lunes, 21 de septiembre de 2015

BLANCA VANINI SILVA [17.102] Poeta de Chile


Blanca Vanini Silva

Blanca Vanini Silva-Lastarria, Chile. Aparece nombrada en la sección "Poesía" del libro "Mujeres Chilenas. (El aporte femenino al progreso en Chile)" de Felícitas Klimpel.





Otros sones de mi lira
Autor: Blanca Vanini Silva
Santiago de Chile: Cosme D. Lagos, 1912



Otros sones de mi lira de Blanca Vanini Silva




CRÍTICA APARECIDA EN EL MERCURIO EL DÍA 19 - 08 - 1912.
AUTOR: OMER EMETH

En otras ocasiones he analizado en esta crónica obras poéticas de la señorita Vanini. Pero, como desde la última que leí van hasta hoy corridos dos o tres años, viene esta muy en su tiempo para que podamos medir los progresos o retrocesos de nuestra poetisa.

Fiel a su costumbre, la señorita Vanini prosigue versificando “patrióticamente”, lo cual, en verdad, no es, para ella, ni para la poesía chilena, un progreso.

Diré sobre esto lo que pienso. Nadie es más patriota que yo, ya que poco me falta para “chauvin”, y patriotero. Nadie aborrece más que yo a los antipatriotas, que hoy por hoy, cual cizaña invaden estos trigos. Pero confieso que, si algo ha de excusar a un anti-patriota, es la poesía llamada “patriótica”.

¡Válgame Dios! No conozco, en toda la literatura, nada más artificial, más gastado, más manoseado, que aquello, y es menester un talento superior para sacar inspiración de fuente tan seca.

¿Cómo puede un poeta que respeta a su musa rebajarse a mero organillo?

No sé lo que de la turba multa de sus celebradores en verso piensen Manuel Rodríguez, Camilo Henríquez, don Benjamín Vicuña Mackenna o don Pedro Montt; pero sospecho que para aquellas almas superiores aún en el más allá en que descansan de sus tareas, ha de ser cierto el verso de Boileau: “L’ennuit naquit un tour de l’uniformité…”

Si los dejáramos descansar en paz, ¿no sería obra de misericordia tanto para con los muertos como para con los vivos?

Lo curioso del caso es que la lira de la señorita Vanini tiene “otros sones”, y podría, con gran provecho, prescindir de aquellos.

Pero anda absolutamente engañada acerca de su verdadera vocación poética.

Lo que ella, sugestionada quizás por opiniones ajenas, considera mejor en su obra es, precisamente, pura paja. En cambio, trigo es lo que ella nos presenta como mero “sport” de su musa, como paja picada.

Anch’io son… decadente, dice la señorita Vanini:



“Musa mía,
no tomes a mal
que mi fantasía
quiera llevarle ahora al Carnaval
Literario;
deja que a mi lira le añada esta cuerda.
Disfrázate, musa, ya que es necesario,
y muestra que sabes ser loca y ser cuerda;
que todo lo ensayas, que nada te asusta,
que el variado tono musical te gusta,
que comprendes a todos los poetas,
y que puedes, en fin,
enseñarle otras piruetas
al mismísimo Arlequín.”




Y en seguida leemos varias poesías, escritas, al parecer, en son de burla, pero que son las únicas “poéticas” en su libro.

De la lectura de las “Cuatro Estaciones”, de la “Letanía Cristiano-Científica”, de “Caía la Lluvia”, etc., infiero, sin temor de engañarme, que la señorita Vanini anda muy engañada.

Su porvenir poético está allí (en el decadentismo), por duro que aquello le parezca.

Jamás en su vida escribió versos más sugestivos que los siguientes:



“Caía la lluvia,
caía, caía…
caía de noche
caía de día…

Caía la lluvia,
caía, caía…
no cesaba un punto
de noche y de día.

