jueves, 16 de abril de 2015

MARTA BRUNET [15.634] Poeta de Chile


Marta Brunet

Marta Brunet Cáraves (Chillán, Región del Biobío, Chile, 9 de agosto de 1897 - Montevideo, Uruguay, 27 de octubre de 1967) fue una escritora chilena.

Brunet fue la única hija del chileno Ambrosio Brunet Molina y de la española María Presentación Cáraves de Cossío. Sus primeros años de vida fueron en el fundo Pailahueque de Comuna de Ercilla, cerca de Victoria en la Provincia de Malleco, en el sur de Chile.

En Chile nunca asistió a un colegio; sin embargo, al realizar un viaje a España, comenzó sus estudios en 1912. Tras la llegada de la Primera Guerra Mundial regresó a Chile.

Escritora

En 1923 publicó su primera novela, Montaña adentro. En 1924 falleció su padre, por esta razón, además del trastorno mental de su madre, se desvinculó de la literatura, y se dedicó a publicar recetas de cocina.

En 1928 viajó a Santiago para luego inscribirse en la Escuela Novelista «Criollista». Publicó sus primeros cuentos en diarios santiaguinos y en 1933 recibió el Premio de Novela de la Sociedad de Escritores de Chile. En 1939 fue nombrada Cónsul Honorario de La Plata por el presidente Pedro Aguirre Cerda.

En 1943, el presidente Juan Antonio Ríos la designó Cónsul de Profesión adscrito al Consulado general de Chile en Buenos Aires hasta 1952. El año 1943 se le otorgó el Premio Atenea de la Universidad de Concepción por su obra Aguas abajo. En 1961 fue galardonada con el Premio Nacional de Literatura. Fue la segunda mujer en obtener el galardón luego de Gabriela Mistral.

El 7 de junio de 1962 fue declarada Hija Ilustre de Chillán. En octubre de 1963 fue nombrada Agregado Cultural de la Embajada de Chile en Brasil. En diciembre del mismo año fue nombrada Agregada Cultural de la Embajada de Chile en Uruguay además de ser incorporada a la Academia Nacional de Letras del Uruguay.

Marta Brunet falleció en Montevideo, Uruguay, el día 27 de octubre de 1967, soltera y sin herederos.

Obras

Montaña adentro, 1923.
Bestia dañina, 1926.
María Rosa, flor del Quillén, 1927.
Bienvenido, 1929.
Reloj de sol, 1930.
Cuentos para Marisol, 1938.
Aguas abajo, 1943.
Humo hacia el sur, 1946.
La mampara, 1946.
Raíz del sueño, 1949.
María Nadie, 1957.
Aleluyas para los más chiquititos, 1960.
Amasijo, 1962.
Obras completas, 1962.
Soledad de la sangre (Arca. Montevideo, 1967)

POESIA DE MARTA BRUNET
Por Hugo Montes



Ciertamente, Marta Brunet cuenta en las letras chilenas como una excelente autora de relatos. Cuentos y novelas, novelas cortas --géneros en que sobresalió-- le valieron un merecido prestigio y, casi al término de su vida, el Premio Nacional de literatura (1961).

¿Cultivó, sin embargo, otros géneros? ¿Se sintió atraída por el ensayo, el drama, la poesía? ¿O la inclinación a relatar la avasalló hasta el punto de no permitirle siquiera incursiones por el verso o la reflexión en prosa?

En el Segundo Encuentro de Escritores Chilenos, efectuado en Chillán, julio de 1958, la autora presenta dos trabajos: "Experiencias de mi vida literaria" y "El mundo mágico del niño". Colaboraciones periódicas suyas se encuentran, además, en diversos diarios y revistas, como El Sur de Concepción, La Nación y La Hora de Santiago, Caras Y Caretas y La Nación de Buenos Aires, Social de La Habana, El Espectador y Revista de las Indias de Bogotá, etc. De su interés por el drama, dan cuenta unas cuantas curiosas declaraciones a Raúl Silva Castro en 1929: "El teatro me atrae, pero no lo he cultivado todavía. Tengo intención de realizar algo que he pensado mucho. Se trataría de lo que dicen dos amantes cuando están juntos y de lo que luego, separadamente, hablan la mujer y el hombre con su doble respectivo. Tendría del teatro sólo el diálogo escueto, preciso, y el monólogo de los personajes. Naturalmente, sería irrepresentable". De la calidad de su epistolario, en fin, es poco lo que podemos decir, pues permanece inédito. Las cartas, en todo caso, que conocemos confirman el juicio muy positivo que Alone manifestó al comentar por primera vez Montaña Adentro.

