sábado, 13 de junio de 2015

CHRISTIAN VERA OSSINA [16.259]


CHRISTIAN VERA OSSINA

Nací en 1977 y vivo en La Paz. Tengo estudios literarios, licenciatura en literatura en La Paz, Maestría en teoría literaria Buenos Aires. 

El 2008 publiqué Ciudad Trilce (Premio Nacional de poesía). 

El 2012 publiqué una novela Click (editorial El Cuervo), que la editorial española Caballo de Troya publicó en 2014 como El profesor de literatura.




POEMAS


1

A mitad del camino de Ciudad Trilce/ en medio de una oscura selva letrada/ se había extraviado de su ruta. Con el punzante borde de una X el aHsesino se traslada por la cornisa más alta de un verso vallejeano incrustado en las arenas abismadas que un día transitó el joven Rimbaud. El aHsesino aborda la escalinata espiralada que conduce al invisible tuétano de una pantanosa ficción. Abre la tapa del libro. Siente como el polvo del infierno se traspapela en la caballera y en los engranajes de la existencia del personaje. Ironiza con la dedicatoria. Olfatea las primeras palabras. Intenta robar la letra capitular para subastarla en la salita donde se encuentran los interpretadores que imposibilitan el tránsito en Ciudad Trilce. Forcejea furioso con la superficie del texto. Afila la punta de la X en el lomo poroso del significante árbol. Extrae de su ramaje un brillante plátano, fruto de una macabra erudición. Busca en un diccionario de antónimos las palabras que como trapos de greda limpiarán el futuro espesor laberíntico que depositan el terror de sus huellas. Carcome un plátano mientras cree recordar la textura transparente del cuerpo alado y reptilíneo de la víctima. Su pegajoso olor a sangre viva no le deja respirar. Suda. El aHsesino repite muy suave la palabra cuerpo cuando la incontrolable fuerza de su mano izquierda impulsada por la oscuridad y el huracán de un extraño deseo aplasta, comprime y asfixia la vida inocente de la flemosa cáscara de plátano viejo. El fétido olor de la cáscara se hace nube, se esparce como la hediondez de un charco donde los cadáveres sanan las heridas que supuran azules de su piel. El aHsesino no se arrepiente de nada, ni de las reincidentes termitas que un día carcomieron enormes trozos de sus vertebras, ni de su obsesión por aquellos monosílabos que dibujan en una risible isotopía la tristeza de las orquídeas. Apoya su enorme espalda de monstruo sobre la blancura de una pequeña hoja en blanco buscando un pretexto para arribar al meollo de este ámbito. Sabe que los guías virgileanos han hecho de esta geografía textual un vulgar intertexto donde copulan las hipérboles con el alicaído hipérbaton. Bosteza sabiendo que la sangre de la cáscara de plátano no es más que un cebo ardiente. Cebo que le permitirá deslizarse con más certeza por los intersticios del mundo siniestro de las letras, tal cual un forense que destripa y se desliza por la superficie del muerto. La azúcar compulsiva, el olor siniestro que gotea de la cáscara del plátano despierta en Ciudad Trilce las fobias, los odios. Las palabras en este territorio se alzan como enormes torres que obscurecen el lenguaje, lo real, tu voz, tu palabra… El aHsesino en esta red no quiere distraerse con todas las marañas y nudos de hirientes metáforas que le acechan y que al mismo tiempo contienen el intrincado escenario del crimen.








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