lunes, 18 de mayo de 2015

ALBERTO RIVAS BONILLA [15.994]


Alberto Rivas Bonilla

Alberto Rivas Bonilla (Santa Tecla, El Salvador 4 de septiembre de 1891 - San Salvador, 29 de noviembre de 1985) fue un médico, y escritor salvadoreño.

Bonilla se graduó de bachiller en Ciencias y Letras el año 1909, y obtuvo el doctorado en Medicina en 1918.1 En la literatura inició en la rama de poesía, y logró ganar en certámenes como los Juegos Florales del Centenario del Primer Grito de Independencia, el Primer Premio al Canto a la Bandera, y el Premio único al Himno Universitario. Fue catedrático de Medicina y Derecho, y Decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad de El Salvador.

En el ámbito cultural, ejerció como secretario perpetuo de la Academia Salvadoreña de la Lengua, a la que ingresó como miembro de número a la edad de 24 años.1 Además colaboró en periódicos nacionales. Precisamente, en una columna llamada Postalita, en la que escribía con el seudónimo Padre Robustiano Redondo, el año 1962 tuvo la ocurrencia de proponer el nombre de Hula - Hula a la plaza donde se encontraba el antiguo Mercado Central de San Salvador. Dicho nombre fue aceptado por la población capitalina y el lugar ha sido conocido de esta manera desde entonces.Parte de su obra comprende: Versos (1926), Me monto en un potro (1943), Una chica moderna (1945), Celia en vacaciones (1947), etc.

Su obra más conocida es la novela Andanzas y Malandanzas de 1936, considerada un clásico de la literatura salvadoreña.


Rivas Bonilla comenta que siempre ha tenido afición por la literatura, "mis primeros escarceos los hice cuando estudiaba Ciencias y Letras, los que se perdieron como abortos no viables" pero es en 1911, cuando apenas tenía veinte años que participa con un canto patriótico en los "Juegos Florales del Centenario del primer grito de independencia de Centroamérica", y el jurado lo premió. 

Comienza así su canto: 

Patria gloriosa de Delgado y Arce,
de Celis y Rodríguez 
oye las notas de vibrante acento
que hoy conmueve mi lira 
y se di1atan en alas del viento, 
Guardo patria, en mi lira, 
un oculto lienzo, 
una cuerda inviolada 
cuerda de oro 
para lo que enaltece y admira. 
Y hoy por la vez primera 
suena en un canto 
de vibrantes notas 
como un crujido de cadenas rotas 
o el audaz tremolar de una Bandera. . .





LETRA DEL HIMNO UNIVERSITARIO 

No es tu liza palenque sangriento 
ni tremolas guerrero pendón. 
Te infundió el mismo Apolo su aliento,
Palas misma tus armas forjó. 

ESTROFAS 

A tus pechos amantes nos criamos
que su savia fecunda nos dan.
Si la cumbre radiosa alcanzamos, 
tuya ¡Oh , Madre! la gloria será. 
A tus almas te das por entero
derramando torrentes de luz; 
y al seguir el abrupto sendero,
nuestro guía seguro eres tú. 
Tus laureles jamás se marchitan, 
que tu reino en las almas está 
y en la lid que tus armas— 
incitanno la muerte: la vida nos das. 
Llegue a ti nuestro cálido coro 
pues nos has enseñado 'a vivir; 
mas en aras del patrio decoro, 
también, Madre, sabremos morir.




Cuenta el Dr. Rivas Bonilla que utilizó el seudónimo de Sebastián Salitrillo para dedicarle unos versos a una dama en especial pero por cosas del destino ella murió. 
Fue así como Sebastián Salitrillo dejó de escribir para ese espacio. En el DIARIO DE HOY, los días sábados, se publicaba una columna titulada "Rincón Literario” y ahí escribía sus sonetos, sin muchas complicaciones ni búsquedas: 

Uno de sus sonetos: 


AMOR TRISTE 

Te contemple al pasar sin conocerte
Ver tus ojos ha sido un vano intento
No sé como sonries, ni tu acento
Jamás oí; mas soy feliz con verte. 