Volviendo a la poesía, nos llama la atención un breve libro --Aleluyas para los más chiquitos, Universitaria, Santiago, 1960--. Está escrito en octosílabos pareados. Contiene siete composiciones de índole infantil, fábulas casi, donde los protagonistas son pequeños animales y de los cuales es fácil desprender más de una enseñanza. Se titulan así: "Conejín el tragón", "El mundo al revés", "Historia del Osito Goloso", "Historia de la Gallinita Negra", "El Tribunal de los Pájaros", "Una historia con pingüinos" e "Historia del Gato Guiña y la Gata Morisca". Ya los títulos de tres de ellas nos dicen de su carácter narrativo. Son historias, en verdad, de gatos, ositos y aves. Igual las cuatro restantes, de nombre menos evidente. Encantadores cuentecillos en verso para solaz y educación de niños pequeños. Es la madre narradora, la abuela o la vieja nodriza quien cuenta y adoctrina, la que "instruye deleitando", según decían los fabulistas de la Ilustración. La poesía está al servicio del relato, y éste de la moraleja que, aunque no formulada, se deja leer como realidad implícita en el conjunto.

Menos conocida es la breve colección de poemas de Marta Brunet que aparece publicada en uno de los cuadernillos "Hacia" que con tanto esfuerzo como calidad publica periódicamente en Antofagasta Andrés Sabella[1].

Editada en año 1957, contiene, bajo el título "Marta Brunet, Novia del Aire", tres Romances y dos Cantares, que van precedidos de un dibujo de la autora por Manuel Ángeles Ortiz, de un soneto de homenaje del argentino Eduardo González Lanuza y de cuatro poemas en prosa "en que estamos nosotros", según reza el curioso título. Por ser de difícil acceso, transcribimos el soneto de González Lanuza y los cinco poemas de nuestra autora. Escribe Eduardo González:



MARTA BRUNET

Tienes la gallardía de la nave
que a su destino avanza jubilosa,
la plenitud exacta de la rosa
que en el perfume de la rosa cabe.

Un aura leve te trasciende suave,
y en tus labios ingrávida se posa
una sonrisa misericordiosa
sobre el amargo rictus del que sabe...

Gozas la frágil claridad del día
con una secular sabiduría,
dulce es la sombra fiel junto a tu arrimo

que une la gracia fuerte de la encina
con la fresca opulencia del racimo
en ti, Marta Brunet, la campesina.





Los "Tres Romances" de Marta Brunei, llevan numeración romana y dicen:


TRES ROMANCES

I

Hora a destiempo en el tiempo
que no debió de sonar.

La creímos de alborozo
--flores sueltas del gozar.
La creímos de partida
--barquito del buen soñar.
La creímos de retorno
--con la carga de un cantar.

Era la hora de ambos:
pero no debió sonar...
Era la hora de ambos:
de hallar y de separar...

La creímos de alborozo
--fue espina para clavar.
La creímos de partida
--fue adioses para llorar.
La creímos de retorno
--fue senda sin regresar.

Hora a destiempo en el tiempo
que no debió de sonar...


II

Nos parecía la dicha
como si fuera un cristal.
Muro y no muro entre ambos,
viéndonos sin acercar,
se nos rompió, de repente,
quedamos sin separar.
Tu mano supo mi mano,
los labios largo besar.

Yo no quería caricias
--lentos dardos de angustiar--,
ni me quería por playa
que habíase de anegar.

Antes, que el muro existía,
podíamos acercar,
ahora que el muro no existe,
tuvimos que separar.

Rotos y finos cristales
nos hieren de soledad.



III

¿A quién pedirle piedades
óleo activo a este dolor?

Padre Nuestro de los Cielos,
costado roto de amor:
anudaste nuestras vidas
con la soga del dolor,
que es tan fuerte amarradora
como el goce del amor.
No te reprocho presencia
--larga lanza de dolor--,
ni te grito lejanías
para el eco de mi amor.
Me lo pusiste delante
--no supe que era el dolor--,
lo creí para mi dicha
transida por el amor.
Un encuentro y la partida
por senderos de dolor,
despedazados de ausencia,
hecho congoja el amor.
Hacia el mar su ruta sigue
a cuestas con su dolor,
hacia las altas montañas
esquiva voy con mi amor.

