viernes, 10 de abril de 2015

CANTARES DE BENGALA [15.538]



CANTARES DE BENGALA

INTRODUCCIÓN A LA VERSIÓN EN ESPAÑOL
Por Rodrigo Escobar Holguín

Los presentes poemas nacieron en un ambiente tropical. En ellos hay tormentas, calor, relámpagos, nubes negras, aguaceros, ríos, selvas, aromas fuertes. Hay serpientes, flores, malezas, árboles de mango y sándalo. El esplendor vegetal y animal de la Zona Tórrida, toda esa cálida y laxa energía que conocemos los habitantes de tales regiones del mundo, van apareciendo a través de estos poemas.

Aparecen como fondo a un fenómeno más universal: el amor, patrimonio de toda la tierra. Es un amor íntegro el que aquí se presenta, sin posibilidades de clasificarlo ni catalogarlo. Engloba los extremos de la pasión mística y la pasión de los cuerpos, que en estas canciones no son sino una sola: la misma pasión. 

Podemos entonces comprenderlas y gozarlas como una expresión tropical del amor. Al mismo tiempo son manifestación de una cultura para nosotros remota y casi desconocida: la de Bengala en los siglos XVI y XVII. Nos encontramos pues con aves míticas: el pájaro Chataka, que vive de gotas de lluvia y de rocío; el pájaro Chakora, que vive de los rayos de la luna. Hallamos poses de yoga y monjes mendigos, y además las doctrinas del renacer, de la reencarnación. Y también, claro, los más reverenciados nombres del panteón hindú: los de Radha y Krishna, protagonistas de un amor inmarcesible en medio de este trópico bengalí de elefantes, lotos y pavos reales.

Por azar de la historia (si hay azar en ella), se sabe mucho más de estas culturas en los países anglosajones. ¿Quién oyó hablar alguna vez de un centro de estudios de literatura hindú en alguna universidad de habla española? Al menos, no quien esto escribe. Fue en la Universidad de Chicago donde Edward C. Dimock y Denise Levertov tradujeron estos poemas del bengalí y otras lenguas hindúes al inglés; luego los publicaron (1), con una excelente introducción, en Londres, en 1968. 

El traductor al español adquirió la versión inglesa en 1972. Por mucho tiempo los disfrutó solo, o con amigos que saben inglés. Un día encontró que pudo traducir unos pocos versos de entre sus preferidos. Meses después —a comienzos de 1984— compartió estos primeros versos en español con alguien que le animó (2) a emprender lo que hasta entonces no se había atrevido a pensar: la traducción de la obra entera, los treinta y ocho poemas, con su introducción.

Y aquí están ahora, tras largo camino desde el Siglo XVI y el Oriente de la India, para el lector de habla española.

LOS CANTARES



GAURACHANDRIKA

Himnos a Gaurachandra, 
la Luna de oro, el Señor Chaitanya

Después de larga pena, soy por gracia 
traído por el Sino ante mi Gaura,
mi Dorado, tesoro de virtudes.

Tras larga pena vengo a mi alegría.
Y mis ojos encuentran su sentido
al descubrir su rostro, luna blanca.

Como el ave que vive
de los rayos lunares,
largo tiempo estuvieron en ayuno.

Y ahora, de repente,
están en plenilunio.

Vasudeva Gosh canta a su Gaura, su Dorado,
como un ciego de nacimiento que comienza,
de repente, a ver.


Fue en el amargo Mayo
cuando mi Dueño hizo
renuncia de este mundo.
Se afeitó la cabeza,
y se lanzó al camino
con tazón de mendigo
y un bastón. Está herido
mi pecho, y está el llanto
ardiéndome en los ojos.
Se llevó mi esperanza.
¿Cuantos largos y lentos
días de ausencia tengo
que sufrir sin mi Gaura?
La primavera, cuando
todo el mundo desborda
felicidad, se me hace
tiempo amargo. Mi antiguo
amor me punza el pecho,
y todos los recuerdos
regresan, y se vuelven
un nudo en mi garganta.

Ramananda dice: El era el amo de mi vida.
¿Cuándo volveré a verle?

