miércoles, 8 de julio de 2015

JULIO C. PALENCIA [16.494] Poeta de Guatemala


Julio C. Palencia

Guatemala, 17 octubre, 1961

Poeta, ensayista y traductor.
Exiliado en México de 1982 a 1995.
Realizó estudios en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, en la Ciudad de México.

Libros:

Transeúnte de la muerte (Editorial Praxis, México)
De alquimistas y agonías (Editorial Praxis, México)
Canción para recién nacidos (Editorial Praxis, México)
Todos los silencios (Ministerio de Cultura de Guatemala y una segunda edición por la Universidad Autónoma del Estado de México, 2001)
Los Caminos de mi rostro (Magnaterra editores, 2000)
Trinar es otra forma de decir te amo (Editorial Praxis, 2013)
Los Melcochosos somos los de en medio (Pendiente de publicación)

Artículos:

Abul al-’Ala’ Al-Ma’arri, el sabio ciego de Ma’arrat
Baruch de Spinoza: La herencia que disputó, la que rechazó y la cátedra que nunca impartió.
¿Ya leíste un libro? Dónalo a tu biblioteca.
Filibusteros, moral internacional e interés material.
El Canal de Nicaragua, una historia incompleta.
Luis Cardoza y Aragón: El Brujo del Ajusco.
Ciudades líderes en ciencia y América latina.
Vanidad y bibliotecas o como se evapora la palabra.
Manuel Colom Argueta, la oveja más negra de todas.
Los Ulises de nuestra Odisea.
Las nuevas formas de la guerra.
El puente roto del espíritu humano: imaginación y creatividad.
La independencia patria y la libertad de usted.
Carta para mi hermana.
La única verdad sagrada en la ciencia.
Giordano Bruno: universo y mundos infinitos.
El reino de la metáfora: ciencia y poesía.
América Latina: conocimiento y patentes.
Ciencia y tecnología en Latinoamérica.
¿Qué es escribir bien?
Un guatemalteco entre birmanos.
La saga del jaguar.
El camino es nuestros pasos.
Manuel Fermín Reyes Melgar a 28 años.
Barrio El Rastro.
De la patada.
Joven amigo poeta.
La aduana de los dos puntos en tres aforismos o frases.
Lenguaje y cosa, nombre y acercamiento.
Qué es un himno, qué es un poema.
Si mi biblioteca se quemara esta noche.
Rosa Luxemburgo Palencia Morales, mi hermana.

Entrevistas:

Si el matemático es el poeta del racionalismo, el poeta es el matemático del irracionalismo. Entrevista al poeta chino Cai Tianxin.
La espada incandescente de la poesía. Entrevista a Mario Payeras.
El espacio que los relojes y la sangre cuentan a gotas. Entrevista a Mario René Matute.
El país que no invierta en ciencia no irá muy lejos. Entrevista a Fernando Quevedo.

Traducciones:

Los restos. Mark Strand.
Comiendo poesía. Mark Strand.
Matemáticos y poetas. Cai Tianxin.
El número y la rosa. Cai Tianxin.
Mark Strand: No invisible del todo. Entrevista.
La llegada de la luz. Mark Strand.
¿Somos parte de una simulación en computadora? Entrevista con Rich Terrile.
Entrevista con Ray Kurzweil: Una visión radical de un tema actual.
Entrevista de CNET a Bill Joy
Vinton G. Cerf habla sobre la creación de la Internet Interplanetaria.
Bancos y familias superadineradas podrían tener más de 32 billones de dólares en paraísos fiscales.
Ciencia en la mira. Discusión con Noam Chomsky, Lawrence Krauss y Sean M. Carroll.
Carta de Rodney Decroo. Poeta canadiense.
Entre sus traducción se encuentran más de 2mil artículos relacionados con ciencia y tecnología

Colaboró en las revistas Los Extemporáneos, Otra Guatemala, Barrilete, miembro del Consejo de Dirección de la revista Rayuela, de la que fue co-fundador y co-director, La Guirnalda Polar (Vancouver) y Magnaterra (Guatemala).