Caía la lluvia,
caía, caía…
y el agua subía,
subía, subía…”



¿No es cierto que estamos en pleno aguacero, oyendo el monótono ruido de la lluvia que cae?

Irónica, empero, añade la autora:



“Si alguno se cansa
con la letanía,
de Dios es la culpa,
la culpa no es mía…
pues, cuando el diluvio
esto acontecía,
¡y mucho más agua
caía y caía…!”



Lo que para mí es letanía verdaderamente cansada es esta:



“En el cielo del arte
como gemelos astros relucían
los Blest Gana, los nobles Amunátegui,
los Arteaga Alemparte,
y los Matta y los Grillo: grupo bello!
junto al cual se veían
otros hombres no menos eminentes
forjados al espíritu de Bello,
como Bilbao, de la Barra, Lillo,
Marín, Pérez Rosales y Sanfuentes,
Lastarria, Barros Grez, Barros Arana,
García Reyes, Taforó, Rodríguez,
Blanco Cuartón y Torres y Mandioca
y Vicuña Mackenna…” etc., etc., etc.




¿Habrá paciencia? Esto es lo que, por sugestión ajena y contrariando su propio instinto poético y femenino, toma y da la señorita Vanini por poesía… En cambio, brota poesía de verdad cada vez que prescinde de aquella versificación forzada, cada vez que en sus versos da la palabra a su corazón de mujer.

Vuelvo a lo dicho al principio: es menester que la señorita Vanini elija entre los varios sones de su lira y ponga una sordina al “son enumerativo”, al patriotero, a ese son tan sonado, que ya… no suena.

A trueque de escribir versos decadentes, deje hablar su alma y que su poesía no sea eco de nadie, sino de su propio corazón.




Otros sones de mi lira




CRÍTICA APARECIDA EN LAS ÚLTIMAS NOTICIAS EL DÍA 06 - 12 - 1912.
AUTOR: BENJAMÍN OVIEDO MARTÍNEZ

Ha aparecido recientemente un nuevo libro de versos de la señorita Blanca Vanini Silva; libro que, como lo declara el editor en la presentación, no contiene asuntos o temas determinados “de que no todos saben o quieren gustar”, sino que encierra una “variada colección de poesías, sencilla y poéticamente titulada Otros sones de mi lira”.

Esta colección de poesías, que bien pudo haberse titulado “Libro de los homenajes”, está dividida en siete parte: A) Homenaje patriótico; B) Homenaje a lo simbólico; C) Homenaje a la moderna poesía; D) Homenaje a Eros; E) Homenaje polícromo; F) Homenaje al poeta; y G) Homenaje a lo trascendental.

En casi todas las secciones citadas, exceptuando la C, se nota un marcado sabor a clasicismo; un espíritu conservador de la añeja preceptiva; un espíritu contrario a toda innovación y abiertamente hostil a los nuevos rumbos literarios.

La aludida sección “Homenaje a la moderna poesía”, es un conjunto de sátiras, escritas con raro ingenio y con una audacia que se pudiera calificar hasta de atrevida… El blanco único de las burlas de la autora es la poesía “modernista”, o sea la innovación métrica, la libertad de la forma. Para la señorita Vanini, el “modenismo” no pasa de ser un vulgar traje de Arlequín, hecho de versos fragmentados, truncos y extravagantes; o sea, lo que ella denomina “Carnaval Literario” en su introducción al “Homenaje” citado. Pero este epíteto “carnavalesco” aplicado al “modernismo”, lejos de ser una mofa, en mi concepto, es un elogio. Veamos por qué. En el carnaval se lucen trajes raros; no lo niego que, a veces toquen los lindes de la extravagancia; pero, en todo caso, son originales, son propios; en ellos, la persona luce el brillo de su fantasía, su gusto artístico. En cambio, los que se burlan de estas personas “carnavalescas”, van vestidos según las prescripciones establecidas; los trajes que ostentan no los hacen ellos solos; son imitados de modelos a propósito. Ahora pregunto yo: ¿quién tiene más mérito? ¿Una persona que se realza por su propio esfuerzo u otra que sebe por escala ajena?