PURVA-RAGA

Se despierta el amor
entre Radha y Krishna

La mujer y la niña
reunidas en un ser:
la niña se recoge
sus cabellos; los deja
caer, para que cubran
sus pechos, la mujer.
Los brazos y las largas
piernas, pura, olvidada,
fresca, muestra la niña;
mas la mujer se envuelve
toda entera, discreta,
en su sari; y oculta
su mirada en un velo.
El rubor en los tiernos
pechos, los pies inquietos,
revelan su zozobra:
detrás de los velados 
ojos, el Dios Naciente,
Kama, está despertando.

Vidyapati dice: Oh Krishna, oh prometido,
ten paciencia, la han de llevar hasta tí.

Habla él:

Su cuerpo tierno y grácil
tiene luz de relámpago;
sus pies color aurora,
al andar, se confunden
con pétalos de loto.

¡Dime quién es, amigo!

Juega entre sus amigas,
y con mi corazón.
Cuando ella alza las cejas,
veo alzarse las olas
en los ríos; sus ojos
descuidados se posan
sobre las hojas secas,
y en todo el bosque prenden
fuegos de azul florido.
Y cuando ella sonríe,
me llena una fragancia
de lirios y jazmines.

¡Kan, estás embrujado!
¿No conoces a Rai?

PRATHAMA MILAN

Primer encuentro de Radha y Krishna

Asustada y nerviosa, tensa, estaba
jugando con el ruedo del sari de su amiga,
en el borde del lecho de Krishna.

Al levantarse
su amiga, ella intentó también marcharse,
pero encendido, Krishna se interpuso.

El, lleno de pasión; ella, asombrada;
él hábil; ella ingenua.

Con su mano
se adelantó a tocarla; y ella, pronta,
le rechazó.

Al él mirarle el rostro,
los ojos de ella desbordaban llanto.

Presa en los brazos de él, se estremecía
su cuerpo con violencia; y le ocultaba
a sus besos la cara, tras el borde
de su sari.

Ella entonces, tan hermosa
como ninguna, se apartó aturdida.

Él merodeaba en torno a ella, como
la abeja en torno de una flor de loto.

Govinda-dasa dice: de este modo,
ahogado en el aljibe de su gracia,
fue el deseo de Krishna transformado. 

ANURAGA

Donde Radha describe
lo profundo de su amor

Como espejo a mi mano,
flores a mi cabello,
el tambul a mi boca,
los musgos a mi pecho,
el collar a mi cuello, 
el descanso a mi hogar,

Como el ala es al pájaro
y el agua es a los peces,
como vida al viviente,
así eres para mí.

Pero dime, mi amado
Madhava, en realidad,
¿quién eres?

Di, ¿quién eres?


Vidyapati dice: el uno es el otro.

Tu esplendor me hace espléndida, amor mío.

Tu belleza se vuelve en mí ternura.

Recuerdo bien cuando abracé tus piernas;
contra mi pecho las tenía presas.

Otras habrá que tengan muchos amores. Pero

yo te tengo a tí solo. Pues tú eres

más que la vida, joya de mi cuerpo,

sombra de mi mirada,
oh tú, mi luna oscura.


Jñana-dasa dice: 
Tu amor liga entre sí los corazones.

Como el agua a los seres del mar, como los rayos
de la Luna a los pájaros Chakora,
como la oscuridad acompañando
a los luceros, es mi amor a Krishna.

Mi cuerpo ansía el suyo,
como anhela el reflejo,
confinado al espejo,
su corpóreo gemelo.

Honda como las marcas
de la Luna es la marca
de su vida en la mía.

Como si el sol un día 
no saliera, y la tierra
no tuviera colores,
así es mi corazón cuando él se aleja.

Vidyapati dice: nutre este amor,
y mantenlo joven, mujer afortunada.

Cuando me pides explicar, amigo, 
lo que me está pasando,
no puedo responderte.

El amor se renueva,
cada instante se vuelve algo distinto.

Ha estado cada día de mi vida en mis ojos,
y no siento cansancio de verle todavía.