Co-fundador del Fondo Para la Cultura de Guatemala, de existencia efímera.

Fue designado por la revista Crónica, de Guatemala, personaje de la semana.

Ha sido entrevistado en México para El Financiero, La Jornada, El Universal, Unomásuno, Diario de México, y en Guatemala para Prensa Libre y Diario de Centro América.

Emigró a Canadá en 1996, lugar donde coordinó el Círculo Literario Latinoamericano en 1998.
Realizó estudios en la British Columbia University y en la Simon Fraser University sobre Literatura Canadiense e Inglesa.
En 1999 fue nombrado guatemalteco distinguido en la Columbia Británica, por la comunidad guatemalteco-canadiense.

Participó en el Festival Poético Latinoamericano de la Ciudad de México en 2008.
Participó en la Feria Internacional del Libro de la Ciudad de México (Zócalo de la Ciudad) en 2012

Dirige los sitios en línea:
www.poesiaguatemalteca.com
www.narrativayensayoguatemaltecos.com
www.pruebayerror.net (sitio de ciencia y tecnología para Latinoamérica)

Reside actualmente en México.




Con palabras, poeta. 

Levanta tu ser con palabras
empapela tu manzana 
con letras grandes y pequeñas de periódico 
dale con humo forma y presencia 
a tus días  
para ver con claridad 
las corrientes de aire 
que azotan 
con violencia la puerta 
de sus ojos.




Tu gesto

Miráte al espejo.
¿Qué ves?
¿Reconocés ese gesto cavernario?
Es lo único que queda de vos, Patria.




Nuestra casa

En este cándido 15 de septiembre 
una pregunta cándida.
Señores, hermosas señoras:
¿Qué tenemos que hacer
qué pasos virtuosos debemos de dar 
para tener una patria digna
una casa común para todos?





Las cuatro estaciones

Primavera de Vivaldi 
árbol de fuego 
tus sepultados cráneos 
raíces 
sonríen entre las llamas.

Verano de Vivaldi
árbol bendito
pupila de fuego
camposanto de mariposas
que no se van
y se quedan a morir siempre un poco más
por el puro gusto de hacerlo.

Hojas secas del otoño de Vivaldi,
brasas que caen 
árbol viudo    hojarasca
riachuelo de lava
nuestra sangre.

Fuego del invierno de Vivaldi
apagado cielo
hacia la oscuridad cae tu luz
fuego vencido.

Árbol yermo 
tus flores vienen de vuelta 
sueñas ya la primavera 
sueñas tus perlas de fuego 
tu agua clara 
cuando luciérnagas, sapos y grillos 
cantan tu resurrección.

Pero hoy sólo la orfandad es cierta
árbol sin sombra 
árbol llamarada 
y sólo el fuego frío del olvido 
consume tus raíces.





El odio que nos tenemos

Llegaron. 
Y se adueñaron de todo lo que había. 
Llegaron para quedarse. 

Entre su cruz y su espada se tienden millones de cadáveres. 

Así nacimos nosotros. 

Su civilización se nos volvió barbarie 
reinó la rapiña 
y el abuso que hoy todavía persiste. 

Debemos sobreponernos al desastre.  

En nuestro espíritu
hay un fuego no resuelto: 
es el vejamen que se respira 
es la impunidad para degradar al otro  
es la justicia sesgada 
y con precio.

¿Cómo no ser lo que ya eres? 
Esquizofrénico o neurótico.

Debemos sobreponernos.

La distancia entre el Curiosity en Marte 
y la decadente oligarquía... 
el Ríos Montt que padecimos
parece insalvable.

EL sueño de España fue nuestra pesadilla.

No hay tiempo para el pesimismo.

Debemos sobreponernos al desastre. 





En su condena, general

A monseñor Juan Gerardi.

De qué alegrarse 
si es una tristeza enorme
saber que hay hombres como usted, general.

Si le dieran un día
por cada crimen cometido
quizá 80 años sería un buen número, general.

Ningún abuso 
será deshecho 
ningún muerto 
será redimido.

Qué decir a los niños
cómo enseñar su historia de horror 
en las escuelas 
cómo poner de ejemplo
lo que usted hizo y fue, general.

