lunes, 13 de abril de 2015

CRISTIAN LÓPEZ TALAVERA [15.574] Poeta de Ecuador


CRISTIAN LÓPEZ TALAVERA 

Quito, Ecuador 1985. Poeta, narrador, editor y docente secundario. Ha realizado estudios en Literatura y Comunicación Social. Participó de los talleres literarios de la Casa de la Cultura en el periodo 2008-2010. 

En poesía ha publicado: Casa de Soledad (Drugos de la naranja, 2010) y Diálogo con el ausente (Marfuz Ediciones, 2015). 



Dos de sus cuentos integran la Antología: Los Engendros de la Luna (Taller Cultural Retorno, 2010). Fundador de la revista Ojos de Perro Azul. Dirige la editorial independiente Jaguar.



BIOGRAFÍA DE UN SER VEDADO EN LA NOCHE

Sometido a la garúa de tu cuerpo
La tierra se deforma, azorada en la noche
Ángel que flotas, siniestra
En tus ojos, manoseados por pájaros muertos
Se evaporan soledades
Ser con rostro de madera
Que lloras el lamento
Tus manos inducen un atrio
Ensangrentado
Para que encuentren el relámpago
Acucioso de tu alma
Postrimero, ensanchas tu dolor en taciturnos crímenes 
soledad ventisquera que pereces al abrazo de la tierra
agua que te diluyes en el voraz incendio del amor

¿lágrima ebria incrustada en el olvido?
Tus labios florecen como nardos vacuos

(la luna te consume al caminar por estas tierras ¿sorpresa? Criatura triste, sola, deslumbrada en el gemido de un perro, hirsuto como tu hueso)

Torpe caes en un bosque
sediento de vejez
Bocas que rehúyen al barullo de la noche


Animal hermoso que varas sobre chinescos que se merman
Ante el ojo miope del guijarro 

Alma funesta Melancólico rostro, pertinaz
Te muestras entero, sucio, hambreado
Decaes en el sueño como isla rota

(metalurgia del fuego azotas la venganza del silencio. La tierra gime de dolor, con sus uñas de polvo, roza las mejillas del cielo. Abrupta se estremece. Su voz te atraviesa la piel abocada al viento)

Nada te pertenece, ninguna cópula, ningún territorio
Es vacío el camino en que te muestras
Vedado, te enredas en el
/momentáneo lagrimear del hambre
Solitario ángel remendado 
En el ansioso sueño 

Máscara hierática
Destrúyete a tí mismo






VEJEZ:

los ángeles esperan el devenir,
vestidos de alas, gritan desahuciados
su larga estadía es ausencia

algunos chapucean sus lágrimas en el sótano profundo de la noche,
fisgan la tristeza de la flor derramada en el baldío cielo

sus ojos perecen en la lejana niebla del olvido
sus ojos perecen en el grito agónico de la mano suspensa
sus ojos perecen en la imagen de su iglesia condenada

sus ojos

desanudan la memoria en fragmentos húmedos,       
en dios,
y en mi.

por momentos las lágrimas de los ángeles caen sobre mis dedos y las uñas abandonan su letargo en la carne; toman cuerpo del sueño, respiran contra la pared oscura que divide las sombras de sus cuerpo enhiestos.

mueren en silencio…
ALETARGADOS, EMPIEZAN EL RECESO A LA RUTINA DISPERSA EN CORAZONES FICCIONADOS POR DESNUDOS CLAVOS QUE OPACAN ALGUNA VERDAD
morimos en su mentira… así comprendemos que la muerte es un aviso y que estamos vivos





JEAN A. RIMBAUD

Dios:

apiádate de estos versos
dialoga penitencias en este letargo
de cabezas mutiladas
ovíllate en mis labios
sé carne en mi lacerado rostro
lanza tu magia
para desatar
                 maldad
                              maldad

a estos hombres que reptan hacia tu locura        

(inéditos)






La soledad es una ceniza que cae del cielo


I

¿Qué palabra puede susurrar el viento
en mi sueño fragmentado?

Un abismo atormenta lágrimas
las madrugadas son insomnios
estatuas amparadas en la lluvia
mi amor:
un gemido incapaz de llevar luz


II

La muerte está en el pasillo.
Espléndida revolotea en la mirada de los pájaros
sostiene sus párpados en la sal de la agonía
es un cuerpo etéreo, roto
guillotinado en el patíbulo de la inocencia


III

Levanta tu mirada,
entreteje un intersticio en el
esplendor de la memoria
posa una palabra en mis oídos
saborea la yema de mis dedos

Levanta tu mirada
enreda tu cabello en mis labios
muerde la manzana divina
derruye tu sombra en mi cuello
muerde la manzana aquella
que consume el fuego
que resiste abandonarse
en el crepúsculo de lobos
escindida en mi sombra


IV

Arropado en tu pensamiento
la soledad es una ceniza
que cae del cielo

transparentes manos sumergen
tu cuerpo en un abandono,
una sombra roja
sin ojos en el rostro.

