viernes, 29 de mayo de 2015

FAGUNDES VARELA [16.143] Poeta de Brasil


Luis Nicolau Fagundes Varela

(Rio Claro, Rio de Janeiro, Brasil  1841-1875).

Poeta romántico brasileño nacido en 1841 y muerto en 1875. Su obra está fundamentada en la tradición indígena de su tierra.

Hijo de una familia hacendada, pasó su infancia en contacto con la naturaleza de Río Claro, una pequeña localidad cercana a Río de Janeiro. No obstante, pronto le atrajo la vida bohemia y, aunque inició estudios de Derecho, se casó con una artista de circo. Quizá por su forma de vida y por las características de su obra, ha sido reconocido como el más "byroniano" de los escritores de su generación, a pesar de que exploró el temario romántico de forma más impersonal que sus predecesores.

Sus obras más destacadas son Vozes de América (1864), Cantos e fantasías (1865), Cantos meridionales (1869), Cantos do ermo e da cidade (1869), Anchieta ou o Evangelho das selvas (1875), Cantos religiosos (1878) o Diario de Lázaro (1880).



-¡No derribes mis cedros! -murmuraba
el genio del bosque, apareciéndose
ante un visir-, ¡si lo haces juro
castigarte con severidad! No obstante,
¡el visir derribó la santa floresta!
Algunos años después fue condenado
al alfanje del verdugo. Cuando apoyaba
la cabeza febril en el tronco duro
retrocedió aterrado: -¡Eternos dioses!
¡Este tronco es de cedro! Y sobre la tierra,
¡la cabeza rodó bañada en sangre!

Del poemário “Vozes da América” (1864)
Traducción: Juan Martín


LA FLOR DEL MARACUYÁ (*1)

Por las rosas, por los lirios,
Por las abejas, siñá (*2),
Por las notas más llorosas
Del canto del sabiá (*3),
Por ese cáliz de angustias
De la flor maracuyá

Por el alhelí, el jazmín
y el agreste manacá (*4),
Por las gotas de rocío *5),
Por la corona de espinas
De la flor maracuyá.

Por las trenzas de madre-agua (*6),
Que junto a la fuente está,
Por los colibríes que juegan
Con las plumas del ubá (*7),
Por esos clavos que tiene
La flor del maracuyá.

Por las bellas mariposas
Azules del Panamá,
Por los tesoros ocultos
De tierras del Sincorá,

Por las violáceas llagas
De la flor maracuyá.

Por el mar, por el desierto,
Por las montañas, siñá.
Por las florestas inmensas
Que hablan de Jehová,
Por la lanza ensangrentada
De la flor maracuyá.

Por cuanto el cielo revela,
Por cuanto la tierra da,
Yo te juró que mi alma
Rendida a la tuya está ...
!Guarda contigo este emblema
De la flor maracuyá!

No se enojen tus oídos
Por tanta rimas en «a»,
Mas oye mis juramentos,
Mis cantos oye, siñá.
!Lo pido por los misterios
De la flor maracuyá!


*1 – “Maracuyá” (Maracujá), fruto deI árbol llamado maracujazeiro, que pertenece a la familia de las Pasifloráceas y del que hay varias especies en el Brasil.
*2 – Siñá  (Sinhá), nombre familiar para «señora».
*3 – Sabiá, pájaro dentirrostro cuyo canto es muy apreciado en el Brasil. Em la tópica poética de aquel país juega um papel semejante al de nuestro ruiseñor.
*4 – “Manacá”, arbusto medicinal y ornamental de la familia de las solanáceas.
*5 – “Gravatá”, nombre que se da a varias plantas de las bromeliáceas.
*6 – Madre-agua (Mãe-d'agua), ser fantástico: especie de sirena de las águas dulces, que engaña a los hombres para ahogarlos.
*7 – “Ubá”, nombre que se da a una especie de canoa amazónica y varias especies de plantas. No hemos podido localizar el sentido que da F. V.



A Flor do Maracujá 

Pelas rosas, pelos lírios, 
Pelas abelhas, sinhá, 
Pelas notas mais chorosas 
Do canto do Sabiá, 
Pelo cálice de angústias 
Da flor do maracujá ! 
Pelo jasmim, pelo goivo, 
Pelo agreste manacá, 
Pelas gotas de sereno 
Nas folhas do gravatá, 
Pela coroa de espinhos 
Da flor do maracujá. 

Pelas tranças da mãe-d'água 
Que junto da fonte está, 
Pelos colibris que brincam 
Nas alvas plumas do ubá, 
Pelos cravos desenhados 
Na flor do maracujá. 

Pelas azuis borboletas 
Que descem do Panamá, 
Pelos tesouros ocultos 
Nas minas do Sincorá, 
Pelas chagas roxeadas 
Da flor do maracujá ! 

Pelo mar, pelo deserto, 
Pelas montanhas, sinhá ! 
Pelas florestas imensas 
Que falam de Jeová ! 
Pela lança ensangüentado 
Da flor do maracujá ! 

Por tudo que o céu revela ! 
Por tudo que a terra dá 
Eu te juro que minh'alma 
De tua alma escrava está !!.. 
Guarda contigo este emblema 
Da flor do maracujá ! 

Não se enojem teus ouvidos 
De tantas rimas em - a - 
Mas ouve meus juramentos, 
Meus cantos ouve, sinhá! 
Te peço pelos mistérios 
Da flor do maracujá!