Más duro que los años condenado
es cargar con su apellido 
es llevar su sangre 
ser señalado genocida, general. 

No hay alegría en su condena, 
porque como usted
hay muchos más en mi patria, general.

Y sin embargo, hoy 
el corazón late menos desbocado 
se da un respiro, ha encontrado un remanso 
en mujeres y hombres dignos 
que le acusaron y condenaron, general.





Lázaro, otra vez

Me levanté de los muertos
con auxilio de vivos y no vivos
con multitud de manos
empujando el desmayado cuerpo
desde la tierra.

Uno se muere sin saber que está muerto.

Según uno tiene los ojos bien abiertos.

Se queda uno quieto viendo el sol de cualquier noche
y en esa luz nos perdemos.

Con otro aliento
rondando mis pulmones
me levanté de los muertos,
Lázaro maravillado
que desdeña lo divino
y busca lo humano.




De piedra y polvo

De piedra mi pasado
y de polvo mi futuro
de donde vengo el cielo nocturno es tibio
una luna lo recorre y no se esconde
una estrella grande nos señala al corazón 
el camino que nos prometimos.

De donde vengo
compartimos lo que no tenemos
soñamos con la mesa llena
y rezamos
con la boca hambrienta.

De donde vengo se nos mueren los niños
como una pesadilla recurrente
y recordamos paisajes que alguna vez fueron verdes
una mala película
sin repentinos héroes, todos malogrados.

De donde vengo
nos abrazamos para no morir solos
confiando sin remedio en el otro
y no pasar en solitario hacia la otra vida
soñando aún
en encontrar lo que fuimos antes del desastre.





Soledad: mujer y guerra

Nada oficial, amor mío.

Que sea tu cuerpo y el mío
que sea nuestra mente
la llama en tus ojos
nuestro deseo virgen
bendiciones sea todo
lo que nuestras bocas puedan murmurar
como un canto amanecido en las flores. 

Sin vestido de novia
sin velo en el rostro que te impida verme
sin anillo en el dedo
sin un papel firmado
sin una obligación obligada
sin que el ministerio de un hombre o de un dios
se interponga entre nuestro milagro conjugado
entre mi daga y tu herida
entre mi llaga y tu sangre.

Abrazo al aire en tu cuerpo
y es vida pura tu exhalación en mi rostro
verte es mañana y tarde
de un día cualquiera pleno y lleno de tu gracia;
mirada, ilumina el día;
manos, levanten el sol y callen;
he visto el atardecer contigo
y los días pueden ser un milagro
de dos señalando hacia el mismo sitio
donde van a morir las ballenas
con sonidos claros y solemnes

Camino de dos que lleva a muchos senderos.

No malgastemos nuestro amor.
A qué traer un hombre a dar fe de lo que nosotros
somos testigos y obradores de hecho.

Es ese aire que lleva tu olor y mi olor
de tu sexo y el mío
como cuando un pez volador salta osado
sólo para presenciar del sol la redondez o de la luna su brillo.

Hacerlo oficial es llenarlo de mierda amor mío.

Que no haya acta ni mentecato
que se interponga entre nosotros.

Yo te declaro mujer y tú me declaras marido
de una forma que los hombres y las mujeres descubrimos todos los días,
y de la cual hoy participamos
como una comunión de dos.

En esta cama, entreverado y entreguardado
en tu cuerpo moreno, mujer mía
digo que te amaré en el instante eternamente fugaz
presencia marina negación que estoy solo
soledad de guerras que sobrevive camuflageada.





Ítaca eterna

Hacia dónde se regresa no lo sé.

Quizá a la imaginada añorada tierra tuya.

La sutil, la perfecta en el sueño,
la desgarrada Dulcinea del recuerdo.

Se regresa, pero sin rumbo
a ser otro, a encontrar otro mundo
a rendirle tributo al recuerdo 
a encontrar la memoria viva de los ya muertos.

Escribes estas líneas trastabillando
sin ritmo ni tono ni encantamiento
las escribes para liberarte
y desatar en cada letra el llanto.

