jueves, 27 de agosto de 2015

JOSÉ ALBERTAZZI AVENDAÑO [16.911] Poeta de Costa Rica


José Albertazzi Avendaño

José Albertazzi Avendaño (Paraíso de Cartago, 15 de enero de 1892 - San José de Costa Rica, 3 de septiembre de 1967) fue un periodista y político costarricense. Orador polémico y articulista comprometido socialmente, llegó a ostentar importantes cargos legislativos en su país.

Obtuvo primero el título de maestro normal por el Liceo de Costa Rica, y posteriormente el de abogado. Trabajó unos años como maestro en la ciudad de Liberia.

Trabajó como periodista, demostrando una gran conciencia social. También dio clases en el Liceo de Costa Rica.

Fue director de la Biblioteca Nacional de San José.

A nivel legislativo, fue diputado en los períodos 1926-1934 y 1938-1948 y presidente del Congreso Constitucional de 1944 a 1945.

Como escritor, gozó de popularidad su obra poética (ganó, además, distintos premios tanto en su país como en el extranjero). Es autor de:

Por los recodos del camino.
Palabras al viento.
Bajo el azul.
Fragmentos del alma.





El limpiabotas

Al caer de la tarde se moría,
como se dobla un tallo, el limpiabotas
y al mirarlo en su lecho parecía
una esperanza las alas rotas.

Pálido, débil, en su frente había
como un agonizar de ansias ignotas;
y giraban sus ojos en sombría
visión de horas oscuras y remotas.

Madre, murmuró entonce el moribundo
con un hilo de voz que fue un sollozo,
arregla mi cajón que fue en el mundo

mi único amigo y mi mejor consuelo:
voy a lustrar, radiante de alborozo,
las botas de los ángeles del cielo.



Pincelada

Va naufragando en sombras el camino
del monte al pie; de lejos, la campana
la dulce paz del Angeluz desgrana
sobre el noble sosiego campesino.
Vuelve al cortijo con su andar cansino
la yunta que partió por la mañana,
y en la verde amplitud de la sabana
con la última luz se apaga un trino.

Desde las eras y los corazones
sube hasta Dios la plática sencilla
que con su esterilidad calma y sus duelos,

y yo mismo, olvidado de oraciones,
digo ante tanta excelsa maravilla:
Padre nuestro, que estás en los cielos.



¿DETERMINISMO?... 

El bien, el mal, el santo, el delincuente, 
palabras petulantes, sin sentido: 
ya dijo el otro que del mismo nido 
puede salir el ave o la serpiente. 

El niño que a la vida sonriente 
por atávico mal viene impelido, 
será de pecho noble o un bandido 
según el torbellino que lo oriente. 

Todo, bajo este cielo, es transitorio, 
la estrella que deslumbra, el infusorio, 
destellos son de un inmortal fulgor; 

todo es cuestión de rumbo y de momento: 
con el metal que se hace un monumento, 
un odioso puñal forja un traidor. 




CAUTIVO 

Con la aurora hay que dar la gran batalla, 
hay que abatir al enemigo fiero, 
todo está listo y Napoleón, severo, 
en la alta noche va a partir y calla. 

El hijo de su amor duerme, y ensaya 
su boca una sonrisa; el gran guerrero 
va a decirle su adiós, quizá el postrero: 
¿respetará su vida la metralla? 

Besar quiere una mano dsl pequeño; 
pero éste, entre las suyas, en su sueño, 
retiene una del bravo Emperador; 

y el que venció a la m.uerte, y el que altivo 
su gloria impuso al mundo, está cautivo 
de una mano sutil como una flor. 




EL PREGONERO 

«La Libertad», «La Patria», se oye el grito 
del pregonero en la mañana oscura, 
como una imprecación que va a la altura 
prolongando sus ecos de infinito. 

Esta mañana lo miré, proscrito 
de un hogar que abatió la desventura, 
me pareció fugaz caricatura 
dibujada por un lápiz maldito. 

El no sabe que va por la pendiente 
que lleva al vicio o al dolor, ignora 
que después de un vivir pobre y doliente 

gritando esos dos nombres desde niño, 
lo encontrará vencido su última hora 
sin libertad, sin patria... y sin cariño. 




CROMO 

Al caer de la tarde, se moría, 
como se dobla un tallo el limpiabotas, 
y al mirarlo en su lecho, parecía 
una esperanza con las alas rotas. 