Yo creo que en el Arte, como en todos los demás ramos de la actividad humana, física e intelectualmente hablando, el espíritu de conservantismo [sic] equivale a la estagnación, mientras que, por el contrario, lo que es innovación es avance, es progreso.

¿Por qué hemos de estar encuadrados en el marco de hierro de la añeja preceptiva de la época clásica, cuando ahora el supremo ideal es la libertad absoluta en todo y por todo? ¿Por qué hoy hemos de expresarnos como se expresaban ayer? ¿Y por qué mañana han de expresarse como nos expresamos hoy?

Naturalmente que, junto con burlarse del “modernismo”, la señorita Vanini se burla de algunos de sus representantes; y el elegido para servir de “mártir” es el “desdichado” de ¡Rubén Darío…! Pero, como la misma autora lo dice:



“…es necesario
que todo genio sufra su calvario!”


En la página 47 el “infeliz poeta” es fustigado con verdadero ímpetu:



“La princesa está triste, la princesa está pálida…
este verso nos mío
es de Rubén Darío.
La princesa está triste, la princesa está pálida…
Estas repeticiones
aumentan que es un gusto los renglones…
Dejando aquí y allá algún verso suelto
la poesía sale con soltura…”



pero, pregunto ahora, ¿qué es más agradable para el que busca lectura? ¿Leer versos que, aunque repetidos, agradan por su musicalidad y su ritmo, o, al abrir un libro, hallarse manos a boca con una plana en blanco y sin más lectura que un título? Es cierto que esto último no aumenta los renglones, pero aumenta que es un gusto las páginas… lo que, al fin, es más práctico…

Veamos otras secciones: Homenaje Patriótico. En esta sección abunda mucho uno de los elementos poéticos, la buena versificación; pero, en cambio, la ausencia del otro elemento, la poesía propiamente tal, es muy marcada. Aunque el mismo Cicerón resucitara con toda su elocuencia, ¿conseguiría convencerme de que hay poesía aquí?



“…Bilbao, de la Barra, Lillo,
Marín, Pérez Rosales y Sanfuentes;
Lastarria, Barros Grez, Barros Arana,
García Reyes, Taforó, Rodríguez,
Blanco  Cuartón y Torres, y Mandioca
y Vicuña Mackenna…”



Viendo otros pasajes, no tan solo este defecto es notable, sino que, surgiendo del fondo mismo de la composición, se presenta un pesimismo amargo… muy amargo…



“¡Hoy vemos con espanto
que de tanto esplendor y tanta gloria
nos queda únicamente la memoria!...
¿Cómo el país ha descendido tanto?”

(“A Vicuña Mackenna”, pág. 21).



Con el examen de estos versos me convenzo de que la hipérbole es una de las figuras favoritas de la autora de “Otros sones de mi lira”. ¿Cómo explicar de otro modo este escepticismo, esta poca fe en la intelectualidad de hoy?

El romance histórico “Manuel Rodríguez” (Sección A, pág. 11), estará muy bien versificado, con mucha facilidad, con un carácter muy natural; pero, fuera de dos o tres brevísimos pasajes, que entusiasman por el tono dramático, lo demás no pasa por ahí… es decir, de ser buenos versos… Lo que le da valor a esta sección es le soneto a Camilo Henríquez, (pág. 17) cuya vigorosa entonación poética lo hace destacarse marcadamente sobre las demás composiciones.