CÁNTICO DEL CALVARIO

                  A la memoria de mi hijo muerto
                  el 11 de diciembre de 1863.


Eras tú la paloma predilecta
Que sobre un mar de angustias conducía
De la esperanza el ramo. Eras la estrella
Que entre infernales nieblas alumbraba
Señalando el camino a los pastores.
Eras las mieses de un dorado estío.
Eras idilio de un amor sublime.
Eras tú gloria, inspiración y patria,
¡El porvenir paterno! -Ah, sin embargo,
Paloma, te abatió del hado el dardo;
Astro, llevote el temporal del norte;
Techo, caíste; fe, ya no estas vivo.

Corred, corred, oh lágrimas nostálgicas,
Legado acerbo de ventura extinta,
Indecisas antorchas que iluminan
La losa fría de un soñar que ha muerto.
Corred, un dia yo os veré más bellas
Que diamantes de Ofir y de Golconda
Brillando en la corona de martirios
Que me ciñe la frente pensativa.
Muertas para mí están nocturnas teas
Mas Dios brillar os hace, santas lágrimas,
Y a vuestra luz recorreré los yermos.
Estrellas del sufrir, gotas de pena,
Rocío de los cielos, !sed benditas!
¡Oh, hijo de mi alma! ¡Última rosa
Que en este suelo ingrato se criaba!
¡Oh, mi las garzas vengan de occidente
Buscando un nuevo clima en que quedarse,
Note tendré sentado en mis rodillas,
Ni en el cerúleo brillo de tus ojos
Encontraré un consuelo a mis tormentos.
No más invocaré la musa errante
En esas soledades en que cada
Hoja es pulido espejo de esmeralda
Que refleja los cuadros fugitivos
Del suspirado tiempo que se ha ido.
No más perdido en tenues devaneos
Oiré en el crepúsculo, en las sierras,
Vibrar la trompa sonorosa y leda
Del cazador que a mar ya se recoge.

¡No más! Cayó la arena, y, triste, el libro
De mi cruel historia está completo.
¡Poco tengo que andar! Tan sólo un paso
Y el fruto de mis días, ya podrido,

De la rama viciada caerá a tierra.
Un treno más, y el vendaval sin freno
Al soplar romperá la última fibra
De la lira funesta que sostengo.
De cuanto hallé con nombre de tristeza
Me he vuelto el eco. Soy ellago oscuro
En donde al resplandor de la tormenta
Se contemplan las larvas del estrago.
Por donde quiera que arrastré mi manto
Dejé un profundo rastro de agonías ...

Oh, cuántas horas no gasté, sentado
En las costas bravías del Océano,
Queriendo que la vida se esfumase
Como un copo de espuma, como el friso
Que dibuja la nave del barquero.
Cuantos momentos de locura y fiebre
No consumí perdido en los desiertos,
Escuchando el rumor de las florestas,
Y procurando en esas voces torvas
Distinguir a mi cántico de muerte.
¿Cuántas noches de angustias y delirios
No velé, entre las sombras acechando
El tránsito veloz del genio horrendo
Que al mundo abate al galopar sin freno
Del salvaje corcel? ... ¡Y todo en balde!
La vida parecía, ardiente y loca,
Agarrarse a mi ser ... Y tú, tan joven,
Tan puro aún, aún en la alborada.
Ave bañada en mares de esperanza,
Rosa en botón, crisl tremenda siega.
Cuando por vez primera en mis cabellos
Sentí tu hálito suave, y en mis brazos
Estrechado te tuve, cuando oía
Pulsar tu corazón aún divino;
Cuando miré tus ojos sosegados,
Abismos de inocencia y candideces,
Y en voz baja y con miedo dije: ¡hijo!

¡Hijo!, palabra inmensa inexplicable,
Grata como el llorar de Magdalena
A los pies deI Señor ... ¡ah!, por las fibras
Sentí rugir el incendiado viento
De ese amor infinito que eterniza
El consorcio de orbes que en la trama
augusta del misterio se eternizan.
¡Que une cielo con tierra, tierra y ángeles!
Que se expande en torrentes inefables
Desde el seno sin mancha de María.

¡Cegóme tanta luz! ¡Erré, fui hombre!
Y de mi yerro el más cruel castigo
En la gloria que al cielo me elevara,
A los pies de la Cruz estoy llorando.

Un son de orquesta, un retumbar de bronces,
La voz mentida de guardianes bardos,
Esa torpe alegría que circunda
A las cunas que dora la opulencia,
No saludaron tu inicial sonrisa,
Clicia mimosa que se abrió en la sombra.
Mas, ah, si pompas, esplendor faltáronte,
Tuviste más que poderosos príncipes ...
¡Templos, de afecto altares, sin medida!
¡Mundos de sortilegio y sentimiento!
¡Cantos dictados por el mismo Dios!
Oh, cuántos reyes que al humano humillan
Y el genio aplastan en soberbios tronos,
Trocarían la púrpura romana
Por un verso, una nota, un son apenas
De los poemas fecundos que inspiraste.

¡Qué bellos sueños! ¡Santas ilusiones!
Del cantor infeliz diste a la vida
Arcoiris de amor. Luz de la alianza,
Calma y fulgente en medio la tormenta.
De exilio oscuro Ia llorosa cítara
Surgió de nuevo y a Ia brisa errante
Lanzó diluvios de armonía. El gozo
Al llanto sucedió, las férreas horas
En deseos alados se cambiaron.
Noches huían, llegaban madrugadas,
Mas sepultado en un placer profundo
No dejaba tu cuna descuidado,
Ni de tu rostro mi mirar quitaba,
Y sólo de tus suenos yo vivía.