Padre Nuestro de los Cielos,
lacerado en el dolor:
milagro yo Te pidiera
--no sé cuál-- para este amor.

Los "Cantares" no llevan siquiera numeración. Este es su texto:



CANTARES

Estéril pedrusco ardido
que un rojo sol calentó.
Sola entre arenas sin vida
dejadla. ¡El amor pasó¡

¡Qué dulce flor de cantares,
si el cantar fuera de flor!
Boca de sangre lo dice,
sangre dicta el corazón.

Siete nudos en la entraña
y en la boca un anhelar,
denso destino de sombra
que nadie ha de desatar.

Beso que no doy
se hace canciones
que no dolores.

Agüita clara de arroyo
que cantaba a nuestros pies.
No nos decía mentiras
al augurar un querer.



Pasad...

No hay que buscarle los ojos
que los niebla el ensoñar,
ni mirar sus quietas manos
--no saben acariciar--
ni contemplarle la boca
ardida de esperanzar,
ni los cabellos rebeldes
que el viento debió peinar.
Dejadla pura en su halo
siendo tan sólo un cantar.

--Novia del aire --dijo--
del aire, sí.
Si te besa en la boca
lo hace por mí.

Calandria de la mañana
resuena en mi corazón.
¿Estás en árbol de huerto
y hablándome de mi amor?

Pinares para rumores
junto al verde de la mar,
pino verde el alma mía
al filo de tu cantar.
Sellarme la boca ardida,
hacer la voz sé callar.
Entraña de monte, piedra:
¡cómo fijas mi envidiar!


Llegaron a nuestras manos otros poemas, más elementales, menos logrados que los recién transcritos. Los agradecemos a Maruja Brunet Cáraves, prima hermana de la autora.

El fundador de la familia en Chile es Ignacio Brunet Artés, oriundo de Manresa, Cataluña. Llegó a Chile vía Buenos Aires a mediados del siglo XIX y se instaló muy pronto en Chillán, donde casó con Romualda Molina Urrejola, vinculada a la aristocracia penquista. Se conserva el diario de viaje, interesante y noticioso, de don Ignacio. El matrimonio Brunet-Molina fue muy fecundo. Dos de los hijos --Ignacio y Ambrosio-- casaron, respectivamente, con las hermanas Teresa y Presentación Cáraves de Cossío, españolas procedentes de Galicia. Maruja procede del primero de estos matrimonios; Marta, del segundo.

Los poemas, fechados en Chillá, años 1921 y 1922, están copiados --suponernos-- por la autora, con letra muy regular, en general clara y de lectura relativamente fácil. Forman dos cuadernillos en hojas escolares, de copia, numerados con cifras árabes. El primero desde la hoja 1 hasta la 13; el segundo desde la 1 hasta la 10. No han sido publicados jamás. Quizás la autora los consideraba obra menor, indigna del presti­gio logrado con su prosa. En su no publicación ciertamente tuvo mucho que ver el juicio negativo de Hernán Díaz Arrieta. Se titulan El cantar de los paisajes y La vida quieta. Corresponden a una experiencia de vida campesina y de pueblo, como las que tuvo Marta Brunet en su juventud, en el fundo familiar de Curacautín y en la sureña ciudad de Victoria. Son poemas de adolescencia, reveladores de vida interior, de sensibilidad fina, de amor a la naturaleza. Se dan en métrica variada dentro de esquemas tradicionales, con rima consonante y lenguaje sencillo proclive a las voces suaves y al diminutivo. El ritmo, a veces defectuoso, es acusado. Los traspasa una musicalidad evidente que recuerda el posmodernismo de la época. Igual cierta vaga religiosidad estética, de salmos, alma arrodillada, etc. Pero esto ni cierta "pedrería preciosa", como zafiro, regio tesoro y otros términos permiten afirmar que ellos procedan de una cantera literaria. Quizás sólo podría aducirse el nombre de Gustavo Adolfo Bécquer, remotamente presente en algunos textos. (Por ejemplo, en el comienzo de "La humilde canción".) No es la literatura la generadora de estos poemas, sino la realidad campesina que envolvió lo más de la vida de Marta Brunet. De allí voces como "gañán", "vaho", "greñas", "arroyo", "canturrea", que la autora prodigaría luego en cuentos y novelas. Eso y la paz profunda nacida de la mirada amorosa al campo, la tierra, el agua cristalina, es lo que prevalece.