En general, lo que llama la atención del que lee este libro, con detenimiento, son las continuas contradicciones en que cae la autora; contradicciones que se notan sin necesidad de mayor perspicacia, y que, como diría un físico, “caen por su propio peso…” Volviendo a un pasaje ya citado, leemos:

“Estas repeticiones

aumentan que es un gusto los renglones”…

Pues bien, ahora yo ruego al lector lea la composición titulada “La canción del Amor” (Sección D, pág. 65), en que no solo repite versos, sino que de trece estrofas, siete son iguales, o sea, que una se repite siete veces, lo que equivale a aumentar la composición en más del doble…

Veamos otra parte. Refiriéndose al “modernismo”, la autora se ríe de las formas un tanto descuidadas que emplea. Ahora bien, leamos lo que ella misma dice a este objeto:

“Amando lo Bello, no tengas por norma

cultivar lo externo, la mudable forma”.

Aquí cabría preguntar ¿Por qué la señorita Vanini se encarniza tanto contra la forma modernista, cuando, según acaba de declararlo, “no se debe tener por norma el cultivo de la forma variable”?

Y no es todo. En la composición “La senda” (Sección B, pág. 41), la autora dirige a su Musa para pedirle que la lleve por un camino “que nadie haya pisado todavía”. Y bien, ¿por qué entonces aquel apego a lo clásico? ¿Por qué ese horror a la libertad actual? ¿Miedo a ella, acaso? Al examinar los pensamientos de esta composición, entreveo algo del “por qué” del rencor de la autora hacia el modernismo; es un caso psicológico muy común: cuando una persona tiene un proyecto, un ideal, una quimera, en fin, algo que acaricia constantemente y otra u otras personas se le adelantan en su realización, ¿no es verdad que el ánimo de aquella persona queda predispuesto en contra de los involuntarios usurpadores de su idea?

La señorita Vanini quería (o quiere) una senda que nadie hubiese pisado… ¡Por ella avanza el Modernismo…!

Y ya que ahora este nuevo rumbo no satisface a la autora de “Otros sones de mi lira”, ¿querrá ella resucitar el gongorismo? Porque estos versos, que copio a continuación, ¿qué son sino el enunciado de la tendencia culterana?



“-Sacra, dulce Poesía,
¿cómo es posible –responde-
que hayan en la Tierra humanos
que por prendas tan amables
no se sientan subyugados?...
Dije, y, sonriendo, la diosa
respondióme: -No es extraño…
La miel… ¿sabes?... no se ha hecho
para la boca del asno…”

(Explicable Desvío. Sección F, pág.113).



¿Qué tal? ¿Es verdad entonces que solo algunos “seres privilegiados” pueden beberse la miel? ¡Ah! Felices ellos…

Otro punto que choca, pero de una manera durísima al lector, y que es más referente a la presentación misma del libro que a su valor intrínseco, es el siguiente: ¿qué impresión quedará en el ánimo de una persona que, después de leer estos versos:



“Deja que otros busquen bienes terrenales,
que saquen el oro del fango y la escoria!...”



se encuentre con este parrafito: “Este caballo, célebre (etc.) nunca hemos querido venderlo, ni pensamos hacerlo…; sin embargo, si hubiere quien ofrezca por él tres mil libras esterlinas, lo pensaríamos…” (pág. 91)?

¿Qué os parece esto?

Declaro –con perdón de la autora- que esto es una innovación muy “modernista”… mas no poética… ¿Cuándo habíamos hallado proposiciones mercantiles en libros de versos…?



Oda a Italia
Autor: Blanca Vanini Silva
Santiago de Chile: Cosme D. Lagos, 1909


Literatura patriótica: Oda a Italia de Blanca Vanini




CRÍTICA APARECIDA EN EL MERCURIO EL DÍA 14 - 08 - 1909. 
AUTOR: OMER EMETH

Conmovida por la terrible desgracia de su “segunda patria”, la señorita Blanca Vanini Silva ha compuesto una “Oda a Italia y a sus actuales Reyes con ocasión del terremoto de Sicilia y Calabria”.

Analizar una oda no es siempre tarea fácil, pero en el caso actual la dificultad se allana cambiándose en verdadero placer…

Divídese la oda en dos partes, de las cuales la primera es un himno a los grandes hombres nacidos en esa noble tierra llamada por Virgilio “magna parens virum”.