Desde la eternidad vengo escuchando 
su voz, y es siempre nueva y dulce a mis oídos.

Cuantas noches de miel he disfrutado
con él la dicha del amor, y siempre
su cuerpo es un hallazgo para el mío.

A través de los tiempos le he tenido
preso junto a mi pecho, pero nunca
se acaba mi deseo.

He visto a muchos sabios confundidos
por la pasión, pero ninguno estuvo
tan cerca al centro de esta llamarada.

A quién encontrarás que dé frescura a tu pecho,
pregunta Vidyapati.


MILAN

Radha va al encuentro de Krishna,
en el sitio de la cita 

¿Cómo habría , Madhava, de contarte
mi terror?

Ni con mil lenguas podría
hablarte de mi viaje hasta aquí.

Dejé mi cuarto,
y comencé, ya inmersa entre las sombras,
a temblar. 

No podía ver la senda;
sentí serpientes entre mis tobillos.

Estaba sola, una mujer; la noche
oscura, el bosque denso y tenebroso.

Tanto había que andar. Vino la lluvia.
Se me borró el camino. Se enfangaron 
mis pies, que ardían con los arañazos
de la maleza.

Mas con la esperanza
de verte, nada me importó, y ahora
¡qué lejano parece mi terror! Cuando escucho
tu flauta, dejo casa y amigos, y me lanzo
hacia la oscuridad en donde moras.

Ya no me importa la pena de llegar hasta aquí,
dice Govinda-dasa.

No vendrá en esta noche
tormentosa y sombría...

Pero cómo, ¡está aquí!
¡Mi corazón! ¡Chorreando
agua de lluvia, en pié, en medio del patio!

¿Qué virtudes en otras
vidas logré juntar,
hasta merecer tanta
dicha? ¿Yo, que les temo
a mis mayores, tanto
que no salgo a buscarle?
¿Yo que le doy tormento?

Veo su amor y su dolor tan hondos, 
y me siento agobiada.

Incendiaría mi casa por él; desafiaría
el desprecio del mundo.

El piensa que su pena es alegría,
y cuando lloro él llora.

Al saber lo profundo de este amor
se ha de alegrar el corazón del mundo,
dice Chandidasa.

En la cueva, después 
de amarse, estaba ella 
en sus brazos.

De pronto
le llamó por su nombre,
llorando y como ardiendo
en el fuego de ausencia.

¡Tenía el oro en su bolsa
y le creía lejos!

"¿A dónde se ha marchado?
¿A dónde fue mi amor?
¿Porqué me deja sola?"

Y tan sólo su pena 
teníala consciente,
estremecida, en tierra.

Krishna estaba asombrado;
no podía ni hablar.

Tomando a su amadísima amiga de la mano, 
Govinda-dasa, suavemente, la apartó de allí.

¡Dueño de mi pasión, lo que soñé!

¿Cómo iré a casa, ahora que es de día?

Ya se han evaporado mis perfumes
de sándalo y almizcle; de mis ojos
se fue el polvo de sombras; en mi rostro
ya no hay colores.

Ven: sea tu cuerpo
el adorno del mío. Ven y llévame
contigo, tú que así me estás mirando.
Vísteme con tu túnica amarilla,
pon orden en mi pelo desgreñado,
y sobre el cuello ponme tu guirnalda
de flores de la selva.

Tal te ruega
tu amor en Vrindabana.

Basu Ramananda dice: tal es tu amor
que el venado y el tigre conviven en tu casa.

AKSEPANURAGA

Radha lamenta haberse dado a Krishna,
y se resiente del poder que sobre ella tiene.

Habla ella:

Con la última prenda
huyó el pudor de mí, cayó por tierra,
junto a mis pies.

Yo sólo requería
cubrirme con el cuerpo de mi amado.

El se inclinó, mirando hacia la lámpara,
como abeja que busca la ambrosía
de un loto aún cerrado.

Pues quien roba
las mentes es ansioso, como el pájaro
que vive de las lluvias, y no deja
pasar una ocasión que le permita
calmar su sed: yo para él no era
sino gotas de lluvia.

