jueves, 16 de abril de 2015

DIEGO HONORATO ERRÁZURIZ [15.632]


Diego Honorato Errázuriz

CHILE
Doctor en Filosofía, Trinity College, Dublín, Irlanda
Licenciado en Letras, mención Lingüística y Literatura Hispánicas, Pontificia Universidad Católica de Chile
Licenciado en Filosofía, Pontificia Universidad Católica de Chile


“Transfiguración, Ediciones GrilloM, 2014”, 
el primer poemario escrito por Diego Honorato Errázuriz

“Este libro es importante porque es el primero. Si Diego Honorato está predestinado a escribir un gran poema (y no sé si es este), ello no era posible antes de que publicara este libro”. Así destacó el director del Instituto de Literatura, Braulio Fernández, el lanzamiento de “Transfiguración”, el primer poemario de Diego Honorato Errázuriz, profesor de Literatura y Filosofía de nuestra Universidad.

La obra, con la que el docente hace su estreno en el mundo de la lírica, fue presentada el miércoles 26 de marzo, a las 19:30 horas, en una cálida e íntima ceremonia realizada en la terraza del castillo Hidalgo, fortificación construida en 1826 en el cerro Santa Lucía.

Ante un público compuesto por profesores, familiares, amigos y alumnos del profesor Honorato, el libro fue comentado por Juan Carlos Villavicencio, editor de GRilloM Ediciones, y Braulio Fernández, quien sostuvo que “es un libro difícil, pues son poemas escritos por un filósofo: la mezcla de imágenes y conceptos se cierne sobre el lector. Su gran mérito literario es poetizar la carne en diversos planos o niveles, así como las diversas ‘complejidades’ experienciales que conlleva”.


1
                    
Por el viejo paso, por entre los montes,       
camino arriba, entre la inmensidad del abismo        
que separa todo lo que es, allí,          
en la vigilia de las horas,       
se estremecen tus pies y apuras el paso,          
reconociendo los signos        
que presagian tu descenso:       
inútil rebeldía de los sentidos      
que se vierten sobre el campo,           
y entre siluetas, como un lamento,          
auscultan el tiempo.



            
2
                     
En medio de la sombras        
sin clamor alguno
más que el dominio del hombre           
aquí, muchacho, muy cerca de mi índice,       
sin tierra ni cielo,       
desterrado en medio del campo,      
el  amor  de  los  vástagos  árboles  blancos,     
animales o corderos eléctricos que abrevan        
en medio del páramo,         
buscan, insomnes, el silencio,          
el perfume sagrado de los brotes        
que anticipan nuestra partida:          
la postrera vida de la carne.


            
3
                    
Un último haz de luz        
golpea las ruinas          
se clava         
en la columna de un dios inmortal        
que prefigura la sórdida queja         
de los hombres, perdidos          
a la sombra de un olivo          
cavilan, libremente         
sobre su destino inexorable.





Tocar con la punta de los dedos
la dolorosa resistencia de las cosas
su inexplicable persistencia
inclinándose hacia ti.
En vano, sin embargo, 
deslizas tu índice sobre su cuerpo:
Ella no puede recibir
ni devolver
tu sencillo gesto
de amor.

(Pág. 26)




Tú que exaltaste la carne
Y antes de que cayera
En el nadir salvaje 
De las sombras
besaste mis pies
tú únicamente
me recuerdas
entre risas y calumnias
el amor ciego
el precio absurdo
que por mí pagaste. 

(Pág. 52)







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