Los publicamos con cariño, ciertos de que la valoración de la autora no cambiará mayormente. Pero, ¿cómo no dar a conocer el comienzo literario de una escritora justamente célebre? No es justo el silencio que la crítica de hoy observa respecto de Marta Brunet. Que ha contribuido a él la decisión suya de legar su obra a la Universidad de Chile, no cabe duda. A ver si estas líneas descargan siquiera en parte la responsabilidad de nuestra casa universitaria frente a su obligación de editar y reeditar lo que generosamente se puso en sus manos.

Creemos que estos poemas son los que la autora envió a Alone al comienzo de su vida literaria. El juicio del crítico fue bastante severo, según leemos en su comentario "La autora de Montaña adentro", ya en 1923: "La réplica no se hizo esperar: ella también escribió y nos mandó, para que lo júzgáramos, un cuaderno de versos. Poesías claras, bien hechas, demasiado sensatas".

Igual evocación hacía Alone en el Prólogo a las Obras Completas de Marta Brunet (Zig-Zag, Santiago, 1963):

"Comenzó como todos, por lo más difícil: los versos. Cuando tuvo reunido un cuadernillo, lo puso en el correo con la dirección del autor de aquella novela, su cómplice. Quería ensayar su efecto. Una cosa trae la otra.

Se comprenderá que pese al tiempo transcurrido, no hayamos olvidado la llegada de ese cuaderno de colegiala ni las líneas con letra de pata de mosca muerta, que lo cubrían.

Los versos estaban bien, como están bien los de Maupassant pero eran versos de prosista; las pocas frases de las cartas con que venían lo comprobaban tan brillantemente, que la respuesta de Santiago a Chillán no dejó sobre esto la menor duda.

A vuelta de correo "Montaña Adentro".

La autora no debe haber quedado muy alentada con estas críticas. Casi de manera subrepticia intercaló, sin embargo, algunos versos en sus escritos en prosa. Se les halla en diversos relatos, por ejemplo en "La flor del cobre", en la "Historia del ratón que engañó a la zorra", en "Historia de los amigos de Azulina" y en "María Rosa flor de Quillán". Y ya vimos que publicó tres romances y dos cantares en una revista.

Leyendo estos textos intercalados y los que ahora publicamos, pensamos que hubo una exageración negativa en este autocercenamiento; que la excelente prosista encerraba también buenas condiciones poéticas y que, de haberlas cultivado, pudo derivar en una poetisa más que digna. Pero este ya es el camino de las suposiciones. Contentémonos con leer lo que poseemos. Permítaseme en todo caso llamar la atención acerca de la calidad de algunas composiciones, como "Primavera" o "Campanas de Roma", en las que la palabra poética fluye con facilidad y expresa y comunica un sentir hondo, fino, delicado. El verso se acomoda bien a la visión lírica, las imágenes --algo manidas-- impactan, las reiteraciones tienen un claro sentido intensificador y, por lo mismo, se leen sin violencia. Son poemas que merecen ser rescatados y que acompañan adecuadamente a la autora de Montaña Adentro.





EL CANTAR DE LOS PAISAJES



EN LA PAZ DE LOS CAMPOS...

En la paz de los campos se desvanece el canto
de un gañán que regresa a su lejano hogar,
es una canción triste que rima con el manto
de la noche que llega e invita a reposar.

Los trigales de oro murmuran con el viento
de los álamos graves que desdeñan su afán;
el monte que ya duerme no tiene ni un acento:
sólo el pidén musita su angustioso refrán.

De los cielos profundos ha surgido una estrella
cual tembloroso lirio tomándose un zafir.
Y el alma le pregunta:
¿De las sombras que llegan renacerá tan bella
la luz esplendorosa que acaba de morir?





SANTA LUNA

Santa Luna: Tu luz alba
me penetra y llega al alma.
La despierta. Infla las velas
del ensueño y la esperanza
que orientados por tus rasgos
--milagrosa Santa Luna
que en un triple halo irisado
resplandece toda blanca--
van vogando por los mares
de bellezas irreales
de países ignorados!




LA HUMILDE CANCION

Son dos gotas
que en lo alto de la roca
brotan;
son dos gotas
que en la oquedad de la roca
chocan.
Y en acorde melodioso
cantan la humilde canción
de los arpes misteriosos.