¡Qué lindo eras! En la faz rosada
Aún el dulce vestigio conservabas
De los divinos besos. En los ojos
Brillaba el blando rayo que encendiera
La bendición que Dios te dio al dejarle.
Sobre tu cuerpo, bandos de angelitos,
Hijos deI éter y la luz, volaban,
Alegres se reían de los pomos
Que en tí vertían un celeste aroma.
Yo, para mí; decía: — tu destino
Será más bello que un cantar de hadas
Que danzan en las nubes, más triunfante
Que el sol naciente que enl nada sume
Murallas de negrura ... Irás tan alto
Como el pájaro-rey deI Nuevo Mundo.

¡Ah, loco sueno! ... Una estación pasóse
Y tantas glorias tan risuenos planes
Polvo se hicieron. El oscuro genio
Abrasó con su antorcha ensangrentada
Mis soberbios castillos. La desgracia
Se sentó en mi solar; la soberana
Del imperio siniestro de ultratumba
Con su dedo fatal selló tu frente.
Aún te contemplo por las noches mías,
En mis días sin luz te sigo viendo,
Te creo vivo, y muerto te lamento ...

Oigo tañer monótonas campanas,
Y cada vibración contar parece

Las ilusiones cuando tú marchitas.
Escucho en medio de confusas voces,
Llenas de frases tontas y pueriles
El lino mortuorio que recortan
Para envolver tu cuerpo. Y añoranzas
Dispersas y perpétuas; y el aroma
De incienso en las iglesias; y oigo cantos
De ministros de Dios que me repiten
Que ya no eres del mundo ...!Lloro en vano!

¡Mas no! Tú duermes en el seno inmenso
Del Creador del mundo. !Tú me hablas
En el llorar del ave, y con el viento.
En el latido triste de las olas!
Quién sabe si me miras desde el cielo,
Tal vez desde una solitaria estrella.
¡Tus rayos son los que mi estro templan!
Pues bien,!díme las vueltas del camino!
Brilla y fulgura en azulado manto,
Mas no caigas, oh lágrima nocturna,
En las nubladas ondas de occidente.
¡Brilla y fulgura! Cuando fría muerte
en mí sacuda el polvo de sus alas,
Escala de Jacob serán tus rayos
Por donde aprisa subirá mi alma.

Extraídos de la Revista de Cultura Brasileña, n. 30, marzo 1970, publicada por la Embajada del Brasil en Madrid.




Cântico do Calvário

À Memória de Meu Filho 
Morto a l l de Dezembro 
de 1863.


Eras na vida a pomba predileta 
Que sobre um mar de angústias conduzia 
O ramo da esperança. — Eras a estrela 
Que entre as névoas do inverno cintilava 
Apontando o caminho ao pegureiro. 
Eras a messe de um dourado estio. 
Eras o idílio de um amor sublime. 
Eras a glória, — a inspiração, — a pátria, 
O porvir de teu pai! — Ah! no entanto, 
Pomba, — varou-te a flecha do destino! 
Astro, — engoliu-te o temporal do norte! 
Teto, caíste! — Crença, já não vives! 

Correi, correi, oh! lágrimas saudosas, 
Legado acerbo da ventura extinta, 
Dúbios archotes que a tremer clareiam 
A lousa fria de um sonhar que é morto! 
Correi! Um dia vos verei mais belas 
Que os diamantes de Ofir e de Golgonda 
Fulgurar na coroa de martírios 
Que me circunda a fronte cismadora! 
São mortos para mim da noite os fachos, 
Mas Deus vos faz brilhar, lágrimas santas, 
E à vossa luz caminharei nos ermos! 
Estrelas do sofrer, — gotas de mágoa, 
Brando orvalho do céu! — Sede benditas! 
Oh! filho de minh'alma! Última rosa 
Que neste solo ingrato vicejava! 
Minha esperança amargamente doce! 
Quando as garças vierem do ocidente 
Buscando um novo clima onde pousarem, 
Não mais te embalarei sobre os joelhos, 
Nem de teus olhos no cerúleo brilho 
Acharei um consolo a meus tormentos! 
Não mais invocarei a musa errante 
Nesses retiros onde cada folha 
Era um polido espelho de esmeralda 
Que refletia os fugitivos quadros 
Dos suspirados tempos que se foram! 
Não mais perdido em vaporosas cismas 
Escutarei ao pôr do sol, nas serras, 
Vibrar a trompa sonorosa e leda 
Do caçador que aos lares se recolhe! 

Não mais! A areia tem corrido, e o livro 
De minha infanda história está completo! 
Pouco tenho de anciar! Um passo ainda 
E o fruto de meus dias, negro, podre, 
Do galho eivado rolará por terra! 
Ainda um treno, e o vendaval sem freio 
Ao soprar quebrará a última fibra 
Da lira infausta que nas mãos sustento! 
Tornei-me o eco das tristezas todas 
Que entre os homens achei! O lago escuro 
Onde ao clarão dos fogos da tormenta 
Miram-se as larvas fúnebres do estrago! 
Por toda a parte em que arrastei meu manto 
Deixei um traço fundo de agonias! ... 

