miércoles, 1 de abril de 2015

SELEN CATALINA ARANGO RODRÍGUEZ [15.374] Poeta de Colombia


Selen Catalina Arango Rodríguez

(Medellín, Colombia, 1983) Primer premio del Concurso Ediciones Embalaje, Colombia, 2009. Sus poemas han sido publicados en México en Trajín Literario (Sept-Oct.2011) y en Paisajes interiores. Anuario de Poesía/México 2010. En Colombia en Piedraluna (2010), y en Memoria del VI Encuentro Mujeres Poetas de Antioquia (2008). En la actualidad estudia en la Universidad Nacional Autónoma de México el doctorado en Pedagogía y es Magíster en Educación y Licenciada en Lengua Castellana de la Universidad de Antioquia (Colombia).

Soy poeta y en el año 2009 obtuve el Primer premio del Concurso Ediciones Embalaje del XXV Encuentro de Mujeres Poetas Colombianas con el poemario “Prestidigitaciones y otros juegos de memoria”.

En la actualidad estudio mi Doctorado en Pedagogía de la Universidad Nacional Autónoma de México. Soy Licenciada en Lengua Castellana, Magíster en Educación con tesis meritoria, e investigadora adscrita al Grupo de Investigación FORMAPH, Grupo sobre Formación y Antropología Pedagógica e Histórica de la Facultad de Educación, Universidad de Antioquia (UdeA). Cursé estudios sobre Corrección y Publicación de Textos (2009) en la Facultad de Comunicaciones, y sobre Edición y coordinación de proyectos para publicación (2003) en el CISH (Centro de Investigaciones Sociales y Humanas) de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, ambos en la UdeA. Soy diplomada en Herramientas orientadas a la investigación (2008) del Tecnológico de Antioquia. Institución Universitaria.

Tengo una sólida formación en investigación educativa, pedagógica y literaria, resultado de mi participación en semilleros de investigación y en cinco proyectos de investigación. Creadora y docente del Diploma La escritura orientada a la investigación del Tecnológico de Antioquia. Institución Universitaria, correctora de textos del área de investigaciones de la misma Institución y de textos de profesores/as de la Facultad de Educación de la UdeA, donde también fui catedrática en el área de pedagogía.





De Prestidigitaciones y otros juegos de memoria, 2014


El hombre de la mayoría de edad

Pareciera que una noche sobre tus ojos hubieran puesto la claridad de las sábanas ocupadas por ella. Hoy, dibujas con las puntas de tus dedos el lugar de su cabeza y abres tu mano para precisar el tamaño de sus pechos. Su piel fue marcada por las líneas de tu vida resuelta.

Hoy, vuelves a mirar tus manos en su ausencia, las abres frente a un espejo y ves cómo tu cuerpo recibe las dobleces del alma y la corriente de tus venas impide el corazón cercano a la muerte. Y solo alcanzas a lanzarte contra el espejo, golpearlo para luego sumergirte en su olvido. Esa mujer ya está en pedazos y, como ya has vivido ese momento, piensas recogerla y tirarla.

Ese espejo te ha dicho que la fragua del tiempo te volverá arena para un reloj con forma de mujer.



La gravedad de la araña

La gravedad dibuja su casa:

Descubre un hilo que sostiene
las preguntas de mi piel
y un gusano bajo la tensión de la araña.

La gravedad responde cuando el viento se lleva sus hojas entre los árboles.



Somos tres

La imagen que atraviesa las calles.
La ambición de transitar por los caminos del otro.
El otro de mi esquina más odiada.





El infinito

Una mano que cerrándose no puede abarcar el aire.
Entre sus líneas, las huellas de ese intento.






Las postales de la barbarie




La muerte de la abuela

Noventa y seis años de respiraciones se juntaron en la noche de la muerte de la abuela.

Su última respiración nació de las entrañas que vieron crecer a doce hijos.

Su última mirada recogió su reflejo en la ventana.

Su última respiración vino desde el océano: pertenece a una ballena con pieles que han rozado el frío de dos continentes.




La infancia

La infancia es un líquido
que se escurre entre las calles
donde seguimos corriendo
para ganarle a nuestro asesino.

Pedí dejarla atrás,
con todas sus insignias y perfiles.

Pedí seguir queriéndola
a pesar de su interminable fatiga.

Su aire me hizo sangrar la nariz
y a pesar de ello
cada mañana levanto mi pie izquierdo
para seguir dejándola atrás.





Demolida

Demolida. No escuchará voces, sólo esquinas donde el viento termina de gritar lo que sus noches condenan. Una tortuga desfila con su cárcel adentro, cuadros en forma de círculo por donde se sale la pausa frente al lago.

Esa cárcel que sabe ella cargar la esconde de los restos de una casa sin descanso para visitantes.

Esa casa expulsa, no tiene sonrisa, ni mucho menos un café: tiene la aridez del cemento y de los vidrios de las ventanas para que cuando alguien los camine derrame un poco de sí.

Esta casa demolida no tendrá lugar porque la tortuga no cumple años, sino soledades para estar con ella misma.





Las postales de la barbarie


1

El desierto tiene las marcas de los cuerpos que lo regaron con su sangre.
Ellos se unen para ser grito en noches de sed y frío.
Ellos siguen huyendo de la sombra del sol.


2

Estos pensamientos fueron lanzados como una rueda que debía seguir bajando por las montañas de arena de Juárez.

Las ideas de estas postales trataron de ser un columpio en donde una niña se imaginaba tocando el cielo cada vez más cercano al miedo del pájaro que huye del árbol.


3

Estos pensamientos no son una flor con el rostro de una niña acabada de nacer y abierta para el sol.

Estas postales no tienen espacio entre los desechos que cada día son separados por las manos generosas de un hombre que sonríe al recibirlos y que ahora son cadáveres de mujeres.


4

Posiblemente, estas razones sean las del débil:

tienen lugar en la tragedia donde una hermana pide sepultura para su otra hermana antes de que sea comida por los pájaros de la carroña.




El lector del regreso

El centauro soñó que leía junto a otro.
Dos voces, las líneas de la sal que se disuelve en el mar,
hilos perennes del vestido de Ariadna.

Dos en una hoja de labios,
en la gota de sangre,
en las migas de la última doncella que había comido.

Miró hacia la fuente de la luz que aparecía sobre su libro.
y recordó que un niño impertinente quebró una de las tejas de su lecho,
y recordó que en la noche reía como la última vez que vio a una hormiga cargar con una hoja más grande que ella misma.

El centauro esta mañana sintió la sombra de otro en su espacio.

Dijo estas palabras:
  —ya vivo en mi sueño y sólo perseguiré al dueño de esa sombra.



La sombra es azul,
con ojos que no temen a los laberintos,
a casas de versos,
ni a zanjas hechas por la luna.

Entonces, miró sobre su hombro y entendió que esa sombra,
azul,
amará estar detrás de un animal capaz de devorar sus propias entrañas.









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