No ofrezco el sosiego envejecido de los años
el tranquilo aparato de la comodidad
el acomodo necesario de la comida y el Estado
un burócrata predecible y acabado.

A mi me persiguen las hormigas
me impiden quedarme en reposo
y la nada se resiste a guardar en mi regazo
una brocha gorda de pintor barato
he crecido hacia no se qué
me eternizo en otros que no existen
me crecen flores y espinas
y la boca se me llena de oraciones
hacia un dios que aún no invento.

Extiendo mis brazos y reparto besos a fantasmas vagando en mi memoria
repito frases, situaciones alejadas entre sí por muchos años
toco una puerta que parece falsa y entro a un mundo verdadero.

Me gusta tu presencia, la que es silenciosa
la que no pretende nada. Tu amistad simple.

He crecido hacia un no se qué.

El medio día se planta portentoso
canta la luz todos los tonos
con el viento.

La vida es aún una canción que no comprendo.
Me maravilla.

Va tarareando una tonada que me gusta
silbido medio chueco medio dulce
susurro de amor de color incierto.

Un niño de Mixco husmea desde el recuerdo hermoseando la mañana
sonríe y me vacía el alma de tanta ausencia 
y de líneas no escritas 
por indecibles.




Discurrir de transterrado 

Este discurrir diario
desterrado obligado voluntario
lejos de una patria sin memoria
donde los muertos se mueren para siempre
nacen héroes sin vida sin épica sin gloria
y un aire enfermo inunda los libros de historia
cansado de repetir el mantra 
donde se esconde un mejor futuro
un presente decente.

Este discurrir diario
de transterrado
alejado de una patria que ha olvidado su nombre
y se refiere a sí misma como algo que fue aunque no haya sido nunca 
una patria con muletas
y sin abecedario épico
una patria fantasma
una mísera condena
donde somos nada y nos llamamos nadie
ante los ojos desorbitados de un niño.

Este discurrir de desterrado antiguo
donde la patria alumbra con luz vieja
y calienta con los trapos y la carne que uno mismo se trajo
como en tiempos de tinieblas de guerra de tragedia
cuando alrededor de una fogata nos sentamos
y algunos temblamos de frío y otros de miedo.





Poemas dedicados al #RenunciaYa guatemalteco


El canto sin nosotros

El canto es por nosotros
y para nosotros.

Donde no estamos hay sólo silencio.




Clase política

Dobles intenciones,
mezquindad, bajeza:
me gusta más el Doctor Merengue
que nuestra clase política




Patria del llanto

Siéntate a llorar por lo que este país es,
sólo por hoy.

Ni la desventura ni el hambre
son territorios
para permanecer demasiado tiempo.




El nosotros

Si el nosotros no tiene sentido,
¿qué hacemos tú, él, ella y yo aquí?




Nostálgico

La nostalgia es por lo que no hice,
nunca por lo hecho.

Un abrazo a tiempo,
un pan compartido,
un vaso de agua
para decir la misma sed.




La pobreza

Ponte a parir en el suelo,
ponte a enterrar a tus hijos.

La pobreza,
por más adorno que le ponga el poeta,
es terrible y duele.


***



Nuestras hijas

Desde tus ojos veo todas las hijas
que no tuvimos

y que esperan por nosotros
más allá de toda esperanza
más allá de esta vida compartida.





Dios en la boca

Quien diariamente nos oye:
Dios quiera
primero dios
dios lo permita
madre santa
bendito sea dios
que dios te acompañe
gracias a dios

no puede imaginar, no tiene pistas para creer
que ni el umbral de tu casa o la mía
es frontera para el sálvese quien pueda,
el hambre, la pesadilla brutal,
la ley de la selva.




Ojos cerrados

Nunca vio un gato negro en los tejados
y ninguna paloma fue blanca ante sus ojos
ni fue el cielo azul o gris
de una tarde cualquiera
el que lo dejó ciego.

Se quedó ciego por voluntad propia.

Se negó para siempre a abrir los ojos ante la pesadilla
y permaneció en otro mundo,
el suyo,
sin luz pero luminoso
como la materia oscura
que afecta y curva lo que vemos.