Y en la alta noche, cuando el mundo, 
inerte, reposa, vuela a ti mi pensamiento 
y me siento dichoso, porque siento ser 
todo corazón para quererte 

Jamás llegará a ti. Como a una estrella 
te veo inaccesible, pura y bella 
y en tu amor me consumo y por ti muero. 

Y sabiendo que nunca serás mía,
no sé, mi bien, qué es lo que el alma ansia, 
ni he de saber jamás por qué te quiero.




Años más tarde aparece, siempre en el mencionado periódico, otro espacio literario pero el personaje que firmaba era: El difunto Sebastián Salitrillo, porque era obvio que habiéndose muerto su musa y al aparecer otra, por no ultimarla en su recuerdo, le escribió a la otra y se suscribió de esa manera“ 
En todos los sonetos que escribirá se nota, muy marcadamente, la vena romántica dentro del modernismo. Uno de ellos dice así:



¿PORQUÉ? 

El difunto Sebastián Salitrillo 

Siento un amor que me lacera el alma
como un silencio abrumador.
El mismo que antes por la vez primera,
hizo latir mi corazón. 

Eran entonces unos áureos rizos, 
una sonrisa virginal 
y la mirada de unos dulces ojos
hondos y azules como el mar. 

Hoy, los cabellos que mi amor embargan,
como la noche negra son; 
y el resplandor de la mirada esquiva
es un misterio turbador. 

Pero es la misma, la inquietud que llega, 
mi corazón a estremecer 
y el torcedor que me tortura impío 
es hoy tan hondo como ayer. 

Porque la virgen de cabellos rubios
fue una quimera y nada más 
y a la doncella de los butles negros,
nunca mis ansias llegarán. 

Si ya la escarcha de la vida apunta
con hilos blancos en mi sien 
tú, corazón,ppr3qué tremendo sino 
no has aprendido a envejecer






Ignotus Quidam

Este es otro seudónimo que utilizó el Dr. Alberto Rivas Bonilla para escribir en el periódico. Era otra forma de firmar sus sonetos. Preguntándole el, porqué de ese seudónimo, responde con graciosa sonrisa: creo que es lo que quiere decir ese latín; algo así como un sujeto desconocido, un fulano de tal.


Su temática sigue siendo el amor, cuidando mucho el lenguaje. Uno de los ejemplos es: 


Ignotus Quidam, 

No te inquieta mi amor si has sorprendido
mi secreto en la luz de una mirada. 
Nada pide mi amor ni ansia nada, 
sólo quiero soñar inadvertido. 

¿Qué importa que al azar de la jornada 
nuestras sendas hayamos confundido?
Tú vas hacia un amor impresentido,
yo, en mi derrota, voy hacia la nada. 

Pero mi amor te envuelve dulcemente,
impalpable, invisible, omnipresente;
y así los dos marchamos por la vida, 

yo, rindiéndote el alma por entero; 
tú, sin saber tal vez que por ti muero.
Yo, el más dichoso, Tú, la más querida.




LAS GOLONDRINAS

Os veo levantar en raudo giro
En dorados crepúsculos el vuelo,
Rasgando el manto diáfano del cielo
Con el eco lejano de un suspiro.

Os persiguen mis ojos y deliro
En el acariciar de un vago anhelo,
Cuando vais a buscar en otro cielo
Dorada espiga y temporal retiro,

¡¡Cruzando espacios y salvando montes,
Cómo os asemejáis al alma mía!
Yo cruzo, cual vosotras, horizontes,

Cual vosotras, puedo ir de estrella a estrella;
Yo tengo alas también: mi fantasía,
Y un cielo: ¡El cielo de mi amor por ella!


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