Arriba la roca dura
abajo la agüita pura
que en fuente se transformó
y hacia los bosques abierta
de la gruta la gran puerta
que ningún pie traspasó.

Ya colmada la oquedad
perdió el agua su humildad
y los campos contempló,
y al caer la última gota
nota o gota, gota o nota,
por los prados se fugó.

El arroyo perezoso
que canturrea gozoso
de la gruta se olvidó.
¡Son tan bellos los paisajes!
¡Hay estupendos mirajes
con que nunca se soñó!

¿Qué dices agüita clara?
¿El ave que te rozara.
Y en tu espejo se miró?
¿Qué cantas agüita clara?
¿La pareja que se amara.
Y junto a ti se besó?

¿Qué copias agüita clara?
¿El cielo que te mirara.
Y en éxtasis se quedó?
¿Qué ríes agüita clara?
¿La historia que te contara
el viento que ya pasó?

Agüita del arroyuelo
¿no recuerdas la canción
de las dos gotas unidas?
Agüita del arroyuelo
¿no te produce emoción
la gruta que te dio la vida?



ESPIGA

Espiga
amiga:
los hombres te talan,te amarran, te paran
con otras hermanas que tanto te amaran.
Gavilla
amarilla:
los hombres te alzan, te llevan, te tiran
al monstruo de hierro, jadeante de ira.
Trigo
amigo:
en la desnudez que exalta tu oro
¡cómo le aprisionan cual regio tesoro!
¡Cómo te conducen, cómo te trituran
buscando la savia de tu carnadura!
Harina
tan fina:
¡qué toque golosa gustando la miga al
serte hecha pan recuerda la espiga!



PAGANA

Por la gracia de luz blanquecina
de luna en creciente
el agua en remanso
es noche profunda.
Palpita en su seno
la estrella inquietante
y la luna de hostia
baña su pureza
en aquella espejeante piscina.

Yo que amo la noche,
la luna de nácar
la estrella que silva;
yo que ansío siempre
en una hora loca,
hendiendo los aires,
llegarme a los astros,
desnuda me alzo
estatua de carne bruñida.

Pliega sus alas la brisa
y enmudece.

Lentamente me hundo en el agua
sin romper su calma
¿El agua? No. La noche
cuyo azul horado.
Voy hacia los astros
y alma a flor de labio
beso el agua, la noche, la estrella...



LAS CANCIONES DE LA TARDE

En el crepúsculo, muerte del día
dando a los campos su melodía
va mi cantar,
Despierta el eco de su atonía
encaprichado con la manía
de remedar.

Dicen los pájaros notas de duelo
al ver la sombra que invade el cielo
crepuscular.
Y la bandada tiende su vuelo,
van a sus nidos con loco anhelo
a descansar.

Trae la brisa de los jardines
todo el aroma de los jazmines
embriagador,
Trae las notas de los violines
que son dos almas que están afines
en el dolor.

En el azul prende una estrella,
la siguen muchas tras de su huella
de hoz astral.
Prestan las sombras su gracia bella
a los que quieren ser como ella:
inmaterial.

En el crepúsculo, muerte del día,
dando a los campos su melodía
va mi cantar:
entre las voces de su agonía
al par que canto, el alma mía
siento temblar.



PRIMAVERA

Va vestida de alba y avanza presurosa
sembrando el milagro de lirios y de rosas.

Para esperarla el monte cubre toda su halda
con el pomposo manto de color de esmeralda,
los bosques verdinegros remozan su andamiaje
con hoja, flor y nido que animan el paisaje,
y el arroyo que arrastra su caudal perezoso
al sentir que ya llega murmura muy gozoso.

Mas no murmura solo:
la brisa le hace coro.

Sobre la tierra en fiesta ha nevado sus dones
que confortan el alma y alegran corazones.
En un claro de bosque, ebria de vida ardiente
por el vaho de amor que perfuma el ambiente,
danza la sinfonía que forman en su honor
el agua con los pájaros, la brisa con la flor.

Es una mariposa,
una nube o una rosa.

Va vestida de alba y esparce por el mundo ,
la simiente de amor que lo hace fecundo.