Extinción en masa

Triste,
triste,
triste,
perder el paso
y el favor evolutivo.
No imagino una sonrisa más bella que la tuya,
crías más bellas que las nuestras.




CANCIÓN PARA RECIEN NACIDOS


En los caminos...
En los caminos encontraremos
de nuevo nuestro rostro.

A Rosa Palencia Morales,
víctima de la guerra sucia
del ejército guatemalteco,
secuestrada el 8 de febrero
de 1984, a los 18 años de edad.



PRIMERA PARTE


I

Ama,
ama...
amarillo dijeron las flores.

Y el girasol,
entristecido, sol atado a la tierra
repetía:
amarillo... amalrío,
amagrillo.

Y al grillo, ligero
aburrido de hacer vagar
entre los montes
burbujas de sonido,
a cada salto -casi vuelo-
una nota de silencio
lo habitaba.

Al pie del arcoiris
una mariposa desnuda
desconsolada llora y llora,
pues ningún color
le quiso vestir la tarde.

De plata y fuego las nubes,
todas tras el sol
y su larga, repetida
caída de gigante.

En la boca de la noche,
el naranjal, aturdido,
siente que un fruto le falta:
lo sueña en flor, fruto amanecido
otra vez en sus raíces.

Un torbellino de hora exacta
habita la huella del polvo;
un roble imagina hojas nuevas
en el espejo de la lluvia.

A todo lo recién nacido
la muerte bien vestida
al oído le decía: ¡bienvenido!

Y el girasol
y el grillo
y la mariposa
aún soñaban con el trote del viento.


II

El sol no me armó caballero
y nunca tuve a un escudero.

Consultados los peces,
por un delfín
sin corona y con reflejos de cielo,
me nombraron capitán y marinero
de un barquito de papel;
las gaviotas eras las velas
y al centro
el mástil de mi mirada.

Con el viento
y con las alas a favor
navegaba la empinada
calle real de mi pueblo;
ya en su cima,
que era la cima del mundo,
atracaba en una nube.

La nube leía en mis ojos
la traza del viaje,
se metía por veredas
y caminos polvorientos
del cielo
hasta llegar al otro puerto
que era un basurero.

Entre fetidez
y zopilotes andariegos,
la tripulación 
coleccionaba sueños
y alguna que otra
baratija rota...

Para entonces
el puente entre mirada y ojo
era la alegría.

Del Padre Nuestro,
mesándome los cabellos,
en la iglesia blanca, blanca...
al despintado rastro,
donde los matadores
con sangre fresca
en las paredes escribían: ¡tu madre!

Llegado el día,
la tripulación imaginaria
se hizo vieja
y cansada ya
rechazó todo ajetreo.
Querían ser reales,
no sólo ser la fantasía
de un niño marinero.

Y el grillo
y la mariposa
aún soñaban con el trote del viento.

Sólo el girasol,
apenas claridad, apenas rocío,
a pleno sol
atendió ese llamado.

Ama, ama,
decía el girasol,
amarillos sus cabellos
y mi alma al sol
amarillo sol.

y yo tuve
un girasol por hermana
y todo un sol en casa,
majestuoso y entristecido
pero no tan solo,
solo a la sola soledad del viento.


III

Aquel casi niño,
alojado en una raíz profunda,
a sacar una mano jugaba,
jugaba a exiliar un dedo.

Las aves crepusculares
aleteaban entre el árbol y la semilla,
en un nido
de una entrada y treinta cuartos
entre las ramas de un nisperal.
Y mi rostro a la intemperie,
diálogo perpetuo
de ojo y luna.

¿Cuatro? ¿Cinco años...?
Cinco, ya traía yo
el girasol en mi costado,
como un sol
de imposible luz
que me crecía.

El girasol llegó
como suelen las bahías del alma
llegar de pronto,
como un viento de pétalos
que presentía mi memoria.

Me crecía el atardecer...
casi sol entre las manos,
una moneda de fuego
hacia el infinito mar
de las imágenes.

Yo era un niño ya vestido de nostalgia
y ella, mi hermana, el girasol,
a veces luna,
a veces flor.

