sábado, 16 de mayo de 2015

IRMA ASTORGA [15.987] Poeta de Chile


Irma Astorga

Irma Astorga (Irma Isabel Astorga Ubeda)
(Los Chorrillos de Las Vegas, Chile 1920– Lo Alvarado, 1999). Poeta y narradora. Entre sus obras más importantes destacan las novelas “La compuerta mágica”, por la que obtuvo el Premio Municipal de Literatura (1972) y “La ceniza quebrada”, galardonada con el Premio de la Sociedad de Escritores (1961). Como poeta, destacan sus libros: “La muerte desnuda” (1948), y “Tríptico” (1949), publicado junto a los poetas Víctor Sánches Orgaz y Manuel Rueda. Fue esposa del poeta Hugo Goldsack.




MALDECIDA DE LITRES

Soy la que va vestida de tristes musgos por el callejón más
olvidado. naciendo en todas las piedras, crucificada por las aguas.

Soy la que camina más llá de las blandas fronteras del trigo, más
lejos que todos los versos escritos.

Soy la parábola viva del maitén, su fresca sangre y el circuito rural
de siçu olor verde, brincando po la ruta de los pájaros que no vuelven.

Soy la que coronada de hinojos y maldecida de litres, vuelve al país
de la totora, a preguntar a los abuelos por que se calló su voz que era breve y poderosa.

Soy la que sobre las dulces sepulturas del campo, recuerda las aves
que se asilaban en el corazón de los ancianos en el tiempo de la ventisca,
para irse en primavera dejando en el hueco un tibio llanto de recién nacido.

Soy la que prosigue siempre, empecinada como los zarcillos, eterna como las
estaciones, camino del misterio de sus huesos.

Soy, en fin, la que un día descubrirá su ácido ancestro vegetal, explicándose porqué sus cantos dan vida bajo el sol y envenena al transeúnte de la noche.




RÉQUIEM PARA MI PADRE BELISARIO ASTORGA

Padre, en esta noche de florida lluvia,
¿dónde estás?
Tus aporreados huesos aún duelen
de tanto trabajar para nada.
¿Para nada?
La muerte es un trabajo que se aferra a los vivos,
apretando la sangre
cuando se nos doblan de humillación los huesos.
Padre, sí, lo sé. Tú lo dijiste en el momento
de tu último aliento:
“al mar no se le puede retener en un canasto,
ya verás cómo un día salta la valla
y entonces será el caos”.
Padre, ¿no sientes el perfume de octubre?
Tú amabas las rosas
y adivinabas el pezón de las parras:
“Hija, el invierno llegará tardío,
como nuestros sueños”, dijiste, y así ha sido.

Estamos al borde del maíz, de las sandías,
los tomates ondearán su rojo
en los escondidos verdes, de las chacras.
Y justo ahora, llega una carta que dice
que mi hermano, el menor, con sus hijos, parte a
tierras heladas
con el sabor de Chile en su tristeza...
¿Por qué, Padre? ¿Por qué?
Esta lluvia me anega los ojos,
me está matando de a poco.
¿Cómo salir de esta invisible red donde me falta el aire?
Toma mi mano, padre, y, como antaño,
echemos semillas en el aire.
Juguemos a ser magos, pintando el aire de colores.






Ceniza quebrada
Autor: Irma Astorga
Santiago de Chile: Eds. François Villon, 1961


CRÍTICA APARECIDA EN LA NACIÓN EL DÍA 1961-09-03. 
AUTOR: LIGEIA BALLADARES



Irma Astorga piensa con firmeza. Una charla con la poetisa corrobora la personalidad recia y definida que asoma en sus tres libros: “La muerte desnuda”, publicado en Santiago, en 1948, por las ediciones “Diógenes”; “Tríptico”, realizado junto a Víctor Sánchez Ogaz –ahora Dámaso Ogaz, conocido pintor abstracto- y el poeta dominicano Manuel Rueda, uno de los más importantes sonetistas actuales de Centroamérica. Este libro tuvo prólogo de Augusto D’Halmar.

En ambos conquistó elogiosos comentarios de su prologuista, y de Jorge Carrera Andrade, Andrés Sabella, Winétt de Rokha, Juvencio Valle, Nicolás Guillén, Teóilo Cid y otros.

Ahora, Irma ha hecho noticia con la aparición de su tercer libro: “Ceniza quebrada”, bajo el sello de ediciones Francois Villon. Un origen campesino y abuelos huasos “de tomo y lomo” dejaron en ella la riqueza imaginativa que posee el hombre de nuestros campos.

“Aquellas reuniones, con payas y guitarras permanecen indelebles en mi recuerdo”. Y de allí partió la inquietud poética:

“Recuerdo que el primer poema que escribí fue a Arturo Prat, a los doce años. Se lo llevé a mi profesora –la señora Elisa, una mujer que, para mí, sigue siendo el más hermoso símbolo, más que una persona-. Ella tuvo, dentro de su quehacer pedagógico, tiempo para guiarme y aconsejarme en esas primeras incursiones líricas”.

