miércoles, 17 de junio de 2015

MARTÍN RENAEL GONZÁLEZ BATISTA [16.285] Poeta de Cuba


Martín Renael González Batista

Martín Renael González Batista. Poeta, narrador y pintor. Miembro de la UNEAC. Ha obtenido numerosos premios nacionales e internacionales. Entre sus libros publicados se encuentran: Sobre la tela del viento (1974), Piel de polvo (1989) y La aguada de los milagros (2003). Posee la Distinción Por la Cultura Nacional.

Nació en Calderón, Velasco, provincia Holguín el 11 de noviembre de 1944. Reside en Puerto Padre, Las Tunas.

Trayectoria profesional

Estudios

Graduado de Técnico Medio Superior en Artes Plásticas. Cursó estudios durante un año en la Escuela Taller de Artes Plásticas Juan José Fornet Piña de Holguín, se graduó del Curso Superior de Dibujo Comercial, Artístico y Publicitario (Educación a Distancia) en la Academia Interamericana de Arte de La Habana.

Actividades

Ha participado en exposiciones colectivas de artes plásticas y en festivales provinciales y nacionales de esa manifestación en varias provincias.

Fundador en Las Tunas del Taller Literario Carlos Enríquez de Puerto Padre, del Taller Literario Provincial de Las Tunas, de la Brigada, hoy Asociación Hermanos Saiz y de la Raúl Gómez García, del Grupo proyecto Iberoamericano Amigos de la Décima Espinel-Cucalambé, la UNEAC, ACDAM, la Asociación Canaria en Cuba y la Asociación Iberoamericana de la Décima y el Verso Improvisado. Preside la Asociación de Escritores de la UNEAC de Puerto Padre y es asesor de las jornadas cucalambeanas de Las Tunas.

Es miembro de la UNEAC y asesor de la Casa Iberoamericana de la Décima en Las Tunas. Integra la Asociación Iberoamericana de la Décima y el Verso Improvisado. Perteneció a la BHS y CJEAO. Ha representado a Cuba en eventos literarios en México y España (Veracruz, 1996), (Burgos y Santiago de Compostela, España, 1999) ofreciendo recitales de poesía y conferencias. Ha sido fundador y presidente de varios Talleres Literarios Municipales y Proyectos Culturales. Ha servido de jurado en numerosos concursos literarios desde municipales hasta nacionales. Ha practicado temporalmente el periodismo, colaborando en periódicos de varias provincias cubanas.

Premios otorgados

Poesía

Raúl Gómez García
17 de mayo
Revista Verde Olivo
Homenaje a Heredia (para adultos y para niños)
El principito (para niños)
El Cucalambé
Cuba Canarias (décimas)
IV Coloquio Historiográfico Canario Cubano
Nené traviesa, para niños
Rubén Martínez Villena 1975 (poesía)
Nacional de Talleres Literarios 1978
Especial Ernest Hemingway 1993
Premio Internacional de cuento El Lucernario (Burgos, 1995)
Premio Internacional de cuentos Fernando González (Medellín, 1997)
Premio Internacional de cuento breve La vieja factoría (Madrid, 1999),
Ha sido además finalista en el Concurso Internacional de Cuento Querido Borges (Nueva York, 1998)
Concurso Internacional de Poesía Jara Carrillo (España)
Tercer Premio (compartido) en el Concurso de décimas Cuba-Islas Canarias (La Habana, 1998)
Menciones en Concurso 26 de Julio 1978 y La Edad de Oro 1978.

Reconocimientos culturales

La Distinción por la Cultura Nacional
La Distinción Juan Marinello
Diploma Nicolás Guillén
Diploma Visitante Distinguido de Veracruz
Réplica de la pluma de El Cucalambé
Medalla Raúl Gómez García
Medalla Antero Regalado
Escudo de la Ciudad de Puerto Padre
Placa El Cucalambé
Laúd Cucalambeano
Premio a la Creación (Centro Provincial del Libro y la Literatura, 2002)
Obras publicadas

Poesía

Sobre la tela del viento (1974)
Guitarra para dos islas (1989)
Donde el amor está multiplicado (1989)
Ocho sílabas (1990)
El Cornito teje espumas (1993)
Carta desde la ausencia (1993)
Sábado solo (1994)
México lindo y querido (Veracruz, México, 1997)
Mujeres de sueño y piel (2000)
Árbol de rimas (Selección de décima cubana, Burgos, España 2000)
Con ojos de piedra y agua (Poesía, 2002)
Siete días después del fin del mundo (Narrativa, 2002)

En Plaquettes

Canción de agua
Taza de olvido
Distancia sur
Bajo la casa de su sombrero

Para niños

Tengo un avión amarillo
Juegadivine.