Oh! quantas horas não gastei, sentado 
Sobre as costas bravias do Oceano, 
Esperando que a vida se esvaísse 
Como um floco de espuma, ou como o friso 
Que deixa n'água o lenho do barqueiro! 
Quantos momentos de loucura e febre 
Não consumi perdido nos desertos, 
Escutando os rumores das florestas, 
E procurando nessas vozes torvas 
Distinguir o meu cântico de morte! 
Quantas noites de angústias e delírios 
Não velei, entre as sombras espreitando 
A passagem veloz do gênio horrendo 
Que o mundo abate ao galopar infrene 
Do selvagem corcel? ... E tudo embalde! 
A vida parecia ardente e douda 
Agarrar-se a meu ser! ... E tu tão jovem, 
Tão puro ainda, ainda n'alvorada, 
Ave banhada em mares de esperança, 

Rosa em botão, crisálida entre luzes, 
Foste o escolhido na tremenda ceifa! 
Ah! quando a vez primeira em meus cabelos 
Senti bater teu hálito suave; 
Quando em meus braços te cerrei, ouvindo 
Pulsar-te o coração divino ainda; 
Quando fitei teus olhos sossegados, 
Abismos de inocência e de candura, 
E baixo e a medo murmurei: meu filho! 
Meu filho! frase imensa, inexplicável, 
Grata como o chorar de Madalena 
Aos pés do Redentor ... ah! pelas fibras 
Senti rugir o vento incendiado 
Desse amor infinito que eterniza 
O consórcio dos orbes que se enredam 
Dos mistérios do ser na teia augusta! 
Que prende o céu à terra e a terra aos anjos! 
Que se expande em torrentes inefáveis 
Do seio imaculado de Maria! 
Cegou-me tanta luz! Errei, fui homem! 
E de meu erro a punição cruenta 
Na mesma glória que elevou-me aos astros, 
Chorando aos pés da cruz, hoje padeço! 

O som da orquestra, o retumbar dos bronzes, 
A voz mentida de rafeiros bardos, 
Torpe alegria que circunda os berços 
Quando a opulência doura-lhes as bordas, 
Não te saudaram ao sorrir primeiro, 
Clícía mimosa rebentada à sombra! 
Mas ah! se pompas, esplendor faltaram-te, 
Tiveste mais que os príncipes da terra! 
Templos, altares de afeição sem termos! 
Mundos de sentimento e de magia! 
Cantos ditados pelo próprio Deus! 
Oh! quantos reis que a humanidade aviltam, 
E o gênio esmagam dos soberbos tronos, 
Trocariam a púrpura romana 
Por um verso, uma nota, um som apenas 
Dos fecundos poemas que inspiraste! 

Que belos sonhos! Que ilusões benditas! 
Do cantor infeliz lançaste à vida, 
Arco-íris de amor! Luz da aliança, 
Calma e fulgente em meio da tormenta! 
Do exílio escuro a cítara chorosa 
Surgiu de novo e às virações errantes 
Lançou dilúvios de harmonias! — O gozo 
Ao pranto sucedeu. As férreas horas 
Em desejos alados se mudaram. 
Noites fugiam, madrugadas vinham, 
Mas sepultado num prazer profundo 
Não te deixava o berço descuidoso, 
Nem de teu rosto meu olhar tirava, 
Nem de outros sonhos que dos teus vivia! 

Como eras lindo! Nas rosadas faces 
Tinhas ainda o tépido vestígio 
Dos beijos divinais, — nos olhos langues 
Brilhava o brando raio que acendera 
A bênção do Senhor quando o deixaste! 
Sobre o teu corpo a chusma dos anjinhos, 
Filhos do éter e da luz, voavam, 
Riam-se alegres, das caçoilas níveas 
Celeste aroma te vertendo ao corpo! 
E eu dizia comigo: — teu destino 
Será mais belo que o cantar das fadas 
Que dançam no arrebol, — mais triunfante 
Que o sol nascente derribando ao nada 
Muralhas de negrume! ... Irás tão alto 
Como o pássaro-rei do Novo Mundo! 

Ai! doudo sonho! ... Uma estação passou-se, 
E tantas glórias, tão risonhos planos 
Desfizeram-se em pó! O gênio escuro 
Abrasou com seu facho ensangüentado 
Meus soberbos castelos. A desgraça 
Sentou-se em meu solar, e a soberana 
Dos sinistros impérios de além-mundo 
Com seu dedo real selou-te a fronte! 
Inda te vejo pelas noites minhas, 
Em meus dias sem luz vejo-te ainda, 
Creio-te vivo, e morto te pranteio! ... 

Ouço o tanger monótono dos sinos, 
E cada vibração contar parece 
As ilusões que murcham-se contigo! 
Escuto em meio de confusas vozes, 
Cheias de frases pueris, estultas, 
O linho mortuário que retalham 
Para envolver teu corpo! Vejo esparsas 
Saudades e perpétuas, — sinto o aroma 
Do incenso das igrejas, — ouço os cantos 
Dos ministros de Deus que me repetem 
Que não és mais da terra!... E choro embalde. 

Mas não! Tu dormes no infinito seio 
Do Criador dos seres! Tu me falas 
Na voz dos ventos, no chorar das aves, 
Talvez das ondas no respiro flébil! 
Tu me contemplas lá do céu, quem sabe, 
No vulto solitário de uma estrela, 
E são teus raios que meu estro aquecem! 
Pois bem! Mostra-me as voltas do caminho! 
Brilha e fulgura no azulado manto, 
Mas não te arrojes, lágrima da noite, 
Nas ondas nebulosas do ocidente! 
Brilha e fulgura! Quando a morte fria 
Sobre mim sacudir o pó das asas, 
Escada de Jacó serão teus raios 
Por onde asinha subirá minh'alma.