“¡Italia!... ¡qué dulzura hay en su nombre!
Es toda luz, encanto poesía!
Su lenguaje es un himno, una armonía!
Su belleza no hay nadie a quien no asombre!
Cuna de genios de inmortal renombre
Glorias del mundo entero son sus glorias
Que al Arte plugo, al descender del ciclo,
Ser morada escoger tan bello suelo” (pág. 6).



Desfila, a raíz de este exordio, una admirable falange de genios encabezada por Dante.



“Allí el divino, el súper-hombre Dante,
sombrío explorador de lo invisible,
brilla del genio en la más alta cumbre
rodeado por excelsa muchedumbre”. (pág. 7).



A medida que van acercándose al trono del “súper-hombre”, la señorita Vanini caracteriza, con expresiones de ordinario felices, a cada uno de los grandes hombres de Italia.



“Allí pincel en mano,
Miguel Ángel se yergue sobrehumano
Con Leonardo da Vinci
Figura colosal, sublime, rara
Que en su genio abarcara
Todos los ramos del saber humano…” (pág. 7).



Nadie es olvidado en esa enumeración de glorias que, en llegando Napoleón, se asemeja a revista militar.



“Y envuelto en claro oscuro misterioso,
Del siglo diecinueve está el coloso
Napoleón…” (pág. 10).



“Y pasa la visión”… de los héroes antiguos, dejando el campo libre a las celebridades del presente, desde Farina y D’Annunzio hasta Verga y Capuana.



“Y cien más que en la dulce poesía
o en la prosa galana”. (pág. 13).



Gastan tesoros de ingenio y crean una de las más hermosas literaturas contemporáneas.

En la segunda parte de su oda, la autora celebra la “solidaridad” manifestada por sus Reyes en Sicilia y Calabria.

Pero sus versos, al llegar a este punto, se tornan prosa.

Varonil en su estilo, la señorita Vanini ha perdido aquí una excelente oportunidad de suavizar su lenguaje… o de callar sus ideas libertarias. Para esto pudo servirle la diplomacia femenina…

Dice ella a los Soberanos de su “segunda patria”:



“Ante acción tan loable, conmovida,
Reyes, la libre humanidad olvida
que lo seis, y magnánima os perdona
la culpa de ceñir una corona…” (pág. 19).


Y diré yo: ¡Buena es la absolución!... Si los súbditos de S. M. el Rey Víctor Manuel: “Alzan los pendones libertarios”, como la señorita B. Vanini lo anuncia, y, al parecer, lo desea, la corona de fierro pronto se tornará corona de espinas…

A estos últimos versos prefiero, con mucho las estrofas dedicadas por la autora a la memoria de su padre. Allí habla el corazón y con el amor viene la inspiración.


*

[Oda a la República Argentina en su Primer Centenario. 25 de Mayo de 1910 (Santiago
de Chile, Cosme D. Lagos, 1910)]

Existen incluso algunos editadas fuera del país, como el de la poetisa chilena Blanca Vanini Silva. Con esta composición, la autora rinde homenaje a la Argentina al tiempo que destaca a través de una vehemente retórica el espíritu de fraternidad entre los pueblos
chileno y argentino:

 (...) El patriótico ardor que me domina
 Al entonar, con entusiasmo santo,
 En nombre de esta patria que amo tanto,
 Un himno fraternal a la ARGENTINA!
 (...........................................................)
 Hoy la gloriosa ESTRELLA solitaria
 De invencible tricolor, se inclina
 Ante el radiante SOL de la ARGENTINA!
 ¡En una se confunden dos banderas!
 Ya límites no existen, no hay barreras!
 ¡Para siempre acabaron los agravios!
 ¡Sólo hay dos pueblos grandes
 A quienes une y no separa el Andes!.





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