martes, 16 de junio de 2015

RENÉ VALDÉS MORALES [16.273] Poeta de Chile


René Valdés Morales

(1986) nace en Talca, Chile. 
Actualmente vive en Viña del Mar. 
Poeta y docente académico. 
Escribe sutilezas y especulaciones en su cuenta de twitter:               https://twitter.com/Renealonzo 
También ha escrito poemas en diversas páginas y blogs de literatura.



EL IDIOMA DE CÁNCER

Eres el lenguaje mismo desnudándose;
Y yo mirándote en secreto por el agujero de una hipérbole.
Me vigila una metáfora. Calladita.
Me sorprende por la espalda con su vestido rosado.
Nadie como tú sabe ser como tú;
Un plagio desmesurado al pecado original.
Qué bien te quedan las palabras;
Y los gritos y los llantos y las pausas
Y toda esa revolución de fin de semana.
Del bolsillo se me cae un verbo revelador
Suficiente para mirar por la ventana al pasado
Inútil para tocar lo que no sabemos callar
Me miro, y hay una justicia pueril
Que rodea toda mi incapaz parsimonia
Pero que alcanzó a llegar a tiempo a Valparaíso.
Nadie como tú sabe ser como tú;
Una guerra fría contra toda posibilidad de error.
No hay tregua en esta mal llamada inspiración.
Tienes la boca llena de estímulos
Yo escribo porque es mi forma de alcanzarte
Desde este lado de calle
Donde la poesía pesa más que el hambre.
No me mires tan afanosa que se te ven los adjetivos
Y no estoy calificado para tanta propaganda
Una tras una se me caen las creencias
Hay un mar lípido en tu mirada de cambio
Cierra los párpados. Nos pueden ver las niñas.
Me niegas la existencia en cada pestañeo.
Eres el lenguaje mismo desnudándose;
Y yo tengo el verso sonrojado de tanta esperanza.
Supieras cómo escribo cuando no te pienso
Ingrato de éxtasis, táctica y gramática.
Totalmente invisible a la forma en que te mueves.
Del bolsillo se me cae un verbo revelador
Lo azoto contra mi ego hasta que sangre
Yo te miro por el agujero de una hipérbole;
Esperando la impaciencia de un orgasmo
Que se desata en el algoritmo de tus causas
De tus causas perdidas. De mis causas podridas.
Yo vivo sin saber decir una palabra inteligente
Que levante tus ciudades. Porque no.
Eres el lenguaje mismo desnudándome.




INSPIRACIÓN

Oiga, señora, Ud. está sobrevalorada,
Además de producirme insomnio,
Me hace mal escritor.
Dudo de su distinción y de su importancia,
Incluso de su existencia.
Cuando pienso en Ud., no se aparece,
Y cuando me alejo, me acoge, arrepentida y fugaz.
Ayuda suya no he recibido,
Ni siquiera me dio una mano cuando era niño.
Aprendí a escribir en base a aislamiento y reflexión,
Y no a base de magia e incógnita.
La frase “no estoy inspirado”
Debería considerarse insolencia e infidelidad,
Y todo artista que la pronuncie,
Debería ser juzgado como simple e ingenuo,
Además de traidor y poco hombre.
Disculpe mi atrevimiento y mi irritación,
Pero Ud., señora, está sobrevalorada.
Yo no necesito de su socorro para escribir,
No necesito del soplo de los dioses
Para decirle a mi amada que su belleza me enmudece,
Ni siquiera necesito de las palabras.
Disculpe mi inoportuna insistencia, señora,
Pero Ud. está sobrevalorada.




SONETO AL LECTOR

Lector, ¿usted nos lee o nos escribe?
Porque nunca soy el mismo escribiendo
Esto se trata de ganar perdiendo:
Yo apunto un verso, usted lo reescribe.
Cuando la inspiración yace en sigilo
Se levanta un soliloquio inocente
Y yo queriendo sonar atrayente
Borro más letras de las que perfilo.
Yo viviré como el mejor lector
Usted goce como el mejor poeta
El arte solo se trata de amor.
Si la musa no me mal interpreta
Mis fórmulas se las debo al sudor
Sin lector, esta letra está incompleta.





Ojos amarillos

Tropiezo sería no hablar de tus ojos
Y callarlos levemente
Bendito egoísmo
Solo superado por el orgasmo del Big Bang

Yo hablo de ellos como callando.
Como si invitaran a morir un rato

En esta casa llamada silencio
Tu mirada desmemoriada es un canto a la paz
Yo te miro con ilusiones de quinceañero
Mas tu elocuencia es amplia y discriminadora
Para hombres como yo;
Fieles a la confianza perdida.

Yo no hablo de tus ojos,
Yo los callo
No conozco otra forma de mirarlos.

Mirada golandrinezca
Aurífera
Incluso amoral;
Hay otra forma de vida en tus fanales
Idiomas soberanos.

Hay miradas que deberían ser himnos.
Y ojos que deberían ser océanos.
Y tú, quédate allá
En el Olimpo de los mares azulinos
Donde los gritos se escapan fáciles

Lo que debía aprender
Ya me lo explicaste con tus ojos cerrados
Con la descabellada idea de que la revolución es posible
Fácilmente posible
En nuestros desórdenes ignotos e inimaginativos

Yo quiero morir en tus ojos en forma de brillo
Yo quiero morir en tus ojos
Y ser la lágrima que abraza tu boca de otoño

Yo quiero morir en tus ojos
Para más tarde
Ver el amarillo atardecer
Desde un balcón
Y que sea imposible no compararte.





