jueves, 16 de abril de 2015

PAVEL OYARZÚN DÍAZ [15.635]


Pavel Oyarzún Díaz 

(Punta Arenas, Chile  1963) es un escritor, poeta y profesor chileno que va en rescate de la memoria de su región, Magallanes.

Pavel Oyarzún nació en Punta Arenas en 1963, estudió en la Escuela Nº7, actualmente, Escuela D-17, una de las escuelas más antiguas de Punta Arenas fundada en 1903. Su Enseñanza Media la realizó en El liceo Luis Alberto Barrera. Pavel tuvo una temprana vocación literaria, y todo lo que hizo ha sido considerado por él como un pretexto, siempre con la mentalidad de ser escritor.

Ingresó en La Universidad de Magallanes, estudiando Pedagogía Básica y se titula en el año 1986 como Profesor de Educación General Básica.

Además ha participado en diversos encuentros literarios tanto a nivel nacional chileno como internacional. En el año 2002 recibió el Premio Municipal de Literatura de Punta Arenas. En el 2005 ganó el Premio Mejores Obras Inéditas del Consejo del Libro y la Lectura. Ha sido incluido en antologías y sitios de Internet en Chile y el extranjero. Como profesor primario ejerció pocos años, "lo justo" según él, para poder tener una clara idea del trabajo de los maestros en las Escuelas Municipales, una experiencia que mantiene viva y con gratitud.

Trayectoria Literaria

Enfocándose en la poesía publica su primer libro La Cacería (1989) y un par de años más tarde, el segundo al que llamó La Jauría Desquiciada (1993). La lista de publicaciones en el género continuaría hasta comienzos de la década siguiente, cuando deja atrás la poesía para abrirse paso a la narrativa, porque quería decir cosas que el lenguaje poético no le permitía. Fue un paso natural, para nada traumático, además siempre se consideró un gran lector, admirador de los grandes novelistas, aunque nunca se había atrevido a escribir una novela. Esto comienza con El paso del diablo que se publicará en el 2004. En este libro abarca el tema de las huelgas en las estancias ganaderas de la provincia de Santa Cruz, Argentina, donde el 90% de los huelguistas eran chilenos, chilotes específicamente. Por ende gran parte de los fusilados, ejecutados ahí son de origen chileno.

Ha participado en diversos encuentros literarios tanto a nivel Nacional como Internacional. En el año 2002 recibe el Premio Municipal de Literatura de Punta Arenas. En el 2005 ganó el Premio Mejores Obras Inéditas del Consejo del Libro y la Lectura. Ha sido incluido en antologías y sitios de Internet en Chile y el extranjero.

Actualmente se desempeña como encargado de la Biblioteca del Patrimonio Austral, proyecto en el que participó desde su gestación y cuya administración depende de la Corporación Municipal de Magallanes.

Influencia de su profesor

Su profesor de castellano, don Fulvio Molteni, es un hombre sumamente reconocido y formador de lectores y escritores. Juan Mihovilovic, Eugenio Mimica, Juan Magal, fueron algunos de los tantos alumnos de Molteni que se dedicaron al oficio literario.

Para Pavel, Molteni fue la primera persona que lo acercó a la literatura, lo oriento en la lectura y gracias a él descubrió a autores como Vicente Huidobro y Nicanor Parra.

Obras

Poesía:

La Cacería (1989)
La Jauría Desquiciada (1993)
La Luna no tiene Luz propia (1994)
Antología Insurgente: La Nueva poesía Magallánica (1998)
Patagonia: La Memoria y el Viento (2000)
In Memoriam (2002)

Novela:

El paso del Diablo (2004)
San Román de la Llanura (2006)
Barragán (2009)

Premios

Premio Municipal de Literatura de Punta Arenas (2002)
Premio Mejores Obras Inéditas del Consejo del Libro y la Lectura (2005)






Bienvenida La Poesía Del Futuro

Bienvenida sea la poesía del futuro.
Esa poesía que reventará como una flor
en plena calle,
o como un cadáver después de varios días.
Bienvenida sea la poesía colgada de las nubes
y de los edificios.
La que soltará en este mundo su alma
de bestia carroñera.
La que olfateará a la muerte desde lejos.
La que llegará delgada y tenue
como las primeras lluvias del otoño,
y suave como los tejidos de las vísceras.
Bienvenido sea su ritmo de agua en caída libre,
o su sonido de artefacto eléctrico.
Pronto estará entre nosotros,
bendiciendo el acto sexual entre la especie,
o comiéndole los ojos a los muertos.
Hasta aquí llegará con su espíritu redentor
funcionando,
o con su instinto homicida adiestrado y carnívoro
como el que empuñan las tropas de asalto.
Bienvenida sea la poesía del futuro.
Bienvenidos sean sus actos de magia.
Sus contorsiones acrobáticas.
Sus caricias y besos de película.
Sus espectaculares suicidios
archivados en las páginas rojas de los periódicos.