Cuentos

Martín en el paraíso (1993)
La sonrisa dorada (Burgos, 1999)
Siete días después del fin del mundo (2002)

Otras publicaciones

Crónicas
Sobre la isla llueve el tiempo (Mataró, Cataluña, 1995)
Décima cubana
Vigencia y perspectivas (Miami, USA, 1999, investigación).
Colaboraciones revistas culturales cubanas y extranjeras
Cubanas
Bohemia
Muchachas
La Gaceta de Cuba
El Caimán Barbudo
Quehacer
Santiago
Revista del Caribe
Unión

Extranjeras

Isla Abierta (República Dominicana)
La Luna que (Argentina)
El cocodrilo poeta (México)
Carta lírica y Alaluz (Estados Unidos)
Poétike (Brasil)
El Lucernario
Escucha
Hojas literarias
Arboleda
La pájara pinta
Estrella del sur
El Indio del Jarama (España).
Obra musical

Su obra musical (letras de canciones) forma parte del repertorio de grupos musicales cubanos como:

Moncada
Ad Líbitum
Orígen
Dúo Escambray
Los Cañas
Mayohuacán
Grandes Alamedas
Convergencia
Es Autor de la letra de unas doce obras musicales entre las que sobresalen "Tu mirada", "Son para cuatro muchachas" y "Pilón pa"pilar café".



CLANDESTINOS

Cansado de amores cojos,
de sueños mancos de un ala;
cansado de untar la bala
enemiga, con los rojos
de mi sangre; si tus ojos
son espejos de luz fina
por los que un hombre-neblina
sueña escapar de su cruz
¿por qué debe ser la luz
que me ofreces, clandestina?



ENTRE LA LUZ Y LA SOMBRA

Tan leve como una sombra
Faílde

Ojalá que no te encuentres
en las brumas donde habitas
cuando a mi mundo de cuitas
a veces quiero que entres.
Que en el olvido te adentres
pide mi voz, si te nombra;
mas, aunque tienda una alfombra
de hilos de luz sobre ti
siempre regresas a mí
tan leve como una sombra.



TU AUSENCIA

Tu ausencia es este salir
hasta la calle, la acera,
como si alguien me dijera
que pronto vas a venir.
Tu ausencia es este latir
mi corazón más aprisa.
Tu ausencia es como una brisa
fría en mi pecho sin fondo
cuando mi tristeza escondo
debajo de una sonrisa.

Tu ausencia es buscar el vaso
y hallarlo, pero sin vino,
es asomarse al camino
y sólo ver el ocaso.
Tu ausencia es sentir tu paso
y ver la huella sin pies,
hacer un siglo de un mes
y un mes de una hora, digo,
es esto de estar contigo
aunque conmigo no estés.



TU MIRADA

¿Tu mirada? Tu mirada
es el más perfecto modo
de decirlo todo, todo,
aunque no hayas dicho nada.
¿Qué magia tienes guardada,
qué poder bello y profundo?
Tu mirada de un segundo
me siembra un año de antojos
y cuando cierras tus ojos
se queda sin luz el mundo.



AMOR

¿Cómo en tan breve sonido
puede haber tanto calor?
¿A qué pecho rimador
le robaste ese latido?
¿Qué le dices al oído
con palabra perfumada
para que la enamorada
boca que te va nombrando
tenga sed de fuego, cuando
enciendes una mirada?




SONETO POR CAROLINA
 
El polvo de la calle, como fina
invasión desalojas de tu casa,
y quien llega un instante - sólo pasa -
tu alegría retiene, Carolina.

No es la copa de ron, la copa fina,
ni la voz de Vicente - el disco pasa -
los que hacen que dejar tu tibia casa
me vuelva un poco triste, Carolina.