En la vida de Irma Astorga figuran episodios casi mágicos: su descubrimiento –cuando niña- de un viejo arcón, entre vasijas de trigo, maíz y aperos de labranzas. Y dentro de él, el más grande tesoro para una chica campesina: libros de poesía, flores secas, recuerdos y escritos guardados allí por alguna abuela.

“Entonces conocí a Becker, Amado Nervo, Núñez de Arce y otros”...

Autodidacta –“no pude soportar la disciplina de un internado santiaguino al que fui enviada”-, Irma ha cultivado sola sus inquietudes.

Pero las ha compartido: “Nuestra peña literaria, en el Café Iris tenía –aun dentro de las diferencias de caracteres y posiciones estéticas- una unidad espiritual casi perfecta. Compartíamos bienes y desgracias. Incluso –sonríe la poetisa- las tacitas de café. Nuestras críticas mutuas era para ayudarnos, corregirnos, estimularnos. Sin cultivar el mal gusto, pero sin destruir, sin envidias pequeñas. Mario Ferrero, Andrés Sabella, Galo Arce, María Lefevre y otros, que reuniéndonos, provocamos un movimiento tan entusiasta que incluso venían escritores de fuera del país a conocer nuestra peña. Creo que, desgraciadamente, ya no existe aquello. En la poesía hay ahora una especie de competencia hípica o futbolística, con bandos determinados, ‘hinchas’ de tal o cual, que aplauden o critican sin discriminación alguna. Siempre se quiere actuar de primeras figuras... y muchas veces el valer literario no corresponde a tal categoría”.

“El arte no es un fenómeno individual, es un conjunto, una continuidad, una unidad de varias voces que forman y expresan el cielo histórico que se vive. Los grandes poetas, los grandes escritores, los grandes artistas, son una consecuencia de este fenómeno común, una resultante de este movimiento colectivo”.

Irma integró también el grupo literario “Litoral” de Valparaíso, que publicó la primera “Antología de la Paz”, incluyendo nombres como Claudio Solar, Solarí, Ramón Carmona, Edmundo Lazo, el de ella y otros. La poetisa enjuicia también al escritor y a las sociedades intelectuales en que se agrupa:

“Creo que el auténtico artista escribe porque no puede evitarlo. Porque hay dentro de él una fuerza poderosa que lo impulsa a contar sus vivencias y no por ánimo de gloria. Así como también creo que, mientras más artista, más generoso es el ser humano. Y esto es lo que trato de alcanzar, personalmente. Trabajo, leo mucho, escribo, cultivando el oficio, porque ello es lo que define al verdadero escritor”.

“En cuanto a las entidades de intelectuales actualmente existentes no realizan su función de apoyo al escritor. Cualquier hombre, de cualquier actividad, sabe, al ingresar a un gremio, sindicato o sociedad, que sus intereses van a ser defendidos. No pasa así con el escritor: este debe realizar solo su faena literaria, y agregarle las de editor, publicista, financista, a veces con increíbles sacrificios, y en medio de la más tremenda indiferencia”.

Ofrecemos dos poemas de Irma Astorga, tomados de su último libro: “Ceniza quebrada”:



Vértigo y asfalto

Como el agua amarrada a su propio sonido,
voy de vértigo en vértigo azotándome de tierra las mejillas.
El pavimento se doblega a mi paso,
las bocinas arrastran su grito
y el alarido duele y revienta como un globo en el oído.
Yo quiero ser alegre
como los perros que vadean el río en días de verano.
Ser alegre como los pastos recién nacidos
que mecen sus ojillos al canto de los vientos.
Caminar con la despreocupación de los gatos
y la pequeña aristocracia de su cola.
Pero la angustia va pegada al pie,
las preocupaciones limitan y señalan los minutos de alegría,
y los relojes, desde lo alto de los campanarios,
nos avisan que el tiempo de la risa ha terminado.
Más allá de esta pequeña frontera, hay relojes que cantan,
hombres que tienen un corazón colectivo
y una familia alegre.
Yo recojo el aroma, desde mi soledad con gentes,
del desayuno alegre y el pan cortado con ternura
por los hombres que tienen un verdadero día
y van sonriendo a sus trabajos.
Dura es la jornada, a veces somos tristes y se nos cierra el mundo
y damos vuelta la mirada con desprecio,
y quisiéramos huir al más desesperado, al más trágico rincón
a quebrarnos los huesos,
a echarnos para siempre en la muerte.
Mas, el vivir es bueno aunque estemos muy solos
y ya nadie nos ame, y la frialdad de puerta que se abre
vacía de palabras: el mañana persiste junto al hombre
y la calidez del día nos arrastra.
Salgo a la calle y el caminar del mundo
y el edificio en construcción y me saludan.
Hurgueteo los rostros y hay algo en ellos que asegura
que un corazón colectivo está naciendo.
En ese que camina –de quien nada sabemos,
ni el nombre ni el oficio-
o en esa mujer a la que solo vemos
por sus claros pendientes, redondos como soles
ellos, sin nombre, derramados por calles, por asfaltos,
ávidos de vitrinas, de congelados gestos, otoños prematuros,
hato de números del cual pende la vida
con una enorme lista para vivir mañana.
Renacer colectivo con jubiloso sueño,
sin suma ni resta que trituren la sangre.
Con ellos hablaremos del verde de los parques,
de la lluvia de ayer, en fin, de tantas cosas
que calientan el alma,
como un eterno fuego primitivo y sencillo,
y no estarenmos solos
mordidos por la angustia.
Y el salud optimista y la tersa palabra
serán la mano que nos anude el día.