Aquí, y en ninguna otra parte,
establecerá su reino,
su hacienda,
su recinto milagrero abierto al público

La verán caminar sobre las aguas.
La verán dormir en los parques.
La verán en las noches de luna
como suspendida de aquella luz fantástica.
La verán aullando y con espasmos,
tirada en el suelo.
Podrán verla haciendo latir las memorias,
o en cada herida cortante
que dejará el paso del olvido sobre los rostros.
Bienvenida sea, por fin, la poesía del futuro.
Ábranles las puertas y las ventanas,
las arterias,
los huesos,
los ojos,
y prepárense para lo que pueda ocurrir,
porque vendrá de todos modos,
así sea para velar por la paz de sus almas,
o bien,
para levantarles la tapa de los sesos.




La Dimensión Perdida De La Patagonia 

Antes de la república
  y del himno nacional.
Antes de los decretos
y la constitución política.
Antes de los colonizadores del sur de Chile
y de los primeros gringos
  que llegaron aquí como a la tierra prometida.
Antes de la iglesia
  y la imágenes del cuerpo torturado de Cristo
y del gesto de dolor póstumo en su rostro.
Antes de la libra esterlina,
del idioma inglés
y del castellano.
Antes de los estudios topográficos
y de los buscadores de oro.
Antes de la propiedad privada
y la plusvalía.
Antes de la desolación y las epidemias.
Antes de los cazadores de indios
y de la invención del odio.
Antes de la división de la tierra
y la plenitud del olvido.

Antes…
La Patagonia era la patria.
La creación pura
que surgía desde el amor y el instinto
de los pueblos que la habitaban y la vivían
en un estadio anterior a la esclavitud.
Que honraban a sus dioses todos los días
como santos,
y no creían en la existencia real de la muerte.
Antes de este mundo
la mirada humana no tenía término.
Su existencia tenía la dimensión de los misterios.
La Patagonia
era
infinita.
Y dejó de serlo,
con la fundación de este tiempo
y las profecías del exterminio,
a partir de la segunda mitad
del siglo diecinueve
de Nuestra Era.



La Orilla


A mi madre, Inés Díaz Sotomayor

Arrojados de la infancia
?lugar de ninguna muerte verídica?
  pierdo los ojos en el intento,
con la cabeza vuelta.
Volver la vista es un gesto de naufragio.
Nadie vuelve hasta allá realmente.
  La orilla se va alejando a una velocidad asombrosa,
como así de veloz es el muro de bruma intensa
que se levanta desde el límite exacto a las alturas.

Nunca más se vuelve a poner un pie
en los parajes de la infancia,
esa es la pura y santa verdad.
No vamos desde la luz hacia la luz,
hay que aceptarlo.
Nadie sale de aquel sitio por su propia voluntad.
Nadie llega hasta la orilla y cruza el límite
como un cordero de Dios:
Todo exilio es a culatazos.
Todo exilio enfurece el aire.
Todo exilio es miedo y delirio al mismo tiempo.

Volver la vista es un gesto de naufragio.
Un gesto instintivo hacia la tierra firme
de la primera luz
y de la madre que se queda allá,
como un sol fijo en el cielo de allá,
porque ése es, a fin de cuentas,
el prodigio de la madre,
ésa su ciencia oculta,
ésa su ternura desesperada:
no irse con uno, sino quedarse en la orilla
llamándonos.





Los Niños Del Parque

Ellos no tienen buenas costumbres.
Ellos no tienen buenos instintos.
Ellos no aman a la patria,
  ni respetan el himno nacional.
Ellos no creen realmente en la virgen María,
ni en su hijo Jesucristo.
Ellos no creen en la familia
  ni en la propiedad privada.
Ellos mean en la calle,
  y le sacan la madre a cualquiera.
Ellos están al margen de la ley.
Ellos tienen metido a Dios
en una bolsa de plástico.
Ellos tienen la cabeza llena
de destellos y extrañas figuras
que les dan risa.
Ellos no sienten vergüenza
Ellos sienten náuseas casi todo el tiempo.