Qué misterio será, qué lluvia fina
de luz, el pecho todo me traspasa
y me deja pensando: qué me pasa...

Qué bebida me dieron, Carolina,
tus ojos, tu sonrisa - copa fina -
que hay un solo camino: el de tu casa.




Síntesis imposible de la imagen de un poeta

Por Augusto Lázaro de la Torre Casas

Renael González representa lo más autóctono y genuino de la generación de escritores que surgió en Cuba en la década de los 60: trabajador incansable y honesto, creador con excepcionales dotes que nunca sucumbió ante la mezquina vanidad del “figurao” ni cedió con la más mínima concesión al facilismo y a la “oportunidad”, ha logrado lanzar al mundo circundante una poesía limpia, con una forma expresiva precisa y, sobre todo, bella. Porque si hay un rasgo común en la poesía de Renael es ese: la belleza.

Muy observador de todo cuanto lo rodea (porque todo es importante), el poeta sintetiza en apenas unos toques la esencia de la nacionalidad cubana. En su poesía se dan cita los más altos representantes de la lírica caribeña: Martí, los aborígenes, el Cucalambé, la idiosincrasia y la manera de vivir y sentir del cubano, sus luchas, sus éxitos y sus fracasos como pueblo y como nación. Guarina y el Cucalambé son nombres símbolos que definen el origen de sus décimas, importantísimo filón de su trabajo como creador.

Este hombre sale a pasear por el bosque y entona sus versos con una nueva y original tonalidad, en la que danzan al conjuro de la décima (espinela en España) esos elementos naturales que dan colorido a estas rimas modernas: mariposa, vaca, pájaros, sinsonte, gallo, abeja, luna, tomeguín, pero que tienen el raro poder de embriagarnos, como si los estuviéramos descubriendo por primera vez, porque ninguno de ellos nos salta a la vista envuelto en un lugar común.

Renael comienza su trabajo con un esbozo de pintor (pintor él mismo, y casi tan bueno como poeta), como si quisiera pintar toda la isla, tomando como pincel el octosílabo, y como color nuestro paisaje:

Isla pequeña y estrecha
—canoa, piragua, barco—,
a veces te creo arco
de los indios, o su flecha.
En ti recojo cosecha
de música, luz, color
—palmas, arcoíris, flor,
olas, cañas, sol, arena—
y siembro en tu tierra buena
mis décimas y mi amor.

Los elementos naturales en su poesía no están tomados al vuelo, como simple folclor, ni mucho menos como simple ornamento: forman parte del sentido que el autor quiere dar a sus proposiciones, y los recibimos como nombres imprescindibles para refrendar esta autenticidad de “lo cubano”. En Renael no se puede encontrar el tradicionalismo costumbrista. En sus poemas hay una visión muy cubana y muy llena de frescura, que nos es dada con ribetes de arte mayor.

La transformación del paisaje se desglosa en una sucesión de imágenes que pasa veloz, pero que se queda en las pupilas de nuestra memoria, porque al final de todo está el hombre, eje central de toda obra de creación, encargado de embellecer ese engranaje de elementos que cambian de cuajo nuestra vida: las máquinas, los vehículos, los motores, el tren. O sea, el trabajo.

Hoy le buscan el secreto
a la ciencia, los que andaban
a ciegas, porque miraban
con ojos de analfabeto.
Rompe nuestro campo, inquieto,
la vieja calma anterior,
suplanta el ágil tractor
la paciencia de los bueyes
y el mundo va a los bateyes
dentro del televisor.

Y si el trabajo, el esfuerzo, el sudor, en fin, la luminosidad del día nos lanza su sol y su esplendor, la noche ejerce su papel de cómplice en las incursiones amorosas. Y en esa noche cubana, tan apegada a nosotros cuando amamos, la luna ya no es solamente la amiga nostálgica de los viejos poetas, aunque en ningún momento pierde su sutil encanto. Para Renael la luna es una “novia de los cosmonautas”, cuyos secretos parece compartir. Y cuando describe el amor, sus motivos son los mismos del hombre de hoy que entre otras cosas, ama. Y que todo lo hace con amor.