“un dios gravita en círculos”

ese vacío que se dirige a ti
lleva en su mano al poema
ella te abrigará
se enroscará
lamerá tus heridas

ella, que teje el nido de amor
encenderá el brillo en tus ojos


V

en silencio,
tu cuerpo habita en mí




LOS HUESOS DE MI PADRE ENVUELTOS EN MANTOS DE ESTRELLAS
ABRUMAN EL POEMA

Y fue en el silencio que el hueso de mi padre
cayó enfermo,
su cuerpo se trizó en la oscura barca de la noche,
una estela de soledad abrumó sus páginas en blanco;
mientras pájaros entumecidos del poema
no pudieron derramar lágrimas;
la noche, danzando enardecida,
bromeaba en borrachera de ciegos.

Y fue en el silencio que mi padre recayó con el heroísmo de la muerte
avante rompió el dije de sueños absurdos,
erigiéndose sobre el ruido de peldaños,
resplandeciendo estalactitas que se deslizan
sobre rostros pálidos

Y fue el silencio un puerto solitario,
una gaviota que divisa la evanescencia de la tierra
cabalgando sobre los ojos de un niño inquieto

Y el silencio era madrugada,
polvo emigrante de la infancia;

una casa cimentada en adobe
que revolotea junto al cuerpo estéril,
dejando atrás gorriones de brumosas plumas
aleteando por encima de terneros atascados en matorrales siniestros
convertidos en camastro de rosas.

“el silencio era mi padre cicatrizado en la llaga del dolor”

sus ojos pactaron con el humo del cigarro y
secundado al alboroto de puntos (…)
suspensivos
huyó masticando hojas de coca,
(manchado de barro el rostro de mi padre,
una partitura de luna, abre heridas del pasado)
licor fugaz que emerge en fauces enterrados
inquietudes del haber nacido

fue en el silencio donde el cuerpo estertor
expulsaba sueños barruntados
en cienos escarlatas;

y es en esta zarza,
que el hueso de mi padre jadea en ermitaños,

claustros en donde acosa el ojo trisado de la muerte…





VUELVO AL POEMA COMO AVE AGAZAPADO EN SU ALA

¿A dónde me lleva este camino
empedrado de ríos abyectos?
¿en qué sueños apacibles
los llanos silentes celebran el ritual del poema?

Mis dedos dibujan soles en tu rostro
y te invitan a la mesa
(donde descansa la familia)

Mi lengua te inmoviliza el secreto
no es aroma visible es canto mágico;
oropeles que se cuecen en un ayer.

El pasado, un animal en celo,
impide su derrota
martillando el mar que habita en nuestras bocas…

tomo una cana de tu ceja,
conjeturo su dulzura contra el cielo
parajes desasosegados pierden inmovilidad
en líneas de fuego:
formando tu cuerpo,


enfermo el poema deshabita
este cuaderno de resina:
un futuro inquieto
un olvido de carne
un beso demente
una flor desollada en el tiempo
;
Padre:
sin tu regreso he sufrido el poema
y no es llanto que cubra firmamentos nocturnos
es llanto bondadoso
de una melodía obscura
es llanto que en mañanas torpes
amanece anclado al vuelo de las gaviotas.

Padre:
he sufrido el poema,
en cada verso la piedra de la
desilusión
batalla sobre el espacio numerológico;

la geometría que en tí era montaña
hoy solamente es demonio consagrado
a la ayahuasca

he sufrido el poema,
y la belleza me ha tatuado árboles
en los huesos;
sangro cuando tu águila sonríe
y tu voz recoge los pedazos de sombra
que de mi se esparcen en resaca

Te nombro                     me nombras
comprendemos
que las palabras son gotas de sangre
que se abaten en las mejillas de un niño malherido;
(pide paz
canta una melodía con flores,
pero de su boca emerge un pedazo
de carne con gusanos)
un relámpago
catarsis aprisionado en la violencia del ocio;

sufro el poema
y en él el fuego eterno es dicha
pétalo que vagando con el viento
abre puertas sedientas de pasos
rompe con la absoluta calma …
;;

Es tu primera muerte,
en tus piernas se recogen los pétalos del amor
los perros que furiosos devoran la noche
combaten debajo de tu lengua.

