domingo, 26 de abril de 2015

A. J. PEREIRA DA SILVA [15.766] Poeta de Brasil


ANTONIO JOAQUÍN PEREIRA DA SILVA

Antonio Joaquín Pereira da Silva, periodista y poeta, nació en Araruna, Sierra de la Borborema, Brasil, el 9 de noviembre de 1876, y murió en Río de Janeiro, el 11 de enero 1944. Poeta de inspiración grave y profunda, hondamente elegíaco, tiene características muy personales dentro de la poesia brasilera. De su amarga tristeza ha hecho una fuente imponderable de de bondad y de dulzura. Vivió dedicado al periodismo en Rio de Janeiro.

Era hijo de Manuel Joaquim Pereira da Silva y Maria Erciliana da Silva. A los 14 años ingresó en la Escuela de Artes y Oficios de Río de Janeiro y empezó a trabajar en el Ferrocarril Central de Brasil. Estudió en la escuela militar preparatoria. Comenzó a interesarse en los estudios literarios, gramática y lectura de Casimiro de Abreu, Gonçalves Dias, Fagundes Varela y Castro Alves. 

En 1895 se matriculó en la Escuela Militar. En 1897, fue arrestado en el revolucionario movimiento de los estudiantes. Fue implicado y detenido, enviado al al 13 Batallón de Caballería, Paraná. En Curitiba, se relacionó con escritores y poetas, entre ellos Darío Veloso, que le influyó enormemente. Después de la detención, en 1900, fue expulsado del Ejército. 

De regreso a Río de Janeiro, trabajó como empleado de correos y asistió a la Escuela de Derecho.
Comenzó su carrera como crítico literario en los periódicos A Cidade do Rio (de José do Patrocínio, onde usou o pseudônimo J. d'Além), Gazeta de Notícias, Época e Jornal do Commercio. Participó en el grupo simbolista que publicó la revista Rosacruz, entre ellos, Félix Pacheco, Saturnino de Meireles, Paulo Araujo y Castro Menezes. Se convirtió en un poeta destacado del movimiento, 1903-1905.

Se casó, en Río, con la hija de Rocha Pombo. Fue nombrado poco después de obtener la licenciatura, juez del estado de Paraná. En Curitiba, escribió su segundo libro Soledades, que recibió la aceptación del público. 

Podría haber tenido un futuro brillante, pero decidió dejar su trabajo y regresar a Río de Janeiro en 1918, en compañía de su mujer, que no se habían adaptado al clima de Curitiba. Consiguió un trabajo de recepcionista en el Brasil Central y volvió a trabajar en la Rosacruz. Por la noche, trabajó en Gazeta de Notícias como revisor. 

En 1922, por invitación del editor Leite Ribeiro, organizó y pasó a dirigir la revista literaria Mundial con Agripino Grieco e Théo Filho.

Abandonado por su esposa y un hijo a su cuidado, es la imagen de su vida la que se refleja en su poesía. Fernando García lo define como "el trabajo de un elegíaco, un pesimista, un desencantado, cuyos temas son la soledad, el dolor, la muerte, la tristeza." Andrade Murici destaca aspectos de su obra que "la poesía está profundamente arraigada al simbolismo del Espíritu: el lenguaje evasivo y secreto, la participación en una atmósfera de trascendencia. (...) 

Obra poética: 

Voe solis
Solitudes
Beatitudes
Holocausto
O pó das sandálias
Senhora da melancolia
Alta noite






LA CONCIENCIA

   Noche... sombras... silencio... indefinida
angustia imponderable en el ambiente.
Pienso, em mi lecho, como un ser conciente:
Un dia más de menos en la vida...
   Cual los dias pasados, el presente,
Ideas vanas; lucha indefinida;
esfuerzo inútil; alma incomprendida
en todo cuanto cree y cuanto siente.
  La juventud termina, cerca el yermo;
mente más débil, cuerpo más enfermo,
en la noche fe de antaño menos fuerte...

  ¡Qué horror! Y la conciencia, como araña,
tales razones urde y enmaraña,
que sólo deja fin la de la muerte !...





                      ESCUCHANDO A LA FUENTE

¡A la piedad, bondad, sana ternura, 
íngenuo corazón ilusionista!
Sé cual la luz que afronta noche escura, 
la sombra aleja, acláranos la vista.

Bebe sonriendo el cáliz de amargura, 
cual lo hiciera el Divino Evangelista.
Y así, con tu alma cada vez más pura, 
forma tú mismo tu laurel de artista.

Contempla al mar, al cielo, al Universo, 
escucha a todo en que te ves inmerso, 
comprime a ti su corazón profundo.

Es tu deber humano, es tu Destino, 
que no puede dejar de ser divino 
como el del propio espíritu del mundo.

Extraido de:

BUSTAMANTE Y BALLIVIÁN, Enrique.  Poetas brasileros (traducción anotada).     Romanticos: parnasianos: simbolistas: reginales: poetas nuevos.   Rio de  Janeiro: Emp. Industrial Editora “O Norte”, 1922.  175 p




Caricatura publicada no Suplemento Literário de A  Manhã
 - vol. VII, Rio, domingo,  15/10/1944.
Fonte:http://www.casadamemoriaararuna.com/





Nós já nos vimos um dia
Nalguma velha abadia
Dos primitivos cristãos;
Tinhas a mesma beleza
E não fito sem tristeza
Teus olhos e tuas mãos.

Como se explica a saudade
Que tantas vezes me invade
Quando cismamos a sós?
Penso coisas e mas dizeis
E eu sinto na alma as raízes
Profundas de tua voz

Lembro mesmo uma passagem:
- Certa vez, sob a ramagem
das aléias silenciosas,
contamos reverentes
o milagre das sementes
das estrelas e das rosas...

Sim! Já vivemos um dia
Na mesma velha abadia
E em tempos que lá se vão.
A nossa alma é forasteira:
Eu já fui frade e tu freira
De algum convento cristão.






SOLITUDES 

Senhor, meu Deus! não move a minha pena,
Vós o sabeis, o impulso da vaidade.
A glória deste mundo é bem pequena
E não nasci para a imortalidade.

Mas não sei por que nada me dissuade
E, antes, tudo em meu sangue me condena
A dar forma, expressão, plasticidade,
Estilo a tudo quanto é dor terrena.

É meu tormento. Chamam-lhe poesia,
Arte do verso. Chamo-lhe o madeiro,
A cruz da minha noite e do meu dia.

— Cruz em que verto o sangue verdadeiro
E em que minha alma em transes agonia
E o coração se crucifica inteiro...










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