martes, 16 de junio de 2015

ÓSCAR ORELLANA [16.274]


ÓSCAR ORELLANA

Talca, Chile  1976.
Óscar Orellana encontró en mitad de la palabra no sólo el hastío por la vida, sino el antídoto para combatirlo. 
Dice que su biografía consta de un febrero en que «murió su inigualable gato Edgar, que vivió 17 años y al que incineró en un crematorio en Rungue, cerca de Til Til. El incinerador, de nombre Justino, le dijo: no es como en las películas donde la ceniza se la entregan hecha polvito. No. Hay que pasar todos los huesos por un molino de esos donde se hace morcilla». 
Es periodista de la Universidad de Concepción, y autor de La Indiferencia (Santiago de Chile: Das Kapital Ediciones, 2012).




La Indiferencia (Santiago de Chile: Das Kapital Ediciones, 2012).




Comportamiento de los quemadores

Escribo las negras pulsaciones, sombra en medio de
tu sombra, cuerpo en medio de tu cuerpo: la ternura
de la zarza, el canibalismo de las plantas. Escribo el
trazo electromagnético de tu cerebro. La longitud de
un mamífero que a mi lado se duerme.
Escribo para imitar al hombre inclinado sobre el
tiempo que no se encuentra. Escribo para oír un
ruido y no estar tan solo. Escribo el sonido de la
escritura. La risa de los animales escribo.
No son las mismas resistencias nunca. Cada cual a
su propio salto. Aire secundario. Distinto a todos,
muy único. Inducido por el flujo, avanzo frente en
llama. Desde el fondo de la noche: cámara torsional,
profunda, abierta.
Escribo frases vacías. La indiferencia escribo.



Cetrería

lo queremos todo
la sed
la jaula abierta
mientras el aire gira
que nadie sea libre
el derecho a ser verdugo
en nuestra propia casa
lo queremos todo
nombrar ciudades
destruir ciudades
volver
irnos
volver
los dientes postizos
la tierra de Jauja
salir en la foto junto a la primera presa
lo queremos todo
preguntarnos no saber qué decir
marioneta señuelo halcón
la especie humana fuera de su lienzo
la guerra interior de Guernica
lo queremos todo
la polilla:
el vampiro
preciosamente equivocado
mientras el aire gira



Ese hombre que murió esta mañana

yo mismo lo he encontrado.
la mirada ligeramente abierta para dar cabida a
un último día.
lleva puesta una máscara que no engaña.
que no oculta la resignación definitiva.
la falta de interés en los seres y las cosas.
me inclino, me tiendo a su lado.
yo soy la máscara de ese hombre que murió esta
mañana.



LECTURA EN VELOCÍPEDO

hay un engranaje y la parte más dura te ha tocado
      a ti Huguette: perforar el turquesa y el
      junco.
¿quien escribe en este fondo inestable?
pero, ¿hasta dónde escribes? ¿hasta ese precipicio
          hecho de cuadernos secos?
enfrentada a las palabras, para ser tú la
          declaración última cuando todas estas
          palabras se hayan vuelto la vida misma.
en los preámbulos, ahí donde la última hora se
          cierra. imprevista.
en la ilusión de que algo ocurre.
porque es urgente narrar una caída.
porque es urgente.  no importa si escribes bien o
          mal.  o si repites las palabras.  o si
          encadenas mal una frase con otra.
hay un engranaje y la parte más dura te ha tocado
          a ti.



PARA LOS QUE SE QUEDARON HASTA EL FINAL

tú dices:
para sobrevivir, uno debe ser algo.
tener una edad,
un empleo,
un sexo, un nombre.

para sobrevivir,
yo no tengo nada de eso.



SOY MALO PARA LOS FINALES

esta es la longitud de todo nuestro deseo,
de toda nuestra misericordia.
en un paisaje destruido veo toda la belleza del mundo.
                                                              
viajo, duermo.
me gusta la luz de tus ojos cerrados.
nuestros amores están muertos y estamos solos.
eso es todo lo que debes saber.







Oscar Orellana 
poesía y cuentos

ANAMORFOSIS

Hola. Mi nombre es Ana, mido 32 centímetros y hoy cumplo 68 años. Desde el lugar en que me encuentro es difícil lograr una imagen amplia de lo que me rodea, especialmente porque el líquido en el que me encuentro suspendida no permite que mis ojos logren ver con claridad las cosas. Durante el día vienen desde lejos a observarme, como turistas en búsqueda de una curiosa maravilla. Ahí, parados frente al estante donde me encuentro se inclinan a leer el que ahora será para siempre mi único nombre: For. Caso -DR.548S.

Desde el otro lado del cristal puedo sentir el asco y la nausea cuando fijan sobre mí su mirada. Siento vergüenza, me olvido del dolor que me producen las distintas tiras de cuero que me han puesto para disimular la herida más extensa y evitar así el riesgo de que en cualquier momento mi rostro simplemente explote.