Negación Del Sur

Días inquietantes le esperan a esta
poesía mía

Días del instinto abierto hacia el vacío
y las ferocidades.

Días de la estampida enceguecida,
y del desbande del pánico.

Días de cataclismos y desbarajustes totales
entre el humus y la bruma.

Ya no podré, yo, poeta del sur,
desplazar la serenidad de mi alma
bajo este cielo,
y andar diseminado
en esta lluvia sureña,
parpadeando lentamente,
y con un canto silvestre en la sangre
que capture a las hojas de los árboles
en pleno aire,
antes que toquen el suelo del otoño
que las arroja y las recibe
en la humedad ondulante de la hierba

No podrá esta poesía mía
andar con tranco de bestia mansa,
sureñamente mansa

Días inquietantes se asoman en la lontananza,
pero ahora sí que de verdad.

El Sur será negado tres veces
y cien veces más.

No más Sur para los ojos.
No más Sur para la lengua.
No más Sur para huesos y sangre juntos.
No más Sur en ninguna parte.

Esta posía mía tendrá que
perder la inocencia
de los inocentes parajes
que serán borrados del mapa.

Tendrá que ocultar su clorofila
y su oxígeno.
Ocultar su alma zoológica
por donde se mueve y respira
la fauna
que caerá en la trampa,
o que será alcanzada
por la onda expansiva
del estruendo
revienta órganos,
revienta ojos,
revienta tímpanos,
revienta alas
de los árboles derribados para siempre.

Está escrito que esta poesía mía
será pieza de caza menor,
en el Sur que será negado
tres veces
y un millón de veces más.
Las celadas estarán tendidas a su paso,
por toda la zona
en la que se mueve.
A ras del suelo húmedo
estarán abiertas como fauces,
mimetizadas las quiebra versos:
esperando la caída
de la también bestia acechada,
del también ejemplar manso
hasta la médula de su canto,
para que se pose en ella
y se active el macanismo
que le hará estallar las imágenes
y la sangre,
y se produzca el alarido espeluznante
en la garganta de la doliente

Está escrito que habrán
más y más detonaciones.
Más y más acero entrando
en la carne blanda.
Y más ruido de motores impactando
floresta adentro.
Y más fotografías aéreas y rincones
descubiertos a la tormenta eléctrica.
Y más descenso definitivo del metal
en punta,
corteza abajo.
Y más combustibles de toda icineración.
Y más dentelladas al aire y máquinas,
y más compuestos químicos,
y reacciones en cadena.
Y más fuego todopoderoso y todomortuorio.
Y más muerte de un solo golpe,
en éste, ya nunca jamás,
prometido paraíso.

Está escrito
que esta poesía sureña
ya no podrá
andar con tranco de bestia mansa,
sino que,
instinto homicida abierto
de par en par;
ojo abierto de par en par, la centinela;
oculta en el más lejano promontorio,
en medio de la hecatombe;
dispuesta a todo, la acorralada,
y ya nunca más, la tendida plácidamente
sobre la hierba,
sino más bien…,
poesía atenta,
poesía de la pupila dilatada,
poesía desesperada,
sigilosa,
carnicera.

Está escrito que esta poesía mía
dará golpes de plena sangre en los versos,
y así sea
su lírica latente,
y así sea
su pulso recóndito
soltado al viento de la llanura,
bajo este cielo del Sur
incrustado de agonías y desamparos,
que no dejarán de arder allá arriba.





Regreso Al Bar

En memoria de Rolando Cárdenas

Regresar al bar como a un vientre,
y a la primera tibieza que nos recibió
y que alguna vez, seguramente, nos pareció eterna.

Regresar al bar porque todos los caminos
conducen a él,
y porque entre esas cuatro paredes
hay más redención y misericordia
que en trescientas iglesias juntas.

Estar entre sus habitantes otra vez,
sentados a la mesa de siempre,
bebiendo el vino lentísimo
que nos deparó el tiempo.

Regresar por las palabras y la memoria
y por la propia sombra que allí dejamos
entibiándose,
tras el alto muro de la noche.

Regresar como de costumbre,
y a la misma hora.
Entrar al bar,
de corbata, bien peinados,
y después de muertos.




Todas Iban a Ser Reinas

Y heredaron la ciudad de noche.
Las calles del centro.
La salida de los cines.
Los estacionamientos,
y los paraderos de micros.
  Los jardines de la plaza.
La esquina de la catedral.

Todas las noches de la República
se abren para ellas.
Para que las transiten
riéndose como locas,
todavía sin senos…
Con el alma y la vagina profanadas.





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