MADRE TIERRA

¡Oh dulzura infinita de sentirme perdida
entre el cielo y la cumbre que en el azul se torna!
Mi carne macerada por la ingrata subida,
mis nervios que se agitan en vibración extraña,
mi pecho armonizando de su latir el ritmo
al que anima el paisaje,
mi alma arrodillada, musitando en un salmo
su ardiente admiración,
todo pregunta por mí:
¿Madre, piadosa Tierra; qué soy en tu regazo?

La cumbre cuya testa coronada de nieve
se besa con los cielos, me envuelve en un abrazo
y responde bajito: ¿Quién turba mi silencio?
¿Quién aleve
ha golpeado mi seno, y me ha llamado Madre?



MAGA RUBIA

Primavera:

Maga rubia que en el halda de tu traje,
las de siempre compañeras de tus viajes,
traes flores que desbordan por tu traje.

Primavera:

Maga rubia que a los hombres tu alegría
comunicas y en formada algarabía
te saludan con un himno de alegría,

Primavera:

Maga rubia que nos besas en la boca
y nos filtras ser adentro el ansia loca
de posar tu fuego santo en otra boca.



LA CIUDAD INGRATA

Un auto que frena, un coche, un tranvía,
las gentes que hablan y vienen y van.
¡Todo me es ingrato en la algarabía
de la gran ciudad!

¡Cuánta mujer bella, pero artificial!
¡Cuánto ojo brillante de sabio mirar
¡Cuánta frase vuelta tan superficial!
Ay! cuánta vanidad!

Los hombres que pasan no son mis hermanos,
a ellos los ciega la sed del placer,
¡ninguno vería tendida mi mano
pidiendo merced!

Prefiero la calma de mis campos bellos
que impregnan las almas en serenidad.
Palpita en su seno todos los destellos
del vivir astral.

¡Amo más la habla de un labriego rudo
que en el decir pone toda su verdad.
Tienen sus acentos para el pedir mudo
tanta humanidad!



RONDEL DE HOJAS DE ORO...

¡Rondel de hojas de oro
que en el polvo danzan
antes de morir!
¡Burguesitas rosas
que tras de ser buenas
quisieron vivir!

Pasóse el verano
mirando y charlando
en fútil reír
y si alguna de ellas,
en brazos del viento,
se. dejaba ir.

¡Cómo murmuraban
de la muy locuela
que quiso salir
a probar la vida
de las que se fueron
a ver y a sufrir!

Mucho murmuraban,
mas soñaban luego
que iban a huir,
quedo,
e inquieta, ninguna
podía dormir.

Llegado el otoño,
al beso del viento
se dejaban ir...
Pobres burguesitas
que tras de ser buenas
quisieron vivir.



TARDE DE OTOÑO

Por los cielos opacos se deslizan las nubes
huyendo presurosas del recio vendaval.
Y con las greñas sueltas, quejoso del azote
que fustiga su espalda, se refuerce el sauzal.'

El reseco potrero atraviesa el ganado
que medroso se agrupa en torno al pastor
y el corderito blanco que esa tarde ha nacido
se queda rezagado, balando con dolor.

Las nubes se ensombrecen, el viento ulula más
los árboles se quejan y sólo las cachañas,
las parleras comadres, con la verbosidad
de siempre van contándose, riendo, sus patrañas.

En un vaho de fuego agoniza la tierra
que a los cielos se rinde implorando merced.
¡Tanto viento nortino, tanto sol que la quema
han secado su entraña y se muere de sed!



TARDE GRIS

He bebido la infinita tristura
del crepúsculo invernal. Criatura
de emoción contenido como soy
no dejo ver en mí. Serena estoy
como la tarde que de tedio muere...
Tarde gris, opaca, tarde que quiere
engañar con la altura de quietas
nubes oscuras, sin brisa inquieta
ni trinar melodioso. ¡Tarde agonizante
sin gloria ni pena! Un instante
pueden engañar, mas ay! del que
penetre tu gran desolación, porque
enfermo de tu tristeza, irá sereno
en apariencia, como yo! Tu veneno es
sutil, se filtra lentamente
ser adentro y también lentamente
remueve los poros de amargura
que dejaron los años. Hay negrura
profunda en la tarde. Y en mi alma.
¡Mas ni ella ni yo perdemos la calma!


CAMPANAS DE ROMA

Campanas
Romanas
Campanas matutinas
que sonáis argentinas
campanas que al mediodía
vibráis con alegre algarabía,
campanas que en las tardes ardientes
tocáis el Angelus melancólicamente.