Névoas

Nas horas tardias que a noite desmaia 
Que rolam na praia mil vagas azuis, 
E a lua cercada de pálida chama 
Nos mares derrama seu pranto de luz, 

Eu vi entre os flocos de névoas imensas, 
Que em grutas extensas se elevam no ar, 
Um corpo de fada — sereno, dormindo, 
Tranqüila sorrindo num brando sonhar. 

Na forma de neve — puríssima e nua — 
Um raio da lua de manso batia, 
E assim reclinada no túrbido leito 
Seu pálido peito de amores tremia. 

Oh! filha das névoas! das veigas viçosas, 
Das verdes, cheirosas roseiras do céu, 
Acaso rolaste tão bela dormindo, 
E dormes, sorrindo, das nuvens no véu? 

O orvalho das noites congela-te a fronte, 
As orlas do monte se escondem nas brumas, 
E queda repousas num mar de neblina, 
Qual pérola fina no leito de espumas! 

Nas nuas espáduas, dos astros dormentes 
— Tão frio — não sentes o pranto filtrar? 
E as asas, de prata do gênio das noites 
Em tíbios açoites a trança agitar? 

Ai! vem, que nas nuvens te mata o desejo 
De um férvido beijo gozares em vão!... 
Os astros sem alma se cansam de olhar-te, 
Nem podem amar-te, nem dizem paixão! 

E as auras passavam — e as névoas tremiam 
— E os gênios corriam — no espaço a cantar, 
Mas ela dormia tão pura e divina 
Qual pálida ondina nas águas do mar! 

Imagem formosa das nuvens da Ilíria, 
— Brilhante Valquíria — das brumas do Norte, 
Não ouves ao menos do bardo os clamores, 
Envolto em vapores — mais fria que a morte! 

Oh! vem; vem, minh'alma! teu rosto gelado, 
Teu seio molhado de orvalho brilhante, 
Eu quero aquecê-los no peito incendido, 
— Contar-te ao ouvido paixão delirante!... 

Assim eu clamava tristonho e pendido, 
Ouvindo o gemido da onda na praia, 
Na hora em que fogem as névoas sombrias 
– Nas horas tardias que a noite desmaia. 

E as brisas da aurora ligeiras corriam. 
No leito batiam da fada divina... 
Sumiram-se as brumas do vento à bafagem, 
E a pálida imagem desfez-se em — neblina!




Juvenília VII

Ah! quando face a face te contemplo, 
E me queimo na luz de teu olhar, 
E no mar de tua alma afogo a minha, 
E escuto-te falar; 

Quando bebo no teu hálito mais puro 
Que o bafejo inefável das esferas, 
E miro os róseos lábios que aviventam 
Imortais primaveras, 

Tenho medo de ti!... Sim, tenho medo 
Porque pressinto as garras da loucura, 
E me arrefeço aos gelos do ateísmo, 
Soberba criatura! 

Oh! eu te adoro como a noite 
Por alto mar, sem luz, sem claridade, 
Entre as refegas do tufão bravio 
Vingando a imensidade! 

Como adoro as florestas primitivas, 
Que aos céus levantam perenais folhagens, 
Onde se embalam nos coqueiros presas 

Como adoro os desertos e as tormentas, 
O mistério do abismo e a paz dos ermos, 
E a poeira de mundos que prateia 
A abóbada sem termos! ... 

Como tudo o que é vasto, eterno e belo; 
Tudo o que traz de Deus o nome escrito! 
Como a vida sem fim que além me espera 
No seio do infinito.




Poemas
Fagundes Varela


De Vozes da América



Napoleão

Sobre uma ilha isolada,
por negros mares banhada,
vive uma sombra exilada,
de prantos lavando o chão;
e esta sombra dolorida,
no frio manto envolvida,
repete com voz sumida:
-Eu inda sou Napoleão.

Tremem convulsas as plagas
bravias lutam as vagas,  
solta o vento horríveis pragas
nos cendais da escuridão;
mas nas torvas penedias
entre fundas agonias,
ela diz às ventanias:  
-Eu inda sou Napoleão.

-E serei! do céu da glória,
nem dos bronzes da memória,
nem das páginas da história
meus feitos se apagarão;  
passe a noite e as tempestades,
venham remotas idades,
caiam povos e cidades,
-Sempre serei Napoleão.

Da coluna de Vendôme,  
o bronze, o tempo consome,
porém não apaga o nome
que tem por bronze a amplidão.
Apesar de infausto dia,
da infâmia que tripudia,  
dos bretões a cobardia,
-Sempre serei Napoleão.

Nos vastos plainos do Egito,
sobre Titães de granito,
eu tenho um poema escrito  
que deslumbra a solidão.
Das Ísis rasguei os véus,
entre os altares fui deus,
fiz povos escravos meus,
-Ah! inda sou Napoleão.  

Desde onde o crescente brilha
até onde o Sena trilha,
tive o mundo por partilha
tive imensa adoração;
e de um trono de fulgores  
fiz dos grandes -servidores,
fiz dos pequenos -senhores,
-E sempre fui Napoleão.