Versos Desesperados

Me tiritan las manos de tanto extrañarte
Y las palabras me miran casi lisonjeras
Qué fácil se me hace evocar tus caderas
Que desatan mis hogueras sin siquiera tocarte.

Quien habla con el alma jamás mentirá
Mas la vida dirá si tiene razón
Mi alma pregona con desesperación
Tu nombre; un escudo que jamás cederá

Pobre de los dioses de espíritus titanes
Que ignoran el volumen de tu predicamento
He revisado en leyes, decretos y estamentos
Y en todos me someto a tus señas y ademanes

Pasión desenfrenada es lo que ofrezco
Si lo aceptas, estréchame una de tus alas
Cual océano impensable quiero vivir en tus mandalas
Desde te vi soy otro, yo te pertenezco

No cabe tanto sentimiento en mi mano derecha
Pero nunca he dicho que escribo con la mano
Hay entrañas en eso que llaman amor sobrehumano
Antes del beso fue la risa, antes de la risa fue la flecha.

Alejandra, tu nombre guarda secretos medievales
En él viven unicornios, minotauros y pegasos
Y yo siendo un chusco, un bufón, un payaso
Gozo de tus ríos, tus riveras, tus manantiales.

El mundo está callado, deja que se labra
Si existe la revolución siempre la presencio
Nadie como tú hace silencio del silencio
El poeta se enamora cuando lo dejan sin palabras.

Me tiritan las pupilas de tanto buscarte
Y los sonidos me ahogan casi zalameros
Que fácil se me hace evocar tus aguaceros
Que desatan mis torrentes sin siquiera alcanzarte.





CINCO HORAS

Tu mirada se disipa lentamente
Entre ganas, zozobras e imposibles
Caudales incipientes e impasibles
Ahogan las palabras, ciertamente

Quisiera ser el libro de tus viajes
Someterme con entrega a tu presidio
El pasado es lo más vil del equipaje
Pues la distancia sin amor es homicidio

Entiendo el salvajismo del adiós
Mas nunca entenderé la cobardía
Solo hay camino si se vive la utopía
Solo hay palabra si se quiebra la voz

Pomposa es la esperanza del viajero
Que ve más de un paisaje por ventana
Tú que llevas un espejo de compañero
Siempre tendrás mi beso por la mañana.

Reniego del amor si no trae consigo
Una certeza que lo valga, que lo defina
Nuestro ímpetu no corre, camina
Cinco horas; tiempo escaso para vivir contigo.



Me vivo

Hay océanos en mis vacíos
Una golondrina canta a la orilla
De mi rincón menos vernáculo.
Abro las páginas de mis párpados
Y crecen frondosos haikús.
Pusilánime la nostalgia vuela en silencio
Se evidencia de vez en cuando
Como para sacar al verso a pasear.
Mi verdad gesticula una sonrisa sincera
Muestra hasta las encías
Y tamaña carcajada descontamina
Las porosidades de una llamarada azul.
Hay en el abismo de la vida típica
Una certeza indeleble llamada felicidad.
Algo invisible. Algo olvidada. Algo ridícula.
Mas nos atañe con puntualidad sombría
¡Arriba, René! Las nubes auguran un brindis
Y tú, remángate las mangas de tu entereza
Y salta por la ventana a vaciarte de arrebato.
Pon agua a calentar y sírvete un café.
Hay en el balcón una nueva forma de desayunar.




El último verso

El último verso que escriba
Será el peor de todos
Una diatriba sin ningún designio
El más infantil nunca antes escrito.

Llegará el día
Y me pillará con las manos vacías
Pensando en casi nada
(Una polilla huevea en mi hemisferio derecho).

Poco importa la palabra
Cuando te has vuelto elegía
Y ni la inspiración más carnal
Te saca una letra sensata

Será un verso político
Porque no tendré nada que decir
Flamante en su forma
Haraposamente fiel en su concepto.

Nadie debería escribir nada
Si no es para llevarse la contraria
Y pelear por un espacio en la felicidad
Oh, qué bien lo dijo Borges algún día.

El último verso que escriba
—Si es que me lo permite esta batería—
Será una hoja en blanco llena de silencios
Acaso el verso más fiel de mi existencia.

Llegará el día
Y no tendré nada que decir
Porque nunca elegí escribir
Porque nunca supe qué pensar
Porque los poetas se ven mejor callados.



Plagio

No conozco otra rutina
Que pensar siempre lo mismo
La lacónica odisea
Del que se enamora fácilmente
No hay palabra muerta
En el asombro de los cuervos
Ni ego malherido
En el hogar de los poetas
Niño huérfano es el arte
Sobrado en parsimonia
Adueñarse es pretensión
Él vuela alto como el verbo
El poeta cabalga
Entre verdades y bellezas
Posee algo de muerte
Fiel a la costumbre del vacío
Ninguna palabra es nuestra
Apenas el hálito sensato
Lo demás es nuez y almendra
La fibra y la voz del oprimido
Es la conciencia universal
La gestora del halago
Lo demás es hallazgo y trofeo.





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