Por las noches, todo vuelve a ser silencio. Me convierto en Ana nuevamente, la mujer, la esposa, y vuelve a mí el recuerdo de esa oscura hora en que él entró a mi cuarto y el ruido metálico del hacha atravesándome la cara, ese ruido que sonó como una sinfonía triste pero hermosa.



El hospital de Salpetriere

Cuando me paro frente al espejo, la cara se me deforma, cambia de color, como si fuera de otra persona. En los ojos se ve que tengo fiebre, que están electrocutados, permitiéndome ver cosas que los demás no pueden. Por toda la cabeza me recorre un extraño cosquilleo, y si me la toco, noto que es absolutamente plana, esto explicaría la dificultad que tengo de pensar correctamente. 

Ayer mientras caminaba por la calle un sujeto me robó las vocales de mi cerebro y luego escapó corriendo. Me quedé parada en mitad de la calle, sin poder gritar; auxilio, atrápenlo o ayúdenme, porque por más que intenté encontrar la "a" esta ya no estaba. 

Al regresar a casa me fui directamente al baño. Fue entonces cuando descubrí que en el pecho me habían aparecido unas espesas manchas de color negro y algo curvadas, las que me producían un intenso dolor. Como este se hacía cada vez más insoportable decidí acostarme por un rato. Con la idea fija de que ya no podría resistirlo comencé a gritar. Entonces, un hombre salió del televisor, y puso sobre mi cuerpo sus manos, haciendo que el dolor declinara lentamente. 

Durante la noche ese mismo hombre volvió a saltar del aparato, pero ahora su rostro era distinto. De nuevo apoyó su sus manos contra mi vientre y con un solo movimiento me arrancó el estómago, el corazón, los riñones y casi con todo los órganos. Me dejó ahí tendida, sintiéndome vacía por dentro. Tuve miedo, sin embargo, a las pocas horas o días, no podría afirmarlo con exactitud, recuperé de forma espontánea, todas las vísceras que él me había extraído, excepto los riñones.

A la semana siguiente, una mujer golpeó a mi puerta, al abrir me empujó violentamente y caí de espaldas al suelo. Luego, empezó a perforarme la cabeza con unas agujas largas que me introdujo por el oído derecho, sin dejarme cicatrices ni señales de cualquier tipo. Después se marchó murmurando: lo siento, pero creo que me he equivocado de dirección. Ya que la persona a quien me han encargado encontrar, debía tener conciencia o en su defecto alma, y usted al parecer no posee ninguna de las dos cosas. 

Llena de pánico acudí de inmediato al Hospital, donde solicité un montón de exámenes con el fin de lograr demostrar que tales afirmaciones no eran ciertas. Pregunté una y otra vez acerca de las consecuencias que esto podía tener de llegar a comprobarse. Ningún doctor pudo darme una explicación que me resultara convincente. Durante el regreso, experimenté un pequeño consuelo, al advertir que las vocales había por fin vuelto a mi cerebro, esto resolvía la contradicción implícita de que los especialistas hubieran podido entender lo que yo les decía. Tal hallazgo aplacó por unos minutos la terrible angustia que todo esto me provocaba. Pero la sensación no duró mucho, aumentando luego al doble, al percibir que tras cada paso que daba camino a casa, poco a poco disminuía en estatura. Mientras avanzaba me iba encogiendo sin poder controlarlo. Este otro fenómeno me horrorizó aún más que los anteriores, no tanto por su efecto, sino más bien por el hecho de que al resto de la gente no le pasaba lo mismo.

Implicó un gran esfuerzo entrar a una farmacia, porque junto con la estatura, el registro de mi voz también había disminuido. Haciendo uso de múltiples artificios, logré comprar un fármaco que me hiciera volver a mi estado normal. Aquel día dormí de forma tranquila, y evité construir cualquier teoría acerca de lo que me estaba sucediendo. De pronto el llamado de alguien me despertó bruscamente. A través de la línea telefónica y sin decir ni una palabra, comenzaron a aspirarme gran parte de mi columna vertebral, pasando todo el fin de semana con muchas molestias, aunque reconozco que aún sin ella podía seguir caminando, lo que me pareció todavía más inquietante. El lunes a primera hora, regresé al hospital, donde me implantaron la columna de otra persona. Pero algo salió mal en la intervención ya que a partir de ese momento, siento que un hombro está más caído que el otro.

Casi todas las noches, me es imposible conciliar el sueño debido al incesante murmullo de mis pies, que desde abajo no paran de hablar. El insomnio me ha producido una sensación de sequedad permanente en la boca, y diversos problemas musculares que un especialista al cual visité, ha diagnosticado con el curioso nombre de ataxia. Cuando recuerdo esa palabra me vienen unas ganas locas de reírme, pero no puedo, porque justo en esos momentos me doy cuenta que no tengo boca. 
Estoy al borde del colapso, ya que sin mi consentimiento me han sacado de mi casa y me han llevado donde unos sujetos que insisten en ser mis padres, pero no es verdad, son unos simples impostores que lo hacen por dinero, y aunque lo sé desde los 6 años de edad, he preferido callarlo. Esto no desmerece en nada su oficio, debo admitir que son realmente buenos haciendo cada uno su rol de padre y madre. Tienen el aspecto idéntico de mis familiares verdaderos, hasta se comportan del mismo modo, pero hay algo, que no sabría decir con claridad, que los delata sin que ellos lo sospechen.