Quando eu cortava os desertos,
vinham-me os ventos incertos  
de incenso e mirra cobertos
lamber-me as plantas no chão;
as caravanas paravam,
e os romeiros que passavam
às solidões perguntavam:  
-É este o deus Napoleão?

E lá nas plagas fagueiras,
onde as brisas forasteiras,
entre selvas de palmeiras
corre o sagrado Jordão,  
o lago dizia ao prado,
o prado ao monte elevado,
o monte ao céu estrelado:
-Vistes passar Napoleão!

Dizei, auras do Ocidente,  
dizei, tufão inda quente
do bafejo incandescente
do não vencido esquadrão,
como é ele? é belo, ousado?
Tem o rosto iluminado?  
Tem o braço denodado?
-Sempre é grande Napoleão?

E as águias no céu corriam,
e os areais se volviam,
e horrendas feras bramiam
no imenso da solidão;
mas as vozes do deserto
se erguiam como um concerto
e vinham saudar-me perto:
-Tu és, senhor, Napoleão!  

-Se sou! que Marengo o conte,
de Austerlitz o horizonte,
e aquela soberba ponte
que transpus como o tufão!
E a minha vida de Ajácio,  
e o meu sublime palácio,
e os pescadores do Lácio
que só dizem -Napoleão!

Se o sou! que digam as plagas,
onde do sangue nas vagas,  
coberta de enormes chagas
dorme vil população;
digam da Ásia as bandeiras,
digam longas cordilheiras,
que se abatiam, rasteiras,  
ao corcel de Napoleão!

Se o sou! diga Santa Helena
onde a mais sublime cena
fechou tranqüila e serena
minha história de Titão,
digam as ondas bravias,
digam torvas penedias,
onde as rijas ventanias
vêm murmurar: -Napoleão.

E serei! do céu, da glória,
nem dos bronzes da memória
nem das páginas da história
meus feitos se apagarão!
Assim na rocha isolada
pelas espumas banhada,
disse a sombra desterrada,
de prantos lavando o chão.

As névoas rolam nos céus,
da noite escura nos véus
soltam negros escarcéus
rugidos de imprecação;
mas das sombras a espessura
a face da onda escura,
o salgueiro que murmura
tudo fala -Napoleão!



Soneto

Desponta a estrela d'alva, a noite morre.
Pulam no mato alígeros cantores,
e doce a brisa no arraial das flores
lânguidas queixas murmurando corre.

Volúvel tribo a solidão percorre
das borboletas de brilhantes cores;
soluça o arroio; diz a rola amores
nas verdes balsas donde o orvalho escorre.

Tudo é luz e esplendor; tudo se esfuma
às carícias da aurora, ao céu risonho,  
ao flóreo bafo que o sertão perfuma!

Porém minh'alma triste e sem um sonho
repete olhando o prado, o rio, a espuma:
-Oh! mundo encantador, tu és medonho!




Ilusão

Sinistro como um fúnebre segredo
passa o vento do Norte murmurando
    nos densos pinheirais;
a noite é fria e triste; solitário
atravesso a cavalo a selva escura
entre sombras fatais.

À medida que avanço, os pensamentos
borbulham-me no cérebro, ferventes,
    como as ondas do mar,
e me arrastam consigo, alucinado,  
à casa da formosa criatura
    de meu doido cismar.
Latem os cães; as portas se franqueiam
rangendo sobre os quícios; os criados
    acordem pressurosos;  
subo ligeiro a longa escadaria,
fazendo retinir minhas esporas
    sobre os degraus lustrosos.

No seu vasto salão iluminado,
suavemente repousando o seio  
   entre sedas e flores,
toda de branco, engrinaldada a fronte,
ela me espera, a linda soberana
   de meus santos amores.

Corro a seus braços trêmulo, incendido  
de febre e de paixão... A noite é negra,
   ruge o vento no mato;
os pinheiros se inclinam, murmurando:
-Onde vai este pobre cavaleiro
    com seu sonho insensato?...




Deixa-me!

Quando cansado da vigília insana
declino a fronte num dormir profundo,
por que teu nome vem ferir-me o ouvido,
lembrar-me o tempo que passei no mundo?

Por que teu vulto se levanta airoso,  
tremente em ânsias de volúpia infinda?
E as formas nuas, e ofegante o seio,
no meu retiro vens tentar-me ainda?

Por que me falas de venturas longas,
por que me apontas um porvir de amores?  
E o lume pedes à fogueira extinta,
doces perfumes a polutas flores?

Não basta ainda essa existência escura,
página treda que a teus pés compus?
Nem essas fundas, perenais angústias,
dias sem crenças e serões sem luz?

Não basta o quadro de meus verdes anos
manchado e roto, abandonado ao pó?
Nem este exílio, do rumor no centro,
onde pranteio desprezado e só?  

Ah! não me lembres do passado as cenas,
nem essa jura desprendida a esmo!
Guardaste a tua? a quantos outros, dize,
a quantos outros não fizeste o mesmo?

A quantos outros, inda os lábios quentes  
de ardentes beijos que eu te dera então,
não apertaste no vazio seio
entre promessas de eternal paixão?
Oh! fui um doido que segui teus passos,
que dei-te em versos de beleza a palma;
mas tudo foi-se, e esse passado negro
por que sem pena me despertas n'alma?

Deixa-me agora repousar tranqüilo,
deixa-me agora dormitar em paz,
e com teus risos de infernal encanto  
em meu retiro não me tentes mais!