Afuera sigue la ciudad
Labullamalheridairrumpelosbolsillos
desterrados en el tiempo

Afuera sigue la ciudad;
yo, como un murciélago abatido
me congrego a tus lágrimas
a las hendijas donde el futuro hiede
hiere
quiere
miente…





El lado oscuro de la mente

)ocho(

Una hondonada de llantos cavan nuestra piel, invierten el círculo de fuego en el agujero que arrecia fragmentos díscolos
Entran en la escena que imprime desiertos. LA CIUDAD ACECHA CON SUS OJOS CERCENADOS. El gato maúlla su chubasco y pretende clavarse en mi labio reseco. H/u/y/o por el patio trasero que me lleva a bulevares. Paseo mi mirada y lontananzas se mofan a lo lejos

                                    LA NOCHE DESCLAVA SUS MANOS:
                                    abraza mi rostro
                                    amordaza mi carne;
                                   
                                    soy un hueso en el poema

El círculo encadenado a la mujer desnuda se libera de su vicio y toma camino al norte, benévolo descuartiza su aflicción en la locura, acorrala sus palabras necias a la muerte

                   encuentra al suicidio en la esquina de la acera, recuerda sus sillas vacías,
sulicor borracho. se abraza en la escritura
                   Retoza sus zapatos vacíos en la madeja del recuerdo
                   toma su vaso y depara angustias;
                   una sábana con arrugas arremete en sus cuerpos

-          ¡Cuidado! Exalta la poesía
-          No tienen lápida donde recrear su lenguaje


I

Te condeno a clavar la cruz en mi pecho
develar mi angustia en sueños lacerados
perpetuarme en la pena
que sigue nuestro camino
adesgajar mi falo
en el cadáver que soy

a condenarme en la luz


II


Fui tu nombre en el silencio
grité mi borrachera en la desecha sangre de tu lengua
lloré tu nombre en nombre de los cielos
deshice tu arena junto al zumo de la agonía
grité tu nombre
mientras tú no acababas de nacer


III


Estás en el poema/
el poema se abandona a sí mismo
estás en el poema/
un poema que nació con el suicidio



)nueve(

Por estos caminos donde la lluvia despeja las dudas en los tejados//te tomo entre mis manos //Atravesando noches vírgenes donde las coces oscilan en llantos temblorosos
Estas calles sempiternas que en soledad yacen con los ojos cerrados, en aquellos párpados caídos hemos encontrado la puerta de salida hacia una lágrima reconstruida en la arena

                             Sintiendo palidecer el tiempo/
                                    Lo cojo de la mano y aprieto
                                    Hasta sentir su sudor,
                                   
Ahí, donde la lengua sucumbe                      En el miedo

Dejo el cigarro sin terminar en la vereda donde ningún viaje es sueño; cerca del anciano triste que espera censurar su abandono en la muerte/donde ninguna parte es otro día/donde un abrazo fuga con la escritura/donde un cabello martilla su sueño

                             En esta calle cimentada de olvidos marcho
                                    volteando el pañuelo en los rostros exhaustos que
acompañan mi ausencia. Atravieso dolores ajenos
terminando en viajes púrpuras:




Poseo una zona anudada en la memoria;

quietud aburrida de peñascos, donde una mujer levanta sus brazos al charco de estrellas, aquella donde la saciedad envejece en el verso, espacio donde las casas no conocen el rastro de los hombres
en ese espacio que los perros abatidos de hambre recorren cicatrizando sus miedos
camino/
con la mirada hacia el suelo/abatido en la furia del reposo. tratando de no avistar la danza de la desnudez perpetrada en la naranja pálida que imita la vida

<>

¿puede atesorar el cuerpo desnudo de la mujer, abatida en el cimiento de la palabra, la manzana en sus senos, puede conjeturar una oración en su lengua teniendo en su cuerpo un mimbre desolado?

¿puede desaparecer de la memoria,/abandonarse en el chubasco de puertos solitarios?

me remito a la ciudad de la que extraño sus calles sonoras
divago sangrando mis llagas en papeles ebrios.

Mengua la niebla ,
Me burlo de los pájaros que se entumecen en el poema

<
y los párpados caídos>>

camino/
me desvelo con el lápiz broquelado sobre el hombro:
el agua deshecha en la oreja
palidez enfrentando su muerte
camino/
y me bebo tu sexo
modelo el tiempo en sangres consumidas




RECONSTRUYENDO LA PALABRA

                             Este artificio diminuto que condensa saliva,  vestimenta
                                    quesemeja viento;

                                    óxido por donde la ciudad repta hacia su ahorcamiento

                                    este rostro que se muestra en mi sudor/
                                    nombra su deterioro en la escritura habituada a  las cejas
                                    de la luna.

Y es aquí donde el hombre degollado se aproxima al sueño, agitando su pañuelo en el desdén de la noche…

[parpadea…                   …mi luna es un ojo:
es su conquista]



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