 
(Saint John Perse, de "Elogios")

Infancia

Bocanadas de azul iluminaban el aire
desde las ramas nuevas.

En los techos cercanos
la parra,
ponía tejados de verdor
para que la sombra desmontara sus caireles.
¡Cadenas de libertad blandía el viento en los simientos!

Y el silencio
tendía su red tejida con miles de sonidos.

Con pìnceles de sol se pintaban los muros.
Y la tibieza parecía acurrucarse
entre los pliegues del mantel.

Recuerdo la luz,
conquistando los espacios del enrejado ocioso,
y la dicha,
renovando la casa desde el jardin.

Sus ojos aún jóvenes
ponían el mundo entre mis manos.

Y sus sueños
abarcaban el aire
contenido en las cuatro esquinas
en que soñaba la casa

Entonces la luz era más tenue
bajo los grandes árboles fugitivos.

Y eran también hermosos
los pequeños habitantes
que cabalgaban los sueños de países remotos y ramas retorcidas,
en las horas de Andersen  que acompañaban los gnomos.

En mis ojos estaba
la dicha de una vida recién nacida
como las uvas vírgenes del vino
que colgaban rosarios de topacio.

¡Un recuerdo que cruje como papel de seda!

Ahora
rascacielos de ceniza desarticulan los rostros.

Ahora
invaden los oídos motores clandestinos al paisaje.

Los árboles se desvisten en inútiles otoños
y tañen sus ramas llamando a rebelarse.

Y en los muros
                        el Tiempo
resucita sombras

 (de “Para abrir el paraíso” – Ed La Luna Que 2003)







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