A la memoria
el pudor vuelve ahora, y se estremece
mi cuerpo en el recuerdo de su engaño.

Tal dice Vidyapati.

A su amiga

¿Porqué tuve que ir al río Yamuna?

Bajo el árbol Kadamba, el preferido
de los hijos de Nanda estaba alerta.
En tal sitio la miel de su mirada
y su cuerpo radiante fueron cebo
y carnada.

Mis ojos, como pájaros,
en un breve momento fueron presos:
mi corazón saltó como una liebre
hacia su red, dejándome un vacío
en la jaula del pecho. El elefante
salvaje de mi orgullo, que mantuve
día y noche en cadenas, de repente
se liberó.

Con la primera nota
de su flauta, se fue al suelo la puerta
de la veneración a los mayores,
y la norma del Dharma cayó rota.
Se perdió mi modestia, mi tesoro.
Quedé como si un rayo me dejara
paralizada.

Sí, su cuerpo oscuro
lanzó la flecha que me hirió. Y entonces
no más honor, ni casa, ni familia.

Solo queda la vida, ese suspiro
que ahora mismo se me está escapando.

Tal dice Jagadananda-dasa.

A su Amiga

¿Cómo describiré su flauta inexorable,
que arranca a las mujeres más castas de sus casas
como arrastrándolas de su cabellera,
como el hambre y la sed llevan al ciervo
al cebo donde le harán prisionero?
Las mujeres virtuosas se olvidan de sus hombres,
dejan los sabios su sabiduría,
las viñas trepadoras se desprenden
de su emparrado, por oír tal música.
¿Cómo podría entonces una simple 
campesina ignorar ese llamado?

Chandidasa dice: Kala, el maestro de títeres,
conduce la danza.

A su Amiga

De labores caseras mi mente no se ocupa.
A veces lloro, a veces
río de la censura
ajena.

¡Él me ha llevado
a volverme proscrita,
una paria del bosque!

Me despojó de nombre, de padres y de hermanos.
Se adueñó con su flauta de mi ser.

Una flauta,
una delgada trampa de bambú me aprisiona:
una flauta barata fue la ruina de Radha.

Una sencilla caña hueca, a la que sus labios
dan néctar, y es veneno lo que brota de ella...

¡Si alguna vez encuentras
un matorral de cañas,
destrózalas, arráncalas
de raíz, y sus restos
arrójalos al mar!

Dviya Chandidasa dice: ¿Porqué las cañas?
Ellas no te dominan, sino Krishna:
y a él no lo podrás desarraigar.

A sí misma

Mezclé con leche miel, y la bebí-
mas no sentí dulzura: sentí hiel.

Igual que la semilla macerada
en el licor de alguna fruta amarga,
estoy así de inmersa en amargura. 

Arde mi corazón. El fuego afuera
es tan fácil de ver. Pero estas llamas
arden adentro, me incendian el pecho.

Mi cuerpo está inflamándose en deseo.
¿Cómo podré calmarlo?

Con el tacto de Kanu, dice Chandidasa.

A Krishna

Amor, ¿yo qué podría
decirte? Aún cuando era
muy joven para amarte,
no quisiste dejarme
seguir viviendo en casa.

Voy a ahogarme en el mar;
mi último deseo 
será que yo renazca
como Krishna: y que tú
lo hagas como Radha.

Así, luego de amarte,
te dejaré.

A la sombra
de un árbol, cuando vayas
por agua, tocaré mi flauta.

Y tú al oírla
quedarás encantada,
como una niña lela.

Dice Chandidasa: sabrás entonces
cómo puede incendiar el amor.

A Krishna

"Una mujer malvada,
más peligrosa que el peor veneno..."

Eso dice de mí su madre: y su crueldad
me quema como un fuego.

Mi marido, un tirano: el afilado
borde de una navaja.

En torno mío,
las damas hacendosas me reprochan.

Amor, ¿yo qué puedo decirte?

No importa lo que digan sus calumnias;
eres mi vida. Está sobre mi cuerpo
la marca de tu ser; ellas lo saben.