O vizir

Não derribes meus cedros! murmurava
o gênio da floresta aparecendo
adiante de um vizir, senão eu juro
punir-te rijamente! E no entanto
o vizir derribou a santa selva!
Alguns anos depois foi condenado
ao cutelo do algoz. Quando encostava
a cabeça febril no duro cepo,
recuou aterrado: -«Eternos deuses!
Este cepo é de cedro!» E sobre a terra  
a cabeça rolou banhada em sangue!




Não te esqueças de mim!

Não te esqueças de mim, quando erradia
perde-se a lua no sidéreo manto;
quando a brisa estival roçar-te a fronte,
não te esqueças de mim, que te amo tanto.

Não te esqueças de mim, quando escutares
gemer a rola na floresta escura,
e a saudosa viola do tropeiro
desfazer-se em gemido de tristura.

Quando a flor do sertão, aberta a medo,
pejar os ermos de suave encanto,
lembre-te os dias que passei contigo,
não te esqueças de mim, que te amo tanto.

Não te esqueças de mim, quando à tardinha
se cobrirem de névoa as serranias,
e na torre alvejante o sacro bronze  
docemente soar nas freguesias!

Quando de noite, nos serões de inverno,
a voz soltares modulando um canto,
lembre-te os versos que inspiraste ao bardo,
não te esqueças de mim, que te amo tanto.  

Não te esqueças de mim, quando meus olhos
do sudário no gelo se apagarem,
quando as roxas perpétuas do finado
junto à cruz de meu leito se embalarem.

Quando os anos de dor passado houverem,  
e o frio tempo consumir-te o pranto,
guarda ainda uma idéia a teu poeta,
não te esqueças de mim, que te amo tanto.




Soneto

Eu passava na vida errante e vago
como o nauta perdido em noite escura,
mas tu te ergueste peregrina e pura
como o cisne inspirado em manso lago.

Beijava a onda num soluço mago
das moles plumas a brilhante alvura,
e a voz ungida de eternal doçura
roçava as nuvens em divino afago.

Vi-te; e nas chamas de fervor profundo
a teus pés afoguei a mocidade  
esquecido de mim, de Deus, do mundo!

Mas ai! cedo fugiste!... da soidade,
hoje te imploro desse amor tão fundo
uma idéia, uma queixa, uma saudade!




Elegia

A noite era bela -dormente no espaço
a lua soltava seus pálidos lumes;
das flores fugindo, corria lasciva
a brisa embebida de moles perfumes.

Do ermo os insetos zumbiam na relva,
as plantas tremiam de orvalho banhadas,
e aos bandos voavam ligeiras falenas
nas folhas batendo com as asas douradas.

O túrbido manto das névoas errantes
pairava indolente no topo da serra;  
e aos astros -e às nuvens perfumes- sussurros,
suspiros e cantos partiam da terra.

Nós éramos jovens -ardentes e sós,
ao lado um do outro no vasto salão;
e as brisas e a noite nos vinham no ouvido  
cantar os mistérios de infinda paixão!

Nós éramos jovens -e a luz de seus olhos
brilhava incendida de eternos desejos,
e a sombra indiscreta do níveo corpinho
sulcava-lhe os seios em brandos arquejos!  

Nós éramos jovens -e as balsas floridas
o espaço inundavam -de quentes perfumes,
e o vento chorava nas tílias do parque,
e a lua soltava seus tépidos lumes!...

Ah! mísero aquele que as sendas do mundo  
trilhou sem o aroma de pálida flor,
e à tumba declina, na aurora dos sonhos,
o lábio inda virgem dos beijos de amor!

Não são dos invernos as frias geadas,
nem longas jornadas que os anos apontam.  
O tempo descora nos risos e prantos,
e os dias do homem por gozos se contam.

Assim nessa noite de mudas venturas,
de louros eternos minh'alma enastrei;
que importa-me agora martírios e dores,  
se outrora dos sonhos a taça esgotei?

Ah! lembra-me ainda! -nem um candelabro
lançava ao recinto seu brando clarão,
apenas os raios da pálida lua
transpondo as janelas batiam no chão.

Vestida de branco -nas cismas perdida,
seu mórbido rosto pousava em meu seio,
e o aroma celeste das negras madeixas
minh'alma inundava de férvido anseio.

Nem uma palavra seus lábios queridos  
nos doces espasmos diziam-me então:
que valem palavras, quando ouve-se o peito
e as vidas se fundem no ardor da paixão?

Oh! céus! eram mundos... ai! mais do que mundos
que a mente invadiam de etéreo fulgor!  
Poemas divinos -por Deus inspirados,
e a furto contados em beijos de amor!

No fim do seu giro, da noite a princesa
deixou-nos unidos em brando sonhar;
correram as horas -e a luz da alvorada  
em juras infindas nos veio encontrar!

Não são dos invernos as frias geadas,
nem longas jornadas que os anos apontam...
o tempo descora nos risos e prantos,
e os dias do homem por dores se contam!

Ligeira... essa noite de infindas venturas
somente em minh'alma lembranças deixou...
Três meses passaram, e o sino do templo
à reza dos mortos os homens chamou!

Três meses passaram -e um lívido corpo
jazia dos círios à luz funeral,
e, à sombra dos mirtos, o rude coveiro
abria cantando seu leito afinal!...

Nós éramos jovens, e a senda terrestre
trilhávamos juntos, de amor a sorrir,  
e as flores e os ventos nos vinham no ouvido
contar os arcanos de um longo porvir!

