miércoles, 20 de mayo de 2015

ALEJANDRA SOLÓRZANO [16.032]


ALEJANDRA SOLÓRZANO 

(GUATEMALA - COSTA RICA)
Nació en San José Costa Rica, el 5 de junio de 1980. Hija de madre y padre guatemaltecos. Nacionalidad: guatemalteca-costarricense.

Estudió teatro en la Escuela Nacional de Arte Dramático “Carlos Figueroa  Juárez” de donde egresó en el año 2000. 

Poeta, Actriz. Gestora y productora cultural.  Licenciada en Filosofía Universidad Nacional de Costa Rica.  Publicó: "De vez en cuando hablo con ella" (Poesía) Editorial Folio 114, Ciudad de Guatemala 2005.  Recibió el accésit en el 1er Concurso Centroamericano de Relato organizado por la Asociación Costarricense de Escritoras en el 2008. Ha participado desde el 2004 en actividades literarias organizadas por Folio 114 y otros (Guatemala). Radica en Costa Rica desde del 2007. Ha participado en  festivales de poesía en Nicaragua, lecturas y otras actividades literarias. Guatemala: Festival Kadejo, Folio 114, Octubre Azul, Escuela  de  Letras  de  la  Universidad  de  San Carlos de Guatemala, La Bodeguita del Centro  y  Centro Cultural Municipal. Costa Rica : Festival de Verano UNA,  FIA « Al caer la tarde » ¡Salud Poeta!,  Para deletrear el fuego, UCART,  Noche de Heteronomios, Poesía en el TEC, Ediciones Espiral e IDESPO.  Actualmente estudia la maestría en Filosofía de la Universidad de Costa Rica. Desde el año 2007 radica en Costa Rica.




Malitzín Tenépatl

Seré obsequiada al señor Quetzalcóatl
Seré obsequiada a los señores de Mayab
Seré obsequiada al foráneo Hernán Cortez
Seré obsequiada al capitán Alonso Hernández Portocarrero
Seré obsequiada al hidalgo Juan Jaramillo
Seré obsequiada a Diego Rivera
Seré obsequiada a los historiadores
Filólogos
Políticos.

A cada boca seré un obsequio
cuando me llamen

Malinche
para decir

vendida
traidora
servil
interesada
puta

Seré un obsequio
hoy
mañana
y los días venideros
siempre a la víspera
de no ser un obsequio
y antes de presentarme ante mi última dueña:
Nan Kemé
Nanita Muerte.




Evelyn McHale

Derribé mi cuerpo
mi rostro
perfectamente maquillado
desde el Empire State
junto a las fotos de familia
que guardé
en mi cartera de sobre
antes de partir

Una perla
cada palabra
alrededor de mi escote
guardaba para vos su ecuación
la frecuencia de su propia caída
sobre mi pecho

En mis piernas
queda la caligrafía de tus cartas
un sello
que mi peso y la gravedad
desprenden de la piel
a medida que se desploma
sorda y violenta
como bien sabe hacerlo la lluvia




La vida es eso amor

Una caída

Aferrarme al collar de perlas
con una mano 
donde mi esencia reside
y sostenerme de él antes del salto
con la ciudad a los pies.

La vida es eso amor

Una caída

La dedicatoria detrás de las fotografías
una inscripción que te salve
                                           -no a mí-
desde el piso 86
de lo que alguna vez seremos.




Euclides

Una mujer
estudia la geometría,
la distancia más corta
entre un cuerpo y el suyo
el trazo de una paralela
con que dos bocas
dibujan una conversación al infinito

Mide
                       -una a una-
las formas del temor
la velocidad y la fuerza
con la que se hace girar el corazón
como un derviche

Una mujer
aferra a su pecho un astrolabio
y estudia el sueño,
como un eje sereno
y meditabundo
sobre el abismo de una sábana

El tiempo
a veces
ofrece un insecto bello y desvanecido
o cualquier objeto habitable
de una cifra sagrada
El misterio
es refugio y arpón
para la fría desnudez de un cuerpo

Solo

Un cuerpo se pregunta
Un cuerpo quizá reza
por el eco, el impacto
                      el sentido
que ocasionó otro cuerpo sobre el suyo.





Impresiones 

Esta tarde llueve violenta
y la luna está agresiva.
No existe ahora esa simpatía entre naturaleza y nosotras
de la que Hume nos habló.

Solo existe su boca que se mueve
en mi memoria,
lo mismo que el sueño detenido a las cinco de la mañana
mientras lo veo
como en una película muda
y sin subtítulos contar el final de esta historia.

Sus labios liberaban verdades abstractas.
Te llamo para advertirte sobre estas horas
para decirte que en una esquina de la cama
la luna nos acecha a mí y a mi gata


Te hablo para que no se disipe tu mirada
Y rezo:

Las impresiones son el primer contacto
Las impresiones son el primer contacto

Esta subjetividad que mueve a plenitud la razón,
la pasión que potencia la razón.


Mi emotividad
                              -desbocada y sorda-
resaltaba desde la esquina de la cama,
el color, la realidad de la colina.


La tormenta en esta esquina
es tan solo una sensación
es tan solo una sensación

Una pequeña pieza del enigma
un perturbado camafeo del conocimiento.

Habría apostado mis manos
a que la tarde, madrugada o noche
eras vos.


Es cierto que hablé de Kant
Del criticismo
De un muchacho que se enamoró del tiempo
Tañendo hipnotizado el campanario de Messkirch

Es cierto
Que invertí en cada minuto
Disimular el temblor de mis manos
Hablando de Giordano
Y del fuego
Que atizó la noche y su cuerpo.

Hablé de mi niñez
De los viajes
De mi padre
De un tiburón de agua dulce
Perdiéndome
Entre las luces del Herediano.

Es cierto
También
Que no volveremos a vernos
Y que frecuentemente
Despertaremos con sobresalto
En medio de la noche


Inaugurando recuerdos
                                       bailando solos
hacia el centro de esa extraña fiesta
desde donde hemos llegado todos,

temible
infancia del dolor.







El retorno es un espejo borroso Malitzín,
una siempreviva petrificada,
un viento preso.

El regreso acá implica la infertilidad de la calma,
la lluvia del silencio,
el murmullo de dioses atormentados,
las ciénagas del terror en que todos mojamos los pies.

Una ciénaga que no seca.
Somos dueños aún de esta tierra,
somos los pájaros del insomnio
y el pasado nos dice
que no hemos terminado de regresar.

Para  entender esta condición,
veo tus ojos y los de tu niña. 
Nunca nos hablaron Malitzín,
de lo que significaba el regreso,
porque nunca acabábamos de cruzar tus ojos,
ni los de tu niña.
                                        Quizá nunca salimos.
                                        Quizá nunca llegamos.
                                        Quizá nunca regresamos. 

Incluso ahora,
dentro de las paredes de la casa Malitzín,
buscamos huir igual que de nosotras,
                                          -o al menos así lo sentíamos-
fundirnos hacinadas,
cuerpo a cuerpo,
vientre a vientre,
garganta a garganta cuando el frío nos viste
 con lo único que tiene,
cuando las estrellas no nos revelan sus signos.

Adoramos al tiempo,
aunque a veces se muestre incomprensible
Malitzín,
aunque a veces navegue
 sin ancla por nuestra memoria.
Aunque no conozcamos ya nuestros nombres,
pero sí el signo de la que mira en nosotras.







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