Ante las damas castas no levanto
por pena mi cabeza. No soporto
sentir la puñalada cruel- los gestos
de burla que me hacen las mujeres,
-mis compañeras. 

Todo lo he pesado.
Por tí elegí ya soportarlo todo.


Tal dice Balarama-dasa.

APTADUTI

Krishna envía a Radha una mensajera, una anciana,
para que le cuente de su pena y le ruegue que
regrese a él.

Habla la mensajera:

Pinto en mi rostro fláccido lunares,
a mis hundidos ojos doy colores,
en mis cabellos blancos pongo flores.

Mi vanidad es loca:
los años ya pasaron.

Con dolor los recuerdo.

Mis pechos se descuelgan,
son huesos mis caderas.

Pero en este marchito
cuerpo aún se estremece
el amor, aún tiembla. 

Continúa hablando a Radha:

Deslumbrante, tú brillas como una flor de oro.

Fue el Sino quien te dio tu aureola en sacra ofrenda.

Mujer afortunada, bendita y deslumbrante,
a tí se habrá de unir su oscuro cuerpo.

Nada malgastes de tus luminosos
días de joven: vuelve con él pronto.

Y Lochana, suplicante, dice:
si tú vas, estará a salvo su vida.

MANA KALAHANTARITA

Radha, separada de su amante, y desdichada,

pero aún furiosa, replica a la mensajera:

Desde que nuestros ojos se encontraron
crecieron nuestras ansias.
No era de él solo el deseo,
ni yo la sola deseada;
la pasión mezcló juntos nuestros pechos
en su mortero.

Amiga, no olvides recordarle 
a Krishna cómo antes
no había que buscarnos
mensajeros.

Apenas
el amor requería
los labios compañeros.
Kama, el dios de las cinco
flechas, nos había unido...

¡Pero ahora, el señor amante sabe cosas
distintas y te envía, 
heraldo de su olvido!

Así, con una furia como de rey, creciente,
canta el poeta Ramananda Ray.

Contesta la mensajera:

Al oír el sonido de la flauta de Krishna,
te tapé los oídos.

Y mientras admirabas lo bello de su cuerpo,
yo te cubrí los ojos.

Te pusiste furiosa.

Dije entonces, hermosa,
que si dabas arraigo al amor, pasarías
tu vida entre las lágrimas.

Le ofreciste tu cuerpo, y quisiste su tacto,
sin jamás preguntarte si te sería bueno.

Y ahora cada día se va llevando algo
de tu belleza.

¿Cuánto vivirás todavía?

Te sembrabas el árbol del amor en el pecho,
esperando la lluvia de aquella nube oscura.

Pues tendrás que regarlo, ahora, con tus lágrimas,

Dice Govinda-dasa.

MANA

Resentida y furiosa, Radha habla a Krishna

Ajenos arañazos
sobre tu pecho, hacen
arder el mío; restos
de pintura de ojos
sobre tus labios hacen
oscurecer mi cara.

Cuando yo me desvelo,
tus ojos se enrojecen.

¿Porqué, Krishna, me adulas,
diciendo que tenemos
un solo corazón?

Vienes y tu voz tiembla,
y yo quiero llorar.

"Aparte, no están sino 
nuestros cuerpos".

El mío
es luminoso; el tuyo,
oscuro.

¡Vete, entonces!

Dice Govinda-dasa.

Que nadie más nazca en el mundo.

Pero
si alguien llega a nacer, que no sea hembra;
y si llegara a serlo, que no sepa
del tormento que llaman amor.

Y si tuviera
que conocerlo, no sea la suya
una cuna dorada.

Las mujeres
no rogamos sino por una cosa:
Tenga yo paz al fin, y pueda unirme
a un hombre hábil y sabio, de quien brote
el amor como de una fuente; y nunca
caiga ese amor en otros brazos.

Pero
si llegara a caer, que siga siendo
al menos tierno. 

Pues no está del todo
perdida la que aún tiene ternura.

Dice Vidyapati: existe una manera.
Con tu propia vida puedes llegar a la lejana playa
de este mar de conflictos.

