viernes, 10 de abril de 2015

LUIS FERNANDO MACÍAS [15.541] Poeta de Colombia


Luis Fernando Macías  

Nació en Medellín, Antioquia, en 1957. Profesor del área de Literatura de la Universidad de Antioquia. Poeta, narrador, ensayista, autor de obras infantiles y editor. Libros de poemas publicados: Una leve mirada sobre el valle, 1994; La línea del tiempo, 1997; Vecinas, 1998; Los cantos de Isabel, 2000; Memoria del pez, 2002; Cantar del retorno, 2003 y El jardín del origen, 2009. Escribió también la obra El juego como método para la enseñanza de la literatura a niños y jóvenes. Ha publicado los libros de prosa: Amada está lavando (novela, 1979); La flor de lilolá (cuento infantil, 1986); La rana sin dientes (cuentos infantiles, 1988); Ganzúa (novela, 1989); Casa de bifloras (cuento infantil, 1991); Diario de lectura I: Manuel Mejía Vallejo (1994); Diario de lectura II: El pensamiento estético en las obras de Fernando González (1997); La línea del tiempo (poemas, 1997); Busca raíz (ensayos, 1999); Alejandro y María (cuento infantil, 2000); y Los relatos de La Milagrosa (2000). Dirige el taller de creación literaria de la Universidad de Antioquia. Fue director de la Editorial Universidad de Antioquia y de la Revista Universidad de Antioquia. Es codirector de la revista Poesía y fundador de la Editorial El Propio Bolsillo, en la que ha publicado la colección El Tambor Arlequín.




Memoria del pez

El canto de los peces es inaudible

El velo de las aletas en el agua 
es también una visión de danza 
y música del silencio

Dame de nuevo la memoria del pez

Fui pez en un río de sangres 
y subí hasta el útero
en busca del huevo que me hizo hombre

Dame la luz de ese recuerdo 
para ser inquebrantable como un pez

Si en mi primera instancia en la tierra 
fui un pequeño pez 
devuélveme esa memoria 
para volver a ser un callado brillo

¿No son los astros
peces 
en su mar de espacio y tiempo?




Sobre el ciclo

Ahora son polvo 
los que estudiaban el polvo,
los que cantaban el polvo:

el que fue sudor de cobre, 
el que fue agua de plomo,
el que fue brillo de argento,
el que fue resplandor dorado como un sol.

La transmutación ha vuelto al silencio.

De la oscuridad a la luz y en ella la búsqueda,
el caos que al orden pertenece,

el retorno del silencio
cuando se apaga el brillo de la luz 
de la inocencia al orden.

Ya entró el pez en el círculo,
el círculo en la esfera 
y unos ojos brillan
camino del amor. 





Sentencia

Matamos a Dios
y se volvió rutina hablar de su cadáver.
Hasta los ingenuos bailaron
durante un siglo de carnavales
con Dionisos.
Pero ignorábamos
que, en las cenizas,
un feto de ave blanca, 
de mercurio sublimado,
pulía órganos,
tejía plumas volátiles.
Y el albo amor
la música serena
coparon el recinto
del mundo.
¡Ebrios,
alienados,
no hemos visto
el nuevo vuelo transparente!
Entre el baile y la batalla 
mueren
nuestros días.





Siembra

Esa mujer sembró un jardín
en mis heridas
y lo regó con agua pura
de su vientre.

Cuando mi alimento
era leche de abandono
se paró frente a mí
como quien ofrece el don más alto,
acaso las llaves del camino
a la divinidad.

Me permitió abrevar los jugos
y aromas de su cuerpo;
bebí también su sangre
y en su huevo puse la simiente
hasta verla florecer 
en pétalos de carne viva.

Raíz y cauce somos,
la misma raíz
el mismo cauce.





Qué saben los poetas

La humillación y la angustia son mis materiales, dijo,
los elementos del desastre;
ninguna ruina como mi alma, dijo.
Qué saben los poetas
si una llaga es su paisaje,
si se preguntan por el amor en la raíz del odio.
Qué pueden saber de la verdad si su vida es sólo un sueño,
la sombra de una sombra.

Ante el infarto súbito del pájaro en vuelo,
mi dolor de tu ausencia es sólo un pétalo cayendo, dijo;
ante la cruda espada del rayo en el roble,
la agonía de mi ser para la muerte 
no es más que el rumor de una hoja cayendo, dijo.

¿Qué podría saber el poeta
en la savia de su corazón agrietado?




CANTAR DEL RETORNO


PÉNDULO

Tanto ha ido
que sólo el regreso
conserva.

Se retorna
a aquello que se deja,
verdad vuelve a ser la mentira
y en el odio es el amor lo buscado,
así como el descenso empieza
en la mayor altura.

Busco dentro de tí
el centro de la tierra,
el olvido del dolor
que es la alegría.

Uno son
el origen y el silencio,
y la condición del hombre
es el retorno.






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