En este último tiempo y en vista de que estos sucesos no cesan, me he empeñado en establecer algún tipo de hipótesis, las que van desde sentirme víctima de algún conjuro o embrujo por parte de un antiguo novio que dejé por su limitado gusto en complacer mis peticiones. 

Además existía otra justificación para abandonarlo: había nacido un siglo antes que yo, tal antecedente lo inhabilitaba de inmediato para casarse conmigo. La mayoría de los hombres con los cuales me relaciono presentan esa misma característica. Pienso que ese es el motivo por el cual casi siempre estoy sola, y se me hace tan difícil encontrar a alguien de quien enamorarme.

Al parecer estoy destinada a morir muy pronto, o la posibilidad del suicidio. Ayer di vuelta toda la casa en busca de alguna pista. Finalmente, oculto y pegado con cinta adhesiva bajo la tapa del inodoro encontré un examen médico que señalaba lo siguiente: 
"Mujer de 6 años de edad, que presenta cuadro de envenenamiento cerebral, con intoxicación severa de los distintos niveles de conciencia, alma y razón. No requiere tratamiento alguno, porque el daño es de carácter irreversible"

Dr. Jules Cotard 1889




Tu Sexo

Tu sexo es una jirafa 
creciéndome en el cráneo 
beso incrustado 
sobre mis axilas 
recién afeitadas. 
Malabarista precioso 
que por la salida ingresa
cuando la entrada no consigue. 
Encaminas tu tallo hasta mi boca, 
donde se indaga en el sabor 
donde algo se tuerce. 
Imagino un río iluminándome el rostro



Sin Transformación

Sin transformación
yo soy un varón 
y no es mentir sino solo travestir, 
porque sin afectación
yo soy Chevalier de Eon .

Al abrir el placard desafío al azar, 
con mi pequeño pantalón 
tiento a Luc Dietrich 
con encantos de garzón.

¡No admito se cuestione mi resolución!.

El icono es clase, pero él me dijo:
"solo el camaleón es distinción".



Efectos Secundarios

1. Mi ideal del amor el horror. 
2. No me responden los ojos 
3. Todos los placeres son farmacéuticos 
4. Todos los museos pornográficos 
5. Ganas de dormir. No puedo dormir 
6. Problemas musculares: ataxia 
7. Un precipicio entre tu y yo 
8. Para vivir feliz vivir oculto 
9. En caso de dudas consulte a su médico 
10. Ahora mi mirada es más profunda



Fe - tichismo

Tengo tu apariencia,
las espesas manchas del torcido vicio.
Tengo tus ídolos,
tantos ídolos,
que caen enfermos
y sobre mi corona se apagan.

Tengo tus ropas,
que son mi herencia, 
mi resplandor y mi castigo.

Tengo tus ropas
que fingen tu olor, tu carne.
Que son lienzos que el placer ocultan
y en la noche arden.

Tengo también tu cama
donde duermo abierto a mi desgracia,
entregado a un espejismo insobornable
como un reino hacia la perversión repartido.

Tengo tu fe,
tanta fe.




Soy

Soy entonces un hombre
que no se pertenece
un fantasma tendido
sobre los pliegues lo oscuro,
el gusano sabio
que me escupe sus venenos.
La noche enferma
enlutándome los ojos
Soy tan solo
El lugar en que te grito.



Magdaleno

Él desconoce mis propósitos,
Ignora la desgracia de este siervo.
Toca a mi puerta y me dice:

" Cobarde ¿Por qué lloras? "
Y yo enflaquecido sobre mi cama le respondo:

" Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde le han puesto ".

Abro los ojos en negro,
siento el error que me persigue,
que nos persigue 
y nos quiere nuevos.
Frente a mí sus manos agujereadas
sosteniendo la luz a la entrada del túnel
y su voz advirtiéndome:

" No me toques, porque aún no he subido a mi Padre,
y a vuestro Padre, más ve a los otros y diles: 
Subo a mi Padre, y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios "



Ascensión

Debo encontrar la orilla de este secreto.
Ascender al sitio
donde los que huyen se contemplan.
Porque mi pecado se espesa si lo pienso.
Porque sé que he hecho el mal
delante de sus ojos.
Llevaré esta corona de soberbia 
para que los demás me reconozcan



Mi Perro

Mi perro me persigue
A todas horas ladra.
De mí se ríe

Mi perro me seduce
Hace girar mis ciencias con su cola.
Luego llega arrastrándose
Incendiando el suelo
con un extraño líquido.

Mi perro me convierte
Hasta ser como solo
Una gran cabeza 
que contempla su imagen
desde adentro.

Mi perro me enamora
Soñamos el mismo sueño
largamente unidos





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