MANA

Mientras habla, Radha se da cuenta
de la hondura de su amor por Krishna

De pronto tengo miedo.
En un momento puede
cesar su amor.

Por una
simple falla se puede
hundir un edificio.

¿Quien sabe de qué modo
yo, que quisiera ser
palacio de su dicha,
podría estar fallando?

Pocos son los que pueden
reparar lo ya roto...

En confusión, me muevo
de sitio en sitio, y sólo
hallo ansiedad por todas
partes. 

¡Oh, ver su rostro!

¡Amante, quien destruya
nuestra casa de amor,
me estará destruyendo!

Chandidasa dice: Radha, piensas demasiado.
Sin tu amor él no podría vivir ni un momento.

Mis faltas y mis celos
son cosas de mujer.

No te enojes, Kanai, corazón mío.

¿Tú mismo no dijiste
"no te enojes"? Y ahora
mi furia ya se ha ido.

Mira cómo a tus pies va despertando
mi corazón. ¡Ah, no pienses en otras
como piensas en mí!

Ha entretejido Kama una guirnalda
con nuestros corazones,

y haré lo que desees.
¿No conformó con nuestro amor un solo

cuerpo, y un alma sola, Dios?

Entonces
no es cosa mía, sino divina, si no debes
darle tu amor a otra...

En procesion me vienen a la mente
tus virtudes.

Ven, siéntate a mi lado.

Tal canta Baru Chandidasa.

Yo, que en cuerpo y en alma
estoy a tu mandato,
era una mujer noble.

No me puse a pensar
lo que de mí pudieran
decir.

Lo dejé todo,
y ahora ya soy parte
de tí. Ya tu deseo
es el mío.

Madhava,
que jamás envejezca
nuestro amor, te lo ruego,
que no huya el rocío
jamás de nuestras flores,
que mi honor no perezca.

[ Al oír tales cosas
de sus cálidos labios, 
él se inclinó: sabía
que la flor de esa vida
estaba entre sus manos.]

MILAN

Radha, reconciliada, vuelve a Krishna,
y los amantes se reúnen de nuevo.

Habla él :

Ven, carita de luna,
que te estoy esperando
para poner a punto
nuestros lechos, con pétalos
de loto, que tu cuerpo
marchitará, escondido
aún a ojos amigos...

Ven, que la tierna brisa
de los bosques de sándalo
estará perfumando
el sitio de la cita.

Habla la amiga de ella:

La nube de su pelo cubre su faz brillante,
como el monstruo goloso que se traga
la luna en los eclipses.

La guirnalda
relumbra en sus cabellos: agua clara
del Ganges en las aguas del oscuro
río Yamuna.

Qué bella la consciente
y sensual conjunción de la pareja:
ella esta vez activa, deliciosa
jineta sobre el cuerpo de su amante;
sus labios sonrientes resplandecen, orlados
de gotas de sudor: perlas que ofrece
a la Luna una diosa enamorada.

La del hermoso rostro besa ardiente
la boca de su amado. Así, inclinando
su rostro, bebe la luna en el loto.

De sus grávidos pechos se descuelgan
guirnaldas como arroyos de leche, que manaran
de cuencos de oro.

Claros cascabeles
en sus caderas cantan con la música
triunfal y resonante del Amor.

Ella habla:

Amor, ¿qué más he de decirte?

En renacer tras renacer, en vida
y en muerte, eres el amo de mis días.

Un lazo de amor une
tus pies a mis entrañas.

En tí solo está puesta 
mi mente; te he entregado
todo: me he convertido
de veras en tu esclava.

¿Qué puedo llamar mío
en este hogar, en esta
casa? ¿De quién podría
decir que es mío?

Tuve
frío, y busqué refugio
entre tus pies de loto.

Parpadean mis ojos y te pierden:
por un segundo mi corazón muere.

Engarcé un amuleto
y lo llevo en el pecho,
dice Chandidasa.

Habla ella:

Que con la tierra por donde camina
vaya a unirse la tierra de mi cuerpo;
que el fuego de mi cuerpo sea el brillo
en el espejo donde él se mira.