El mar, con su manto arrugado
de tanto caer y levantarse
me parió innumerables veces;
en su arena
fui casi niño, casi adolescente.


SEGUNDA PARTE


I

La luz jugaba
a mostrarme el esqueleto
de las cosas.
El miedo era como los fantasmas;
crecí inundado
de infinitos rostros,
guardianes de puertas clausuradas
en ignorados pasillos
de la vida.

Ellos son los que no llegaron a ser
y se quedaron en asomo de la tierra
en la fundamental batalla
del escudo y la saliva.

Uno, tres, treinda y dos
(cuenta ahora hacia atrás)
treinta, cero, menos qué;
casi soy niño,
casi me aposento
en la boca del mundo.
La luz
es un inmenso ciclón ciego
que me arrastra entre sus ojos
hasta las fronteras innombrables
nunca recobradas
de lo efímero y lo eterno.

Muere de asombro mi figura
desfallece el paraíso.
En ninguna manzana
mis dientes he clavado.

El eterno universo mío
se destrozó
como simulando un principio.

¿Qué hay en el corazon del arcoiris?
¿Alguno sabe si en su entorno,
al roce de sus nervaduras,
se apestan los cadáveres?

Y asi, nací,
fruto sin árbol,
lucero huérfano de cielo,
para empezar a morir.

Fui el sueño del roble
adoptado entre sus ramas;
mis pies, siendo apenas retoño,
palpaban a todas las raíces.


II

Sentada está mi infancia
a la orilla
de un inmenso jocotal.
Lanza semillas
y uno que otro ¡hijueputa!
a los fantasmas
que nacieron junto conmigo.

En mis venas
corría sangre de animales inexistentes,
fantásticos seres de luz y agua,
tierra y fuego,
y el viento del mundo
salía por mi naríz.

La mariposa
de colores desgastados
aún percibe el tacto y el aroma
de la crisálida en sus alas.

El niño nombro a las cosas
con un lenguaje que ya no comprendo,
tal vez con voz de pajarito
o con las vocales de las flores,
quizá con alfabeto de peces
o con signos de arcoiris;
exiliado de la primera infancia,
hube de despojarme
de mi piel y de mi voz
con ritmo y coloración del infinito.

La luz tenía su color
y el color su sonido,
el cardenal era una granadilla
y el naranjal
aventaba diminutas perlas a mis manos
y yo incluía otra estrella
en los árboles negros de la noche.

Empecé a morir...
con una golondrina exhausta
en mi mano.


III

Nada sabemos de la infancia,
territorio nunca hallado,
nada sabemos
salvo que, un día,
la aurora se clavó en ella.

¿Cómo saber su vientre
sendero del instante,
habitado por mil años
y mil maravillas?

¿Dónde hinco mis manos,
mis pétalos, mi destino florecido,
para hallarla?

El circo de la vida
está en tus manos
y ella te nombra simulador
y adivino de un mundo
que fue tuyo.

Esta palabra que me habita
aún no termina de romperse.

Regreso a un territorio
ignorado, desconocido, por inmenso
y mi cuerpo
torpe de armadura en la rutina
no ilumina
ni un solo recuerdo
que riele la amada memoria
que te nombra.

Debo entrar como sombra
que busca ser iluminada,
y en ese laberinto -que soy yo mismo-
darle fuego al abrazar su mirada.

Yo bien sé
que la mano, la mirada
y el niño que busco se ríe
-chingar hombre-
de esta solemne búsqueda.
aquí sentado a la mesa
donde las palabras no lo tocan,
no lo hablan,
porque la madera habla al bosque,
no al hombre.

Hay que desandar 
en el corazon muchos traspiés
y entrar sin velos en el alma.

Yo busco al niño,
y el niño me busca,
y en el camino de mi cuerpo
nos perdemos;
él, sentado en una playa,
paciente espera
y yo, que lo necesito como aire,
desfallezco en el tránsito
hacia sus sueños.

Sosteniendo to recuerdo
está ella
y sin embargo no la encuentro.

¿Qué necesidad de exhumar un cadáver?