Campanas que a misa
llamáis con prisa,
campanas que volteáis a gloria
cantando victoria
campanas que dobláis a muerto
con acento incierto.

Esquilas de conventos
tristes como lamentos.

Campanas
romanas:
¡Tus acentos sobre la ciudad en calma
son voces del cielo que hablan al alma!




INVITACION

Ronda de niños.
Música de José M" Emadín.


Una compañerita
quiero para danzar:
que sea morenita
y que tenga un lunar.
Dame la mano niña
que vamos a cantar
dame la mano niña
que vamos a danzar.

Formemos una ronda:
la ronda del amor.
¡Que dé vuelta la ronda
como una gran flor!

Danza, danza, danza
¡niña!
¡no pierdas el compás!
Danza, danza, danza
¡niña!
¡no te quedes atrás!




LA VIDA QUIETA



CALLADAMENTE

Como me soñaste llegué calladamente
llevándote en las manos unidas
las rosas florecidas
en primavera ardiente.

Llevándote en lo hondo de dos ojos
la angustia de buscarte
caminando entre abrojos,
la angustia de llamarte
llena la voz de queja y de sollozo.

Ya te contaré. Ya la quietud brilla
en la luz que irradia mi mirada,
ya mi pie va seguro por la senda de la vida
y el labio que temblaba
quiero ya por tu beso, canta ahora el instante
en que cual me presentías en tu soñar constante,
llegué hasta ti llevándote amorosa
en mis manos de alba, un manojo de rosas.



TU ME DIJISTE: --ADIOS...

Tú me dijiste: --Adiós-- con balbuciente acento
que en lo más hondo de mi ser vibró.
Tú me dijiste: --Adiós-- con labio que temblaba
y en mis ojos una callada lágrima cuajó
y trémula refulgente
sobre las manos unidas la lágrima cayó.
Se hizo luz en nosotras, nos miramos
y nos vimos desnudo el corazón.



CHIST!

En la quietud matinal
siento el corazón sonoro,
como un cristal que vibrara
al leve choque de flor,
musitando muy bajito:
--¡Amor!

¡Chist!
Más bajo, aún, indiscreto
que el campo rumoroso*
oirá el dulce secreto...



INVOCACION

Tú no sabes --¡oh! Madre Pereza-- la monotonía
de las horas grises que transcurren lentas
sin leve esperanza de que llegue un día
que cambie su veste,
color de ceniza, de muerte
por el tono ardiente de las horas locas
que pasan fugaces, trayendo en la boca
el canto, la risa y el beso...
Tú que sabes de eso
¡oh! Madre Pereza, que en tu indiferencia
ves pasar la vida siempre soñolienta...

Quisiera dormir en tu seno, Señora Pereza,
mis hondas angustias, mis negras tristezas
y sin pensar en nada, ajena a la vida,
no sentir las horas porque estoy dormida.



FRÍO

¡Pobres manos albas que se tienden locas
buscando el estuche de tus manos rudas
pobres solitarias que buscan el nido
que las cobijara cuando habían frío.
Y como no lo hallan se quedan tan mustias,
tan blancas e inertes, hay tal hielo en ellas
que me asusto al verlas, creyéndolas muertas!



OFRENDA

Como el agua que fecunda los eriales
yo te ofrezco, mansamente, mis caudales
de pureza, de alegría y de bondad.
¡Trae todas tus angustias roedoras
junta toda la polvada cegadora
que los hombres te arrojaron sin piedad!
Pastorea las quimeras que enfermaron
de tristeza y las alas replegaron
viendo cómo tú te entregabas tanto al mal.
¡Yo lo acepto todo opaco, todo muerto,
que mi linfa en tu espíritu tan yerto
será el agua que fecunde el Ideal!



SERENIDAD

Esta boca roja ansiosa de besos
¡que torva sería sin serenidad! ,

Estos ojos verdes cansados de espera
¡tristes brillarían sin serenidad!

Estas manos albas que tactan vacío
¡sarmientos serían sin serenidad!

Esta voz doliente que va interrogando
¡cómo angustiaría sin serenidad!

Este pensamiento que ciñe la muerte
¡enloquecería sin serenidad!

Esta vida opaca, vacía de amores
¡vida no sería sin serenidad!




QUISIERA

En la llama del sufrir
purificar el alma
y limpia de humana ansia,
subir,
--como humo que asciende--
diluyéndome en el Infinito.