Que al estanque de lotos de su baño
vaya a mezclarse el agua de mi cuerpo;
que el aire de mi cuerpo sea el viento
que le refresque sus cansados miembros.

Sea yo cielo, y él, a través mío,
cruzándome, mi amado, nube oscura.

Govindadasa dice: ¡Oh áurea!
cómo podría el de cuerpo esmeralda dejarte ir? 

MATHURA

Krishna se ha ido de Vrindavana para Mathura,
y Radha se lamenta.

Ay, amiga, no tiene fin mi pena.
Es época de lluvias. Mi casa está vacía,
lleno el cielo de nubes tormentosas,
empapada la tierra de aguaceros;
mi amor está muy lejos.

El cruel Kama me hiere con sus flechas.

Estallan los relámpagos; vibrantes
bailan ante su luz los pavos reales;
ebrios de dicha, pájaros y ranas
cantan sin descansar.

Está agobiado
mi pecho.

Encima de la tierra oscura,
con un súbito brillo,
el firmamento a veces se ilumina.

Dice Vidyapati:
¿Cómo pasarás esta noche sin tu amo? 

¿De qué sirve la nube de lluvia que no hace
sino pasar, dejando sedientos los retoños?

¿O un retrato pintado,
si el amante está lejos?

Mar hay por todas partes,
y lo que no hay es agua para calmar mi sed.

Es mi destino. El sándalo ya perdió su fragancia,
su magia el amuleto,
y de la Luna sólo llueve fuego: es mi sino.

Ni las nubes de Julio dan lluvia,
ni los árboles de los Dioses dan fruto,
ni encontrará la amante de Krishna ya descanso.

Extraño destino,
piensa Vidyapati.

SAMMILAN

Radha se entera del pronto regreso de Krishna,
y se alegra de su próximo encuentro.

Cuando mi amado vuelva a casa,
mi cuerpo será un templo de alegría; 
se volverá un altar para la dicha.

Lo barrerá mi cabellera.
Mis collares de perlas serán el intrincado
diseño en torno al ara.
Mis pechos serán jarros repletos. Mis caderas,
redondas, han de ser los jardines. Sobre ellas,
sartas de cascabeles sonantes serán brotes
de mango joven.

Usaré las artes
arcanas de las hembras hermosas de mil tierras
para que mi belleza
brille más que mil lunas.

Pronto se cumplirán tus esperanzas, oh Radha,
y él vendrá a tu lado,
dice Vidyapati.

La Luna me ilumina:
el rostro de mi amado.

¡Oh noche de alegría!

El placer lo penetra 
todo.
Es alegría
mi vida; es plenitud
mi juventud ahora.

Pues mi casa de nuevo
es hogar; y mi cuerpo,
cuerpo otra vez.

El Dios
del Azar me sonríe.
Ya no hay dudas; que canten los ruiseñores; haya
miríadas de lunas nacientes; que las cinco
flechas de Kama sean cinco mil, y que el viento
del Sur sople muy suave.

Hoy mi cuerpo tiene sentido,
con la presencia de mi amado.

Vidyapati dice: Grande es tu suerte;
sea bendito el retorno del amor. 

NIBEDAN

Oración a Krishna, finito e infinito,
poderoso dios.

Hijos, mujer, amigos,
gotas de agua en ardientes
arenas.

Me dí a ellos,
y me olvidé de tí. ¿Qué son, Madhava,
ahora que no tengo esperanza, ya viejo
y alejado de tí?

Pero tú eres
el salvador del mundo, y estás lleno
de amor.
Pasé yo en sueños la mitad de mi vida,
mi juventud, y ahora mi vejez: ¡tanto tiempo!

Mi juventud la disipé en placeres.
Jamás tenía tiempo de adorarte.
Mil dioses sin edad vinieron y pasaron;
de tí nacidos, a tí vuelven, 
igual que olas de mar.

Pues tú no tienes
ni comienzo ni fin.

Al cabo, tengo
pavor del mensajero de la muerte.
No hay camino sin tí. 

Te estoy llamando,
mi salvador, finito e infinito.









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