Sigo hurgando
en el inmenso sepulcro
de la infancia común
en busca de un polvo amado
que dé constancia
de un sueño aún no muerto.

Busco lo que ya no soy,
y desespero al saber que mi mirada
no lo toca
y el ríe, llora y se caga
en el mismo sitio de mi presencia.


IV

Juego a comer semillas
para que florezca un naranjo
en mi cabeza;
respira, respira profundo,
en las esquina del panadero
una pesadilla de perros
confabula entre dientes contra ti.
Una, dos horas,
el pan frío
y aguanta a no zurrarte
en los pantalones.

Los geranios de abril
susurran
interminables cuentos
a los niños, y éstos
para escuchar de cerca
Odiseas e Iliadas olvidadas
o nunca oídas,
se acercan tanto
que el oído
muchos años después
aún entona un inexplicable
susurro de colores.



TERCERA PARTE


I

Zurcida la-ca-ra
sur pozo la-vi-da
sur vela la-m-a-r
surtido s-u-e
sueños...

Hombre del sur nací,
ahijado de la pobreza
en un paraíso miserable.

Crecí entre danzantes
caderas negras
pintadas sobre un fondo verde.
En su boca
acurrucábase un destello blanco
marfil del Africa de sus sueños.

En Guatemala
se es hermoso desde
el primer aliento:
se nace sostenido
en el aire
por una mano mágica.

Levanto, recién nacido,
la piel de la tierra
y me pongo a soñar
una canción verde;
a la ru ru niño canta la nana verde
y en su voz trae
un rumor pálido y líquido de su vientre.

En el pecho moreno del maíz
sacio la infinita sed
de mi luz y mi ceniza;
en el incensario de mi nombre
crece su signo 
de padre y madre.

Pude nacer con un dios
distinto en la carne.
Las manos de cualquier suelo
pudieron recogerme
de la húmeda y quemante
eclosión del vientre.

Pude nacer en Aldebarán,
en alguna perdida Alfa Centauri,
en algún rincón desconocido del planeta
y tus cafés, y tus cielos,
y tus verdes
sólo presentimiento serian.

Yo no pedí nacer aquí,
llegar ni siquiera pedí;
y sin embargo
agradezco la enredada luz de la memoria
y un sombrero de cielo.

Guatemala,
habitas una burbuja
de aire, que exhalo,
vestida con polen de mariposas.

Eres real,
yo soy tu sueño,
y tú, amante dulce y mía.

En tu regazo es lícito llorar
y convertir el llanto en sangre
y toda quimera en pesadilla.

Sin ceremonia o protocolo
un dia decidí desterrarte
de mi corazón;
al romper
con la Guatemala del llanto,
una raza
moradora del maíz y de la piedra
tendió sus sueños
para cobijarme.

Ay, Guatemala
sería tan fácil olvidarte
si tu cuerpo desangrado
no me atara una soga al cuello,
si mis ojos
no hubieran percibido
el alarido de la luz,
y si mis pasos, diminutos,
inexistentes,
no anidaran de nuevo
en los recodos de tu vientre.

Fácil, muy fácil
sería derribarte con un soplo,
romper tu cristal con un grito,
si al olvidarte
no comenzara por negar mi primer llanto.

Estas líneas también son olvido
para recobrarte.

Hube de nacer guatemalteco
por segunda vez,
como olvidada crisálida
sin árbol.

Apenas estoy naciendo
y Guatemala, Grecia,
Roma, Egipto, Fenicia,
Persia, España, la tierra toda
tiene dolores de parto.

Nací hoy
para vivir ayer,
y el ayer
me bañó con sus aguas memoriosas
para que mi pupila
hoy fuese enteramente nueva.

Se nace ya muerto;
soñamos que un viento
se aloja en nuestro ser.

Una mujer
siempre indica que estamos vivos.


II

Guardé en los bolsillos
del corazón
un carrito metálico,
una patria añeja,
un inventario de los sueños
y anoté en mis ojos
cada amigo muerto.

De la tierra
me alimenté yo,
el militar, el dictador
y el muerto...
y los muertos fueron tantos
que el noble fruto en la boca
sabía a plenitud acongojada,
diminuto panteón la semilla.