Pálido, débil, en su frente había 
como un agonizar de ansias ignotas, 
y giraban sus ojos, en sombría 
visión de horas oscuras y remotas. 

Madre, murmuró entonces el moribundo 
con un hilo de voz que fué un sollozo: 
arregla mi cajón que fué en el mundo 

mi único amigo y mi mejor consuelo: 
voy a lustrar, radiante de alborozo, 
las botas de los ángeles del cielo. 





EN TU día 

A MI HIJA VIRGINIA 


Naciste ayer de un beso, y ya mañana 
vas a cumplir siete años, se diría 
que eres un ruiseñor por la alegría 
o fresca flor por la ilusión temprana. 

El ansia de tu arribo no fué vana, 
pues viniste a calmar, estrella mía, 
la inquietud de mi loca fantasía 
que en urdir jeroglíficos se afana. 

Hija da un noble amor, en tu existencia 
ha de haber la tranquila transparencia 
de una gota en el cáliz de una flor, 

y si el dolor te causa alguna herida, 
sonríe en él al alba de tu vida 
y bendice en tu Dios ese dolor. 





¡PERDÓNALO, SEÑOR! 

¡Señor! Si en su vivir hubo impurezas, 
si hubo en su alma huellas de delito 
y en su triste aislamiento de proscrito 
ignorante vivió de tus bellezas; 

si sembró su camino de tristezas 
y si el pecado convirtió en el rito 
de su desolación, y sus fierezas 
fueron en su dolor trágico grito, 

¡perdónalo. Señor!... nadie en su senda 
vertió una luz, jamás ninguna tienda 
acogedora le brindó un amor; 

y el amor es lo único en la vida 
que hace luz en nuestra alma ensombrecida: 
¡en tus brazos acógelo, Señor!... 




ECO DISTANTE 

Enmudece tu piano, esa armonía 
suena en mi corazón como un lamento, 
como una queja que arrancara el viento 
de una campana al declinar el día. 

Estrangula esa nota, amada mía, 
tuércele el cuello al cisne, porque siento 
que esa música llora en un acento 
de un dolor que soñó ser alegría. 

¿Qué marchita ilusión o qué atavismo 
de amargura ancestral llora en mi mismo 
las notas de tu piano al escuchar?... 

Así recoge el alma de la lira 
todo lo que en redor calla y suspira 
y el caracol la ronca voz del mar. 



LA POSTRERA ILUSIÓN 

Al pie de la montaña, una alquería, 
un huerto de racimos y de flores, 
donde lleguen los pardo ruiseñores 
a saludar con su laúd el día. 

En el hogar sin galas, la alegría 
inmaculada de mis tres amores: 
ciega la puerta a todos los rencores 
y sorda el alma a la filosofía. 

Para la quieta noche, un libro ameno: 
restañar con espíritu sereno 
hondas heridas que causó un dolor, 

es la única ilusión que mi alma abriga, 
bajo el signo fecundo de una espiga 
y la amable sonrisa de una flor. 





SERENAMENTE 

(en días de esclavitud) 

Amada buena, dulce compañera 
que aguardas mi retorno, entristecida; 
¡ya ves!... no brota sangre de mi herida 
porque es herida oculta y traicionera. 

Cierra las puertas del hogar, afuera 
toda idea de bien está perdida, 
y a través del espacio y de la vida 
la bestia triunfará, salvaje y fiera. 

Sólo quiero tus manos, y las finas 
manecitas de amor, manos divinas 
del ángel que colmó nuestra ilusión, 

para posar en ellas mi cabeza 
sedienta de quietud y de terneza, 
mientras pasa bramando el aquilón... 




FLOR DE HISTERIA 

...Y me contó su historia: su vivir campesino 
fué el vivir silencioso de una resignación... 
y en una tarde alegre la libertó el camino 
de la tristeza que hizo sangrar su corazón. 

Luego, se vio extraviada entre ese torbellino 
de carruajes y gentes de una gran población: 
trajo sed de cariños y se embriagó con vino 
del que sirve en sus copas la baja seducción. 

«En los primeros días hubo amor y hubo lumbre 
en esto que es ahora nido de pesadumbre, 
en mi boca un halago, en mi pecho una flor; 

mas hoy sólo me queda, abrumada y vencida, 
el placer inocente de haber sido en la vida 
fuente abierta a toda ansia disfrazada de amor.» 







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