jueves, 18 de junio de 2015

BRÍGIDA AGÜERO Y AGÜERO [16.301] Poeta de Cuba


Brígida Agüero y Agüero

Brígida Agüero y Agüero. Poetisa camagüeyana que tuvo como mentor a su padre Francisco Agüero Duque Estrada, apodado “El Solitario”, entre él y su esposa doña María Agüero y Varona forjaron su alma y sus sentimientos.

Nace en Puerto Príncipe, Camagüey, Cuba el 12 de mayo de 1837. Hija del poeta Francisco Agüero y Estrada. Pasó la niñez en una finca cerca de su natal Puerto Príncipe, en la que recibió de sus padres la primera educación. Con el movimiento revolucionario de Narciso López, su padre, que se había dado a conocer por sus ideas políticas, fue desterrado y eso hizo que Brígida dejase el campo para vivir en la ciudad, donde dio a conocer sus poemas. En 1861 amplió su educación en la academia que sostenía la Sociedad Filarmónica de Camagüey. Más tarde llegó a ser socia de mérito de dicha sociedad.

A los diecisiete años se dedicó por completo al cultivo de las letras y a laborar por la cultura de su ciudad natal. En 1861 se establecieron en la Sociedad Filarmónica de Puerto Príncipe unas clases de literatura y en ellas estudió con asiduidad demostrando sus condiciones excepcionales, al poco tiempo era nombrada Socia Facultativa de la sección de literatura. Fue en esa época en que escribió su oda "Las Artes y la Gloria, que dedicó a los socios del liceo camagüeyano y que leyó en uno de los muchos actos culturales que ofrecía a la sociedad tan prestigiosa institución. 

Todo lo feliz que fuera en sus primeros años, lo fue de desgraciada en su juventud. La familia se vio perseguida por sus ideas revolucionarias, y ella, pronto se vio atacada por la tuberculosis que hizo grandes estragos en su delicado organismo. Nunca ignoró su estado. 

Murió en Puerto Príncipe un 26 de junio de 1865, a los veintinueve años dejando una basta obra.

Escritos

Sus poemas aparecen recogidos por José Manuel Carbonell en el tomo tercero de su Evolución de la cultura cubana. 1608-1927. (La poesía lírica en Cuba. T. 3. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1928, p. 365-367.)
Retrato de una señorita, 1858; Ecos del alma, 1859; Inspiración, 1859; La Fe Cristiana, 1859; Flores del alma, 1859; Lo Bello, 1860; A la señora doña Gertrudis Gómez de Avellaneda, 1860; A la Virgen, 1860; El encuentro, 1860; Las Artes y la Gloria, 1860; Desencanto, A..., 1860; A Puerto Príncipe, 1860; Adiós a B..., 1860; Esperanza, 1860; A un retrato, 1860; Desde el campo, 1864; A la simpática niña doña Ana de Varona y Varona, 1864; A la Primavera, 1864; La noche y el día, 1865; Resignación, 1866. A su memoria ofrendaron numerosos poetas, escritores y admiradores suyos una Corona Fúnebre en sentidos versos.

Alcanzó a vivir Brígida Agüero apenas 28 años. La tuberculosis minó su cuerpo y ella conoció esa condición, mortal entonces. Por tanto, las referencias que de ella quedan la mostrarán siempre joven y bella. Un soneto, “Resignación”, es su grito de dolor y suerte de epitafio. Todavía hoy lo leemos conmovidos:




Resignación

¡Soberano Señor Omnipotente,
por quien el Sol espléndido fulgura,
el ave canta, el céfiro murmura,
y vierte sus raudales el torrente!,

Oye mi voz: el alma reverente
implora tu piedad en su amargura; 
mitiga un tanto mi letal tristura,
mi cruel angustia, mi ansiedad creciente.

Al través de una triste perspectiva,
miro tan solo un porvenir sombrío,
y más mi pena sin cesar se aviva.

Un mal terrible me atormenta impío...
mas si place que muriendo viva,
“cúmplase en mí tu voluntad, Dios mío”.




MUJERES DEL CAMAGÜEY, BRIGIDA AGÜERO

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“… el Camagüey, tierra de Cuba donde las mujeres son trigueñas y todos los son humanos”, (Revista Universal de México, seis de junio de 1895).

José Martí, que bien conoció el alma de la mujer camagüeyana, contrajo nupcias con una hija de esta tierra, Carmen Zayas Bazán, no solo apreció la belleza en ellas, sino también los valores, éticos, patrióticos y revolucionario que las convierten en seres humanos especiales.

Desde Ana Betancourt de Mora, quien elevó su voz en reclamo de los derechos de la mujer en la Asamblea de Guáimaro en 18969, hasta las madres, hijas hermanas, compañeras y amigas de estos tiempos, siempre han estado dispuesta a sacrificar sueños, esperanzas y la propia vida, si Cuba se lo pide.

Junto a la devoción por los ideales de libertad, independencia y soberanía, también las mujeres del Puerto príncipe han hecho de la cultura una trinchera infranqueable, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Aurelia del Castillo, Eloisa de agüero en el siglo XIX fueron parte de esa vanguardia en una sociedad que las discriminaba por el único hecho de ser mujeres.

Quizás menos renombradas resulta Brígida Agüero y Agüero, quien abrazó por igual las ansias de independencia como el gusto por la literatura, ambos dones heredados en los genes de su padre Francisco Agüero Duque Estrada, quien influyó de manera muy positiva en ella.

Temprano en su niñez, Brígida Agüero residió largo tiempo en el campo aunque no por estar alejada de la ciudad dejó de recibir una esmerada educación complementada ya en su adolescencia y juventud en la Academia Filarmónica de Puerto Príncipe.

El doctor Roberto Méndez Martínez dijo en una ocasión de la poetisa camagüeyana:

“La vida de Brígida parecía marcada por la fatalidad romántica: vivió las persecuciones de fue víctima su padre por sus simpatías con el independentismo, lo cuidó mientras tuvo fuerzas y vio morir en la miseria a varios de sus hermanos, mientras ella misma sufría los estragos de la tisis. Eso explica que su poesía tenga habitualmente un tono triste, resignado, como era su vida cotidiana. Aunque tuvo éxitos en las veladas de la Sociedad Filarmónica donde leyó poemas que fueron aclamados por los asistentes como (…), las circunstancias jamás le permitieron publicar un libro”.

Uno de sus poemas compilado años después por su sobrina Josefina Agüero Poveda el soneto titulado “Resignación” escribía en una de sus partes:

Un mal me atormenta impío…
mas si te place que muriendo viva
“cumpla en mi tu voluntad, Dios mío”.

Brígida Agüero y Agüero falleció victima de la tuberculosis el 26 de junio de 1866 cuando aún no había llegado a los 30 años de edad, pero dejando una huella en el camino de la poesía del Camagüey










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