Una moneda al aire
para ver quién alquila
el cadáver de su patria
y lo fornica;
tal vez muerta ya
sólo atina a parir esclavos.


III

Acuno mis brazos
y susurro al viento
algo que suena dulce;
extraviado de razon
me enredo en la lluvia,
el derrumbe de dios a gotas.

En el espejo de su cuerpo quiere ver
de cada hombre y mujer su condición,
su tiempo, su muerte.

El cielo se derretía en la tarde
a mis nueve años.

En el inventario de su esfuerzo,
de gota en gota,
formó lagos, ríos y mares.

Esa tarde de invierno
de todos los tiempos,
y que yo viví a los nueve años,
Dios se arropó con las nubes más negras,
acunó sus brazos,
y se fue cantando a su infancia
una canción aprendida del viento,
requiem para golondrinas exhaustas:
se puso a llorar y a morir
en un sendero de arbustos y cocoteros.

Ahora, Dios no vive ni llora
y el cielo se derrite por costumbre.


IV

Una risilla traviesa
escucho en el alma adormecida
de mi infancia.

Guatemala lleva mi niñez a tuto
envuelta en su geografía danzante,
colgando de su tejida frente de colores.

¡Madre, madre
no me desampares!

Tu sabes que habito
entre la luz y la tiniebla.

Madre, cuánto rodeo
para decir te quiero.




CUARTA PARTE


I

Hermanados por la misma claridad
y la misma sombra.
la niña se deslizaba
entre mis ojos,
como luz en permanente fuga,
como un respiro ya dado
en cerrado abrazo de sangre.

Una mirada, un gesto,
y el niño, sobrecogido,
diluíase en el mar
ante aquella presencia poderosa.

La niña me fabricó alas
para escapar de la piedra;
y la mujer, en su laberinto y el mío,
rehizo el polvo
en la fragua de su vientre.

Los caballos negros
arremetían sedientos
hacia el centro de su río.

Un aroma desnudo
se posó en sus labios
y ella sopló sobre las velas
de mi vida y de mi sexo.

Un sudor de flores
sabía llevar a los cuerpos
a ser verdugo, alta y sacrificio;
ceremonia iluminada
por el beso y por la carne.

El amor era una fina luz
que cubría las cosas,
y la amada
era un sendero marino
inventado entre un roce y un suspiro.

Desprendida de mi cuerpo,
mi voluntad iba tras el halo,
olor, sabor, tacto
de un ser habitado
inevitablemente por lo bello.

Gira, gira la niña
alrededor de su ombligo
y todos los objetos, como larga cola,
custodian la morada húmeda
de un ave
en ascendente ejercicio de hombre.

¿A qué niña
atribuir este sueño inacabado
de cauce clarísimo
gota detenida en su caída?

La supuse inalcanzable,
una presencia extraviada y divina;
difuminada su cabellera en el viento
la creí no tangible.



QUINTA PARTE


I

Muchos pasos me apartan
de tu vientre;
hace años ya
que vestiste de niño
tu recóndita morada,
en efímera y nostálgica
escritura sobre huesos.

Traigo tatuado el esqueleto
con signos mudos,
solo descifrados por la sangre erguida
en un parpadeo del tiempo.

Entre el alarido y la palabra
un niño allana los caminos
con sus alas inagotables
de querubín o demonio.

Lo sublime no le asusta
y la broma le da grima,
todo, todo, ¡todo!
bajo su amada sombra
se torna certero y luminoso.

Llamarada todo él,
sin consumir la materia
que lo nutre,
en perenne aprendizaje
de estrella.

La burla, grotesco
gesto de eternidad.
Nada se es
si antes no se es sueño;
nada es como no ser, siendo.

Calzo en mis manos
las palabras, con ellas
todo la espalda del niño que fui,
y el marinerito me dice adiós, adiós
sin irse nunca.

Tengo el canto mío
para celebrar tu presencia alucinada;
junto a ti
inhalo un suspiro del universo.






No hay comentarios:

Publicar un comentario