lunes, 18 de mayo de 2015

BEATRIZ VITERI GARCÉS [16.005]


BEATRIZ VITERI GARCÉS 

(Guayaquil, Ecuador 1974)  
Licenciada en Comunicación Social. Correctora, redactora y editora independiente. Ha organizado varios talleres y eventos de Cultura, Comunicación y Educación. Es mediadora de procesos educomunicativos dirigidos a niños, niñas y adolescentes. 


MASOQUISMO EN CADA EVA

Copas de los árboles se abrieron en dirección opuesta a mis rodillas condenadas a arrastrarse. Gotas del cielo se desplomaron entre navajas, besos y sentencias bíblicas. Seres de viento levantaron mi sombra y la arrullaron al vaivén del caos terrestre. Solitarias cenizas se prendieron fuego en el espejo de mi vientre tibio y fecundo. Después de milenios aún guardo en la yugular este dolor masoquista.



El triste país de los disfraces

Las paredes sienten el miedo de las cortinas que arrastran sus lenguas por el suelo. Las ventanas se estremecen con el ruido nocturno y el frío que les llega desde el tejado poblado de gatos acechando la cópula. La lámpara se mira al espejo, éste le responde con sombras que se acuestan en la cama y se enrollan en las sábanas. El piso es un cielo de rostros que se forman con el polvo, la humedad y las manchas del tiempo. El armario es el triste país de los disfraces. El escritorio, refugio de papeles condenados a acuñar las despedidas. La casa se frunce en su cuadratura, subrayando con rojo las heridas, multiplicando los gritos que sigo escuchando a kilómetros de distancia.



Imán de muerte

La luna es imán de muerte. Tiemblan mis rodillas. Palpitan mis venas. Me sepulta el ébano y el frío. Libera mis demonios, me expone ante mi destino, me deja vagar descalza. Paso de víctima a cómplice. Desmitifico su belleza.



Cadenas y más cadenas

Quiero que me sostengas con el aire que sale de tu boca, como si fuera un títere de esos que encontré junto a las pipas rotas que desgastamos de tanto fuego y saliva. Quiero la habitación llena de tu vapor bajo la luz de los faros que custodian el asfalto. Quiero sentir un golpe anárquico entre mis pechos hasta socavarme. Quiero tu voz imitando campanadas en el cielo. Cadenas y más cadenas. Cuando por fin lo tenga todo, las arrastraré por siglos.



Fetiches entre las piernas

Todas las noches busco tu mirada de gato bajo las almohadas, y dentro del armario revuelvo mis interiores para encontrar algún bigote de color impreciso con aroma a durazno vaginal. Esculturas fisgonean en fila desde la repisa esta cacería acéfala. Escudriño mis cosas una y otra vez hasta rebotar sobre mi sombra. Descanso de este caos que te esconde. Todo está patas arriba y yo boca abajo con mis fetiches entre las piernas.



Un demonio más en mí

Caes sin noche y sin mañana. Te paras a mirar mi boca seca. Enluto tus manos. Acaricio tus ojos y los niego. Toco tus piernas y las pego con cinta. Disfruto del ritual. Vuelvo para marcar mi territorio con fluidos nuevos. En este infierno, sin ese mito, vivo con un dios menos y sobre mí un demonio más.






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