Autorretrato

Aquí me estoy, inmenso fuego me acompaña,
quemo la vida y su ceniza vuela,
revolotea en torno de tantas cosas idas.
No hay quejas para mi boca, ni me duele el pasado,
todo tiene su andar y mis recuerdos son
frutas de antiguos soles, de lentas lunas
horadando el espacio.
Estoy, inmenso océano me arrastra,
el sol me lleva en su salobre estío,
los caracoles cantan en mi oído
la canción de los muertos marineros.

Soy, en la montaña hábito,
las nieves abren surcos a la muerte.
Pienso que también yo muero en cada cosa,
y un dulce sueño va conmigo.

Vivo en el lejano abismo de los cielos,
las estrellas me ruedan en la sangre,
obstinadas y puras,
ríos de luces –llorando entre mis huesos-
me azotan por las noches con un dolor amigo,
tan antiguo y tan nuevo como este dulce estar
de vida llena.

Fuego me quema toda  y soy hoguera pura,
la renovada, la guardadora de sueños, de los rebaños azules
para los días grises.




EN OLMUÉ MURIÓ EL POETA Y PERIODISTA HUGO GOLDSACK BLANCO

Gabriela Mistral ley6 uno de sus poemas y le escribió:
“Usted es un poeta de tomo y lomo, de cabeza a pies, poeta desde su fe de nacimiento”. 


Desde hace un año el periodista, escritor y poeta Hugo Goldsack Blanco vivía en Quebrada Alvarado, un poblado en la alturas de Olmué, una ciudad cercana
a Limache en la Quinta Región.

Por la tarde del jueves su esposa Irma Astorga, llegó corriendo al único teléfono de Quebrada Alvarado. Pidió con urgencia una ambulancia porque a Hugo Goldsack le había dado un ataque al corazón.

Cuando llegó la ayuda, el periodista y poeta había muerto. Chile, España, Panamá Hugo Goldsack Blanco recibió el Premio Nacional de Periodismo en 1972 y durante toda su vida, en Chile como en España donde vivió varios años, estuvo ligado al periodismo, la publicidad y la literatura. Fue Gabriela Mistral una de las primeras personas que lilentó al joven Goldsack en una nota que le envió después de leer uno de sus poemas:

-Usted es un poeta de tomo
y lomo, de cabeza a pies, poeta
desde su fe de nacimiento.

Nació en Santiago, fundó la revista 7 días, fue director de Zig-Zag y recorrió periódico tras periódico: Antena, La Hora, La Opinión, La Tercera, La Nación, Las Últimas noticias, Los Tiempos, El Mercurio.

También pasó por agencias internacionales de noticias y cuando vivió en Panamá y España, continuó ligado a los diarios. Pueblo, Punta Europa y Aniércia, en Madrid; El Día y El Punamá-América, en Ciudad de Panamá.

Pero también era poeta, dirigió el Pen Club, estuvo ligado al nacimiento de las agrupaciones de los escritores chilenos y fue uno de los fundadores del grupo Fuego. Ultimamente ya no asistía a las reuniones mensuales del grupo en calle Almirante Simpson 7, la Casa del Escritor.

Sus libros De España, un pelo y Encuentro con Bolivia, fueron prologados por Joaquín Edwards Bello. Otros de sus títulos son En torno a cierto fuego y Las elegías de 1-Tor. También fue ensayista, profesor universitario y trabajó en publicidad en Santiago y Madrid.

“Un homhre inquieto’’

“Era un hombre inquieto”, dice su amigo el escritor Carlos René Correa, “un gran periodista y excelente cronista. Su poesía era muy personal, estaba en la poesía contemporánea sin perder la emoción del poeta y la visión metafísica de las cosas”.

A Hugo Goldsack también le gustaba viajar, se entusiasmaba con todo lo que fuera hispánico, participó de la bohemia periodística y durante mucho tiempo
fue incansable.

Le otorgaron premios, reeditaron algunas de sus obras, Carlos René Correa dice que algunas de sus crónicas son verdaderos ensayos y hace un año se fue a vivir a Quebrada Alvarado.

Murió a los 73 años. 




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