LA MUERTE BUENA

Tras mis pasos presurosos
otros pasos van muy quedos.
Me detengo y en las sombras
hundo inmóvil la mirada:
sólo sombras me rodean,
mas los ojos tan videntes
de mi alma, ven las alas
que palpitan en lo negro,
ven las cuencas pavorosas
de la muerte que me sigue
sin descanso.
No la temo.
Compañera que al nacer
me dio la vida, caminamos
siempre juntas y me es grato
el pensamiento de sentirla
tan alerta, siendo proa de mis días...

Muerte, muerte, no te temo
que al cerrar con tus huesosas
manos frías mis pupilas,
a esas manos horrorosas
deberé mi libertad. Muerte buena
que palpitas en las sombras
con las alas descarnadas
todas trémulas...

Esas alas que al tocarme
me ungirán en su potencia
voladora y el espíritu triunfante
de dejar la carne feble
por espacios de infinitas
perfecciones, irá libre...
¡Irá libre hacia su Dios!



RUEGO

Madre:

Si llaman, si vocean la puerta
no me dejes escuchar,
soy débil y si insisten estoy cierta
que con ellos he de marchar.

Madre:

De la vida son las voces que claman
¡me han hecho ya tanto mal!
Son las furias engañosas que llaman
insinuantes: Mujer, ven, sal...

Madre:

Del mundo que me hirió vengo herida
en tu regazo a descansar.
No el cuerpo, traigo el alma dolorida
¡tus besos me sabrán curar!

Madre:

No, mamá: pon tus manos en mi frente,
¡úngeme en serenidad!
se a mi amargor agua pura de fuente,
sacia, endulza mi ansiedad.

Madre:

Acúname en tus brazos amorosos
posa en mí tu calmo mirar
¡que tus cantos y tus besos piadosos
me harán toda vez olvidar!




PENA

¡Pena de saberte solo
sin poderte acompañar!
¡Pena de sentirte triste
sin poderte consolar!

Me trae el eco tus voces
que reclamándote están
y los labios temblorosos
me sella la voluntad.

No poder contar al campo
que en mi corazón estás,
para que el aire te lleve
mi amoroso murmurar.

No poder decir al agua
que por mí vaya a cantar,
aquietándote la angustia
con que vives de esperar.

No poder gritar al pájaro
que te cuente mi pensar,
en los días venideros
que sólo penas serán.

No poder confiar a nadie
que te quiero con afán,
aunque la vida y los hombres
nos hicieran separar.

¡Sólo yo mi pena guardo!
¡Sólo mía la amo más!
¡Quién al verme tan serena
mi pena adivinará!

¡Pena de saberte solo
sin poderte acompañar!
¡Pena de sentirte triste
sin poderle consolar!



REYES MAGOS

Reyes Magos: ilusión
de los niños. Esperanza que orienta
su juego y su canción.
Todo un año te esperamos, Baltasar
barba blanca. Temblor
tiene la boquita que pide: "De menta
las pastillas y un tambor
y un sable y un caballo en que montar".

Reyes Magos: la boquita
que tiembla, teme... Vuestra memoria
¡cómo será! Abuelita
suele olvidar las cosas, mas los reyes
aunque tan viejos tendrán
presente aquella triste lejana historia
del arañazo. Recordarán
las mentirillas y las rabietas... Reyes,

Reyes Magos: ilusión
de los niños: perdón
sed como abuelita: olvidad
y el zapatito blanco llenad,
¡llenad!



TE CONOZCO

Te conozco, viejito de luengas barbas níveas, tu bordón[2]* a mi puerta
ya ha llamado otra vez.
No sé de tu palabra que desgarra las almas,
yo sé de tu aliento que consume las ansias purificando el ser.

Pocos te aman porque pocos comprenden
tu enseñanza que es llama y es luz.
Atento a la llama quemante
el humano lamento se alza.
No soy como ellos viejecito de las barbas
níveas, yo beso la llaga y sigo la luz...

Mater Admirábilis

En púdico gesto que implora perdón
abre la madre su túnica.
Tiembla el seno henchido
y el pezón moreno,
la húmeda boquita
desdentada prende.

Y es admirable la sencillez arrobadora
con que la madre se exhausta
dando vida a la vida que adora.

Montes, Hugo. "Poesía de Marta Brunet", en Revista Chilena de Literatura Nº20. Santiago: noviembre de 1982





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