jueves, 27 de agosto de 2015

LUIS BARRANTES MOLINA [16.912]


Luis Barrantes Molina

Luis Barrantes Molina (1885-1952), periodista y escritor costarricense que durante décadas vivió en América del Sur. Fue redactor y director de periódicos y revistas en Ecuador, Chile, Perú y sobre todo Argentina, donde publicó un buen número de novelas.

Periodista nacido en Costa Rica que falleció en Buenos Aires, Argentina. Convencido católico, empezó en el diario La Información, que se editó hasta el mes de junio de 1919; fue también redactor del diario La Revista. Se estableció en Argentina  con éxito; escribió novelas por entregas semanales en una editorial.




PATRIOS RECUERDOS 

¡Oh, cuánto te embellece la distancia 
en que te miro, dulce patria mía, 
nido de paz que poetizó mi infancia 
y donde anhelo reposar un día! 

Trémulas palmas, fuentes y follajes 
estremecidos por el viento blando, 
casitas blancas, idílicos paisajes 
que contemplé desde el vapor llorando. 

Las hadas de mis sueños matinales 
me evocan aún con su vital aroma 
el tremolar de aquellos platanales 
y del cafeto la brillante poma. 

Cuando ocultarse vi con desaliento 
la playa gris, salí de mi letargo, 
y sobre el mar volqué mi sentimiento 
como sus aguas pertinaz y amargo. 

Aquel dolor que me enlutó la vida 
quitólo el tiempo ante quien nada dura 
y hoy la memoria de tu faz querida 
en vez de duelo inspírame dulzura. 

Como aquel día, fresco está en mi mente 
el panorama ideal de tus bellezas; 
y es su recuerdo como luz sonriente 
que desvanece todas mis tristezas. 

Si el desterrado a quien del patrio nido 
echó el tirano, con amor te añora, 
¡cuánto más yo que nunca estuve herido 
bajo tu cielo, por maldad traidora! 

Como en mi infancia al celebrar el día 
del patrio festival que nunca olvido, 
tu santo amor dentro del alma mía 
cual cirio del altar, vive encendido. 

Y aunque duerma, despiértase violento 
si tu enseña gentil me sale al paso, 
o escucho tu himno, pues entonces siento 
el afán de morir en tu regazo. 

Deseo a veces cabalgar al viento 
por dar alivio a mi ardoroso anhelo 
de respirar tu maternal aliento 
y de saciarme en contemplar tu cielo. 

A medida que viajo y que comparo 
más me confirmo en la verdad notoria 
de que eres digna de tu honor preclaro, 
pues no hay gloria más pura que tu gloria; 

ni progenie más noble que tu gente, 
ni edén que exceda a tu feraz pradera, 
ni luz más bella que tu sol ardiente, 
ni tricolor que iguale a tu bandera! 








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