Nós éramos jovens, e as vidas e os seios,
o afeto prendera num cândido nó!
Foi ela a primeira que o laço quebrando
caiu soluçando das campas no pó!

Não são dos invernos as frias geadas,
nem longas jornadas que os anos apontam,
o tempo descora nos risos e prantos,
e os dias do homem por dores se contam!  

1861



Tristeza

Eu amo a noite com seu manto escuro
de tristes goivos coroada a fronte
amo a neblina que pairando ondeia
sobre o fastígio de elevado monte.

Amo nas plantas, que na tumba crescem,
de errante brisa o funeral cicio:
porque minh'alma, como a sombra, é triste,
porque meu seio é de ilusões vazio.

Amo a desoras sob um céu de chumbo,
no cemitério de sombria serra,  
o fogo-fátuo que a tremer doideja
das sepulturas na revolta terra.
Amo ao silêncio do ervaçal partido
de ave noturna o funerário pio,
porque minh'alma, como a noite, é triste,  
porque meu seio é de ilusões vazio.

Amo do templo, nas soberbas naves,
de tristes salmos o troar profundo;
amo a torrente que na rocha espuma
e vai do abismo repousar no fundo.  

Amo a tormenta, o perpassar dos ventos,
a voz da morte no fatal parcel,
porque minh'alma só traduz tristeza,
porque meu seio se abrevou de fel.

Amo o corisco que deixando a nuvem  
o cedro parte da montanha, erguido,
amo do sino, que por morto soa,
o triste dobre na amplidão perdido.

Amo na vida de miséria e lodo,
das desventuras o maldito seio,  
porque minh'alma se manchou de escárnios,
porque meu seio se cobriu de gelo.

Amo o furor do vendaval que ruge,
das asas negras sacudindo o estrago;
amo as metralhas, o bulcão de fumo,
de corvo as tribos em sangrento lago.

Amo do nauta o doloroso grito
em frágil prancha sobre mar de horrores,
porque meu seio se tornou de pedra,
porque minha'alma descorou de dores.  

O céu de anil, a viração fagueira,
o lago azul que os passarinhos beijam,
a pobre choça do pastor no vale,
chorosas flores que ao sertão vicejam,

A paz, o amor, a quietação e o riso  
a meus olhares não têm mais encanto,
porque minh'alma se despiu de crenças,
e do sarcasmo se embuçou no manto.

1861



O exilado

O exilado está só por toda a parte!

Passei tristonho dos salões no meio,
atravessei as turbulentas praças
curvado ao peso de uma sina escura;
as turbas contemplaram-me sorrindo,
mas ninguém divisou a dor sem termos
que as fibras de meu peito espedaçava.
O exilado está só por toda a parte!

Quando, à tardinha, dos floridos vales
eu via o fumo se elevar tardio
por entre o colmo de tranqüilo albergue,
murmurava a chorar: -Feliz aquele
que à luz amiga do fogão doméstico,
rodeado dos seus, à noite, senta-se.
O exilado está só por toda a parte!

Onde vão estes flocos de neblina
que o euro arrasta nas geladas asas?
Onde vão essas tribos forasteiras
que à tempestade se esquivar procuram?
Ah! que me importa?... também eu doidejo,  
e onde irei, Deus o sabe, Deus somente.
O exilado está só por toda a parte!

Desta campina as árvores são belas,
são belas estas flores que se vergam
das auras estivais ao débil sopro;  
mas nem a sombra que no chão se alonga,
nem o perfume que o ambiente inunda
são dessa gleba divinal que adoro.
O exilado está só por toda a parte!

Mole e lascivo no tapiz da selva  
serpeia o arroio, e o deslizar queixoso
peja de amor as solidões dormentes;
mas nunca o rosto refletiu-me um dia,
nem foi seu burburinho enlanguescido
que embalou minha infância a descuidosa.  
O exilado está só por toda a parte!

-Por que chorais? me perguntou o mundo;
contai-nos vossa dor, talvez possamos
saná-la às gotas de elixir suave;
mas, quando eu suspendi a lousa escura  
que o túmulo cobria-me da vida,
riram-se pasmos sem sondar-lhe o fundo.
O exilado está só por toda a parte!

Vi o ancião da prole rodeado
sorrir-se calmo e bendizer a Deus,  
vi junto à porta da nativa choça
as crianças beijarem-se abraçadas;
mas de filho ou de irmão o santo nome
ninguém me deu, e eu fui passando triste.
O exilado está só por toda a parte!  

Quando verei essas montanhas altas
que o sol dourava nas manhãs de agosto?
Quando, junto à lareira, as folhas lívidas
deslembrarei de meu sombrio drama?
Doida esperança! as estações sucedem-se  
e sem um gozo vou descendo à campa.
O exilado está só por toda a parte!

Brandas aragens, que roçais fagueiras
das maravilhas nas cheirosas frontes,
aves sem pátria, que cortais os ares,  
irmãs na sorte do infeliz romeiro,
ah! levai um suspiro à pátria amada,
último alento de cansado peito.
O exilado está só por toda a parte!

Quando nas folhas de lustrosos plátanos
novos luares descansarem gratos,
já sobre a estrada de meus pés os traços
o pegureiro não verá, que passa!
Mísero! ao leito de final descanso
ninguém meu sono velará chorando.  
O exilado está só por toda a parte!









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