La noche tiene un licor
misterioso que emborracha.
La noche es una muchacha
buscando besos de amor.

En este poeta sorprendente se encuentran, en una formidable mezcla, lo cubano, lo americano, lo universal, la poesía útil y agradable, la poesía joven, siempre joven, y como tónica optimizadora de estas cualidades anteriores, la belleza. La belleza que rechaza la “doctrina” —verdadero lastre de toda obra literaria—, el esquema, el maniqueísmo, la frase gastada por hecha. Y esto se hace más notable cuando el poeta se deja ganar —hombre de gran humanidad al fin— por el dolor de los pueblos latinoamericanos, y en sus composiciones se hace dueño de ese tronco de que hablara nuestro Héroe Nacional, donde están injertadas todas las naciones del sur del río Bravo, con melodías pequeñas que no pierden el ritmo ni truecan los acordes:

Chile, déjame intentar
en estos momentos grandes
llevarle un verso a los Andes
con música de palmar.
Te lo quisiera enviar
en una veloz piragua
—hecha con la tibia yagua
del bohío campesino—
como una flor del Turquino
que siembro en el Aconcagua.

Pero también, quién sabe si para dar un toque pintoresco y artístico, aparecen décimas en que la gracia hace alardes de ese virtuosismo que a veces puede molestar, pero que en este caso sentimos muy adentro, porque sabemos que sólo una mano de oficio de poeta puede estar detrás de esos logros admirables:

Gallo: plumero que canta.
Plumero: nácar al sol.
Sol, enciende tu farol.
Farol, al día levanta.
Levanta tu voz, garganta.
Garganta, traga tu grano.
Grano, desciende temprano.
Temprano, mazorca henchida,
ven, para que tenga vida
este cuadro de Mariano.

(Renael se refiere al pintor expresionista cubano Mariano Rodríguez).

Y no es solamente en la décima donde Renael ha colgado su ángel: el autor se manifiesta en todas las modalidades del quehacer poético, y nos descubre otros mundos que, aunque dejan atrás los elementos de la naturaleza insular —primeros pasos de su creación que no pueden relegarse—, se adentran en los recovecos del hombre. Su problemática moderna, ahora quizás más urbana, lejos de cualquier endulzamiento, aparece entonces como un motivo principal del vivir diario. En este soneto, variedad en la que el poeta es igualmente diestro, el amor hace su entrada con la delicadeza de la sugerencia:

Una muchacha escribe versos, lejos,
y los echa a volar como las plumas,
mariposas de luz rompen las brumas
y un poeta los halla en sus espejos.
Una muchacha escribe y se dibuja
en el aire, morena su silueta,
va tras ella el asombro del poeta
y sólo halla en el viento una burbuja.
Versos escribe una muchacha a solas
sobre las hojas ocres del invierno
y diciembre sonríe, florecido.
Y muy lejos de allí, frente a las olas
que escriben su poema azul, eterno,
se diluye un poeta en el olvido.

La fuerza de la poesía de Renael González no admite ningún límite: en sus poemas de verso libre y blanco, sin otra métrica que el ritmo y sin otra rima que la palabra exacta, está ya la plena madurez del creador que alcanza su sitial de honor en las letras cubanas, a pesar de no ser residente en la capital. En este fragmento del poema largo (no demasiado largo) “Carta desde la ausencia” está la afirmación de una voz genuina y grande, cuya poesía se defiende sola por su calidad y alto valor, sonoro y lírico, que logra instalarse para siempre en los corazones de cuantos tenemos el privilegio de leerla y disfrutarla:

Ahora
que ya no me abandonan
tus pupilas untadas de tristeza,
tu sonrisa de niña abandonada,
mi niña, mi muchachita sola, adentro sola,
la que envía cartas llenas de flores secas,
sobres de los que escapan bandadas de gorriones,
S O S de barcos que naufragan.
Ahora
estamos en la cumbre de un cerro
junto a un estrellerío de vicarias
(...)
y te quejas, sollozas, te mueves
igual que un gusanito
martirizado por hormigas
y luego de tus ojos
va naciendo la aurora.

Y yo diría que la aurora va naciendo de cada nuevo verso que amanece entre las manos del poeta.


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